TRASTORNOS DEPRESIVOS: REMEDIOS PARA MELANCOLICOS

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La depresión, en sus diferentes formas, afecta al 10% de los estadounidenses. Abatimiento, desánimo, debilidad física y espiritual son algunos de sus síntomas. La falta de confianza para encarar proyectos provoca que las personas que la padecen se encuentren con problemas laborales. Otros deben enfrentar ideas suicidas. En esta nota se plantean los riesgos de los trastornos depresivos y algunas propuestas para enfrentarlos.

Texto: Felicitas Beauvallet / Foto: AFP / AP

Paris and around

Depresion.

Según las descripciones de sus allegados, Vincent van Gogh (1853-1890) tuvo hasta 1874 una vida feliz. Estudiaba, trabajaba, vivía momentos de placer y ejercía su profesión con pasión. Su vida se desarrolló con serenidad hasta un determinado momento. En uno de sus habituales paseos por el campo –donde buscaba paisajes y escenas para pintar– se enamoró de una agraciada muchacha. Ese verano, el artista apasionado, le declaró su amor; y, muy a su pesar, no fue correspondido. Johanna Bonger, cuñada del pintor, escribió: “Cuando volvió a su casa, estaba escuálido, silencioso y derrotado: era un hombre completamente diferente”. A partir de los documentos escritos ella, se observa que, Vincent “por primera vez se convierte en una persona rara y solitaria; su gusto por el dibujo se ha apagado”. Meses más tarde, la esposa de Theo, su hermano, concluyó: “el estado depresivo continúa”. Desde entonces, el autor de obras que se encuentran entre las más solicitadas de la historia de arte (como Retrato del doctor Gachet, La noche estrellada, La habitación de Vincent en Arlés ), perdió el gusto por las actividades que lo alegraban; y entonces comenzó a descuidar su trabajo, aumentaron sus problemas para relacionarse con la gente y se volvió tortuoso, melancólico, irritable. Tenía dificultades para enfrentar al mercado: sólo vendió un cuadro, El viñedo rojo. Sin encontrar soluciones a sus conflictos, intentó suicidarse en varias oportunidades. En torno a julio de 1890, la situación era insostenible: su talento se vio opacado por una fuerte depresión. Los testimonios sobre su compleja personalidad, sus numerosas cartas –éstas superan las 800– y el uso de la luz en sus 900 cuadros –muchas veces montados en escenarios lúgubres– permiten inferir que el pintor sufría la misma enfermedad que cada año aqueja “al 9.5% de la población estadounidense, aproximadamente 18.8 millones de adultos”, según determinaron los doctores Darrel Regier y Lee Robins en su emblemático trabajo Psychiatric disorders in America: the Epidemiologic Catchment Area Study. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, informó que 121 millones de personas en todo el mundo sufren de depresión. Pese a que miles de ellas la sobrellevan sin saberlo, puesto que está mal diagnosticada o directamente no identificada, se calcula que entre un 2 y un 4 % de la humanidad sufre este tipo de desarreglo.

Los Doce girasoles en un jarron

Mediante el arte, Van Gogh expresaba su depresión. Los Doce girasoles en un jarrón (1888) están marchitos y el gesto de su famoso autorretrato de 1889 demuestra dolor.

A partir de los testimonios expuestos, hoy se puede determinar que Vincent van Gogh padecía trastorno bipolar (TAB) o psicosis maníaco-depresiva, un desorden del estado de ánimo que consiste en períodos de depresión repetitivos (fases depresivas) que alternan con grandes euforias (fases maníacas). Esta enfermedad tiene su origen en un desequilibrio químico en las sustancias del cerebro llamadas neurotransmisores. Una notable oscilación entre alegría y tristeza, entre optimismo y pesimismo, es una de las características de esta patología. En este sentido, la prestigiosa organización dedicada a la salud mental, National Alliance on Mental Illness (NAMI), estimó que cerca de 10 millones de personas sufrirían de trastorno bipolar en Estados Unidos. Otros estudios, realizados por consultoras a nivel mundial, detallaron que entre 10 y 15 personas de cada 1000 lo padecerían. Al mismo tiempo, puntualizaron que si uno de los padres padece este trastorno, la posibilidad de que alguno de los hijos lo sufra es mayor. Hay quienes sostienen que el TAB tiene una base genética que puede mantenerse latente hasta su aparición o manifestación debida –en la mayoría de los casos– a asuntos familiares o ambientales. Cabe destacar que los trastornos depresivos interfieren en el funcionamiento cotidiano. En este sentido, un estudio detalló que el 40% de los bipolares está desocupado. “El porcentaje de pacientes sin trabajo es muy similar en Estados Unidos, en Francia y en Chile, aunque las tasas de desempleo de esos países sean muy desiguales”, explicó el psiquiatra Sergio Strejilevich, especialista en este tipo de desórdenes y su relación con el mercado laboral. Asimismo, la asociación Americans with Disabilities Act –proyecto destinado a proteger a aquellos que se encuentran excluidos del mercado– calculó que la depresión es la primera causa de discapacidad laboral en Estados Unidos. El costo en términos de sufrimiento es incalculable, pero no debe olvidarse que su precio en términos económicos es altísimo. Estas patologías implican una gran carga monetaria sumada a las dificultades para enfrentar los desafíos de la vida laboral y traen consigo un costo emocional muy elevado tanto en lo personal como en el ámbito familiar. Se calcula que el gasto europeo en salud mental supone entre el 3% y 4% del Producto Interno Bruto de la Unión Europea. De acuerdo a estas tendencias, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el trastorno bipolar es la cuarta causa de incapacidad en el mundo. También conjeturó que para el año 2020, la depresión pasará del quinto puesto del ranking mundial de causas de muerte y discapacidad a ocupar el segundo, ubicándose justo detrás de las enfermedades coronarias (infartos, accidentes cerebrovasculares). La misma institución sostuvo que la incidencia de la depresión (clínicamente diagnosticable) afecta a un 15% de la población de los países más desarrollados. Oponiéndose a la idea de confort como base de la felicidad, se determinó que su área de mayor incidencia es el mundo occidental. Mientras que, por su magnitud, los trastornos afectivos están calificados como epidemia en Sudamérica. A la vez, muchos coloquios internacionales se han organizado para analizar una problemática acuciante: la brecha entre ricos y pobres. Sin embargo, poco se ha hecho para abordar la brecha psicológica: unos 17 millones de niños y jóvenes de 5 a 17 años de edad de América Latina y el Caribe sobrellevan trastornos mentales de suficiente gravedad como para requerir tratamiento. El número implicaría que uno de cada cinco jóvenes (hasta los 15 años de edad) sufre esos problemas y no recibe aún atención por la sencilla razón de que no hay servicios disponibles. Sin el cuidado y la medicación adecuados, tendrán mayores dificultades para desarrollarse social y productivamente en un contexto hostil.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión?

El primer episodio donde se manifiesta la depresión suele producirse por la muerte de un pariente, una gran decepción o la ruptura de un romance. Otras veces, el comienzo es gradual y la causa no se puede precisar. Lo que sí puede observarse son los cambios de comportamiento y de las formas de pensar y expresarse. Frecuentemente los síntomas incluyen: Fase depresiva: Dificultad para levantarse de la cama cada mañana / Ánimo muy triste o irritable / Cambios en el patrón del sueño, apetito y energía / Movimientos físicos lentos o agitación inusual / Falta de interés o placer en las actividades que antes disfrutaba. / Dificultad para pensar, concentrarse y recordar / Sentimiento de culpa, de auto-subestimación, de desesperanza / Sensación de vacío interior / Ideas repetidas sobre el suicidio o la muerte / Malestares físicos constantes: dolor de cabeza o espalda, molestias digestivas, etc / Retraimiento social. Fase maníaca: Euforia anormal o excesiva / Irritabilidad inusual y agresividad verbal / Disminución de la necesidad de dormir / Ideas de grandeza / Conversación excesiva / Pensamientos acelerados o irracionales / Aumento del deseo sexual / Energía excesivamente incrementada / Pérdida de criterios y orientación / Comportamiento indiscreto en situaciones sociales / Abuso de alcohol / Alucinaciones visuales o sonoras. Cuando un individuo presenta varios síntomas de depresión que duran más de dos semanas y causan problemas en las actividades diarias, es imperativa la consulta y/o el tratamiento profesional.

Fuente: NAMI

Van Gogh

Van Gogh.

Al igual que en los casos de otras enfermedades, aquí es conveniente obtener un diagnóstico temprano y preciso para comenzar el tratamiento adecuado, en este caso psicológico, ya sean terapias familiares o –siempre bajo supervisión médica– tratamiento farmacológico, luego de una serie de entrevistas con un gabinete de profesionales. “Desgraciadamente, la depresión bipolar se asocia a elevadas tasas de suicidio. Un 25% a 50% de personas con la enfermedad intentan suicidarse”, señaló el profesor Joseph Calabrese, co-director del Centro de Investigación Bipolar en los hospitales universitarios de Cleveland y Case Western Reserve University. Además, la estigmatización social que sufren los depresivos en general, y los bipolares en particular, es muy fuerte. En muchos casos, se llega a creer que la depresión es “cosa de mujeres” y que “los hombres no pueden estar deprimidos”. Por eso los varones tardan mucho más en solicitar ayuda psicológica y suelen hacerlo una vez que los síntomas son muy notorios. El menosprecio con que se suele tratar a las personas deprimidas debería ser combatido mediante campañas en favor de la integración como las lanzadas, hace años, para evitar la discriminación de los portadores de VIH. “La mayoría de las personas cree que somos criminales, o suicidas” insinuó Sue Santel-Fenner, vicepresidente de la asociación Depression and Bipolar Support Alliance of Metro de Detroit. “Somos gente normal, hacemos nuestras actividades diarias; y en caso de perder mi sentido del humor, sé que es una señal para ir al médico.” Desde la asociación desarrollan políticas comunicacionales para que el público pierda los prejuicios frente a esta enfermedad. Cabe destacar que existe una lectura ingenua –por no decir, irresponsable– que plantea que el trastorno bipolar es “la enfermedad de los artistas”, y tendría efectos “colaterales positivos”, entre ellos, una tendencia favorable al desarrollo de la creatividad. Quienes así lo sostienen, suelen citar al mismo van Gogh, al escritor Ernest Hemingway y a la bella Marilyn Monroe. Sin embargo, las estadísticas están en su contra: millones de enfermos en todo el mundo y, entre ellos, unos pocos artistas memorables. Tampoco se recuerda, en esos casos, que la muerte de los tres llegó de manera apresurada y absurda, enmarcada por la angustia y la soledad. Como tantos otros, ellos todavía tenían mucho por brindar. Son ejemplos de las consecuencias de una enfermedad que, en silencio, se expande a pasos agigantados sin reconocer grupos étnicos ni estamentos sociales.


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