NEOTURISMO: UN MUNDO DE SENSACIONES

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El ocio ya no es el único fin de unas merecidas vacaciones. Buscar nuevas experiencias y ampliar la gama de sensaciones conocidas es una modalidad que aprecian aquellos viajeros tentados por novedosas ofertas en el campo del turismo alternativo. Así, conocer una favela de Río de Janeiro, dar con los vestigios de guerras pasadas o presentes o el “beauty trip” –la tendencia más sexy y tentadora del momento– son sólo algunas de las posibilidades que brinda la industria turística.

Texto: Silvina Batallanez / Fotos: AFP

Desde hace varias décadas, el turismo es uno de los fenómenos socioeconómicos más importantes a nivel mundial. Su valor en la contribución para el crecimiento financiero, tanto en su condición de actividad intensiva generadora de mano de obra como en la explotación de los más diversos recursos naturales y culturales de cada país, han hecho de esta actividad una industria prometedora. Durante años la tendencia favorita estaba concentrada en la idea del viaje como un marco adecuado para el tiempo libre reservado básicamente al relax. Ir hacia lugares donde el descanso y el esparcimiento estuvieran garantizados era la meta principal. Sol, playa, montañas y recorridos por ciudades rebosantes de arte e historia estaban entre los favoritos. Pero los tiempos han cambiado. Los estilos de vida también y con ello las necesidades y expectativas de quienes se disponen a armar sus maletas. Sin menospreciar los viajes de placer, que en pocos años han multiplicado cruceros de lujo que tienen como fin arribar a destinos paradisíacos luego de realizar paradas en diferentes ciudades del mundo, los que están en el negocio del turismo afirman que las personas en plan de viaje ahora exigen que haya “algo más”. La corriente marca que en la actualidad el viajero espera algo bastante contrario al ocio. Está en búsqueda permanente de destinos en donde pueda hallar la acción necesaria para vivir experiencias y sensaciones diferentes a las habituales. Por eso a la hora de diseñar y crear productos turísticos nuevos que favorezcan la nueva demanda, el “turismo alternativo” se convirtió en el generador de una gama de segmentos que pueden satisfacer la mayoría de las expectativas. Al turismo ecológico, que ofrece estadías en lugares bucólicos donde todo es especialmente cuidado, se han agregado los hoteles, muchos de ellos tradicionales, ubicados en medio de grandes ciudades que adoptan políticas ecológicas tan significativas como la utilización de energía solar. Al turismo extremo creado para los amantes de los deportes de riesgo, se le ha sumado una polémica opción: el turismo de catástrofe. Aquí los exploradores pueden presenciar un desastre natural, desde ver de cerca un tornado a vivir la experiencia de quedar en el ojo de un huracán. En países como Guatemala o Ecuador –con un elevado índice de volcanes– se emprenden tours para fotografiar los que están en peligro de erupción.

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Turismo en las favelas de Río de Janeiro.

Sin embargo, uno de los rasgos más significativos es el creciente interés social. Entonces aparece lo que se llama “turismo social”. Esta propuesta traspasa los límites del circuito turístico tradicional para adentrarse en el patrimonio cultural de los rumbos elegidos. La novedad se encuentra en que tal patrimonio ya no es presentado como una pantalla –en la que se conjugan la historia clásica y costumbres de vida del lugar con las bondades de ciertas maravillas naturales–, sino que además comprenden la política económica e increíblemente hasta los conflictos sociopolíticos y etnográficos como escenarios dignos de apreciar. Para este tipo de turismo, Latinoamérica, Asia y algunos países de Europa oriental son los favoritos. Una mezcla de búsqueda de conocimiento, voyeurismo y buenas intenciones conforman la característica principal de los aventureros que eligen ocupar el tiempo de ocio en originales recorridos por el mundo real de los seres humanos menos privilegiados. Para los que anhelan ofrecer sus propios conocimientos e incluso aportar buena parte del dinero previsto para sus vacaciones, existe el “turismo solidario”. Suelen ser viajes para pequeños grupos de personas a un país empobrecido. Generalmente están organizados por ONGs. La finalidad es brindar a quienes viajan la oportunidad de conocer nuevas realidades y alternativas de desarrollo para esas sociedades desde la relación estrecha con organizaciones locales. Estos viajes están pensados como una posible herramienta de cooperación que genera ingresos para la población anfitriona. Visitar comunidades indígenas y rurales para cultivar con ellos y aprender a realizar sus artesanías o contribuir en la construcción de casas y escuelas en pueblos arrasados por las guerras, son parte del objetivo. A pesar de las discusiones generadas a partir de si es ético o no, si favorece o no a los habitantes del país y si es seguro para los visitantes, los tours en los guetos o “barriadas” tienen cada vez más adeptos. Los viajeros desean presenciar cómo es vivir de manera precaria. Gracias a este nuevo interés, las favelas de Río de Janeiro (Brasil), las villas de emergencia de Buenos Aires (Argentina) y los barrios segregados de Sudáfrica e India –como así también los basureros de la ciudad de México– se han transformado en parte de muchas agendas y mapas turísticos. Este tipo de tour comenzó hace 16 años cuando Marcelo Amstrong, que ya trabajaba con turistas, se dio cuenta de que la mayoría de los extranjeros pensaban en las favelas como lugares inaccesibles y peligrosos. Al mismo tiempo se sentían atraídos por conocerlas pero imaginaban que era demasiado riesgoso. El ahora dueño de una agencia llamada Favela Tour y precursor de otra media docena, decidió entonces llevar a algunos de sus clientes a Rocinha, la favela más grande de Río de Janeiro, de donde finalmente ningún visitante salió perjudicado. Durante el primer año tenía un promedio de 15 personas por mes, ahora en temporada alta llega a las 800. El éxito de estas visitas está en que representan el 35% de todos los trayectos que ofrecen las agencias de Brasil y esto se genera porque la mayoría de los visitantes llegan de Estados Unidos, Canadá, Europa occidental y Japón, naciones donde no es común que existan lugares con casas construidas sin planificación urbanística y gente que viva acostumbrada a la precariedad y el hacinamiento permanente. Aunque el perfil de los turistas es variado, predominan los que trabajan en el campo social. En Buenos Aires, la villa de emergencia, como se llama a los vecindarios más pobres, también se ha convertido en una usina de negocios rentables ligada al turismo. Los “tours villeros” resultan atractivos. Vivir unas horas, e incluso algunos días, como es el caso de los alojamientos organizados por agrupaciones de estos arrabales, suponen una experiencia especial para los visitantes que pretenden conocer o sentir la pobreza extrema por un rato. En plena Villa 20, se puede encontrar cosas tan originales como una línea de ropa: la firma Ay Not Dead lanzó una línea “villera”, la más exclusiva del mercado informal. También tienen una película in situ, una galería de arte –de temática “villera”– y un tour que dura dos horas y cuesta 60 dólares. En México, gracias a la fama internacional ganada en los últimos 15 años por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, todos los años miles de viajeros se adentran en los territorios aledaños a Chiapas, con la esperanza de encontrarse o al menos tocar al “vengador enmascarado”; es decir, el legendario y misterioso Subcomandante Marcos. La guerra también tiene sus visitantes. Cada vez son más los turistas que eligen destinos donde todavía se pueden ver las secuelas de estragos recientes. Los países que conformaban la ex Yugoslavia son algunos de los más requeridos. Generalmente son europeos que pueden llegar hasta allí en auto. Los edificios que aún están destruidos y donde la gente sigue viviendo llaman la atención de los visitantes. De manera algo perversa algunos pagan por fotografiarse con víctimas que han sufrido mutilaciones durante el conflicto étnico. Algo más novedoso es la aventura a la que se atreven, por ahora, unos pocos, cuando aún la invasión a Irak no ha cesado, hay personas que viajan como queriendo jugar a ser corresponsal de guerra, para ver y tomar imágenes del territorio desvastado y regresar a sus países para mostrar sus trofeos de astucia. Con muchos más años de distancia con la sangre y el fuego se encuentra Vietnam, que se ha convertido en el pionero a la hora de ofrecer a los extranjeros una innovadora propuesta: “el turismo sensorial”. Frente a tanta demanda por vivir experiencias cada vez más reales, los vietnamitas descubrieron que con algunos recuerdos de la guerra se podían generar ganancias. Al recorrerlo, ya no se encuentran a simple vista vestigios de aquellos malos años. Los cinco millones de muertos fueron rápidamente enterrados y los edificios se volvieron a levantar. Sin embargo, el recuerdo persiste porque todos los años millares de norteamericanos y franceses visitan el país motivados por recorrer el territorio donde se llevó a cabo uno de los conflictos más polémicos del siglo XX. Además de los museos que exhiben innumerables horrores de la guerra, lo más llamativo son los túneles bajo tierra que hicieron los vietnamitas. Primero para proteger de los bombardeos a la población civil y luego los utilizaron como principal táctica de combate para derrotar al enemigo. En el distrito de Cu-Chi, a 60 kilómetros al norte de Saigón, el gobierno habilitó para las visitas un segmento de túneles. Lo interesante está en que allí el viajero puede introducirse en ellos y vivenciar la terrible sensación de ahogo y humedad que produce avanzar en cuclillas por este laberinto subterráneo de tres pisos conectados por escaleras. Como la mayoría de lo viajeros occidentales no cabe en los verdaderos laberintos con una medida de 80 por 80 centímetros, se han abierto algunos un poco más grandes. Estos túneles representan el mayor monumento al ingenio vietnamita.

Los tours en los guetos o “barriadas” tienen cada vez más adeptos. Los viajeros desean presenciar cómo es vivir de manera precaria. Gracias a este nuevo interés, las favelas de Río de Janeiro, las villas de emergencia en Buenos Aires y los barrios segregados de Sudáfrica e India se han transformado en parte de muchas agendas y mapas turísticos.

En contrapartida pero tratándose también de sensaciones, en los últimos años México está a la cabeza de una oferta muy especial: el “Mexico Experience”. Se trata nada más y nada menos que de diferentes tipos de experiencias turísticas y recreativas a través de productos como sensorama, un montaje virtual que permite entrar en contacto con los cinco sentidos y así poder despertar (con los ojos vendados) sabores, olores, sonidos y texturas que pueden hacer creer al paseante que está en medio del Amazonas, en una llanura de Africa, en medio de una plaga de hermosas mariposas, en la profundidad del mar o tocando literalmente las estrellas. The tambores experience, Xtatica experience, musicoterapia, arte marcial prehispánico, cata de tequila, liberación de tortugas e inmersión con delfines son otras opciones muy recurridas. En cuanto a belleza y salud, además del predominio de los spa con aguas termales y tratamientos para afecciones específicas que atraen mucho turismo interno y externo en todos los países del universo, el furor por el cambio de la imagen corporal hizo surgir un nuevo fenómeno turístico: el “beauty trip”, la tendencia más sexy y tentadora del momento. México, República Dominicana, Colombia, Ecuador y Argentina conforman la meca de este tour que ofrece cirugía estética y viaje turístico por menos de lo que en Estados Unidos y Europa se gasta solamente en la cirugía. Aunque tiene pocos años de existencia, se ha vuelto una productiva industria. La demanda la encabezan los estadounidenses, seguidos de los ingleses y españoles. Para los más ricos y “valientes”, el turismo espacial es la opción más extravagante. Además de carísimo –digamos que cuesta millones de dólares y sus miles varían según el modulo elegido–, los riesgos de perder la vida son elevados. Sin embargo, hay quienes estuvieron dispuestos y siguen estándolo. Esta variedad comenzó a principios del siglo XXI. Los primeros trayectos consistían en una estancia de 3 o más días en la Estación Espacial Internacional en la que realizaban fotografías del espacio y la Tierra, videos, disfrute de la ingravidez, colaboración con los tripulantes de la estación y también realización de pequeños experimentos. Actualmente varias empresas trabajan en la construcción de naves capaces de realizar vuelos suborbitales y orbitales, así como en un hotel modulable para estadías más largas y asequibles que las actuales, valoradas en unos 21 millones de dólares. Aunque el turismo sexual no es una novedad, en los últimos años se ha hecho notable la creciente demanda femenina. Son las mujeres las que buscan tener relaciones sexuales en otros lugares de su área de vivienda y de manera turística. La mayoría suelen elegir el Caribe, América Latina (México, Perú, Ecuador), Gambia y algunos países del norte de Africa y el mediterráneo europeo. Este tipo de turismo sexual en la mayoría de los casos puede que no implique la prostitución, ya que, cuando de hombres se trata, algunos consideran el tener sexo con extranjeras como una especie de deporte al que recurren por la dificultad tener relaciones con mujeres del país sin que esto implique un compromiso. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se benefi cian con generosos regalos de sus ocasionales amantes. En definitiva, el mundo entero parece estar aprendiendo a explotar con imaginación y creatividad hasta los recursos más insospechados en beneficio del crecimiento de la economía. Una fuente inagotable de multiplicidad de propuestas está haciendo del turismo su vía principal. ¿El neoturista estará cada vez más cerca de encontrar su lugar en el mundo?


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