LYGIA CLARK: ABANDONAR EL ARTE

0

El MoMA está llevando a cabo hasta fines de agosto la primera gran retrospectiva dedicada a la brasileña Lygia Clark en Estados Unidos. Lygia Clark: The Abandonment of Art, 1948–1988 reúne cerca de 300 obras realizadas a lo largo de cuatro décadas, entre ellas dibujos, pinturas, esculturas y experiencias participativas. Esta amplia muestra, que cuenta con préstamos de colecciones públicas y privadas, además de trabajos que se encuentran en el propio MoMA, ha sido organizada en torno a tres temas claves: abstracción, neoconcretismo y el abandono del arte. Imperdible.

Texto: Florencia Rolón / Fotos: Gentileza The Museum of Modern Art (MoMA)

La obra de Lygia Clark emerge en uno de los entornos más renovadores del arte de la segunda mitad del siglo XX, como es el brasileño, donde las tensiones inherentes al asentamiento de la modernidad conviven con su extremo opuesto: dictaduras militares, falsos milagros económicos y movimientos culturales ligados a lo local y abocados a vivir en el exilio. Por eso visitar Lygia Clark: The Abandonment of Art, 1948–1988 (la gran retrospectiva de la artista brasileña) es casi una obligación para todo espíritu inquieto que se encuentre en Nueva York. Apostada en The Museum of Modern Art (MoMA), la muestra cierra el 24 de agosto.

Salto conceptual

Lygia Clark y el trabajo con materiales

Rupturista. La poética de Clark propuso la desmitificación del arte y del artista, y la “desalienación” del espectador.

Lygia Clark: The Abandonment of Art, 1948–1988 está organizada cronológicamente. Desde sus obras más tempranas, su trabajo estaba en diálogo con predecesores emblemáticos de la abstracción geométrica moderna como Paul Klee, Fernand Léger, Piet Mondrian, Vladimir Tatlin, Max Bill y Georges Vantongerloo. Nacida como Lygia Pimentel Lins (Belo Horizonte, 1920 – Río de Janeiro, 1988), en 1947 Clark se trasladó a Río de Janeiro e inició su aprendizaje artístico con Burle Marx. Entre 1950 y 1952 vivió en París, donde estudió con Léger, Arpad Szenes e Isaac Dobrinsky. De regreso a Brasil, integró el Grupo Frente, liderado por Ivan Serpa. Más tarde fue una de las fundadoras del Grupo Neoconcreto y participó en su primera exposición en 1959.

Sin embargo, Clark fue cambiando de forma gradual la pintura por la experiencia con objetos tridimensionales. Así, se volcó a las “proposições participacionais” (proposiciones participacionales), como la serie Bichos, de 1960, construcciones metálicas geométricas que se articulan por medio de bisagras y requieren la coparticipación del espectador. En ese mismo año, impartió clases de artes plásticas en el Instituto Nacional de Educação dos Surdos. Después se dedicó a la exploración sensorial en trabajos como A Casa É o Corpo, de 1968. Además, participó en las exposiciones Opinião 66 y Nova Objetividade Brasileira, celebradas en el Museu de Arte Moderna de Río de Janeiro.

La siguiente sección de la exposición explora el período influido por el movimiento neoconcretista (1959-1966), una tendencia de vanguardia brasileña que rechazó la calidad impersonal y objetiva de la abstracción concreta. Los neoconcretistas –Lygia Pape, Franz Weissmann, y Sergio de Camargo, entre otros, integraban el grupo– concebían sus obras como puentes entre el arte y la vida, como herramientas para generar experiencias en el ámbito público. En este sector de la muestra se incluye la mayor parte de los últimos trabajos “formales” hechos por Clark, cuando ella aún se identificaba como artista neoconstructivista.

Después de la inquisición

Lygia Clark pinta en su estudio

La abstracción, el neoconcretismo y el abandono del arte son los tres pilares en los que se sostiene la muestra de Clark.

En 1971, Clark escribió en una suerte de diario que con los años fue parte del texto del catálogo de su muestra en la Fundació Antoni Tàpies, de Barcelona, lo siguiente: “Ayer estaba fatal, me sentía muy dislocada. Fui a ver a Aspazia al hospital y ella dijo que mi trabajo es una revolución cultural. Después fuimos Camargo y yo a comer al Domus y durante una hora lloré de angustia. Camargo comenzó a exponer dudas y más dudas sobre mi trabajo, aunque en ese momento tuve una reacción positiva y lo defendí con toda mi lucidez. Con anterioridad, Camargo había dicho no sé qué y yo, antes de comenzar a llorar, le dije casi gritando: ‘¡Lo que yo quiero es dejar de hacer arte!’ (…) Hablamos, como él dice, de la inversión conceptual que hay en mi trabajo. Porque yo propongo un ritual y el hombre está ahí rehaciendo su propia mitología, pero Camargo cree que mis propuestas no son bastante fuertes para conseguir eso. (…) El diálogo entre nosotros fue terrible. ¡Parecía una inquisición y creo que si esto sucediera en la Edad Media me estarían quemando viva, tal es el concepto que propongo, contrario a todo lo que ha sido propuesto hasta ahora respecto a lo que se llama arte!”.

Las quejas de la artista tenían un porqué. Es que entre 1966 y 1988, período que coincidió con una crisis personal y una posterior larga estancia de exilio en Europa, Clark logró una conclusión revolucionaria para los conceptos y prácticas que elaboró durante los años 60. A lo largo de ese tiempo, la artista creó objetos muy simples a partir de cosas ordinarias tales como guantes, bolsas de plástico, piedras, conchas de mar, agua, elásticos y telas. Estos “objetos sensoriales” fueron diseñados para hacer posible una conciencia diferente de nuestros cuerpos, nuestras capacidades de percepción y nuestras limitaciones mentales y físicas.

En ese lapso (que corona la tercera parte de Lygia Clark: The Abandonment of Art, 1948–1988), su actividad se apartó de la producción de objetos estéticos y se volvió, sobre todo, hacia experiencias corporales en las que cualesquiera que sean los materiales, estos terminan estableciendo una relación entre los participantes. De esta experiencia, en su regreso a Brasil en 1976, surgió su dedicación al estudio de las posibilidades terapéuticas del arte sensorial y de los objetos relacionales. Su práctica hizo que la artista, al final de su vida, considerase su trabajo definitivamente ajeno al arte y próximo al psicoanálisis. Esto no quitó que a partir de los años 80 su obra obtuviese un gran reconocimiento mundial, con retrospectivas en varias capitales internacionales y en muestras antológicas del arte internacional de la posguerra.

Mientras que la influencia de Clark en Brasil es hoy en día profunda, Lygia Clark: The Abandonment of Art, 1948–1988 pretende atraer la atención internacional hacia su trabajo. Reuniendo todas las partes de su radical producción, esta exhibición intenta reinscribir su obra en los discursos actuales de la abstracción, la participación y una terapéutica práctica del arte.

Lygia Clark: The Abandonment of Art, 1948–1988 se exhibe hasta el 24 de agosto. MoMA, 11 W. 53 St., Nueva York. www.moma.org

 


Compartir.

Dejar un Comentario