INDIA: MARAJAS DEL SIGLO XXI

0

Hace 20 años, la India parecía definitivamente condenada a la pobreza. Hoy sueña con alcanzar la riqueza en menos de 20 años y convertirse en una potencia mundial en 2040. La prosperidad del “triangulo de oro” –Nueva Delhi, Bombay y Madrás– que crece aceleradamente. Los industriales que levantaron verdaderos imperios en una o dos generaciones y salen con agresividad al exterior. El boom de Bangalore con sus industrias de punta. Las claves para entender por qué le puede disputar la supremacía asiática a China.

Texto: Agustín Atir / Fotos: AFP y AP

India Confederation of Indian Industry

Sunil Mittal, uno de los hombres más ricos del país, es el vicepresidente de la Confederation of Indian Industry.

Ningún país presenta tantas contradicciones como la India. En ese territorio –un tercio de la superficie de Estados Unidos– todavía hay 350 millones de indigentes –más que toda la población norteamericana– que viven con menos de 1 dólar por día. Pero, al mismo tiempo, en el “triángulo de oro” delimitado por Nueva Delhi, Bombay y Madrás funciona una potencia económica que crece a un ritmo de 7 a 8% anual desde hace una década y ya hay por lo menos 150 millones de personas que tienen un nivel de vida similar al standard occidental. Unas 30 millones de personas se incorporan cada año a esa nueva clase media, opulenta y consumidora. A ese ritmo, la India “en 2040 será la tercera potencia mundial detrás de China y Estados Unidos, pero muy por delante de Japón y Alemania”, según una proyección de Goldman Sachs.

CONSUMO VORAZ

La transformación actual de la India dio también un impulso sin precedentes al consumo: los abonados a teléfonos móviles aumentan a un ritmo de un millón por mes, los viajeros de avión pasaron de 7,9 millones en 1996 a 47 millones en 2004, los internautas crecieron de 5,4 millones en 2000 a 18,6 millones en 2003, y cada año se vende un millón de vehículos, lo que convierte a la India en el mercado de automóviles más dinámico del mundo. “En 2015, la India será el quinto mercado automotriz más grande del planeta”, profetizó un estudio de McKinsey.

INDIA-US-TECH-CALL CENTER-EMPLOYEES

Cerca de un millón de jóvenes indios trabajan en call centers, con sueldos de U$2.500 anuales.

Un secreto del crecimiento indio, no siempre destacado, es la pujanza de una generación de industriales y financistas que construyeron verdaderos imperios en una o dos generaciones. Actualmente hay 20 empresarios indios con fortunas superiores a 1.000 millones de dólares, según la lista de magnates mundiales que publica la revista Forbes. El más representativo de esos marajás de la industria y las finanzas es Lakshmi Mittal –quinta fortuna mundial–, que acaba de absorber el gigante europeo Arcelor para formar la mayor empresa siderúrgica del mundo. Mittal es un gran exhibicionista de su fortuna. Desde 2003 vive en Londres en una mansión que tiene el privilegio de ser la residencia más cara de Gran Bretaña: le costó 130 millones de dólares. En 2004 le ofreció a su hija Visha la boda más suntuosa de todos los tiempos. La fiesta, que duró 6 días, se hizo en los castillos de Versailles y de Vaux-le-Vicomte, los dos palacios más lujosos de Francia, y los 1.200 invitados fueron trasladados hasta París en jets particulares. Al término de la fiesta, los asistentes recibieron como recuerdo una caja con joyas. Teniendo en cuenta que los magnates indios suelen organizar bodas para 10.000 invitados, ese casamiento tuvo un marco relativamente íntimo. Aun así, la factura total ascendió a 55 millones de dólares, cifra que eclipsó las bodas simultáneas de los dos hijos del rey indio del diamante, Vijah Shah. Ese doble casamiento, celebrado en 2002, había costado 18 millones de dólares. La compra de Arcelor, concretada en julio de este año, fue celebrada por la prensa india como la promesa de la penetración de las empresas de ese país en la nueva economía mundial. Ese optimismo no era infundado. Desde 2002, las inversiones privadas en el exterior superan los 15.000 millones de dólares. En octubre de este año, el conglomerado Tata dio por su parte un paso de gigante.

LA FORTUNA DE LOS MARAJAS

Estos son los industriales y financistas indios que integran la clasificación de Forbes desde 1.000 millones de dólares, con el rubro en el que se desempeñan y su fortuna personal.

• Lakshmi Mittal (Siderurgia) 23.500 millones

• Azim Premji (Servicios informáticos) 13.300 millones

• Mukesh Ambani (Petroquímica) 8.500 millones

• Anil Ambani (Industrias diversas) 5.700 millones

• Kushal Pal Singh (Finanzas y construcción) 5.000 millones

• Sunil Mittal (Telecomunicaciones) 4.900 millones

• Kumar Birla (Materias primas) 4.400 millones

• Shiv Nadar (Tecnología) 4.000 millones

• Pallonji Mistry (Construcción) 3.600 millones

• Ravi & Shashi Ruia (Acero, petróleo y gas) 2.800 millones

• Adi Godrej (Electrodomésticos y construcción) 2.600 millones

• Indu Jain (Prensa y televisión) 2.400 millones

• Dilip Shanghvi (Productos farmacéuticos) 2.400 millones

• Baba Kalyani (Ingeniería y construcción) 1.400 millones

• Tulsi Tanti (Energía) 1.400 millones

• NR Narayana Murthy (Software) 1.200 millones

• Uday Kotak (Finanzas) 1.100 millones

• Subhash Chandra (Televisión, discos y media) 1.000 millones

• Habil Khorakiwala (Productos farmacéuticos) 1.000 millones

• Vijay Mallya (Bebidas alcohólicas) 1.000 millones

INDIA-RELIGION-MITTAL

El industrial Lakshmi Mittal, el quinto hombre más rico del planeta, recibe la ofrenda de un sacerdote en Mumbai.

Ese grupo, considerado como uno de los más agresivos a nivel internacional, ofreció 6.400 millones de dólares para comprar la acería anglo-holandesa Corus con la pretensión de crear, de esa manera, el quinto grupo siderúrgico mundial, aunque deberá competir con la empresa brasileña CNS que codicia el mismo bocado. Y esa voracidad se acentuó en las últimas semanas con la compra de 30% del fabricante norteamericano de bebidas Energy Brands, 33% del productor sudafricano de té Joekels y 100% del hotel Ritz Carlton de Boston. A diferencia de Mittal, el grupo Tata es extremadamente discreto.

Hasta fines del siglo XX, la quinta parte de los técnicos de Silicon Valley eran indios. Pero, en los últimos años, muchos de ellos volvieron para crear sus starts up. Desde 2004, Alemania contrata 50.000 ingenieros indios por año para revitalizar su industria informática desfalleciente.

Aunque Ratan Tata –el actual dirigente del grupo– maneja un imperio que factura 14.300 millones de dólares por año, es el único empresario que no figura en las listas de Forbes. Tata representa en la India más que un imperio industrial. Creado hace un siglo, es una verdadera leyenda. En 1912, Dorabji Tata, heredero del fundador Jamsetji Tata, fue el primero que instauró la jornada laboral de 8 horas y las vacaciones pagas.

PAKISTAN-INDIA-FILM

Una imagen de Aishwarya Rai, la más grande estrella de Bollywood.

Tata es también una dinastía y una matriz económica única que encarna el modelo capitalista indio: con 93 sociedades que operan en sectores tan diversos como siderurgia, fábrica de vehículos, energía, telefonía, química y petroquímica, informática, té, hoteles, y productos de consumo familiar. Ese conglomerado emplea a 215.000 personas y realiza un tercio de sus actividades en el exterior. En gran objetivo de Ratan Tata es producir un automóvil, destinado a la nueva clase media, que saldrá al mercado a 100.000 rupias (2.500 dólares). El nombre de ese coche es un slogan publicitario en sí mismo: “One Lack” es un término popular que se usa como unidad de medida para decir 100.000 rupias.

En Bangalore residen 150.000 informáticos, posee el mayor número de empresas de software del país, tiene el nivel de crecimiento más dinámico, es la sede de la creación de moda, suele ser presentada como un modelo ecológico por sus grandes espacios verdes, y tiene el estilo de vida más moderno.

INDIA-POPULATION-STREET

Más de 350 millones de personas viven en la India con menos de 1 dólar por día.

Contrariamente al tigre chino, propulsado por una industria volcada a la exportación de productos de consumo baratos, el crecimiento del elefante indio se apoya en los servicios. Gracias a una mano de obra altamente calificada, anglófona y 70% más barata que en Occidente, ese sector representa el 53% del PIB y crece a un ritmo del 20% anual. En ese país, tradicionalmente considerado como paradigma de la pobreza, la mayor riqueza es la inteligencia de su gente. En los últimos años, la India concentró su esfuerzo de crecimiento y modernización en tres vectores de desarrollo: • Una industria farmacéutica altamente competitiva que, en poco tiempo, se convirtió en primer productor mundial de medicamentos genéricos. En ese sector existen algunos pesos pesado como ACG, una empresa familiar que es el número tres planetario de cápsulas terapéuticas. • Los servicios deslocalizados de burótica desde plataformas de call-centers para grandes empresas, trabajos administrativos de back-office (contabilidad, facturación y análisis financiero) a tareas más sofisticadas como servicios informáticos, ingeniería o R&D (investigación y desarrollo). Actualmente, un millón de jóvenes indios trabajan para Occidente en empresas locales o filiales abiertas en la periferia de Bangalore por gigantes como Microsoft, Intel, Cisco, la aseguradora Axa o Dassault Systèmes (filial del fabricante francés de aviones). La India es el principal exportador de estos servicios, un rubro que factura 12.000 millones de dólares anuales. • Una sofisticada industria informática que la ubica como segundo exportador mundial de programas, detrás de Estados Unidos. También es número uno mundial de exportación de servicios de alta tecnología. Esos IT services facturaron 13.000 millones de dólares en 2005 por la provisión de tareas informáticas a distancia a través de redes de alta velocidad: integración de sistemas, escritura y tests de programas, mantenimiento de servidores y de bancos de datos, etc. En 2006 los ingresos ascenderán a 22.500 millones de dólares. Dos datos permiten apreciar la calidad de los ingenieros informáticos formados en Bangalore o en Bombay. Hasta fines del siglo XX, la quinta parte de los técnicos de Silicon Valley eran indios. Pero, en los últimos años, muchos de ellos volvieron para crear sus starts up. Desde 2004, Alemania contrata 50.000 ingenieros indios por año para revitalizar su industria informática desfalleciente. La mayoría de los nuevos diplomados, sin embargo, ahora prefiere quedarse en el país para participar en el nuevo despegue tecnológico e industrial, e integrar la nueva clase de white collars que comenzó a transformar el país. “Al concentrarnos en el sector de servicios, pudimos saltar la difícil etapa de la industrialización masiva, que requiere enormes trabajos de infraestructura”, reconoce Rajiv Kumar, economista jefe de la central empresaria CII.

La versión india de Hollywood –conocida como Bollywood–, trabaja día y noche y puede acoger hasta 34 filmaciones simultáneas. Tal vez las temáticas no son universales, pero de allí salen 1.100 películas por año que totalizan 3.000 millones de tickets. En la India hay más de 30 ceremonias anuales equivalentes a los Oscar.

INDIA TRAIN BOMBINGS ECONOMY

Oficinistas caminan cerca del edificio de la Bolsa de Bombay.

Para sostener ese ritmo de crecimiento, el gobierno anunció un plan de inversiones de 144.000 millones de dólares entre 2005 y 2007 para modernizar la red vial, el sistema energético, los ferrocarriles, construir aeropuertos y dotar al país de infraestructuras apropiadas. Una inversión de esa magnitud es imposible de imaginar en un país occidental. La India tiene que prepararse, además, para el boom demográfico que debe afrontar en los próximos 30 años: la población actual (1.100 millones) pasará a 1.520 millones en 2040, y en 2050 –con más de 1.600 millones de habitantes– superará a China como país más poblado del globo. Ese vertiginoso crecimiento vegetativo obligará a crear trabajo para los 600 millones de jóvenes que se incorporarán al mercado de trabajo en los próximos 40 años. Dos vías posibles para responder a ese desafío son modernizar la agricultura, que aún emplea al 65% de la mano de obra del país y –sobre todo– acelerar la industrialización. Sobre ese punto, los indios están de acuerdo en una sola cosa: no imitar el modelo chino de global manufacturers. El gran cambio de ese país atrasado comenzó en 1991, cuando la bancarrota de las finanzas públicas obligó al gobierno a abandonar el modelo de economía planificada que había adoptado el socialista Jawaharlal Nehru a partir de 1947, después de la independencia de Gran Bretaña. Para evitar la parálisis del país, el ministro de Economía, Manmohan Singh –actual primer ministro–, aplicó un severo programa liberal: redujo el proteccionismo aduanero, permitió aumentar la participación extranjera (que estaba limitada al 49%) y abolió el sistema de licencias que necesitaban las empresas que deseaban aumentar su producción. Esas medidas, en el preludio de la globalización, atrajeron a las grandes empresas occidentales, que desembarcaron masivamente en la India para deslocalizar funciones cada vez más sofisticadas.

FRANCE MITTAL WEDDING

Los Mittal pagaron 55 millones de dólares por la boda de Vanisha en dos castillos de Francia.

La mayor ventaja comparativa de la India es una mano de obra joven (28 años de promedio), que habla perfecto inglés y está muy bien formada. Las universidades indias entregan 3 millones de diplomas por año, entre los cuales hay medio millón de ingenieros y otro medio millón entre químicos, bioquímicos o físicos. Pero, sobre todo, los salarios de esos técnicos dinámicos son diez veces inferiores al de un occidental: un informático cobra entre 6.000 y 8.000 dólares por año y un empleado de call-center 2.500 dólares anuales. Un tercio de esas industrias de punta está concentrada en Bangalore, la ciudad que conoce el más fuerte crecimiento del país. Su población pasó de 3,5 a 7 millones en diez años y volverá a duplicarse para 2010. Después de la independencia, Nehru decidió que Bangalore sería el cerebro del nuevo país independiente. Allí se instaló la universidad más grande del país, un instituto tecnológico copiado del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y cuatro escuelas politécnicas, que se convirtieron en vivero de la elite científica india. Sus centros de investigación alimentaron la industria de la defensa instalada en la región, donde se construyó la bomba atómica. Actualmente, en Bangalore residen 150.000 informáticos, posee el mayor número de empresas de software del país, tiene el nivel de crecimiento más dinámico, es la sede de la creación de moda, suele ser presentada como un modelo ecológico por sus grandes espacios verdes, y tiene el estilo de vida más moderno. Pero el modernismo también tiene límites en la India. En Bangalore hay algunos shoppings tan modernos como los malls de Estados Unidos, pero –como en el resto del país– no hay grandes supermercados. Esa medida está destinada a proteger a los pequeños comerciantes, que son una de las bases de la estructura social del país. Detrás de esa modernización sin precedentes hay una ambiciosa generación de universitarios que puja por salir de la pobreza, quiere disfrutar los placeres de la sociedad de consumo e imita el modelo de vida de la clase media de Estados Unidos o Gran Bretaña. Esos técnicos sueñan con vivir en Magarpatta City, una ciudad surgida de la nada a tres horas de carretera de Bombay. Esa urbanización que busca respetar todas las normas ecológicas fue construida en torno de Cybercity. Ese complejo edilicio de vidrio y acero, que albergará unas 30 empresas de alta tecnología, estará rodeado de 28 barrios de bungalows residenciales alimentados en electricidad por paneles solares y energía producida mediante incineración de residuos, por las cañerías circulará agua de lluvia reciclada, tendrá escuelas y hospitales a menos de diez minutos, transportes no contaminantes y grandes espacios verdes.

Liquor baron-Member of Rajya Sabha-Vijay Mallya-Mumbai

Vijay Mallya, el magnate de las bebidas alcohólicas.

“Mi ambición es que Magarpatta City sea el modelo de las ciudades del futuro en la India”, confiesa el ingeniero agrónomo Satish Magar, cerebro del proyecto, que recorrió el mundo con arquitectos para estudiar las mejores ideas. Otra actividad que espera el momento de expandirse hacia el exterior es la cinematografía. Esa industria opera en Film City, un parque de producción de 250 hectáreas ubicado en pleno centro de Bombay. Esa versión india de Hollywood –conocida como Bollywood–, trabaja día y noche y puede acoger hasta 34 filmaciones simultáneas. Tal vez las temáticas no son universales, pero de allí salen 1.100 películas por año que totalizan 3.000 millones de tickets. En la India hay más de 30 ceremonias anuales equivalentes a los Oscar. Una estrella como Aishwarya Rai (32 años), cortejada por productoras de Estados Unidos y bajo contrato exclusivo de L’Oreal, tiene monumentos y templos a su nombre, y sólo puede desplazarse rodeada de 30 guardaespaldas. Cuando Bollywood salga a competir internacionalmente con sus bajos costos de producción, será una seria amenaza para las industrias de Estados Unidos y Europa. Aunque más discreto que el éxito económico chino, el despegue de la India parece más sólido y, aunque luzca paradójico, más equitativo. El aspecto más importante de ese fenómeno puede venir de la adición de esos dos países, más Japón, Corea del Sur y los dragones que surgieron en los últimos años. Al ritmo actual, Asia se convertirá en poco tiempo en un verdadero gigante, que tendrá la mitad de la población mundial y, probablemente, el apetito suficiente para devorar a la otra mitad.


Compartir.

Dejar un Comentario