MEDIO ORIENTE: LA PAZ NO PUEDE ESPERAR MÁS

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Se cumplieron cinco años del inicio de la guerra civil en Siria. Al flujo de 4,5 millones de sirios, que en su mayoría sobreviven en un estado de agonía en precarios campos improvisados en Líbano, Jordania y Turquía, se sumaron casi un cuarto de millón de iraquíes y afganos que huyen de largos años de derramamiento de sangre en esos países, herencia de la invasión militar. Toda la región de Medio Oriente está sumida en una escalada de conflictos que presagia el peor de los escenarios.

Texto: Thalif Deen y Baher Kamal / Fotos: Mahmoud Marrash / Abu Qabbani

En 5 años de contienda, con más de 366 mil muertos y el 80% de la población en la pobreza, Siria ha retrocedido varias décadas.

En 5 años de contienda, con más de 366 mil muertos y el 80% de la población en la pobreza, Siria ha retrocedido varias décadas.

Con las guerras civiles y los conflictos transfronterizos que no hacen más que agravarse en Medio Oriente, Irak, Libia y Siria corren el riesgo de implosionar, a lo que se añade el avance del autoproclamado Estado Islámico (EI) en una zona y en un contexto de gran inestabilidad. El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, ya alertó: “Puede ser demasiado tarde para mantener a Siria entera si esperamos mucho más”.

Actualmente rige un frágil “cese de hostilidades” entre las fuerzas enfrentadas en la guerra civil de Siria, iniciada el 15 de marzo de 2011. Pero la pregunta que todo el mundo se hace es hasta cuándo durará el cese del fuego. El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Antonio Guterres, también candidato a ocupar el cargo de secretario general del foro mundial, advirtió que si no termina rápido el prolongado conflicto en territorio sirio, “puede ser el final de Siria como el mundo la conoce” en la actualidad.

Se especula que terminen creándose dos países, una Siria sunita y otra chiita. Y lo mismo podría ocurrir en Irak, según dijo Guterres al Consejo de Seguridad en diciembre de 2015. La comunidad internacional no puede permitir que las actuales divisiones sectarias escalen y se conviertan en una guerra de religión como la que arrasó partes de Europa en los siglos XVI y XVII. “Las lecciones de la historia nos enseñan que la paz no puede esperar”, remarcó.

Pronóstico de tormentas

En Irak, los pronósticos indican que podría dividirse en tres estados, uno sunita, otro chiita, además del Kurdistán, un territorio para los millones de kurdos de ese país y de Turquía que hace tiempo reclaman su propio Estado separado. Libia, que quedó totalmente desestabilizada tras la caída del régimen y la posterior muerte de Muamar el Gadafi en 2011, ya tiene dos centros políticos y gobiernos rivales en Trípoli y Tobruk. Mientras, el presidente de Túnez, Beji Caid Essebi, insinuó en la primera semana de marzo que el EI, que controla partes de Libia, amenaza con crear un nuevo estado islámico en su país.

El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, ya alertó: “Puede ser demasiado tarde para mantener a Siria entera si esperamos mucho más”.

El historiador Vijay Prashad, profesor de estudios internacionales en el estadounidense Trinity College, con sede en Connecticut, sostuvo que el argumento general es que esos países, Irak, Libia y Siria, ya sufrieron daños enormes por las políticas de cambio de régimen. “Su integridad quedó profundamente dañada. No hay necesidad de dividir a Siria, por ejemplo, porque ya quedó fragmentada por la guerra”, arguyó Prashad, quien está por publicar el libro The Death of the Nation and the Future of the Arab Revolution (La muerte de la nación y el futuro de la revolución árabe).

El sirio Centro de Investigación Política, con sede en Damasco, tiene un informe que asegura, según Prashad, que la economía producida por la guerra ya creó varias Sirias, cada una construida bajo el caparazón de la supervivencia. La creación de un enclave en el norte de Irak en 1991 ya introdujo una división, mientras la ocupación estadounidense empujó a las distintas facciones iraquíes hacia una matriz sectaria. Libia apenas si existe como país con tres gobiernos, uno en Trípoli, otro en Tobruk/Bayda y el del EI en Sirte. “Cada uno de ellos ahora crea su propio aparato estatal”, precisó Prashad.

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, dijo en el Consejo de Seguridad: “Debemos reconocer que 2015 fue uno de los años más problemáticos y turbulentos de la historia reciente, con las guerras civiles que destrozaron Siria y Yemen y la propagación del extremismo violento”. Mientras, el vicesecretario general de la ONU, Jan Eliasson, declaró en la segunda semana de marzo que entre 2007 y 2014, las guerras civiles se habían triplicado en el mundo. “Las guerras aumentaron en intensidad y en escala, se volvieron más letales, más prolongadas, más complejas y menos susceptibles a su resolución. Hay una flagrante falta de respeto y de desprecio por el derecho humanitario internacional”, remarcó Eliasson.

“Varios factores alimentan el conflicto: las rivalidades políticas, la interferencia internacional (guerras indirectas), la volatilidad económica y las desigualdades, la frágil gobernanza, las violaciones de los derechos humanos y el aumento de extremismo violento”, detalló. “Las acciones descoordinadas y la búsqueda de intereses nacionales de corto alcance no harán más que perpetuar la inestabilidad. Las soluciones pacíficas son de interés nacional e internacional en el mundo actual”, subrayó el vicesecretario general.

En respuesta a esos conflictos, añadió Eliasson, la ONU y los países miembro emprendieron en 2015 una gran revisión de las herramientas de respuesta a los conflictos, incluidas las operaciones de paz, la construcción de la paz y la Cumbre Humanitaria Mundial.

¿Un “triángulo colombiano” para el Estado Islámico en Libia?

Asediado en Siria e Irak por los cazabombarderos de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Siria y, hasta ahora también Rusia, el EI se lanzó en búsqueda de una nueva base de operaciones en Libia, en lo que fuentes locales consultadas han dado en llamar el “triángulo colombiano”. Situada en la región suroccidental del país, la nueva base se instalaría en las fronteras de Argelia, Níger y la propia Libia, que conforman un triángulo al que hace referencia el análisis.

La zona está actualmente controlada por grupos extremistas, narcotraficantes y traficantes de armas, un tipo operaciones que representan, según los especialistas en la región, una fuente importante de financiación para el EI, pero no la única, pues el petróleo constituye otro importante recurso para obtener ingresos. La calificación de colombiano obedece a una asociación que ha marcado la proyección –y también los estereotipos– de Colombia en círculos internacionales, como un país con parte de su territorio fuera del control del Estado, dominado por carteles de la droga, mafias del contrabando o grupos guerrilleros.

Según fuentes libias, tal “triángulo colombiano” no era, sin embargo, la primera opción del Daesh, el acrónimo árabe por el que también se conoce al EI. De hecho, todo comenzó en 2015, con ese grupo extremista extendiendo su campo de acción en la región de Sirte, en el norte de Libia, que alberga las mayores reservas de petróleo del país. Allí, el Daesh llevó a cabo varios ataques militares y llegó incluso a ocupar y controlar refinerías y depósitos de petróleo, como en otras zonas productoras de crudo.

El EI tuvo que rehacer sus planes iniciales que apuntaban a instalar su nueva base en las regiones ricas en petróleo del norte de Libia. Ello se debió a una serie de acontecimientos tales como los esfuerzos de la ONU, operados por su ex enviado especial, el español Bernardino León y, más tarde, por su sucesor, el alemán Martin Kobler, para formar un nuevo gobierno de unidad nacional encabezado por el empresario libio Fayyez al Sarraj.

Este nuevo gobierno de unidad nacional ha sido, de hecho, anunciado como resultado de un acuerdo patrocinado por la ONU en la ciudad de Skhirat, en Marruecos, a mediados del pasado diciembre. Los temores del Daesh a que el nuevo gobierno recibiría un fuerte apoyo, militar y de inteligencia, por parte de potencias extranjeras, principalmente de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), liderada por Estados Unidos, en especial en las zonas norteñas de Derna, Sirte, Trípoli y Sabratha, obligaron al grupo a cambiar de planes.

De hecho, los cielos en estas regiones son controlados por aviones no tripulados. Las fuentes consultadas no pudieron confirmar si estas operaciones de vigilancia son realizadas por las fuerzas armadas libias, dirigidas por el general Khalifa Haftar, o por otros estados que supervisan la actividad de los extremistas en el país. De todos modos, desde el asesinato de Gadafi, los sucesivos nuevos gobernantes del país norafricano fracasaron en constituir una autoridad central fuerte y estable. En consecuencia, el control de Libia se fragmentó entre el ejército y varias milicias rivales.

Se especula que terminen creándose dos países, una Siria sunita y otra chiita. Y lo mismo podría ocurrir en Irak.

Fuentes del primer gobierno instalado en Trípoli después de la intervención militar de 2011, encabezado por las fuerzas de la OTAN y sus aliados, estimaron que habría en Libia hasta 25 millones de armas fuera del control del Estado. Consecuentemente, la creciente fragilidad de las autoridades centrales de Libia permitió a las organizaciones extremistas, entre ellas el EI, tomar el control de varias ciudades e incluso regiones.

De acuerdo con un comandante militar libio retirado, la ciudad del sur de Traghan ya sirve como centro para el “triángulo colombiano”, ya que está rodeada de montañas y altas dunas de arena. La zona ha sido elegida por los contrabandistas gracias a la facilidad que ofrece para los envíos de drogas a través de la frontera, según fuentes locales, lejos de las miradas de las autoridades de los países vecinos, Argelia y Níger, con Malí como primer destino.

Así Malí se habría convertido en los últimos años en un refugio seguro para los grupos extremistas, incluidos el grupo proDaesh de Nigería, Boko Haram. La región se habría transformado también en un arsenal de equipos militares, armas y misiles que fue robado de los enormes depósitos militares del régimen de Gadafi. Además, esta región montañosa y agreste sería ya la nueva sede de grupos extremistas de Libia y Africa. Mientras tanto, diferentes fuentes bien informadas han estado especulando con los desarrollos que se sucederán de ahora en adelante.

Algunos hablan insistentemente de una amplia operación contra el Daesh en Libia, a realizar por una coalición militar liderada por Estados Unidos y la OTAN. Otros hablan en cambio de “intervenciones quirúrgicas” militares contra objetivos específicos. En los últimos días, ha circulado una nueva versión, que cita informes de los servicios de inteligencia libios que confirmarían la presencia de agentes de inteligencia de algunos países que apoyan las milicias y actúan en coordinación con el terrorismo en Libia.

Más allá de esto, de conseguir el EI instalar su base en el “triángulo colombiano” en Libia, ¿qué y quién podría evitar que reforzara sus enlaces con Boko Haram en Nigeria y otros grupos terroristas, como las ramas de grupo islamista Al Qaeda, por ejemplo?


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