PERÚ: FUJIMORISMO QUEDA FUERA DEL PODER… PERO CON PODER

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Por una diferencia muy pequeña, el ex inversionista de Wall Street y economista del Banco Mundial Pedro Pablo Kuczynski le ganó las elecciones presidenciales peruanas en segunda vuelta a Keiko Fujimori, la hija del ex presidente encarcelado Alberto Fujimori. Se esperaba que Keiko triunfara, pero ha sido derrotada en medio de escándalos por corrupción y manifestaciones en su contra por el legado de su padre, que fue condenado a prisión por delitos entre los que figuran crímenes de lesa humanidad.

Texto: Angel Páez / Fotos: Francisco Scorza / Carmela Alarcón

El economista Pedro Pablo Kuczynski obtuvo la presidencia de Perú por un puñado de votos y Keiko Fujimori se quedó por segunda vez acariciando el Poder Ejecutivo, aunque a cambio dominará el Congreso legislativo y desde ahí condicionará al próximo gobierno. Con el total de las actas procesadas, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) informó la tarde del jueves 9 de junio que Kuczynski, de 77 años –ex ministro de Economía y presidente del Consejo de Ministros del gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006)–, obtuvo el 50,12% de los votos válidos y Fujimori, de 41 años, alcanzó el 49,88%.

Pedro Pablo Kuczynski

El economista Pedro Pablo Kuczynski obtuvo la presidencia de Perú.

La diferencia fue de 41.438 votos válidos, lo que hace irreversible el triunfo del candidato del centroderechista Peruanos por el Kambio (PPK), pese a que quedaron algunas actas en observación. En las elecciones de 2011, a la candidata de la derechista Alianza Popular también se le escapó el triunfo de la punta de los dedos, aunque entonces el nacionalista Ollanta Humala la derrotó en el balotaje con el 51,45%, frente al 48,55%.

Desde el año pasado, Keiko Fujimori buscó proyectar una imagen alejada de las prácticas autoritarias de su padre –el encarcelado ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000)–, en una estrategia salpicada de ofertas populistas, destinada a neutralizar el voto antifujimorista que la llevó a la derrota en 2011. Sin embargo, durante la campaña iniciada en enero, la candidata enfrentó un crescendo de acusaciones de financiamiento de origen sospechoso, manipulación de los medios, imputaciones falsas en agravio de sus opositores y otras prácticas indebidas que recordaron la actuación de su progenitor.

El casi empate del domingo 5 de junio mantuvo al país y a los comandos de los candidatos en espera del suministro de la ONPE del 100% de los votos escrutados, aunque los analistas ya adelantaban que era imposible que la heredera de Fujimori revirtiera el resultado. Entre las últimas actas procesadas estaban las procedentes de Alemania, donde en la primera vuelta electoral del 10 de abril, Fujimori había logrado en torno al 18% y Kuczynski alcanzó el 51%.

Dentro del país, las últimas actas en contabilizarse llegaron de localidades recónditas del valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), que abarca una amplia extensión del centro y el sur del país. En los distritos del Vraem –que incluye mayormente comunidades de las regiones andinas de Ayacucho, Huancavelica, Apurímac, Junín, y en menor proporción zonas selváticas del Cuzco–, la candidata izquierdista del Frente Amplio, Verónica Mendoza, sacó en abril más votos que Fujimori.

El 2 de junio, Mendoza, quien quedó en tercer lugar en la primera vuelta, pidió a sus seguidores que votaran por Kuczynski, para cerrar así el paso al retorno del fujimorismo al país, después que Alberto Fujimori cumple una condena de 25 años por corrupción y delitos de lesa humanidad. Sin embargo, Fujimori sostuvo hasta el boletín oficial de la ONPE que esas últimas actas podrían evitar que se consumase su segunda derrota en las urnas.

“Era irreversible” el resultado, explicó el politólogo y experto en procesos electorales Fernando Tuesta, quien recordó que desde los conteos rápidos de las encuestadoras la jornada electoral Kuczynski mantuvo siempre la ventaja. Consideró que los resultados de la primera vuelta contradecían la pretensión a la que se aferró Fuerza Popular, de que los votos rurales o del exterior cambiasen “significativamente” la tendencia.

El narcotráfico, más que una sombra

De acuerdo con la Oficina Nacional de Procesos Electorales, Fujimori ha reportado ingresos por más de tres millones de dólares, frente a los 2,2 millones del centroderechista Kuczynski. Entre los principales financistas de la candidata figuraron antiguas autoridades del régimen de su padre o allegados a éste, algunos involucrados en la actual investigación por lavado de activos durante su campaña de 2011.

“Keiko Fujimori, quien en un primer momento de la campaña electoral criticó los excesos de su padre, en la última etapa ha repetido los vicios del régimen de éste. Y una demostración de lo que digo, es la aparición de personajes oscuros y de dudosa reputación que trabajaron con Alberto Fujimori”, señaló Salomón Lerner, ex primer ministro de Humala.

En 2013, el gobierno de Estados Unidos acusó a un contribuyente a la campaña de 2011, el empresario Luis Calle, de ser “capo del narcotráfico internacional” y de dirigir una organización de legitimación de capitales. También en 2013, la procuradora de lavado de activos, Julia Príncipe, denunció ante la fiscalía al congresista fujimorista Joaquín Ramírez de poseer bienes por más de 7,1 millones de dólares de origen sospechoso.

Al año siguiente, Keiko Fujimori lo ungió como secretario general de Fuerza Popular y más tarde le dio todo su respaldo cuando la fiscalía especializada en legitimación de capitales, abrió una investigación formal en contra del dirigente. Volvió a ratificarlo en su cargo después que el 15 de mayo pasado, la cadena estadounidense Univisión y el programa limeño Cuarto Poder difundieron una investigación conjunta que reveló que la Agencia Antidrogas (DEA, en inglés) investigaba a Ramírez.

El testigo protegido de la agencia estadounidense, Jesús Vásquez, declaró que había grabado a Ramírez cuando este supuestamente afirmó que Keiko Fujimori le ordenó “lavar” 15 millones de dólares, presuntamente obtenidos del narcotráfico, con el fin de financiar la última campaña presidencial. Pese al pertinaz respaldo de la candidata, Ramírez se vio obligado a dejar temporalmente la dirección de Fuerza Popular, luego que las autoridades peruanas anunciaron un viaje a Estados Unidos para entrevistar a Vásquez.

Cuando se creía que el escándalo había concluido, el programa de televisión Las cosas como son difundió un audio en el que supuestamente Vásquez se retractaba de la acusación. Poco después la productora del programa, Mayra Albán, denunció que el audio había sido trucado y que quien lo había entregado era el jefe de campaña de Fujimori, José Chlimper. Se trataba de una operación del fujimorismo para desacreditar al testigo protegido, cuyas acusaciones hicieron recordar a analistas y políticos opositores a la candidata y a su padre, que durante el gobierno de Alberto Fujimori, el narcotráfico fue una de las mayores fuentes de corrupción, según demostró la justicia.

Por sombras como las del narcotráfico, para el ex procurador anticorrupción Julio Arbizu, “un triunfo de Keiko Fujimori representaba para la democracia peruana, a nivel simbólico, un ejercicio de masoquismo indigno de quienes ya sufrieron el crimen y el horror del gobierno de su padre”. Arbizu tuvo una participación determinante en la extradición del ex presidente Fujimori, cuando éste se refugió en Chile, en 2007, tras intentar renunciar al poder desde Asia a fines de 2000 y ser destituido por el parlamento por “incapacidad moral”.

Por un pelito

En Lima el chiste que se repite en los días postelectorales recurre a un famoso poema del escritor afroamericano Nicomedes Santa Cruz, titulado “Cómo has cambiado pelona (jovencita)”. Durante su decisivo debate, Keiko Fujimori criticó con ese popular verso a Pedro Pablo Kuczynski, por ser duro con ella después de apoyarla en el balotaje de 2011, tras quedar tercero en la primera vuelta. “Tú no has cambiado, pelona”, le replicó Kuczynski, en una ocurrencia que se convirtió en una consigna de los últimos días de campaña. “¿Cuál es el colmo de una pelona?”, se pregunta. “Que le ganen por un pelito”, es la respuesta.

La trinchera del Congreso

Si bien a Fujimori el electorado le cerró por segunda vez la posibilidad de ocupar el Palacio de Gobierno de Perú, su partido sí tendrá cómo influir desde el 28 de julio sobre el rumbo del país desde el Palacio Legislativo, sede del unicameral Congreso. El 10 de abril, Fuerza Popular consiguió una extraordinaria mayoría en el Congreso: 73 representantes de un total de 130, seguido del Frente Amplio con 20 legisladores y el PPK con 18 parlamentarios.

La bancada fujimorista es conocida por boicotear investigaciones sobre casos de corrupción que vinculan a sus representantes, o para presionar a sus adversarios. El gran desafío de las otras dos fuerzas es evitar que el fujimorismo utilice su mayoría para controlar desde el Congreso al gobierno y promover desde allí medidas a favor de sus intereses.

“La tentación autoritaria es parte del ADN del fujimorismo. Jamás permitiremos que Fuerza Popular convierta el Congreso para promover la impunidad, cerrarle el paso a la lucha contra la corrupción o para encubrir a sus partidarios. No hemos llegado al Congreso para ser testigos de la eventual destrucción de la democracia mediante acciones autoritarias”, manifestó la congresista electa por el Frente Amplio, Indira Huilca.

Pero advirtió que “tampoco significa que le daremos carta blanca a Kuczynski. El mandato que nos dio el pueblo es clarísimo. Nos sumamos al voto a favor de Kuczynski en la segunda vuelta para impedir el triunfo de Keiko Fujimori porque encarnaba la amenaza del regreso de la corrupción, de la influencia del narcotráfico en la política, de prácticas antidemocráticas para alcanzar el poder a toda costa”. Ella conoce bien esas prácticas porque su padre, Pedro Huilca, dirigente histórico de la Confederación General de Trabajadores del Perú, fue asesinado ocho meses después del denominado autogolpe de Estado de Fujimori, en 1992.

La reciente elección estuvo caracterizada por una serie de deficiencias y falta de transparencia. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) puso en vigencia una reforma electoral que aprobó a último momento el Congreso, lo que generó confusión, cuestionamiento de la autoridad y deslegitimación de las decisiones del tribunal. Dos importantes candidatos presidenciales, Julio Guzmán y César Acuña, que se presentaban como favoritos para ganar los comicios, fueron eliminados por el JNE en medio de un clima de sospecha sobre la independencia del organismo.

Lo que quedó en evidencia es que la democracia peruana necesita mejorar la legislación electoral, coinciden los analistas. “Las anomalías que se han visto en las elecciones se deben básicamente a las modificaciones que se hicieron a la ley electoral y también a la actitud del JNE”, indicó el ex secretario general del organismo, Juan Falconí. “Llegó un momento en que los ciudadanos no sabían quiénes serían los candidatos a la presidencia debido a la aplicación confusa de las nuevas normas”, criticó. Como resultado, adujo, hubo “incidentes que ensombrecieron las últimas elecciones y los ciudadanos no le tienen confianza a los organismos electorales. El JNE ha perdido legitimidad ante los votantes porque ha sido evidente que le faltó determinación, buen manejo y credibilidad”.

Durante el debate de la reforma electoral propuesta por la JNE, el fujimorismo se opuso a la fiscalización de los fondos privados de financiamiento de las campañas proselitistas, y también a que los organismos electorales supervisen obligatoriamente los procesos internos de los partidos para la selección de sus candidatos.

Ahora que el fujimorismo será mayoría en el Congreso, difícilmente se aprobaría una nueva reforma para corregir errores y hacer más transparentes los procesos comiciales. “Sin el fujimorismo no será posible hacer ninguna reforma electoral. Y no creo que sea su prioridad”, afirmó el profesor Tuesta. A su juicio, el antifujimorismo derrotó a la candidata de Fuerza Popular, pero el virtual presidente electo no podrá gobernar sin llegar a acuerdos con esta agrupación, que condicionará su gestión desde el parlamento.


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