AGNES MARTIN: POSEÍDA POR LA SENCILLEZ

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El Los Angeles County Museum of Art (LACMA) dedica una retrospectiva a Agnes Martin, una artista que hizo suyo el espíritu romántico del expresionismo abstracto y que se dejó seducir por la austeridad del minimalismo zen. Considerada como la última de la generación de expresionistas abstractos, sufría de debilitantes episodios de psicosis con los que supo convivir en paz. Es la primera exposición de alcance sobre la pintora canadiense desde 1992.

Texto: Florencia Rolón / Fotos: Gentileza Los Angeles County Museum of Art (LACMA)

Agnes Martin fue una pionera que supo trabajar dentro de los límites que ella misma se autoimpuso en su práctica.

Agnes Martin fue una pionera que supo trabajar dentro de los límites que ella misma se autoimpuso en su práctica.

Desde fines de abril, el Los Angeles County Museum of Art (LACMA) presenta Agnes Martin, la primera y más completa retrospectiva de la obra de la artista canadiense desde 1992. Esta extensa exposición abarca toda la amplitud de la práctica de Martin (Maklin, Saskatchewam, Canadá, 1912 – Taos, Nuevo México, 2004), dejando al descubierto sus primeros y poco conocidos experimentos con diferentes medios de comunicación, y siguiendo el desarrollo de su trabajo desde las abstracciones biomórficas hasta lienzos de líneas que se convirtieron en su sello distintivo.

Artista seminal del siglo XX y pionera de la abstracción, Martin vio su trabajo como una búsqueda de la perfección, tratando de imbuir cada pintura con “belleza, inocencia y felicidad”. Su estilo, aunque moderado, dio relieve a su profunda convicción en el poder emotivo y expresivo del arte. Su obra marcó una encrucijada en la historia de la pintura abstracta. La artista creó un lenguaje geométrico y espacial, a menudo inscribiendo suavemente líneas dibujadas sobre campos sutiles de color, una práctica que iba a persistir mediante el refinamiento y la reinterpretación a lo largo de las décadas. Contemporánea de los expresionistas abstractos, Martin fue una de las pocas mujeres artistas destacadas en el mundo del arte predominantemente masculino de finales de los años 50 y 60.

“Siendo el único lugar en la costa oeste de Estados Unidos que acogerá esta exposición, el LACMA tiene el placer de presentar el trabajo de una artista que fue enormemente inspirada e influenciada por el paisaje del suroeste de Estados Unidos”, declaró Michael Govan, director del LACMA. La muestra estará abierta al público hasta el 11 de septiembre.

Credulidad

Dura batalla. Martin superó su condición de enferma psíquica, mujer y lesbiana en un mundo dominado por hombres.

Dura batalla. Martin superó su condición de enferma psíquica, mujer y lesbiana en un mundo dominado por hombres.

Natural de Canadá, Agnes Martin decidió trasladarse en los años 40 a Nueva York para estudiar enseñanza de las artes en la escuela de Magisterio de la Universidad de Columbia. Es allí donde entró en contacto con el expresionismo abstracto, un estilo con el que ella sintonizaba mejor y durante esos años entabló amistad con Robert Indiana, Robert Rauschenberg, Lenore Tawney y Jasper Johns, artistas que forjaron un nuevo arte estadounidense de posguerra.

En Columbia empezó a interesarse por el budismo zen, no como disciplina religiosa, sino como método práctico para desempeñar en la vida. En 1954, en Taos (Nuevo México), hizo su primera obra semiabstracta. “Lo que me gusta del zen es que no cree en los objetivos. Yo tampoco creo que la manera de triunfar es hacer algo agresivo. La agresividad es para cortos de mente”, reconoció con los años.

Esa visión zen le llevó a destruir sus primeras obras y dar un giro hacia un minimalismo extremo y radical. A partir de ahí sus cuadros se limitaron al dibujo de líneas paralelas, cuadrículas perfectas y, en ocasiones, círculos o formas geométricas monocromáticas. Una abstracción basada en tramas espesas y trazos lineales repetitivos. Su herramienta podía ser una sencilla caja de lápices.

Chau fama. Martin abandonó Nueva York en 1967 para vivir en soledad en Nuevo México y pintar líneas y cuadrículas.

Chau fama. Martin abandonó Nueva York en 1967 para vivir en soledad en Nuevo México y pintar líneas y cuadrículas.

En 1967, cuando su carrera en Nueva York empezaba a despegar, abandonó de pronto la ciudad. No se llevaba bien con la ajetreada vida de artista en la Gran Manzana, un mundo extremadamente competitivo que entró en conflicto con su historial salpicado de crisis psicológicas. Eso la llevó a montarse a una caravana y deambular por el país sin rumbo hasta que llegó a Nuevo México, al igual que otros artistas como Georgia O’Keeffe, Mark Rothko, D. H. Lawrence y Edward Hopper habían hecho antes que ella.

En Nuevo México, construyó una casa de adobe con sus propias manos y asentó su residencia y su refugio para pintar. Desde allí se centró en la práctica de la pintura silenciosa, una profesión y una terapia que le servían para contrarrestar los ataques de psicosis que le acompañaron toda su vida. Para Martin el arte no era un instrumento para el cambio social. Su poder residía en la capacidad para contrarrestar pensamientos y emociones negativas, promover la calma psíquica sobre el caos y establecer cierta estabilidad.

Misión. Alcanzar la sublimidad inmaterial de la realidad y hacer que el espectador abandone su subjetividad ante sus pinturas.

Misión. Alcanzar la sublimidad inmaterial de la realidad y hacer que el espectador abandone su subjetividad ante sus pinturas.

A partir de 1974, Martin utilizó casi siempre el mismo formato: lienzos cuadrados de 1,80 metros de lado en los que pintaba líneas horizontales a lápiz y bandas de color con pinceladas sutilmente vigorosas. Cambió de paleta de una serie a otra, usando tonos pálidos un año, y negro, blanco o gris el siguiente. En los últimos años sólo cambió el formato obligada por cuestiones de la edad, reduciendo el tamaño de sus lienzos para poder seguir moviéndolos ella sola.

Organizada en colaboración con la Tate Modern londinense –que el año pasado presentó esta antología en la capital inglesa–, el Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen (Düsseldorf) y el Solomon R. Guggenheim Museum (Nueva York)–, Agnes Martin rescata el rigor abstracto de una artista que no claudicó. “Sin la conciencia de la belleza, la inocencia y la felicidad, uno no puede hacer obras de arte”, sentenció cierta vez. Esa magia sobrevuela en la exhibición del museo angelino. Imperdible.

Agnes Martin se exhibe hasta el 11 de septiembre en Los Angeles County Museum of Art (LACMA), 5905 Wilshire Blvd., Los Angeles.

www.lacma.org/


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