HELEN THOMAS: LOS PERIODISTAS DEFRAUDARON AL PAIS

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Durante los 47 años que lleva como corresponsal en la Casa Blanca tuvo el privilegio de abrir y cerrar las conferencias de prensa presidenciales. Eso terminó con el presidente Bush irritado por sus inquisidoras preguntas. Alguna vez Fidel Castro diferenció la democracia norteamericana de la que supuestamente se vivía en la isla diciendo que “él no tenía que contestar las preguntas de Helen Thomas”. El rol de los periodistas después del 9/11 bajo su mirada sin concesiones.

Su cuerpo chiquito y frágil, de abuela de Caperucita, contrasta con su fama legendaria como “la primera dama del periodismo norteamericano”. Tiene un rostro de trazos gruesos, heredado de padres libaneses, que concuerda un poco más con otros de sus apodos, el de “lobo feroz” o “perro guardián de la Casa Blanca”. Ella, que recibió todas las distinciones posibles, atesora como su medalla más preciada la que le otorgó, sin querer, Fidel Castro. Fue cuando el diario USAToday le preguntó al líder cubano cuál era la diferencia entre la democracia en la isla y la de los Estados Unidos. Y Castro respondió: “Que yo no tengo que responder las preguntas de Helen Thomas”. Ella sonríe, ahora, cuando se da cuenta de que George W. Bush “está en ese mismo bote. Tampoco quiere responder mis preguntas”. Durante la mayor parte de los 47 años que lleva como corresponsal en la Casa Blanca (para la agencia UPI hasta el año 2000 y luego para los diarios del grupo Hearst) fue la encargada de abrir las conferencias de prensa con la primera pregunta y concluirlas con el clásico “Gracias, señor presidente”. Así fue desde John Kennedy hasta Bill Clinton. Pero Bush acabó con esa tradición. Una pequeña venganza personal contra la periodista más inquisidora que le ha tocado enfrentar.

-¿Bush es el peor de los presidentes que le tocó cubrir?

-Los peores son los que no entienden la responsabilidad de su cargo, el más alto al que se pueda aspirar. Allí siempre hay que hacer lo justo y correcto. Empezar una guerra contra un país que no te hizo nada no es justo. Abusar del poder para beneficio propio, desatando un escándalo de corrupción como el Watergate, no es correcto.

-O sea que Bush y Richard Nixon fueron los peores…

-Sí. Al menos, Bush todavía tiene margen para mejorar. Le quedan dos años de gobierno.

-¿Entonces le tiene fe todavía?

-No (ríe). A menos que dé un giro de 180 grados y diga “cometí un error gravísimo, replegaremos las tropas”. Pero no lo creo posible.

-¿Qué aprendió acerca del poder en todos sus años en la Casa Blanca?

-No soy original si digo que el poder corrompe. Los presidentes asumen con las mejores intenciones, pero al poco tiempo comienzan a escuchar sólo al círculo que los rodea, tienen miedo de la oposición. Se vuelven egoístas y sucumben bajo su propio poder. También aprendí que ésta es la nación más importante del mundo, pero su prestigio puede caer muy bajo si no usa bien su poder, como ocurre con este gobierno. Tenemos que restaurar urgentemente nuestro buen nombre en el mundo. Nunca tenemos que estar identificados con la tortura y el secuestro de personas para mantenerlas en prisiones secretas sin el debido proceso judicial. Tenemos que recuperar nuestras libertades civiles y detener la política del miedo.

-Ahora llueven las críticas sobre el presidente, pero hace dos años fue reelecto y la realidad no era tan distinta. ¿A qué se debe el cambio?

-La gente se despertó, simplemente. Y vio que nada de lo que Bush había prometido se cumplió.

-¿Cree, como algunos analistas, que el verdadero cerebro del gobierno es Dick Cheney? Recuerdo que usted dijo una vez que se iba a suicidar si se presentaba como candidato a presidente.

-(Ríe.) Hice ese comentario en una charla entre colegas y alguien lo publicó. No se puede confiar en los periodistas, ya sabe. Pero está claro que Cheney es un halcón durísimo con mucha influencia en todo. Sería terrible como presidente y estoy contenta de que no se presente como candidato.

-En sus memorias cuenta que Kennedy fue su presidente favorito entre los que conoció. ¿Qué lo diferenció del resto?

-Fue un visionario, muy dinámico. Motivó a los jóvenes a sumarse a la función pública. En muchas oficinas de Washington todavía hay gente que le puede decir que buscó trabajo en el gobierno impulsado por el entusiasmo que inspiró Kennedy. Apoyó la cultura, la educación. Miraba el cielo, el futuro. Tuvo la idea de llevar al hombre a la luna, algo que parecía de ciencia ficción. No vivió para verlo, pero lo logramos unos años después. Firmó el primer tratado contra las pruebas nucleares y creó los Cuerpos de Paz. Pensaba que Estados Unidos, como superpotencia, estaba obligado a trabajar por un mundo más pacífico y que no debíamos utilizar nuestro poder para invadir países.

EL PERIODISMO FALDERO

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Codo a codo con el poder. Thomas intercede en la charla entre Clinton y Bush. Ha incomodado a ambos con sus preguntas incisivas.

Como decana de la prensa de Washington, Thomas es desde hace tiempo una de las voces más respetadas para evaluar desempeños en su profesión. Fue durísima con el papel que protagonizaron sus colegas en los prolegómenos de la invasión a Irak. Una indignación que le dura hasta hoy. -Los periodistas defraudaron al país. Nuestra arma es el escepticismo. Observar todo y hacer las preguntas correctas. Cuando algo huele mal, deberíamos ser los primeros en alertar al público. Pero después de los atentados del 11 de septiembre tenían miedo de que se les cuestionara la falta de patriotismo. Entonces dejaron de preguntar y se convirtieron en perros falderos. Recién ahora están empezando a salir del coma. -A veces parece un poco melancólica respecto de los viejos tiempos del oficio.

¿Cree que el periodismo va cuesta abajo?

-Creo que era mejor en el siglo XX, sí. Los periodistas entendían su rol mucho mejor. El acento que hoy pone la TV en el impacto y en la imagen hace que no se pueda profundizar nada. Antes los periodistas estaban menos preocupados por ellos mismos y más por su reportaje.

-¿Utiliza las nuevas tecnologías para su trabajo?

 -Tengo mi celular. Uso un poco Internet. Pero sigo pensando que el buen periodismo consiste en ir y ver con los propios ojos, preguntar, hacerse una idea propia de las cosas y luego contarlas lo mejor posible.

-Usted ha dicho que las conferencias de prensa son una institución fundamental de la democracia, ¿tanto, le parece?

-Absolutamente. El público debe ver a su presidente cuestionado. Aun cuando no conteste a una pregunta. La gente debe ver eso. Y los periodistas debemos exigir que el presidente responda. Eso diferencia una democracia de una dictadura.

Su enemistad con Bush empezó bien temprano, en la primera conferencia de prensa, a poco de asumir. Todos los periodistas preguntaban por los recortes impositivos anunciados y, cuando ella tomó el micrófono, disparó: “¿Presidente, por qué no respeta la separación entre la Iglesia y el Estado?”. Se refería a la flamante oficina de religión que se había creado en la Casa Blanca. Bush abrió los ojos, hizo un gesto de sorpresa y respondió como pudo. Hace un año fue todavía peor, cuando el presidente le dio la palabra después de mucho tiempo. “Se va a arrepentir”, le advirtió Thomas apenas tomó el micrófono. Y arrancó: “Me gustaría preguntarle, señor presidente, su decisión de invadir Irak causó la muerte de miles de estadounidenses e iraquíes. Todas las razones dadas, públicamente al menos, resultaron ser falsas. Mi pregunta es: ¿Por qué realmente quiso ir a esta guerra? Desde el momento en que ingresó en la Casa Blanca, su gabinete, su gente de inteligencia, ¿cuál fue el verdadero motivo? Usted dijo que no fue por el petróleo, ni por Israel u otra cosa. ¿Qué fue entonces?”. Lo que siguió fue un inhabitual intercambio de medias explicaciones presidenciales y de repreguntas de Thomas que terminó con Bush admitiendo entre risas: “No me arrepentí del todo, pero casi que me semi-arrepentí”. Desde entonces, como cada vez que la Casa Blanca se enoja con ella, no le han permitido volver a intervenir en las conferencias de prensa.

-¿Qué pregunta tiene preparada para cuando le levanten la suspensión? -La misma, porque no me lo respondió. La gente sigue matando y muriendo y aún no sabemos por qué fuimos a esta guerra. No hay pregunta más importante.

-A pesar de que tiene 86 años, sé que detesta que le pregunten sobre su retiro…

-¿Por qué debería jubilarme? Si soy una privilegiada. Una testigo ocular de la historia, con el trabajo más divertido e interesante del mundo. No podría hacer nada mejor que esto con mi tiempo libre.

-Por eso no le voy a preguntar por el retiro. Doy por descontado que estará allí cuando asuma el próximo presidente. ¿Le entusiasma la posibilidad de hacerle la primera pregunta al primer presidente negro o a la primera mujer?

-Sí, por supuesto, sería otro momento histórico que me tocaría presenciar.

-¿Y cambiará mucho la Casa Blanca en ese caso?

-Las mujeres o los afroamericanos sentirán un orgullo especial, sin dudas, pero no creo que cambie mucho. Seguramente, como todos los presidentes, detestarán a los periodistas.


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