PROTOCOLO DE KIOTO: A LA ESPERA DE UN CAMBIO

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En 1997, los países industrializados firmaron el Protocolo de Kioto, que establecía nuevas medidas para disminuir el calentamiento global. De este modo, las potencias debían reducir la emanación de gases efecto invernadero (GEI) dentro de su territorio. En vísperas de un nuevo encuentro para definir el futuro de nuestro planeta, los debates sobre la agenda climática muestran defensores y opositores de las medidas que el Protocolo dispuso.

Texto: Guillermo Albornoz / Fotos: AP – AFP

US GLOBAL WARMING

Según científicos de la NASA, el aumento de las tormentas tropicales es una de las consecuencias del calentamiento global.

Ciudad de Kioto, Japón, 1997. Los países industrializados del mundo se reunieron en la Cumbre sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas para tomar medidas que redujeran el calentamiento global. Como resultado de este encuentro, la adopción del Protocolo de Kioto estableció que las potencias debían reducir la emanación de gases efecto invernadero (GEI) dentro de su territorio, estipulando una disminución global de un 5,2% en el período 2008-2012, con respecto a 1990. El acuerdo significó un comienzo prometedor, pero las esperanzas se vieron frustradas al no generar acciones inmediatas que respondieran a los principios enunciados. Recién en 2004, el Protocolo pudo entrar en vigor una vez que, con la ratificación de Rusia, se vio representado el 55% de las emisiones totales de GEI. A diez años de esa primera reunión, no todos los países firmantes han ratificado el acuerdo, y por lo tanto no se ven obligados a cumplir con sus exigencias. Australia y Estados Unidos, responsables del 38,2% de las emisiones, son las dos únicas naciones industrializadas que se niegan a estar regidas por este pacto. Asimismo, China, India y Brasil, emisores de grandes volúmenes de gases, también quedan exentos de las disposiciones del acuerdo por ser considerados países en vías de desarrollo.

Australia y Estados Unidos, responsables del 38,2% de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI), son las dos únicas naciones industrializadas que se niegan a estar regidas por el Protocolo de Kioto. Asimismo, China, India y Brasil, emisores de grandes volúmenes de gases, también quedan exentos de las disposiciones del acuerdo por ser considerados países en vías de desarrollo.

¿Qué implica el cambio climático? Los expertos de Naciones Unidas advertían hace más de 20 años sobre los efectos de la alteración del ecosistema. “El cambio climático proyectado tendrá consecuencias ambientales y socioeconómicas positivas y negativas, pero cuanto mayores sean los cambios climáticos y su ritmo, predominarán los efectos negativos.” Según los escenarios proyectados por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático en 2001, las consecuencias de las emisiones de GEI durante el siglo XXI serán: aumento del dióxido de carbono, incremento en la temperatura global y elevación del nivel del mar. Estos efectos serán agravados aún más por la actividad humana que, mediante el irresponsable uso excesivo de petróleo, gas y carbón, provocará la aceleración del calentamiento. Incluso hoy en día se pueden observar las secuelas de las emisiones de gases: retraimiento de glaciares, sequías, alteración de las precipitaciones, inundaciones, extinción de animales, mayor número de huracanes y tifones.

EL NEGOCIO VERDE

Las naciones desarrolladas que ratificaron el Protocolo encontraron un rápido impulso en adherir a la causa medioambiental, no sólo porque el principal damnificado es el mundo entero, sino porque la promoción de nuevas tecnologías y el intercambio de “bonos verdes” son negocios de billones de dólares que vienen creciendo en grandes dimensiones. Estos son parte de los mecanismos que el Protocolo de Kioto prevé para mejorar su aplicación. Por ejemplo, si un país reduce sus GEI, obtiene créditos o “bonos verdes” que puede vender a aquellos que no han bajado sus niveles para compensar su exceso de emisión de gases. Otra compensación consiste en proveer de asistencia a países y empresas que pretendan reducir sus emisiones. Por último, el Protocolo estipula que los firmantes pueden transferir tecnologías limpias a países en vías de desarrollo. Europa lidera el mercado de carbono, con lo que genera movimientos de capital sumamente importantes, y también tiene un elevadísimo grado de desarrollo en energías limpias.

Costa Rica Carbono

Bonos verdes. Costa Rica conserva sus selvas para amortizar el impacto de los gases emitidos por los países industrializados.

La negativa de Estados Unidos frente al Protocolo. Estados Unidos es el país que más GEI emite en el mundo. Desde 1990, año tomado como referencia para las mediciones de 2008- 2012, ha aumentado en un 15% sus emisiones de dióxido de carbono, el principal gas que afecta a la Tierra. Paradójicamente, no ratificó el Protocolo de Kioto. Consideró fundamental la incorporación de países en vías de desarrollo como China, Brasil e India, dejando en claro que el acuerdo entraría en vigor en su territorio sólo si a éstos se los incluía como Estados miembro. Asimismo, argumentó que la adecuación a las normas establecidas por Kioto recaería negativamente sobre su economía. Esta posición del gobierno despertó el rechazo en diversos sectores nacionales e internacionales. Según la organización Kyoto USA, aquí se “trabaja activamente en contra de los esfuerzos de la comunidad mundial para alcanzar la implementación total”. En contraposición a esto y reforzando la postura oficial, el presidente George W. Bush expresó su posición en un encuentro entre las 16 principales naciones emisoras de CO2: “Estableceremos un objetivo a largo plazo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”. Así confirmó la intención de Estados Unidos de trabajar en la lucha contra la contaminación ambiental. Las palabras del alto mandatario no tuvieron la repercusión esperada en varios de los presentes, quienes notaron la falta de certeza y precisión de Bush al no especificar las metas a las cuales se refería. Entre ellos, Fred Krupp, máximo representante de la organización Enviromental Defense, dijo: “El se ha rehusado a aceptar el único camino que es resolver el problema de la contaminación del aire”.

LOS MAYORES CONTAMINATES

Los principales países contaminantes, Estados Unidos, China, la Unión Europea y Japón, aumentaron sus niveles de dióxido de carbono entre 1990 y 2002. Mientras que Rusia redujo sus emisiones un 35% debido a una fuerte caída de su economía. Para el primer período del Kioto (2008-2012), la Unión Europea, principal impulsor del Protocolo, deberá recortar sus GEI en un 8%, y Japón en un 6%, tomando como base el año 1990.

Detractores. Entre los principales opositores del Protocolo, se encuentra Philip Stott, profesor de biogeografía de la Universidad de Londres, que en una entrevista al sitio web BBCmundo.com, afirmó: “Kioto, sencillamente, no está funcionando”. Explicó que el objetivo de 1997 –controlar el clima, según él–, es algo imposible de lograr en términos reales. Además, subrayó que los efectos de los GEI y del consecuente calentamiento de la Tierra no han sido tan negativos como afi rman las evaluaciones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). “El aumento total de temperatura de los últimos 150 a 200 años ha sido de menos de 1°C, lo cual es muy poco”. Stott piensa más bien que la relevancia de Kioto “se debe a que el calentamiento global se ha convertido en una fuerza política muy poderosa, particularmente en Europa”. Bjorn Lomborg, coincidiendo con esta postura, aunque un poco más desmesurado, ha publicado libros en contra del Protocolo. Este politólogo danés, sin negar la existencia del calentamiento global, dice que Kioto “cuesta mucho y realiza muy poco demasiado tarde.” Certifica que la mayoría de los problemas se están reduciendo, por lo cual no habría que gastar billones de dólares centrándose en el cambio climático, sino haciendo foco en la malaria, el sida y la desnutrición, entre otros.

CRONOLOGIA DEL PROTOCOLO DE KIOTO

1979 Primera Conferencia Mundial sobre el clima

1988 Se conforma el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés)

1989 Segunda Conferencia Mundial sobre el clima

1991 Se establece la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)

1992 Primer informe de Evaluación del IPCC

1994 Comienza a regir la CMNUCC

1997 Se establece el Protocolo de Kyoto, Japón

1998 Segundo Informe de Evaluación del IPCC

2001 Tercer Informe de Evaluación del IPCC

2002 Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, en Nueva Delhi, India

2005 Cuarto Informe de Evaluación del IPCC

2007 Cumbre Mundial sobre el Cambio Climático, Bali, Indonesia (en diciembre).

FILM, "AN, INCONVENIENT, TRUTH", GLOBALE, ERWAERMUNG, KLIMA, KLIMAERWAERMUNG

Sueños de redención. En sólo 7 años, Al Gore pasó de ser derrotado por George W. Bush en las elecciones presidenciales a ganar el Oscar por su documental An Inconvenient Truth y el premio Nobel de la Paz por su contribución a la reflexión contra el calentamiento global.

Negocio rentable, ciudades unidas. Las negativas de la Casa Blanca hacia el Protocolo se vieron confrontadas por una férrea oposición compuesta por muchos de los estados. En la Cumbre, que reunió en noviembre pasado a 100 alcaldes para debatir sobre la problemática del cambio climático, se destacó la gran cantidad de ciudades de todo el país que “están trabajando para reducir la polución causada por los gases de efecto invernadero”. Los alcaldes firmantes del “Acuerdo sobre Protección Climática” se comprometieron a bajar sus emisiones de CO2 en un 7%, siguiendo el marco del Protocolo de Kioto. Priorizando esta temática dentro de la agenda política, reconocen el potencial surgimiento de oportunidades estratégicas a partir de la apertura de mercados ligados al desarrollo de nuevas fuentes energéticas. Además, concentran sus esfuerzos en una campaña que realce los beneficios económicos resultantes de la protección del medio ambiente, y en la creación de un Consejo que estreche el vínculo entre los líderes locales y varias empresas de peso. La relación entre los alcaldes también apunta a conseguir un objetivo importante, que se sustenta en el proyecto de ley sobre energía que el Congreso está confeccionando. Esta propuesta supone la creación de un programa de fondos federales que subsidien la efi ciencia energética y medioambiental de las ciudades, condados y estados. Aportando una nueva visión al problema del cambio climático, California es uno de los estados donde existen más avances en el tema medioambiental. Según un informe de la Hewlett Foundation, las políticas medioambientales implementadas en los últimos años fueron efectivas, consiguiendo ahorros exponenciales en su balance. Se han desarrollado estrategias de reducción de GEI, producción de tecnologías limpias –paneles solares y turbinas eólicas, entre otros– y distintas campañas para crear conciencia en la sociedad. De igual modo, Seattle ha avanzado en la implementación de medidas que contribuyan a la mejora del ecosistema. En 2005, se convirtió en una ciudad con 0% de emisión de GEI, sin elaboración de energía a través del carbón. ¿Un nuevo Kioto? Diez años después y atravesando los obstáculos que se han interpuesto en la consecución de los objetivos establecidos por el Protocolo original, hoy estamos frente a una nueva Cumbre sobre el Cambio Climático que se llevará a cabo este mes en Bali, Indonesia. Es en este momento donde resurgen las posturas que se han afi anzado en los últimos años respecto del éxito o fracaso del Protocolo. Kioto ha originado amplios y arduos debates. Por un lado, ha logrado adhesiones y acciones concretas, aunque también ha causado escepticismo en la comunidad internacional. Hay quienes tienen opiniones moderadas y plantean que hubo un avance en el acuerdo, pero que aún hay mucho trabajo por hacer. Según José María Baldasano, experto en ingeniería ambiental de Barcelona, este acuerdo es un primer paso, pero “hacen falta reducciones mucho más drásticas y decidir cuál es la concentración máxima de CO2 que se puede permitir”. Son muchas las cuestiones que habrá que resolver si se espera un avance signifi cativo en pos de una mejora notoria en nuestro medio ambiente. Los desafíos y las propuestas de 1997 deben ser redefi nidos, adecuándose no sólo a los nuevos actores y avances tecnológicos, sino también a la coyuntura internacional y a los impactos actuales del calentamiento global. Habrá que concentrarse en unificar criterios y reforzar las voluntades, para consolidar las bases fundadas hace una década y vislumbrar un futuro promisorio.


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