BIOCOMBUSTIBLES: MITOS Y REALIDADES

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¿Podemos imaginarnos un mundo sin petróleo? ¿Sobrevivirá nuestra civilización cuando éste comience a escasear? ¿Existen formas alternativas de energía? El reciente encuentro del presidente George W. Bush y su par de Brasil, Lula da Silva, giró en torno a tan urgente problemática. Los biocombustibles empiezan a percibirse como posibilidad viable frente al fatal agotamiento del petróleo. Sin embargo, parecen ser más un negocio para algunos pocos que una solución concreta. A continuación analizamos algunos mitos y realidades que competen a este polémico tema.

Texto: Víctor Bronstein / Fotos: AFP / AP

Cuando miramos el mundo, su desarrollo, su crecimiento, sus avances tecnológicos, sus procesos de integración y sus conflictos tenemos que reconocer que esta dinámica está sustentada en la energía barata y versátil proveniente del petróleo. La energía que alimenta la industria y que mueve el transporte es derivada de los hidrocarburos. La energía que ilumina nuestras casas y que genera la electricidad para nuestras computadoras y elementos de confort es principalmente proveniente de los hidrocarburos. Todos los plásticos que nos rodean en miles de objetos cotidianos derivan, también, de los hidrocarburos. Por otro lado, la producción mundial de alimentos que permite alimentar a más de 6.400 millones de personas se basa en fertilizantes hechos a base de hidrocarburos y fumigados con pesticidas fabricados también a base de hidrocarburos. Entonces, ¿podemos imaginarnos un mundo sin petróleo? ¿Sobrevivirá nuestra civilización cuando éste empiece a escasear? ¿Existen formas alternativas de energía? Estas preguntas nos obligan a encontrar respuestas que nos tranquilicen y, en esta búsqueda, los biocombustibles se postulan como una opción posible ante el inevitable agotamiento del petróleo. Sin embargo, los biocombustibles parecen ser más un negocio para algunos beneficiarios que una solución al problema energético. Es necesario, entonces, analizar algunos mitos y realidades de este tema controversial.

BUSH

Con energía. Bush prometió orientar sus políticas hacia el mercado de biodiesel al visitar West Point, Virginia.

Recientemente el presidente George W. Bush, en una gira por Latinoamérica firmó acuerdos con el presidente de Brasil, Lula, sobre la creación de un mercado de biocombustibles. EE.UU. y Brasil son los dos grandes productores mundiales de esta nueva fuente energética, hasta el punto que entre los dos países se reparten más del 90% de la producción mundial. Estos acuerdos instalaron en la región la discusión sobre los biocombustibles y su importancia como recurso energético. En Argentina, por ejemplo, el acuerdo generó muchas expectativas, apoyadas con desmesurado entusiasmo por los lobbistas del sector agropecuario, quienes confían en la viabilidad de esta fuente energética para resolver los problemas ambientales y de desarrollo mundial. Para entender la importancia que le asigna EE.UU. a la cuestión de los biocombustibles así como el rol de Latinoamérica en esta estrategia, debemos recordar que el mundo actual, con su gran desarrollo económico y su proceso de globalización, está sustentado sobre la energía barata y abundante. La distribución del consumo energético marca, de manera contundente, las desigualdades características de nuestro planeta. EE.UU. tiene sólo el 4,7% de la población mundial pero consume casi el 30% de la energía. Cada habitante de EE.UU. consume más del doble de energía que un europeo y diez veces más que un latinoamericano. El “american way of life” para todos multiplicaría cinco veces el consumo energético actual. Si sumamos Europa, Japón y Canadá obtenemos que poco más del 12% de la población concentra más de la mitad del consumo energético. Este extraordinario consumo de energía sólo es posible a partir de la disponibilidad de combustibles fósiles no renovables (carbón, petróleo y gas) que tienen características energéticas únicas. En los últimos años los combustibles fósiles han representado el 80% del total de la energía primaria consumida en el mundo. Si bien el petróleo aporta “sólo” el 40% a esta cifra, debemos tener en cuenta que el 90% del transporte depende del petróleo, de ahí su importancia estratégica fundamental. Por otro lado, los economistas tienden a simplificar la problemática energética a cuestiones de mercado, inversiones y tecnología. Parece ser que no conocen los principios de la termodinámica y descreen de las leyes de la naturaleza y de nuestra dependencia de los recursos naturales. Robert Solow, Premio Nobel de Economía por sus teorías sobre el crecimiento, aseguró que, llegado el caso, “el mundo podría, en efecto, arreglárselas sin recursos naturales”. Cuesta imaginarse la vida y la sociedad en un mundo sin aire, sin agua y sin energía. Milton Friedman, también Premio Nobel y padre de la liberal Escuela de Chicago, sostuvo en un reportaje: “Supongamos que el petróleo escaseara: el precio subiría y la gente comenzaría a usar otras fuentes de energía. En un sistema adecuado de precios, el mercado puede hacerse cargo del problema”. Pero obviamente Friedman no se preocupó por definir cuáles serían esas fuentes de energía. Es el pensamiento mágico de muchos economistas acostumbrados al creacionismo: crear valor, crear moneda, crear mercados, crear productos. Pero, ¿cómo se crea energía?

AP A WA USA Safeway Biodiesel

Novedad. Una gasolinera ofrece biocombustible en West Seattle, Washington.

A pesar de lo expuesto anteriormente, el mundo todavía no se encuentra en una situación de peligro real en cuanto al agotamiento concreto del petróleo, pero ya existen síntomas del inminente problema. Según las estimaciones de British Petroleum, resta petróleo para un poco más de 40 años y, además, las estadísticas mundiales nos muestran que en las últimas tres décadas se ha encontrado menos petróleo del que se ha consumido. La conclusión lógica e inevitable de esto es que vamos hacia una disminución del suministro de petróleo y que, por primera vez en la historia, la oferta del mismo va a tener dificultades para abastecer el crecimiento del consumo. En este contexto de inseguridad energética, el sistema político y económico actual, sustentado sobre las expectativas de una economía en permanente crecimiento, necesita plantear soluciones alternativas a los hidrocarburos, aunque a veces éstas sean más expresiones de deseos que realidades. Una situación análoga ocurrió después de la primera crisis petrolera de 1973. En aquella época, el programa que alentaba la ilusión de un futuro sin problemas energéticos y sin dependencia fue el Programa de Hidrógeno desarrollado por el Department of Energy (DOE). En 1974, el presidente Nixon lo anunció como el Proyecto Independencia afirmando: “Asumamos nuestro objetivo nacional, en el espíritu del Proyecto Apolo y con la determinación del Proyecto Manhattan, que para el fin de esta época (1990) nosotros habremos desarrollado nuevas formas de energía para no depender de ninguna fuente energética extranjera”. Hoy, treinta años después, el hidrógeno sigue siendo eso, sólo un proyecto. un “acuerdo nacional para la energía solar”, con el objetivo de que para el año 2000 el 20% de la energía de EE.UU. fuera generada por algún tipo de energía solar. En la actualidad la energía solar representa apenas el 0,5 % de la energía total elaborada. Más allá de estos proyectos inconclusos y luego de muchos miles de millones gastados, la realidad nos dice que actualmente EE.UU. es el primer importador mundial de energía y es altamente dependiente del petróleo extranjero. Por eso el presidente Bush en su último mensaje sobre el “State of the Union”, intentó mostrar, una vez más, una alternativa para superar la “adicción al petróleo”, como él mismo definió, uno de los problemas más graves del país. Este panorama nos plantea, entonces, una nueva ilusión que involucra directamente a los países latinoamericanos, ya que es donde están las reservas de tierra cultivables: la utilización de los biocombustibles como la solución “verde” para salir de la dependencia energética del petróleo. Los promotores de los biocombustibles nos dicen que son una fuente de energía renovable, no contaminante, que disminuye las emisiones de dióxido de carbono y que además nos libera de la dependencia energética de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Pero la realidad nos dice otra cosa.

La clave: la energía neta
Cuando se plantea que el petróleo será reemplazado por otro tipo de energía, se debe evaluar el EROEI (Energy Returned on Energy Invested) o energía neta. Una de las razones por la que nuestra economía usa cada vez más cantidades de petróleo es precisamente porque tiene, en comparación, un alto EROEI. No hay otra fuente de energía que contenga tanta energía por unidad de volumen y de peso. Por el contrario, ciertas energías alternativas como células fotovoltaicas y la mayoría de los métodos industriales para producir biodiesel o bioetanol, tienen un EROEI menor a uno o apenas superior. Esto significa que si consideramos todos los factores, la energía neta es muy pequeña o incluso debemos invertir más energía de la que obtenemos. El hidrógeno, promocionado como solución mágica al problema energético, no es en realidad una fuente de energía sino un transportador de energía, como lo es la electricidad. El hidrógeno no se encuentra libre en la naturaleza. En la actualidad, para producirlo se necesita utilizar una fuente de energía como la nuclear, con lo cual su energía neta sigue siendo negativa. Las células de combustible son todavía una quimera. Algunas alternativas de energías renovables como la eólica o hidroeléctrica tienen un mejor EROEI, pero su expansión potencial todavía está limitada por factores físicos. A pesar de ciertas combinaciones, no es posible aún obtener energía suficiente de fuentes renovables para satisfacer la demanda actual. La infraestructura para energías alternativas requiere inversiones y mucho tiempo, en la escala de décadas, para que su implementación se difunda. Hoy, por ejemplo, la energía solar genera menos del 1 % de la electricidad de EE. UU. La esperanza es que alcance el ¡2 % en 2025!

GROWING BIODIESEL CROPS

Rick Bottoms, profesor de la Universidad de California, produce combustible con maíz.

A pesar de la creencia generalizada de que los biocombustibles son una fuente de energía renovable y eterna, la realidad demuestra que éstos son limitados. Los biocombustibles son una forma de aprovechamiento de la energía solar a través del proceso de fotosíntesis, esto hace suponer que son una fuente inagotable de energía. Sin embargo, el factor limitante en el crecimiento de las plantas no es la energía solar sino la disponibilidad de agua y las condiciones apropiadas del suelo. Si no fuera así, produciríamos maíz o caña de azúcar en el desierto de Sahara. Los efectos sobre la agricultura de los programas a gran escala de los biocombustibles serán devastadores. Tampoco es cierto que no contaminan. Si bien el etanol produce menos emisiones de carbono, el proceso de obtención del bioetanol es altamente contaminante. Contamina la superficie y el agua con nitratos, herbicidas, pesticidas y deshechos y el aire con aldehídos y alcoholes que son cancerígenos. Asimismo, no es un hecho que nos liberen de la dependencia de los combustibles fósiles. La producción de etanol sólo puede reemplazar un pequeño porcentaje del consumo mundial. En Brasil, el presidente Bush habló de generar un mercado mundial para el bioetanol, pero la producción de Brasil sólo representa menos del 3% de los 680 mil millones de litros por año de naftas y gasoil que consume EE.UU. La energía neta (EROEI) es positiva en un grado mínimo o incluso se podría decir que es negativa. Para producir el bioetanol es necesario utilizar energía: para fertilizantes, siembras, fumigaciones y cosechas. También para el transporte, y el procesamiento de los granos o de la caña de azúcar. Cuando se hace el balance energético, la energía neta obtenida es muy baja, e incluso en algunos casos se gasta más energía de la que se obtiene.

Según los partidarios del etanol y del biodiesel, el desarrollo de éstos no afectará la producción de alimentos. Sin embargo, datos sobre la superficie agrícola mundial desmienten este argumento. Tal como lo demuestra un reciente estudio, la utilización de la totalidad de la superficie agrícola de la Unión Europea apenas alcanzaría a cubrir el 30 % de las necesidades actuales de combustible. Producir apenas el 5.75 % de los agrocombustibles exigidos para combinar con las naftas en fecha próxima requerirá que los países europeos destinen a ese fin sólo el 20 % de la superficie dedicada al cultivo de granos. Lo mismo cabe decir en relación a la economía de Estados Unidos, puesto que para satisfacer la demanda actual de combustibles fósiles sería necesario destinar a la producción de biocombustibles el 121 % de toda la superficie agrícola. Como indica otro análisis, a pesar de destinar una quinta parte de la cosecha de maíz a la producción de etanol en 2006, este esfuerzo apenas sirvió para suministrar tan sólo el 3% de la demanda de combustible. En las condiciones actuales, la producción de biocombustibles a gran escala es una nueva falacia que provocará aumento en los precios de los alimentos. Además, disminuirá la fertilidad de los suelos y no solucionará el problema energético mundial que se avecina provocado por el alto consumo de energía de los países desarrollados y la incorporación de China e India a la Novedad. Una gasolinera ofrece biocombustible en West Seattle, Washington. civilización industrial.


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