OBESIDAD: CUESTION DE PESO

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Más de 127 millones de estadounidenses sufren problemas de sobrepeso, y el número de muertes prevenibles se multiplican por miles, año a año. Costumbres sedentarias, mala alimentación y la falta de ejercicio han contribuido a agravar la crisis sanitaria, con enfermedades cardiovasculares, diabetes y distintos cánceres como algunas de las consecuencias. Mississippi, el estado con los peores índices del país, tiene a casi una tercera parte de su población con sobrepeso. El gobierno ha aumentado el presupuesto en salud, pero los especialistas aseguran que los esfuerzos no han sido suficientes y por primera vez en la historia de Estados Unidos podría empezar a caer drásticamente el promedio de expectativa de vida.

Texto: Fernando Amdan / Fotos: AFP / AP

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En 2006, el número de obesos creció en 31 estados y la tendencia está lejos de revertirse.

Con el número uno pegado al pecho, comenzó a correr la maratón de 3 millas por las calles de Dallas. Junio de 2002, al año y medio de estrenar vestiduras, el presidente George W. Bush eligió esa ocasión para difundir su iniciativa HealthierUS, orientada a promover la actividad física y costumbres más sanas en la alimentación de los estadounidenses. Pasó a ser algo más que noticia: el problema de la obesidad ya era evidente por entonces, y la Casa Blanca lo anotó en su agenda de prioridades para la política doméstica. “Es un inmenso tsunami abalanzándose sobre los Estados Unidos”, ponderó el problema, sin vértigo a las exageraciones, David S. Ludwing, director y fundador de la clínica Optimal Weight for Life (OWL) en el Children’s Hospital de Boston. Según cifras de la American Obesity Association (AOA), más de 127 millones de personas en el país tienen problemas de sobrepeso, de las cuales 60 millones son obesas y otras 9 millones responden a la categoría de “severamente obesas”. Una auténtica epidemia que intentan contener la administración Bush y el Centers of Disease Control and Prevention (CDC), y una misión algo más que dificultosa si pretenden conquistar la meta nacional de reducir la obesidad entre adultos, para el año 2010, a menos del 15% de la población. Lejos de reducirse, las estadísticas marcan que la obesidad sólo se ha incrementado en los últimos años. Según Trust For America’s Health (TFAH), la obesidad entre adultos “ha continuado creciendo en 31 estados durante 2006, en tanto que los esfuerzos del gobierno han fallado de modo consistente a la hora de proveer soluciones viables para resolver esta crisis”. En el ranking de los estados, Mississippi es el más afectado, con el 29,5% de su población con sobrepeso, seguido de cerca por Alabama y West Virginia. En el otro extremo, Colorado es el mejor posicionado: “solamente” el 16,9% de sus ciudadanos tienen kilos de más. Estados Unidos detenta la triste distinción de ser el país más obeso del mundo. Conserva el liderazgo de una larga lista, con el 30,6% de su población cuyo BMI (Body Mass Index) supera los 30 puntos, según estadísticas de la Organization for Economic Co-operation and Development (OECD). Un escalón más abajo le siguen México, con un 24,2%, y el Reino Unido, con 22,4 por ciento. Actualmente, unas 300.000 personas mueren al año por enfermedades directamente ligadas a los problemas de sobrepeso, lo que convierte a la obesidad en la segunda causa de muerte prevenible, sólo detrás del tabaquismo. Incluso el New England Journal of Medicine advirtió que los índices de la expectativa de vida estadounidense podrían reducirse entre dos y cinco años en el mediano plazo. Hoy se ubica en los 77,6 años y, de cumplirse el pronóstico de los especialistas, sería la primera vez que ese indicador sufra un revés, desde que el gobierno comenzó con el conteo en 1900. “El crecimiento sostenido de la expectativa de vida que hemos tenido en los últimos dos siglos podría llegar a su fin en poco tiempo”, sostuvieron S. Jay Olshansky y David B. Allison, dos de los especialistas a cargo del reporte del New England Journal of Medicine. “Si uno mira cualquier otra gran epidemia de la historia, como las plagas de la Edad Media, ninguna fue tan seria como la epidemia de obesidad que hoy azota a los Estados Unidos”, remarcó Julie L. Gerberding, directora de la CDC. Además de señalar las posibles consecuencias en el largo plazo, el New England Journal of Medicine indicó que las minorías en el país, entre los que contabilizan a los hispanos, son los grupos donde la epidemia impactará de peor manera, debido a que “poseen los más marcados niveles de incrementos de obesidad y porque la mayoría tiene acceso limitado al sistema de salud”. En repetidas ocasiones, la Organización Mundial de la Salud alertó a Estados Unidos sobre los problemas de la obesidad e incluso publicó una serie de recomendaciones para articular políticas públicas para paliar la crisis de salubridad. Pero según denunció el Center for Science in the Public Interest, una entidad médica con sede en Washington, la Casa Blanca ha presionado al organismo internacional para que en sus informes enfatice las “responsabilidades individuales” para combatir la enfermedad por encima de la acción gubernamental. “Si bien la responsabilidad personal es fundamental para adoptar y sostener conductas saludables, no es suficiente por sí sola”, indicó TFAH. Asimismo, la American Obesity Association ha denunciado fuertes inequidades en el presupuesto de salud, a la hora de contemplar la epidemia de la obesidad. De acuerdo con la organización, si bien los fondos totales destinados a The Nacional Institutes of Health (NIH) se incrementaron de 13.600 millones a 28.800 millones de dólares en los últimos siete años, las políticas contra la obesidad no han recibido el suficiente apoyo. En ese lapso, las iniciativas contra el sobrepeso pasaron de 127,6 millones a 440 millones de dólares, algo menos que los 566 millones destinados a las políticas contra el tabaquismo, 1.000 millones para la diabetes, y 2.400 millones para las enfermedades cardiovasculares y 2.900 millones para la lucha contra el sida. “Condiciones médicas relacionadas con la obesidad, como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares, reciben más fondos que el problema que los causa”, protestaron desde la AOA. La crítica apunta al criterio a la hora de distribuir los fondos, y la ecuación que aplica la organización es sencilla: mientras que la obesidad afecta a, por lo menos, 60 millones de personas en todo el país, la diabetes impacta en 18 millones y el tabaquismo en 46 millones.

TRATAMIENTOS POSIBLES

KELLY BLISSExisten diversas estrategias para tratar la obesidad, pero, aclara la American Obesity Association, “lo que funciona bien para alguien, no necesariamente es el mejor método para otra persona”. El National Weight Control Registry (NWCR) funciona como base de datos donde puede encontrarse el testimonio de diferentes personas que lograron bajar 30 libras de peso o más el año pasado. Participantes de todo Estados Unidos eligieron compartir información acerca de sus métodos y esfuerzos para combatir la obesidad y mantenerse en línea. De acuerdo con sus respuestas, el 89% cambió sus dietas e incrementó sus actividades físicas, en tanto que un 55% acudió a un profesional (nutricionistas, psicólogos) o un programa formal (como Weight Watchers). Un 91% había intentado perder peso anteriormente, pero sin éxito. A partir del relevamiento, los investigadores del NWCR concluyeron que el 81,3% entre quienes lograron bajar 30 libras o más fue a causa de intensificar el ejercicio físico, y el 63% apuntó a embarcarse en dietas estrictas. Como resultado de la pérdida de peso, el 85% de los consultados reportaron marcadas mejorías en la salud física, calidad de vida, niveles de energía, movilidad, humor y confianza personales. Además de las terapias de dieta (planificación de comidas, guías de compras) y la opción de practicar deportes, existen otras alternativas para vencer el sobrepeso. Entidades como National Heart, Lung and Blood Insitute, por ejemplo, recomiendan estrategias de cambios de conducta y hábitos, como recordar los parámetros de dietas, identificar situaciones riesgosas (la presencia en la casa de alimentos con muchas calorías) y evitarlas conscientemente, cambiar metas poco realistas o imágenes falsas del propio cuerpo, entre otras. Con un seguimiento médico, otra de las opciones es una terapia de drogas, aunque los especialistas advierten que debe estar siempre acompañado de una buena alimentación y ejercicio físico. Cirugías, liposucciones y suplementos para las dietas son otros de los recursos utilizados, aunque suelen recomendarse como última opción y con plena información sobre sus riesgos, contraindicaciones y beneficios.

SCHOOLS JUNK FOOD

Uno de los factores que más preocupan a los padres es la alimentación en las escuelas.

En las escuelas El estreno de Super Size Me (2004) no sólo resultó un llamado de atención a las cadenas de comidas rápidas. Bajo la dirección y protagonismo de Morgan Spurlock, el documental nominado al Oscar era también un crudo testimonio sobre los hábitos estadounidenses a la hora de comer. A modo de experimento, Spurlock se propuso demostrar que las ofertas de McDonald’s fomentaban la obesidad y para ello decidió limitar sus desayunos, almuerzos y cenas a lo ofrecido en la cartilla de la empresa. “Engordé 25 libras y me tomó unos 14 meses deshacerme de ellas –relata Spurlock–. Pero fue un buen trabajo para llegar a la gente que vio la película, sobre todo si empezaban a creer que deben pensar más acerca de la forma en que se alimentan, si llevan una vida sendentaria, de hacer más ejercicio”. Son conocidos los factores que propician la obesidad. Entre los culturales, las malas conductas alimentarias (como dietas con demasiadas calorías) y la falta de ejercicio físico son las más comunes entre los estadounidenses, según TFAH. Además, en general, los ámbitos laborales, y las escuelas suelen presentar serias barreras a la más firme intención de llevar una vida activa, con menús abundantes en grasas tanto en restaurantes, comedores y expendedoras automáticas. La influencia de la genética no es menor. Lo heredado por parte de padre o madre, al igual que el metabolismo de cada cuerpo, “juega un rol preponderante respecto de cuán susceptible es una persona de ser obeso”, explican en TFAH. Pero existe otro elemento con fuerte gravitación en los problemas de peso, especialmente entre los niños. Un estudio de la Fundación Kaiser para la Familia calcula que, anualmente, un pequeño de entre 8 y 12 años ve unos 7.600 anuncios publicitarios sobre productos alimentarios, en su mayoría de lo que se conoce como “comida chatarra”. Prácticamente la mitad de la publicad que ven los niños a través de la televisión es de caramelos, chocolates o aperitivos. Ninguno hace referencia a frutas y verduras, y el 34% tiene un alto contenido en grasas. “Los padres se han dado cuenta de que quieren convertirse en un mejor ejemplo para sus hijos. Han comenzado a cocinar más en casa y revisan lo que comen sus hijos en las escuelas”, señala Spurlock, que a partir del documental se ha convertido en un referente en la lucha contra la obesidad en el país. “Para mí, lo más aterrador de la película es cuando mostramos cómo se alimentan los niños en las escuelas estadounidenses”. Según la National Health and Nutrition Examination Survey, los problemas de sobrepeso entre los más jóvenes crecen a un ritmo del 14% anual en los niños de 2 a 5 años, a un 19% entre los que tienen 6 a 11 años, y a un 18% en los de 12 a 19 años. La tasa se mantiene por debajo de la de los adultos (un 33% al año, de 20 a 74 años de edad), pero entre las autoridades sanitarias la preocupación es mayor por las perspectivas a futuro. La obesidad y el sobrepeso podrían propagar enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, cáncer (de pecho y colon son los más comunes), entre otras. “La mayoría de esos niños obesos se convertirán en adultos obesos, quienes probablemente estarán más enfermos y morirán más jóvenes que la generación de sus padres”, explicó Risa Labios-Mourey, presidenta de la Fundación Robert Word Jonson. Este año, la entidad se comprometió a destinar unos 500 millones de dólares para la lucha contra la obesidad infantil, en los próximos cinco años. Un grano de arena, casi literalmente: según estimaciones de la AOA, los costos sociales y económicos atribuibles a la epidemia de obesidad en el país superarían los 100.000 millones de dólares, en tanto que los costos estimados para los tratamientos médicos en torno de la enfermedad superarían los 55.000 millones.


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