MATEMÁTICA ROMÁNTICA: “NO SOY YO ¡ES ÉL!”

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Según observa el periodista económico Jon Birger en su libro Date-onomics, existe un déficit de hombres que está afectando a nuestra cultura sexual. Intrigado por la experiencia personal de una amiga de mediana edad con poca suerte en materia de relaciones, Birger se lanzó a examinar el mercado de las parejas en Estados Unidos desde un punto de vista demográfico y su principal conclusión no podía ser más sencilla: hay escasez de hombres. Pero no porque haya menos, sino porque pocos les dan la talla a mujeres cada vez mejor preparadas. Al menos, en el estrato que él se propuso investigar: gente heterosexual, con estudios superiores, y en busca de relaciones serias y duraderas entre iguales. Aquí una cronista que vive en Miami analiza el fenómeno.

Texto: Clarisa Montañeses / Fotos: Dalia Lipton / Katie Claypool

Es un hecho. Los cuentos de hadas no existen. El príncipe que se casa con la criada, o la princesa que elige al plebeyo para pasar el resto de su vida, han quedado en el olvido. La realidad pura y dura indica que todos tendemos a apuntar nuestras búsquedas románticas hacia personas de niveles similares a los nuestros. Y esto incluye lo económico, lo social, pero también el nivel de educación alcanzado. Y el mundo parece alejarnos cada vez más del sueño del príncipe azul. Y si tú, como yo, has vivido la enorme pérdida de tiempo en citas decepcionantes, tal vez la estadística nos acerque una explicación.

Birger asegura que en Estados Unidos, entre personas de 20 a 30 años, por cada cuatro mujeres con educación universitaria hay tres hombres en la misma condición.

Dada la brecha desfavorable entre mujeres y hombres con educación universitaria, el consejo de Birger es “la geografía importa”.

Dada la brecha desfavorable entre mujeres y hombres con educación universitaria, el consejo de Birger es “la geografía importa”.

En esta época de Tinder, eHarmony, Match y tantos otros, los números mandan. Y según Jon Birger –autor del libro menos romántico que se ha escrito jamás acerca de las citas– la brecha entre la mujer educada y el hombre educado es cada vez más grande. En su libro Date-onomics: How Dating Became a Lopsided Numbers Game (La economía de las citas: Cómo las citas se convirtieron en un juego numérico sesgado), Birger asegura que en Estados Unidos, entre personas de 20 a 30 años, por cada cuatro mujeres con educación universitaria hay tres hombres en la misma condición. Es decir, que cada cuatro mujeres, una se quedaría sin una pareja que iguale sus estándares intelectuales.

Pero para las que vivimos en Miami la coyuntura empeora. En nuestra queridísima ciudad del sol, el desfasaje es crítico. De acuerdo con un análisis hecho por el Washington Post, en Miami hay un 86% más de mujeres con un título universitario que… ¡hombres! Sí, leyó bien: un 86%. Y en la vecindad cercana tampoco hemos de encontrar lo que buscamos. Fort Lauderdale muestra 171 mujeres con educación superior por cada 100 hombres con estudios universitarios.

En su libro, Birger dedica un tiempo a analizar los factores sociales y demográficos que –según él– han contribuido a esa desproporción: la píldora anticonceptiva y las motivaciones derivadas del acceso de la mujer al mercado laboral, factores biológicos como la más rápida maduración intelectual de la mujer, leyes antidiscriminación, etc. Desde 1981 la grieta de género en las universidades ha sido cada vez más amplia. En 2012, hubo un 34% más de mujeres que de hombres graduados de la universidad. Para 2023, se especula que la distancia llegará al 47%.

Es una evidencia absoluta que los hombres educados tienen hoy frente a sus narices un mercado de mujeres educadas más amplio de lo que a nosotras nos gustaría.

No obstante, lo que le importa a Birger, más que la historia, es el presente y su aprovechamiento práctico. Un presente que él explica recurriendo al clásico juego de las sillas: “Si tomamos la muestra nacional, por cada cuatro mujeres, hay tres sillas. Tres hombres. Y en un futuro próximo, serán dos sillas por cada tres mujeres”. Entonces, habrá que pelear para encontrar un asiento romántico. Esa es la realidad. Y esa realidad dice que, al menos en Estados Unidos, la mayoría de las mujeres con estudios superiores no acepta salir con hombres sin esos mismos estudios. Es una cuestión de clasismo, de percepción social, y también, de perspectivas económicas.

Aunque las matemáticas tienen sus caprichos: si yo he comido dos hot dogs y tú ninguno, la estadística dirá que hemos comido un hot dog cada una. Las mujeres la tenemos difícil con estos números. Pero no es menos cierto que los hombres con menor nivel de educación en verdad enfrentan un desafío cada vez más inalcanzable cuando buscan una mujer educada. Por ejemplo, entre los hombres sin formación universitaria entre 22 y 29 años, hay 9,4 millones de solteros, mientras que en el mismo segmento de edad, pero entre mujeres educadas las mujeres solteras no superan los 7,1 millones. Ellos no la tienen nada fácil.

Evidencias de un escenario complejo

Desequilibrio. Según el periodista económico Jon Birger, esta asimetría cambia el comportamiento de hombres y mujeres.

Desequilibrio. Según el periodista económico Jon Birger, esta asimetría cambia el comportamiento de hombres y mujeres.

Ahora, en relación a nuestro interés específico, es una evidencia absoluta que los hombres educados tienen hoy frente a sus narices un mercado de mujeres educadas más amplio de lo que a nosotras nos gustaría. Para Birger, esa brecha en materia educativa es esencialmente mala para ellos ya que compromete su futuro. Pero también lo es para nosotras: a menos hombres educados, peor lo tendremos las mujeres para encontrar una pareja que nos convenza.

Bajar el nivel de exigencias no parece ser un camino que las mujeres de hoy estemos dispuestas a elegir. Estudios de comportamiento han demostrado que en aquellas ciudades donde la oferta de mujeres educadas supera ampliamente a la de los hombres con la misma condición, el comportamiento sexual se muestra más promiscuo. Mayor variedad, menor compromiso.

En este sentido Birger alude a estudios con especies animales de tendencias monógamas que han demostrado que alterando la proporción entre individuos de uno y otro género dentro de una población se logran cambios significativos en el comportamiento sexual del grupo. Es decir, la cultura de apareamiento dentro del grupo puede pasar de la monogamia a la poligamia dependiendo de que los machos sean mayoría o minoría. El factor determinante pareciera ser la disponibilidad.

Cuando existe escasez de un sexo, el otro trata a su pareja como un bien valioso. De manera similar, un superávit en uno de los sexos lleva a comportamientos promiscuos y menos comprometidos con el otro. Es una cuestión de evolución adaptativa, y también de oferta y demanda. La biología y la teoría económica coinciden en esto. A la luz de sus descubrimientos, Birger recomienda: “Si eres una mujer joven y soltera, y buscas formar una pareja estable con un hombre de por lo menos tu nivel académico, mejor será que te mudes a zonas con una estructura demográfica más favorable a tus intereses”.

Pero cuidado. Miami no es una buena opción, aunque tampoco lo son algunos otros lugares emblemáticos del país. En Manhattan, existe un 38% más de graduados universitarios de sexo femenino que hombres. La brecha es del 49% en Raleigh, Carolina del Norte, el 49% en Washington y el 37% en Los Angeles. Según el autor, otra opción para nosotras sería optar por una carrera de ciencias o con una fuerte carga matemática y tecnológica, donde los hombres que la cursan son una mayoría amplia.

La situación parece que se va a poner peor con el paso del tiempo. El mensaje es claro: el contexto importa.

Aunque ésta es sólo una alternativa para aquellas que aún no han comenzado la universidad. Para el resto de nosotras, nos queda el cambio de ciudad, alternar los lugares donde salimos, o ser más agresiva cuando alguien nos gusta realmente. Porque la situación parece que se va a poner peor con el paso del tiempo. El mensaje es claro: el contexto importa.

Birger afirma que su intención a la hora de escribir Date-onomics… no fue otra que darle a las mujeres una serie de datos que funcionara como una herramienta para que ellas puedan tomar mejores decisiones en relación a sus elecciones de pareja, sus citas y su búsqueda de alguien con quien llegar a compartir sus vidas. En un tiempo en el que el matrimonio y la monogamia pierden su absolutismo moral y dejan paso a la soltería por elección, la pareja de hecho, el poliamor y las relaciones abiertas, la visión y las recomendaciones de Birger pueden sonar algo frívolas. Sin embargo, nadie puede negar la existencia de un “mercado del amor”, donde a diario interactúan cientos de millones de personas. Como todo mercado de escala, la estadística tiene la capacidad de identificar comportamientos recurrentes. Y en ellos puede estar la clave que nos indique cuál es el cambio de conducta, o de escenario, que ha de mejorar nuestro resultado potencial.

Como sea, a mal tiempo buena cara. Birger y su teoría matemática no logrará sumirnos en la desesperanza. Después de todo, somos mujeres. Y hemos recorrido un largo camino para llegar aquí. Lo mejor, siempre, está por venir.


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