REFUGIADOS AMBIENTALES: ALERTA

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El tsunami en Indonesia y el huracán Katrina en Nueva Orleáns son dos de los desastres naturales que conmovieron al mundo en estos últimos tiempos. Pero no fueron los únicos. En distintos lugares del planeta –Africa es el punto más castigado–, día a día la degradación del medio ambiente viene provocando un desequilibrio climático impensado hasta no hace mucho. El gran problema a resolver es que semejante crisis está causando que una cantidad aberrante de personas deba dejar su lugar de origen: son los refugiados ambientales.

Texto: Iván Cesar Aleman / Fotos: AP

LACOSTE

El tsunami en Indonesia y el huracán Katrina en Nueva Orleáns son dos de los desastres naturales que conmovieron al mundo en estos últimos tiempos.

Después de dos de las mayores devastaciones naturales como fueron el tsunami en Indonesia y el huracán Katrina en Nueva Orleáns, la cantidad de refugiados por causas ambientales –inundaciones, vientos huracanados, sequías, terremotos, desprendimientos– supera en gran proporción al número de personas afectadas por persecuciones políticas, guerras o crisis económicas. En la cúspide del calentamiento global, los especialistas en medio ambiente predicen un mayor número de catástrofes climáticas para los próximos años, lo cual significaría un planeta entero en estado de refugiado. El problema reside en saber dónde acontecerán. El ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) fue creado en 1950 con el objetivo de proteger y brindar soluciones duraderas a estas personas. En la actualidad tiene bajo su amparo a casi 22 millones y medio de personas en todo el mundo. Se estiman en un futuro cercano aproximadamente 50 millones de refugiados. Pero estos datos son tan sólo cifras y es necesario saber lo que viven las víctimas de los desastres naturales para comprender la magnitud del suceso y conocer lo D que puede ocurrir a cualquiera de nosotros. Había muchas predicciones, se especulaba en números, cantidad de destrozos territoriales, cuerpos desaparecidos o pérdidas económicas; sin embargo, poco alertaron las cifras cuando había descreimiento en los vaticinios y descabellados informes –dignos de un guión cinematográfico de ciencia ficción o de novelas de algún escritor pesimista–. Los agoreros estimaban, cuantificaban, aunque nunca lograron que se tomara conciencia de las reales consecuencias. Hoy en día nadie cree en esos números porque ya son personas, vecinos, familiares o amigos a quienes una ola, un viento fuerte o un daño natural los sorprendió y no les dio tiempo a escapar. Imágenes dantescas de niños correteando en la playa tomadas por una pareja de turistas que documentaban sus vacaciones en Indonesia con su fi lmadora nueva, se convirtieron en noticia cuando una ola superó los diez metros y arrasó –con furia y carente de piedad– una ciudad entera. Algún nativo que se encontraba en un segundo piso de su departamento pudo sentir cómo el agua le mojaba los pies, de la misma manera que le ocurriría si estuviese asoleándose en la orilla del mar. En esta ocasión no veía aguas vivas ni algas: eran autos, tachos, prendas de ropa, animales, un montón de objetos fl otando sobre el agua por una calle a contramano. Nada era coherente, nada era creíble, como así tampoco lo fueron los informes que se publicaban sobre el “efecto invernadero” y sus consecuencias. Era tarde para llorar, no existía un representante físico o legal a quien reprochar, sólo había tiempo para pensar en cómo escapar, de qué manera sobrevivir. Así se vivió el tsunami en Indonesia. Miles de personas corrían al grito de “¡Tsunami, tsunami!!” y trepaban a los árboles; otras recurrían a la fe resguardándose en mezquitas con la esperanza de un milagro, de que algún dios los protegiese. Ante a las cámaras, una sinfonía desafinada de gritos histéricos suplicaba auxilio frente a un destino que sólo disponía tragedia para aquellas víctimas del desconcierto.

Se considera refugiado a quien es perseguido por cuestiones raciales, religiosas, de nacionalidad o pertenencia social o política. Esto lo determinó el estatuto jurídico internacional de los refugiados en la Convención de Ginebra de 1951 y su Protocolo de Nueva York, en 1967. Por su parte, los refugiados ambientales se definen como aquellos individuos que se han visto forzados a dejar su hábitat acostumbrado, de forma temporal o permanente, debido a un marcado trastorno ambiental, a causa de peligros naturales y/o provocados por la actividad humana.

REFUGIADOS, UNIDOS

FLOOD VICTIMS

Recuerdos del futuro. Las inundaciones ya generan grandes hambrunas en Asia.

Se considera refugiado a quien es perseguido por cuestiones raciales, religiosas, de nacionalidad o pertenencia social o política. Esto lo determinó el estatuto jurídico internacional de los refugiados en la Convención de Ginebra de 1951 y su Protocolo de Nueva York, en 1967. Por su parte, los refugiados ambientales se defi nen como aquellos individuos que se han visto forzados a dejar su hábitat acostumbrado, de forma temporal o permanente, debido a un marcado trastorno ambiental, a causa de peligros naturales y/o provocados por la actividad humana. Si bien un huracán u olas de diez metros son razones más que válidas para generar la atención del mundo entero, también existen otras por las cuales alguien se transforma en un refugiado ambiental. En este sentido, el continente africano es el más apaleado. Las sequías y la deforestación generan no sólo un desequilibrio en el ecosistema, sino que producen peligrosos fenómenos meteorológicos. A su vez, esto provoca que los pobladores huyan debido a la aridez de la tierra. Sin alimentos ni vegetación, por ende sin animales que cazar, menos aún producción agraria como fuente laboral, a estos también se los denomina refugiados ecológicos. Africa cuenta con 3.481.700 refugiados. El sector oriental y meridional recoge el 80% de los refugiados, que se esparcen en países como Tanzania, Etiopía y Sudán. Las causas son naturales, debido a que el deterioro del ambiente los expulsa. “Un campo de refugiados característico en Africa –cuenta Sukala, refugiado africano en 2001 que logró ingresar a España tras seis meses como polizón en un barco– son varias hectáreas de alambrado que albergan a una masa enferma y rabiosa. En general, se les impide salir por temor al descontrol. Hay un médico cada cien personas. Pero como ni siquiera existe la cantidad de profesionales necesarios, se improvisa. Ningún país acepta el ingreso de refugiados, no es conveniente social ni económicamente. Ahí adentro éramos números y colores: los enfermos llevaban colorado y los moribundos negro. Ninguno estaba sano, todos teníamos un color.” Sukala, irónicamente, trabajó como asistente en un temblor en Egipto en 1997, pero allí la historia fue otra porque la ONU desplegó una carpa gigante donde entraban camillas y todo era más organizado. “En el refugio del Africa morían dos o tres conocidos míos por día”, recuerda. En Rusia, Chernobyl fue el accidente nuclear más grave de la historia, con 135 mil evacuados que aún hoy no han podido regresar a sus hogares. Según una víctima de Chernobyl, “un refugiado ambiental no es alguien mimado por l a Cruz Roja y que vuelve a su cama días más tarde. Ser refugiado es despedirse para siempre del lugar donde uno vivió, olvidarse de aquellos con quienes se crió y a los que extrañará eternamente”.

El continente africano es el más apaleado. Las sequías y la deforestación generan no sólo un desequilibrio en el ecosistema, sino que producen peligrosos fenómenos meteorológicos. A su vez, esto provoca que los pobladores huyan debido a la aridez de la tierra. Africa cuenta con 3.481.700 refugiados. El sector oriental y meridional recoge el 80% de los refugiados, que se esparcen en países como Tanzania, Etiopía y Sudán. Las causas son naturales, debido a que el deterioro del ambiente los expulsa.

IMPACTO GLOBAL

ARGENTINA URUGUAY

Onda verde. Las manifestaciones de grupos ecologistas en defensa del medioambiente se repiten a lo largo del mundo.

La degradación del medio ambiente –gases tóxicos, crecientes niveles de dióxido de carbono, deshechos no reciclados– es cada vez más clara y certera. Los motivos son por demás conocidos: calentamiento global (la saturación del planeta tierra), un desarrollo de la urbanización no planifi cado y el cuantioso crecimiento de la población mundial. Siempre se habló de las consecuencias del calentamiento global como un hecho lejano en el tiempo, pero nunca nadie imaginó que un día el terror se haría presente. Las cuestiones ambientales no pueden separarse de los fl ujos de población. La conmoción no es menor, ya que el desplazamiento causa un gran impacto en el medio ambiente del Estado receptor, que no siempre cuenta con los medios y la capacidad para albergar estas poblaciones migratorias. En junio de 2004, China fue protagonista. Primero por las lluvias torrenciales en las que perecieron ochenta y ocho personas y desaparecieron setenta y cinco. Luego una avalancha de lodo arrasó toda una escuela de niños y sepultó a más de cien pequeños. Además, las aguas volvieron a salirse de sus cauces provocando la muerte a ochenta chinos y dejando sin hogar a más de dos millones. En marzo de 2002, las inundaciones devastaron una extensa área en el noreste de Hungría, el noroeste de Rumania y el oeste de Ucrania, forzando el desplazamiento de decenas de miles de personas. En ese mismo año, intensas lluvias que cayeron sobre el estado de Zambezia, causaron el desborde del río Licungo e inundaciones en Mozambique. Casi 500 mil personas resultaron afectadas. El 23 de julio de 2002 se produjeron unas crecidas repentinas que afectaron a Pakistán. ¿Resultado? Ciento treinta y dos muertos y varios desplazados. A mediados de noviembre, quinientos setenta y seis vietnamitas murieron a causa de desastres naturales, principalmente inundaciones y tifones. Las pérdidas materiales ascendieron a 200 millones de dólares. Una sequía persistente plurianual en Asia Central y Sudoccidental afectó a cerca de sesenta millones de personas. Despojo, tristeza y desolación fueron el marco de los testimonios recogidos luego del huracán Katrina. La ciudad entera se convirtió en un pantano. La gente huía despavorida sin dirección. Las terminales de autobuses eran la gran mansión para una masa de 50 mil personas esperando a que el diablo dejara de soplar. Había en El continente africano es el más apaleado. Las sequías y la deforestación generan no sólo un desequilibrio en el ecosistema, sino que producen peligrosos fenómenos meteorológicos. A su vez, esto provoca que los pobladores huyan debido a la aridez de la tierra. Africa cuenta con 3.481.700 refugiados. El sector oriental y meridional recoge el 80% de los refugiados, que se esparcen en países como Tanzania, Etiopía y Sudán. Las causas son naturales, debido a que el deterioro del ambiente los expulsa. Onda verde. Las manifestaciones de grupos ecologistas en defensa del medioambiente se repiten a lo largo del mundo. el aire cierta certeza desoladora: nadie iba a volver por ellos, los guardias civiles estaban muy ocupados con ancianos y jóvenes. En los techos de los edificios, pequeños islotes entre tanta agua, se alojaban las familias que, atónitas, ya podían divisar cadáveres flotando. Era el olor lo que realmente asqueaba, penetrando a través de las fosas. Mucha descomposición. El cuadro se volvía más errático después de escuchar a los voceros políticos hacer mil anuncios por día. En el año 2000, la población de Nueva Orleáns era de 484.674 habitantes. Tras ser parcialmente destruida por el Katrina, el número disminuyó considerablemente por evacuación o defunción: entre 192 mil y 230 mil. Pero ni siquiera Estados Unidos logra ser un mundo aparte: ningún país está preparado para un desastre que exija reubicar a centenares de miles de personas con familias. Aunque los sismólogos no han podido predecir cuándo, San Francisco desaparecerá un día en el Pacífi co sin que nada de la ciudad sobresalga de las aguas. La costa de California se abrirá y retrocederá hasta las montañas. Toda esta información es resultado de un estudio hecho por Yuri Fialko del Instituto de Oceanografía Scripps en La Jolla, California. Uno de sus puntos sobresalientes dice: “La falla está lista para el siguiente gran terremoto, pero no se sabe cuándo se desencadenará. Puede ser mañana o dentro de diez o más años a partir de ahora”.


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