NOMOFOBIA

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¿Alguna vez ha escuchado el término nomofobia? ¡Deténgase! Por favor no lo busque en su teléfono celular. La nomofobia es el miedo incontrolable a no tener a mano el teléfono móvil. El término, que es una abreviatura de la expresión inglesa “no mobile phone phobia”, fue acuñado durante un estudio realizado por la oficina de correos británica y el instituto demoscópico YouGov para estimar la ansiedad que sufren los usuarios de teléfonos celulares. La investigación también ha demostrado que los niveles de estrés de una persona con nomofobia son equiparables con los nervios que se sienten el día antes de una boda o en una visita al dentista. Se calcula que el trastorno lo padece, sin saberlo, al menos la mitad de la población. En Miami, probablemente esa proporción sea aún mayor. Caminando, conduciendo, trabajando, corriendo, almorzando, bailando, descansando, en el cine, en la oficina, en la playa, en la piscina, en el supermercado, en la escuela, en el banco, en el shopping… la lista es infinita. La mayoría de las personas le dan prioridad a sus teléfonos móviles por sobre cualquier otro aspecto de la vida cotidiana. A veces, poniendo en peligro sus propias vidas y las de los demás; otras, comportándose como verdaderos maleducados y siempre, siempre, olvidando que el prójimo existe, que tiene derechos y que merece tanto respeto como todos los demás. Si bien todo comenzó con la lectura de correos electrónicos y mensajes de texto, hoy la dependencia con el teléfono celular se asienta mayoritariamente en las redes sociales. Las investigaciones indican que todo es un problema de autoestima y de relación. De hecho, la inseguridad personal es el factor más común que causa nomofobia. La idea de perfeccionismo no es perseguida desde la óptica del “ser” sino desde el “parecer”. La importancia de la comunicación en las redes sociales apunta directamente a lograr que la percepción que el otro tiene de uno sea la deseada. Fotos fuera del contexto real, photoshop, efectos y usurpación de escenarios ajenos son una muestra cabal del falso universo que las redes sociales proveen. Una de las consecuencias más claras del empleo abusivo de la conexión permanente y el exhibicionismo controlado es la imposibilidad absoluta de trasladar esas relaciones digitales a la vida real. Cara a cara hay que mostrar lo que uno es en realidad y eso desenmascara la imagen construida en las redes sociales donde las personas tienden a manifestar sólo lo mejor de sí mismos, buscando la aprobación de los demás. Por otro lado, esa compulsión voyeurista condiciona el estado de ánimo de las personas y no siempre lo hace positivamente. Los estudios revelan que una de cada tres personas se siente peor y más insatisfecha con su vida después de visitar las redes sociales. Y a pesar de que la mayoría de las personas tienden a “fabricar” sus perfiles en las redes sociales, por alguna razón no proyectan su propia conducta en los demás y dan crédito absoluto a lo que ven. Esto genera resentimientos, confusión, envidia, frustración, sensación de soledad y enfado. La vida virtual y la presencial son expresiones diferentes de una misma persona y la brecha parece ampliarse cada día más. Esa generación nomofóbica no lee periódicos ni libros ni ve noticieros de televisión. Por tanto, su visión del mundo procede, básicamente, de las redes sociales, lo que la aleja aún más de la realidad global que la circunda. Esto cambia sus patrones de sensibilidad social y su jerarquía de valores. Como todo en la vida, la moderación en el uso de las cosas es la clave para que cualquier avance tecnológico esté al servicio nuestro y no a la inversa. Practique no mirar su teléfono celular cada diez minutos. No lo use mientras conduce o camina por la calle. Póngalo en silencio mientras mantiene una cita real con otra persona. No lo lleve a la mesa cuando cena con su familia. No lo toque cuando dialoga con su pareja. Trate de tener una vida real. Créame: vale la pena. Hasta la próxima,

Alex Gasquet


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