MOBY: HACIENDO MEMORIA

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DJ legendario y veterano de la música electrónica, publicó hace muy poco su biografía titulada Porcelain. El libro recorre los primeros diez años de su carrera: desde su mudanza a Nueva York en medio de la era de la cocaína y la epidemia del sida a fines de los años 80 y su punto de vista de ser vegano blanco como forma de arte, hasta cómo se cruzó en su camino con Madonna, Run–D.M.C., Jeff Buckley y Sonic Youth; además, relata su amor a primera vista de una dominatrix en una fiesta swinger y cómo pudo dar tres conciertos en un día en Inglaterra. Con ustedes, Richard Melville Hall, mejor conocido como Moby.

Texto: David Greene (NPR) / Fotos: Gentileza Editorial Penguin Random House

Fuera de lugar. El libro narra las correrías de un heterosexual blanco y vegano en medio de un ambiente gay y confuso.

Fuera de lugar. El libro narra las correrías de un heterosexual blanco y vegano en medio de un ambiente gay y confuso.

A finales de 1980, Moby (Harlem, 1965) fue atraído por lo que él llama “la meca sucia” de la ciudad de Nueva York. Como DJ y músico electrónico, esa peculiaridad era un elemento básico de la escena rave: multitudes bailando hasta el amanecer, probablemente bajo la influencia de una o dos sustancias, todos moviéndose con una de sus canciones. Moby asegura en esta entrevista que, considerando de dónde venía y su singular forma de ser, nunca habría predicho su éxito en el mainstream. Sin embargo, lo logró –y cómo– con el álbum Play, un mashup de tecno, viejas muestras de blues y oscuras letras poéticas. Lanzado en 1999, el disco vendió millones de ejemplares y dio lugar a varios singles muy escuchados, incluyendo la que puede ser su canción más emblemática, Porcelain. Ese es también el nombre de su reciente autobiografía.

“La porcelana es frágil y blanca, y yo soy frágil y blanco”, explica con una sonrisa. “Y también, a mitad del libro, paso de ser un cristiano sobrio a transformarme en un no cristiano muy poco sobrio. Y cuando recaí, para ser muy gráfico con el asunto, hice un montón de cosas de porcelana para tirar.” Esa disposición a exponerse de manera poco favorecedora es un rasgo distintivo del libro, en el que Moby explora cómo su ascenso a la fama está relacionado con una búsqueda personal. “Ya sea dentro de la temprana escena de baile en Nueva York, o Nueva York en sí mismo, o la escena rave, o el cristianismo, o la sobriedad o la embriaguez, lo que estaba buscando era pertenecer”, confiesa.

“Crecí en un barrio rico, pero mi madre y yo éramos muy pobres.”

Sobre Porcelain, el aclamado Salman Rushdie señaló: “La escritura es excelente, amenizada por un humor inexpresivo que provoca algo inesperado. Su ancestro Herman Melville se sentiría orgulloso”. Mientras que David Eggers comentó: “Este es uno de los más divertidos y más accesibles libros que jamás haya leído acerca de un alcohólico fabricante de música antigua, cristiana, vegana y electrónica”.

Pero Richard Melville Hall, mejor conocido como Moby, no pudo con su genio y acompaña la edición de su libro con el álbum Music From Porcelain, que en realidad se compone de dos discos; el primero con algunos de sus más grandes éxitos remasterizados para la ocasión como Porcelain, Natural Blues, Bodyrock, Honey y Go!. El segundo está dedicado a los artistas que lo marcaron: A Tribe Called Quest, Joey Beltram y 808 State, entre otros.

“La música en Porcelain es casi un personaje tan importante en el libro como lo soy yo. Así que terminé haciendo una compilación con las canciones de las que se habla en el texto, tanto las mías como las de otros artistas, en una pequeña cápsula para acompañar al libro. Estas canciones, todas me recuerdan al Nueva York en el que viví de 1989 a 1999”, afirma el artista.

ALMA MAGAZINE: De todos los lugares para comenzar una biografía, decides empezar con un recuerdo que te involucra junto a tu madre en una lavandería en Connecticut, en 1976. Tenías 10 años de edad. Llévame a ese lugar.

MOBY: Crecí en un barrio rico, pero mi madre y yo éramos muy pobres. Usamos cupones de alimentos del gobierno y la ayuda de la asistencia social hasta que tuve 18 años. Había un estigma de vergüenza en torno a eso, algo que tanto mi madre como yo lo sentíamos. Y el libro comienza con mi madre en una lavandería, lavando nuestra ropa y la de los vecinos, porque a veces ellos nos pagaban por lavar su ropa. Pero en el inicio del libro, estoy sentado solo en nuestro destartalado viejo Chevy Vega, haciendo girar el dial de la radio; mientras la lluvia cae en el techo, de repente me encuentro con una canción de Diana Ross. Así que que escuché la canción Love Hangover, y en ella había algo futurista. Me hizo pensar en ese entorno urbano con personas confidentes, que sabían exactamente lo que estaban haciendo. Y esto fue como un alivio para la tristeza del suburbio en la que vivía inmerso.

AM: ¿Estabas buscando algún tipo de escape de allí, fuera de la lavandería, de la presencia de tu madre fumando cigarrillos y lavando la ropa de otras personas?

M.: Sí. Es decir, básicamente, eso fue mi infancia: pretendiendo que podía ir a la escuela y no avergonzarme de la ropa del Ejército de Salvación que estaba usando, y en busca de cualquier cosa o excusa para huir de ese contexto; ya sea libros de ciencia ficción, una radio o música. Recuerdo que había en casa un libro de arte que fue fundamental. Un ex novio de mi madre le había dado un libro de Edward Steichen. Y me gustaba mirarlo de manera obsesiva, porque todo en él parecía interesante, erudito y sofisticado.

AM: Y luego encontraste tu camino en un mundo diferente. ¿Cómo llegaste a convertirte en DJ y pasar música en Manhattan?

M.: Después de la universidad, empecé a pasar música y me involucré bastante en el mundo del hip hop y el house, pero estaba pasando música en pequeños clubes en Connecticut. Un día, oí hablar de un club nocturno que se estaba abriendo en Manhattan, e hice una cinta de demostración y me colé en el tren para ir a Manhattan y dejar la maqueta.

AM: En esa época solías esconderte en el baño del tren, ¿verdad?

M.: Sí, me escondía en el baño, así no tenía que pagar cinco dólares. Por tanto, llegué a esta discoteca. Nadie me había dicho que cuando se quiere un trabajo como DJ, no se les da una cinta de demostración. Así que le dejé esa maqueta a la gente de recursos humanos, y ellos comenzaron a reírse de mí.

AM: Pero fuiste allí simplemente preguntando: “¿Tiene usted una aplicación de DJ?”. Es decir, que estabas listo para aplicar como si fuera un trabajo en un restaurante o en cualquier otro lugar.

M.: Exacto. Yo estaba de pie esperando junto con los ayudantes de camareros, los camareros y los porteros, tratando de conseguir un trabajo. Sólo pensé que habría una aplicación de DJ que podía llenar. De todos modos, por suerte, conseguí el trabajo.

AM: Describes la vida en Nueva York muy crudamente, a veces viviendo en apartamentos sin agua corriente… Y después dices al final: “La vida era tan perfecta”.

M: Pongamos las cosas en su lugar. En principio, pensé: “Bueno, si alguien lee este libro, y aunque me odien o quizá no sepan quién soy y no tienen ningún interés en mí, al menos, tal vez la manera en que Nueva York es descrito en el libro, y la manera en que la escena de baile se representa, será de interés para muchos”. Pero vivir en Nueva York, en ese entonces, era excitante. Pese a que la ciudad estaba arrasada por una serie de epidemias: la del sida, la del crack, además de las bandas de pandilleros que asolaban. Era un ambiente extraño y caótico, y era tan barato que cualquiera podía vivir allí. Así que todos mis vecinos eran artistas, escritores o músicos. Sí, se sentía en el aire ese aspecto bizarro, casi como una ciudad amurallada, una ciudad disfuncional pero creativa.

AM: Has dicho que esperabas que los lectores disfrutasen el modo en que escribiste sobre Nueva York, incluso si no les gustaba tu música. ¿Qué dice eso de ti?

M.: (Risas) Bueno, podría ponerte en contacto con mi terapeuta, que probablemente podría responder a esta pregunta bastante bien. Creo que es, posiblemente, el legado de crecer como un niño pobre profundamente avergonzado. Incluso en la edad adulta, cuando tus circunstancias cambian, el núcleo de lo que eres y sus supuestos básicos acerca de ti mismo, permanecen en gran medida.

“Mi editor me hacía bajar el tono de las cualidades de autodesprecio que estaba escribiendo.”

AM: El libro es muy autocrítico. ¿No te llevas muy bien contigo mismo?

M.: En un gran porcentaje, probablemente, sí. De hecho, lo curioso de esto es que mi editor me hacía bajar el tono de las cualidades de autodesprecio que estaba escribiendo. Tuve que ser empujado a escribir sobre las cosas, e incluso acerca de mí mismo, de una manera positiva. (Risas)

AM: Escribiste puntualmente sobre una noche cuando estabas trabajando en un club y una gran estrella del hip hop apareció…

M.: Sí, Darryl McDaniels de Run–D.M.C. entró y le pasé el micrófono.

AM: Esa era una gran oportunidad: tenías a tu lado a una estrella. ¿Pero por qué quedaste preocupado de que te despidiesen?

M.: ¡Era una gran oportunidad! Así que ahí estoy yo, con 23 o 24 años de edad, chico blanco de pelo largo de los suburbios, pasando música en un club de música house y hip hop para una audiencia casi exclusivamente afroamericana. Los primeros minutos fueron geniales: pasé algunos temas de James Brown e hice un poco de freestyle, y la multitud se volvió loca. Y luego, en algún momento, puse un tema de Run–D.M.C.. Darryl se entusiasmó, la multitud también, pero me tropecé con la aguja de la bandeja. Y esta se fue deslizando a lo largo y provocó un completo aire de muerte y silencio. Darryl arrojó el micrófono, me gritó y se fue. Yo no lo podía creer: estaba seguro de que este era el final de mi carrera. Pero por suerte a mi jefe no le importó que esa noche yo mismo me haya humillado frente a 500 fans de hip hop.

AM: Así que pudiste recuperarte y seguir adelante…

M.: Sí, fui capaz de recuperarme. Es decir, la noche terminó con un momento aún más degradante que implica a una cucaracha. Pero esto era Nueva York en 1989, por lo que esas cosas sucedían.

AM: Este libro abarca muchos momentos difíciles. Y termina antes de que salga tu álbum Play a la venta. Habría una paradoja: parecerías más cómodo escribiendo sobre los momentos difíciles, y no tan cómodo reflexionando sobre tu éxito. ¿Es así?

M.: En gran parte, sí. Y creo que es, de nuevo, un producto de mi crianza. Mi madre fue una pintora increíble que nunca ha tenido ningún éxito. Algunas otras personas en mi familia eran grandes músicos y grandes escritores, y en realidad nunca tuvieron un gran reconocimiento. Por eso, cuando yo estaba creciendo, sólo pensaba que iba a pasar toda mi vida enseñando en una universidad comunitaria. Como mucho, haciendo música en mi tiempo libre; digamos, música que nadie iba a escuchar. Así que, incluso ahora, sigue siendo sorprendente para mí que pueda producir algo, ya sea un libro o un disco, y que algunas personas estén dispuestas a prestarle atención a lo que hago.


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