ANGELA DAVIS: ACTIVISTA SERIAL

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Es un ícono del movimiento de liberación negra en la década de 1970. Su trabajo sobre cuestiones de género, raza y cárceles ha influido durante años el pensamiento crítico y los movimientos sociales. Es una de las principales defensoras de la abolición de las prisiones, una postura fruto de su propia experiencia como fugitiva de la lista de las 10 personas más buscadas por el FBI hace cuarenta años atrás. Angela Davis se hizo conocida a nivel nacional en 1969 tras ser despedida de su puesto de profesora de la UCLA por ser miembro del Partido Comunista y haber encabezado una campaña para defender a tres reclusos afroestadounidenses de la prisión Soledad. En esta entrevista, Davis habla de la abolición de las cárceles, la guerra contra las drogas y la esperanza en la lucha de los movimientos sociales.

activista serial

Para muchos Davis es el equivalente femenino de Malcolm X. Su historia entronca con los movimientos contestatarios actuales.

La lucha para reformar el sistema de justicia penal en Estados Unidos ha llegado a un momento crucial. Desde el impulso de la administración Obama para modificar los delitos racialmente motivados hasta la reciente decisión del estado de Nueva York de corregir el uso del confinamiento solitario, hay un impulso cada vez mayor de repensar el sistema. Pero también han surgido nuevas batallas, como la disputa en contra de la ley de “legítima defensa” en estados como el de Florida, donde una serie de casos judiciales recientes han puesto de relieve la cuestión de sesgo racial en el sistema jurídico. Marissa Alexander, una mujer afroestadounidense que disparó (ella dice fue un disparo de advertencia) hacia una pared cerca de su abusivo marido se enfrenta a un máximo de 60 años de prisión en su segundo juicio. Michael Dunn, que disparó y mató a un adolescente afroestadounidense en una riña por el volumen de su música en el mismo estado de Florida, afronta un mínimo de 60 años por intento de asesinato, aunque el jurado no pudo condenarlo por el cargo principal en el caso: el asesinato de Jordan Davis, un crimen que, para muchos, recordó el asesinato de Trayvon Martin por George Zimmerman. Angela Davis (Alabama, 1944), profesora emérita de la Universidad de California en Santa Cruz y personaje central de un documental estrenado recientemente, Free Angela and All Political Prisoners (Liberen a Angela y a todos los presos políticos), se despacha en esta entrevista sobre la abolición de las cárceles, los encarcelamientos masivos, la llamada guerra contra las drogas y por qué en el segundo mandato del presidente Barack Obama debería haber un mayor activismo que durante el primero.

ALMA MAGAZINE: ¿Siente que ha habido progresos en las cuestiones relativas al sistema penitenciario?
ANGELA DAVIS: Sí. Creo que este es un momento crucial. Hay aperturas aunque también es muy importante señalar que la gente ha estado luchando por estos asuntos durante décadas. Este es también un momento problemático para los nos identificamos como abolicionistas de la prisión. Es que a diferencia de los reformadores de la prisión, que tienen el argumento de que muchas veces las reformas crean situaciones en las que el encarcelamiento masivo se convierte en algo aún más arraigado, nosotros pensamos que a la larga esto producirá un descenso en los encarcelamientos, un menor número de personas tras las rejas. Por eso es de esperar, con el tiempo, la posibilidad de imaginar un paisaje sin prisiones, donde se utilicen otros medios para abordar los problemas del daño; donde los problemas sociales, como el analfabetismo y la pobreza, no lleven a que un gran número de personas finalice en la cárcel.
AM: ¿Cuál es la diferencia entre ser una abolicionista de la cárcel, como se describe a sí misma, y un reformador de la prisión?
A.D.: En 1977, cuando se llevó a cabo la rebelión de la prisión Attica, fue un momento fundamental en la historia de la encarcelación en masa en la historia de la prisiones en este país. Los presos que fueron los portavoces de la sublevación indicaron que estaban luchando por un mundo sin prisiones. Durante la década de 1970, el concepto de la abolición de la prisión llegó a ser muy importante. Y, de hecho, intelectuales, jueces y periodistas lo tomaron muy en serio y comenzaron a pensar en alternativas. Sin embargo, en la década de 1980, con el desmantelamiento de los servicios sociales, los ajustes estructurales en el hemisferio sur y el surgimiento del capitalismo global, empezamos a ver a la prisión emergiendo como uno de los principales problemas producidos por la desindustrialización, la carencia de puestos de trabajo, la menor financiación en la educación, la falta de educación, los cierres de sistemas que fueron diseñados para ayudar a las personas que tenían problemas mentales y emocionales. Y ahora, por supuesto, el sistema penitenciario es también un centro psiquiátrico: las mayores instalaciones psiquiátricas en el país son la de la isla de Rikers en Nueva York y la del condado de Cook en Chicago.

“Es de esperar, con el tiempo, la posibilidad de imaginar un paisaje sin prisiones.”

AM: ¿Cómo se abordan las necesidades de los reclusos mediante la creación de reformas que no creen un sistema penitenciario más fuerte?
A.D.: Hoy en día hay más o menos unos dos millones y medio de personas tras las rejas, si uno cuenta todos los diversos aspectos de lo que llamamos el complejo industrial de las prisiones; incluyendo prisiones militares, las cárceles en territorios autónomos indígenas, prisiones estatales y federales, las cárceles del condado y las instalaciones de detención de inmigrantes, que constituyen el sector de mayor crecimiento en el complejo industrial de prisiones. La pregunta es: ¿cómo respondemos a las necesidades de los que están adentro, y al mismo tiempo iniciamos un proceso de reducción de los encarcelamientos que nos permita poner fin a esta dependencia de la prisión como método predeterminado de abordar los grandes problemas sociales?
AM: ¿Cómo ve el cambio de actitud de la sociedad hacia la guerra contra las drogas y la buena disposición de algunos estados a iniciar un proceso de despenalización y reconocer la adicción a las drogas más que como un problema de justicia penal como un problema de salud?
A.D.: Sí, es muy importante lo que está sucediendo. Pero es también esencial señalar que la gente ha estado luchando en torno a estos temas desde hace mucho tiempo. Y muchas veces, cuando estos nuevos momentos surgen, es como si los legisladores hubieran salido con esta idea por primera vez. Por supuesto que es fundamental la despenalización que se está llevando a cabo en algunos estados: la guerra contra las drogas ha sido el principal motor del crecimiento de la población carcelaria. Es más, la llamada guerra contra las drogas, ha sido una guerra en las comunidades pobres, las comunidades negras y latinas de todo el país. Por ende, la lucha contra las drogas ha servido como pretexto para encarcelar a mucha gente.
AM: ¿Qué está ocurriendo con el sistema de prisiones con fines de lucro?
A.D.: Estados Unidos ha dado lugar a esta industria de las prisiones privadas. Corrections Corporation of America fue la primera compañía de prisiones privadas. Y ahora tenemos instituciones como G4S, que es la tercera corporación privada más grande en el mundo entero, sólo detrás de la número uno, Walmart, y de la número dos, Foxconn. Y esta corporación de seguridad, que es propietaria y opera las prisiones en todo el país, además está implicada en la producción de las tecnologías carcelarias utilizadas en la Palestina ocupada por parte de Israel, que está involucrada en la deportación de presos de Europa hacia el hemisferio sur, y desde Estados Unidos hacia México. De este modo, uno empieza a ver cómo todo se junta. Pero creo que las prisiones privadas no son el único signo de la corporativización profunda del castigo. Incluso las cárceles públicas confían en las empresas privadas y la atención sanitaria ha sido privatizada; algo similar ocurre con la producción de alimentos; y los pocos programas que hay en las cárceles se han externalizado. Así que hay una privatización de la prisión de tal modo que no es posible examinar el problema de la encarcelación en masa sin mirar el papel importante que desempeña en la economía. Esto significa que personas que tienen muy poco que ver con la justicia penal, no tienen ningún interés en eso; en realidad, tienen intereses en el aumento continuo de la población carcelaria porque eso representa más ganancias para ellos.
AM: Unos meses atrás se estrenó Free Angela and All Political Prisoners, un documental sobre su encarcelamiento en la década de 1970.
A.D.: La directora Shola Lynch estaba interesada en hacer una película sobre el juicio. Por un lado, yo ya tenía constancia de su trabajo, porque ella había hecho una película maravillosa sobre Shirley Chisholm, Chisholm ’72: Unbought & Unbossed, la primera mujer afroestadounidense que se presentó para la presidencia en este país. Por otro lado, ya se me habían acercado muchas personas que querían hacer películas sobre mi vida, pero yo me había mostrado reticente, porque no creía que fuese muy productivo hacer una película centrada principalmente en mí. Entonces accedí a la petición de Shola porque esto también implicaría explicar la historia de la campaña que se desarrolló en todo el país y en todo el mundo en torno a la demanda de mi libertad. Además, ella hizo un trabajo increíble en la recuperación de material de archivo. Algo que sorprendió gratamente. Me encontré con muchas cosas de las que no tuve noción porque estaba en prisión.
AM: Explique por qué motivo usted estuvo en la cárcel y por qué fue absuelta.
A.D.: Me acusaron de tres delitos capitales: asesinato, secuestro y conspiración. Y fui absuelta de los tres cargos. En 1969 me habían expulsado de la Universidad de California, donde impartía clases de filosofía política, al ser acusada por Ronald Reagan –en ese momento gobernador de California– de pertenecer al Partido Comunista. La noche que me arrestaron, podía oír las voces de las personas que se habían concentrado afuera pidiendo mi libertad. Después se volvió algo de dimensiones mediáticas y políticas más allá de las fronteras de Estados Unidos, alcanzando una repercusión mundial de carácter activista bajo el lema “Libertad para Angela Davis” que impidió mi condena.
AM: ¿Usted cree que la gente se ha desmovilizado durante el mandato del presidente Obama o está siendo más activa?
A.D.: Creo que podríamos haber sido mucho más activos. Y uno de los problemas fue que después de estas elecciones históricas que tuvieron lugar, nos fuimos a casa y creímos que este hombre en Washington podría llevar la carga del caso por nosotros; no reconociendo que, en realidad, él era el presidente del país imperialista y militarista por excelencia. En este punto, podríamos haber tenido más victorias durante la era de la administración Obama si nos hubiésemos movilizado, si hubiéramos ejercido presión continua sobre él y también hubiéramos creado la posibilidad para que él tomara posiciones más progresistas. En este segundo mandato, el presidente Obama no tiene nada que perder. Y es hora de que comience a abordar lo que es uno de los temas más críticos en este país. Es bastante lamentable el hecho de que él haya esperado hasta ahora para hablar, pero es bueno que lo esté haciendo. Y creo que podemos aprovechar esta oportunidad para lograr algunas victorias importantes.
AM: ¿Hay aún esperanza para los próximos años?
A.D.: Creo que tenemos que actuar como si hubiese esperanza. Siempre encuentro esperanza en la lucha y en las generaciones más jóvenes.


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