INMIGRACION ILEGAL: UN LADRILLO MAS EN LA PARED

0

Arde la frontera entre Estados Unidos y México. Ante la decisión de la administración Bush de establecer medidas más agresivas contra la inmigración ilegal, cabe preguntarse por los alcances y beneficios de una integración subregional económica que genera muros y separa pueblos. Asimismo, mientras los gobiernos de ambos países comparten las mismas preocupaciones respecto de amenazas tales como el narcotráfico, la trata de personas –nueva forma de esclavitud– o el crimen organizado y trabajan conjuntamente para combatirlas, en la frontera se siguen lamentando muertes de seres humanos que no participan de estas actividades y tan sólo anhelan un futuro distinto.

Texto: Nicolás Matías Comini / Fotos: AP / AFP

No sería magnífico que los discursos siempre se correspondieran con la realidad? A medida que el mundo continúa avanzando hacia un sistema de creciente interdependencia política, comunicacional, económico-financiera, científico-tecnológica y hasta social, se profundiza el debate respecto de los efectos de la globalización sobre los distintos países o naciones y pueblos que los conforman. Así, en un contexto de formación de bloques regionales o subregionales tales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la Unión Europea (UE), la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), la Unión Africana (UA) o el Mercosur, se pone énfasis en el término “integración”. En ese sentido, parecería privilegiarse la dimensión referida a la expansión de fronteras y al entrelazamiento de intereses comunes entre Estados independientes, que resignan parte de su soberanía en pos de generar espacios más amplios de cooperación. Pero los ideales son modelos puros, difícilmente aplicables en el plano material. Tanto es así que mientras los límites geográficos se ensanchan virtualmente, se incrementan también las demandas de una diferenciación del “otro” en el interior de los protagonistas involucrados. El “miedo” a lo diferente –basado en cuestiones culturales, consuetudinarias, étnicas, raciales o religiosas– genera barreras, que aún dentro de ese proceso de interdependencia o globalización del sistema internacional, sitúa a los países desarrollados en un laberinto caracterizado por la proclamación de una apertura de mercados y el cierre hermético de sus fronteras territoriales. En ese marco, las acciones implementadas por la administración Bush a lo largo de la frontera con México, país con el cual existe un vínculo de siglos de historia y distintos mecanismos de integración regional, se presenta como un caso paradigmático.

Una de las alternativas –y tal vez la más controvertida– que se está implementando para frenar los flujos de inmigrantes ilegales es el levantamiento de una muralla física, cuya construcción se inició en 1994. A su vez, en septiembre de 2006 el Senado confirmó la autorización para la construcción de 1.125 km. de muro a lo largo de la frontera, con el objetivo de reforzar la barrera entre los dos países.

ANTE TODO, INTEGRADOS

MEXICO-US-BORDER-TIJUANA

Una línea en el mar. Un mexicano mira desde la frontera en Tijuana hacia la ciudad de Chula Vista en el condado de San Diego, California.

En 1994, entró en vigencia el TLCAN, acuerdo que había sido firmado dos años atrás por los gobiernos de Estados Unidos, México y Canadá. El mismo surgió con los propósitos esenciales de eliminar obstáculos al comercio y facilitar la circulación transfronteriza de bienes y de servicios entre los territorios de cada país; promover condiciones de competencia leal; aumentar las oportunidades de inversión; y establecer lineamientos para la ulterior cooperación trilateral, regional y multilateral encaminada a ampliar los beneficios de ese Tratado. A nivel oficial, la integración parecería ser total. Tanto es así que el Subsecretario de Estado, John Negroponte, escribió el pasado 22 de abril un artículo en el periódico The Times Picayune de Nueva Orleáns en el que aseguró que su país y sus dos vecinos directos están “conectados por lazos sociales, familiares, educativos, comerciales y culturales, lazos impresionantes por su fuerza y continuo crecimiento”. Asimismo, si se toman en cuenta tan sólo algunos datos macroeconómicos, las fronteras parecerían ser invisibles en términos comerciales. Por ejemplo, Canadá y México –juntos– son la fuente más grande de importación de petróleo para Estados Unidos; cerca de 65 millones de autos, 7 millones de camiones, y 1,5 millones de vagones cruzaron las fronteras por tierra durante 2007; y el intercambio comercial se multiplicó poco más de tres veces desde que el Tratado entró en funcionamiento. También existen proyectos de cooperación en materia de seguridad subregional entre los tres Estados. La Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) es uno de ellos. Fue firmada en marzo de 2005 con el objetivo de “construir nuevos espacios de cooperación, a los efectos de dotar de mayor seguridad a estas sociedades abiertas, hacer más competitivas a sus empresas y más sólidas a sus economías”. De igual manera, y apartándonos transitoriamente de la relación entre las mencionadas naciones, la “Iniciativa Mérida” también debería ser incluida dentro de los proyectos destinados a generar mayor seguridad en la región. Este plan, de aproximadamente 1,4 millones de dólares entre México, Estados Unidos y varios países centroamericanos busca “construir un hemisferio más seguro y protegido, donde las organizaciones criminales ya no amenacen a los gobiernos ni a la seguridad regional” e “impedir la entrada y la propagación de drogas ilícitas y amenazas transnacionales en toda la región y hacia Estados Unidos”. Esos anhelos serían alcanzados mediante inversiones en distintas áreas tales como: equipos de inspección, escáneres iónicos y unidades caninas para que la aduana mexicana, la nueva policía federal y los militares puedan interceptar el tráfico de drogas, armas y efectivos traficados, así como a las víctimas de la trata de personas; helicópteros y aviones de vigilancia para apoyar las actividades de interdicción y la respuesta operacional rápida de las entidades mexicanas de aplicación de la ley; y tecnologías para mejorar y asegurar los sistemas de comunicación en apoyo de la recolección de información, así como para asegurar que la información crítica se encuentre a disposición de los encargados de aplicar el derecho penal. En ese sentido, es lógico preguntarse si quienes cruzan –o intentan hacerlo– la frontera e ingresan a Estados Unidos a través de México conforman estructuras de crimen organizado, son parte de organizaciones vinculadas al narcotráfico o terroristas que intentan entrar al país para atacarlo desde adentro y desatar el caos en su interior. De esta forma, si bien parecería que la actual ofensiva de la Administración Bush contra los inmigrantes no regularizados –cuyo muro fronterizo representa estéticamente un período que será probablemente recordado durante el resto de la historia de la humanidad como un símbolo del aislacionismo social– estaría disminuyendo la entrada irregular de personas al país; ¿de qué sirve una integración económica que impide la libre circulación de personas entre los países que lo conforman? Cabe resaltar que siempre que economías asimétricas deciden avanzar en la constitución de un tratado de libre comercio asumen distintos riesgos: uno de ellos es una masiva diáspora de habitantes de un país menos desarrollado a otro con mayores posibilidades de crecimiento. No obstante, si se toma como ejemplo la Unión Europea puede comprobarse que aunque se han incrementado los movimientos migratorios desde los países del Este hacia los del Oeste, esto no ha generado un vaciamiento social en los primeros. Ante el problema de las migraciones masivas, la solución efectiva debería encontrarse en el interior de los países que se integran, siendo éstos los responsables de canalizar las demandas y generar soluciones. Los estudios sobre la migración de las personas giran principalmente en torno a dos enfoques: uno lo hace desde una perspectiva individual, centrado en las motivaciones de quien emigra, ya sea por razones económicas, educativas, crisis políticas, prácticas antidemocráticas o desastres naturales.

Frente a esta situación existen sectores que apoyan el endurecimiento de las medidas contra la inmigración ilegal y otros que se oponen a ellas. Zack Taylor, miembro de la Asociación Nacional de Oficiales de Frontera Retirados, podría ser incluido dentro de la primera categoría al considerar que “el problema de la inmigración ilegal radica en el no cumplimiento de las leyes sancionadas para prevenir dicho problema”.

Mexico Migrants Giving Up

El gobernador tejano, Rick Perry, cree que para frenar la inmigración ilegal hay que abrir la frontera. Sus colegas republicanos lo critican.

El otro lo hace desde un enfoque sistémico o estructural, considerando que la migración involucra un conjunto de elementos relacionados entre sí que contribuye al desplazamiento de los grupos humanos. No se trata de estudios excluyentes, sino complementarios. Sin embargo, las migraciones no siempre son voluntarias y un ejemplo de ello está vinculado a la trata de personas, que debería ser incluida en la categorización de “migración involuntaria”. La “trata” es considerada una forma moderna de esclavitud y sus víctimas –mayoritariamente mujeres, niños, niñas y adolescentes– son reclutadas desde los sectores más desprotegidos de la sociedad. A través de falsos ofrecimientos de mejoras económicas suelen ser trasladados a destinos donde las promesas se convierten en violencia, explotación y desconocimiento de sus derechos como personas. El reporte de 2005 del gobierno sobre trata de personas estima que entre 600 mil y 800 mil hombres, mujeres, niños y niñas son tratadas cada año internacionalmente. Entre ellos, un 80% son mujeres y niñas y el 50% son menores de edad. Un gran porcentaje de quienes intentan cruzar ilegalmente la frontera lo hace por causas como éstas y no por ser parte de organizaciones criminales. En ese contexto, es muy importante poder distinguir entre unos y otros, para evitar dañar a los primeros y enfrentar eficientemente a los segundos. La frontera entre México y Estados Unidos, que tiene una longitud de 3.326 km y atraviesa seis estados mexicanos y cuatro estadounidenses, ha sido históricamente un punto de fricción entre ambos países. Durante el siglo XIX fue modificada por distintas guerras que causaron la transferencia de territorio de México a su vecino del norte. En la actualidad, la frontera es una de las mayores preocupaciones de Estados Unidos para su Homeland Security (o seguridad nacional), producto, en gran medida, de la enorme cantidad de cruces ilegales que se dan a través de la misma, no sólo de mexicanos sino también de ciudadanos de otros países, principalmente de Centroamérica. Una de las alternativas –y tal vez la más controvertida– que se está implementando para frenar los flujos de inmigrantes ilegales es el levantamiento de una muralla física, cuya construcción se inició en 1994 bajo el programa anti-inmigración-ilegal conocido como “Operación Guardián”. A su vez, en septiembre de 2006 el Senado confirmó la autorización para la construcción de 1.125 km. de muro a lo largo de la frontera, con el objetivo de reforzar la barrera entre los dos países. Complementariamente, las espaldas de la muralla material serán custodiadas por barreras virtuales. En ese contexto, la compañía Boeing está trabajando en el P- 28 –denominado así por la longitud de la frontera de Arizona, donde se ha instalado–, programa piloto para crear un muro virtual a lo largo de zonas fronterizas con México. El proyecto –muy costoso y que hasta el momento ha demostrado grandes fallas– forma parte de un plan nacional aprobado por la Administración Bush para fortalecer la seguridad en la frontera con torres de observación, radares, sensores de movimiento y potentes cámaras de alta tecnología capaces de distinguir entre personas y ganado a una distancia de aproximadamente 16 kilómetros. Más allá de todas estas empresas, la suma de esfuerzos físicos o tecnológicos carecería de sentido sin los medios humanos necesarios para que estos sean empleados. En enero último, 312 oficiales de frontera recibieron entrenamiento sobre el P-28. En total, para proteger las fronteras se emplean aproximadamente 42 mil personas, incluyendo 18 mil oficiales, 11.300 oficiales de patrulla de frontera, 1.800 especialistas en agricultura, 651 oficiales de la Fuerza Aérea y de la Marina y 500 pilotos. Hoy en día, las personas que intentan entrar al país lo hacen a través de zonas más peligrosas, como el desierto de Arizona. Como resultado de ello se han contabilizado más de 3 mil muertes desde el inicio de su operación. Además, según informó el New York Times, para llevar a cabo la construcción del muro y de sus proyectos adicionales, el Secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, emitió la suspensión de más de 30 leyes –vinculadas muchas de ellas a la protección del medio ambiente y de especies en peligro de extinción, de patrimonios culturales y hasta de libertad religiosa– por “interferir” con la rápida construcción de barreras en Arizona, California, Nueva México y Texas. Así, la seguridad y las leyes parecerían transitar un camino que se bifurca, primando la primera, erosionando la legislación vigente y poniendo a prueba los límites de la autoridad del Congreso Nacional, la separación de poderes y, por ende, de un sistema verdaderamente libre y democrático.

EL MURO EN LA CAMPAÑA

A los candidatos presidenciales no se les escapa que los latinos suelen recibir salarios más bajos que el promedio. Tampoco les es ajeno que los hispanos se han convertido en la primera minoría del país, representando en la actualidad el 15% de la población total norteamericana. Mucho menos, que un gran porcentaje de ellos no está regularizado. En ese marco, la realidad no puede ser escondida debajo de la alfombra: mientras se refuerzan los controles migratorios y las redadas para expulsar a quienes permanecen ilegalmente en el país, los candidatos –que previo a la campaña suelen fi rman promesas sin papel– deben ejercitar su cintura política para lidiar entre quienes se muestran a favor de reforzar la estrategia antiinmigratoria ilegal y la comunidad latina legalmente asentada, que se mueve en ambientes en los cuales allegados o seres queridos pueden estar esperando su legalización. Asimismo, los distintos aspirantes a la Casa Blanca son concientes de que, en caso de que se concretara una reforma migratoria que favoreciera a los inmigrantes latinos no regularizados, éstos se convertirán, probablemente, en votos cautivos para futuras elecciones. Así, la construcción del muro fronterizo se presenta como uno de los temas que no puede evadirse durante la contienda electoral. En referencia al mismo, tanto Barack Obama como Hillary Clinton –si bien ambos votaron a favor del muro– coincidieron en la necesidad de revisar los argumentos que impulsaron su construcción para evaluar sus potenciales costos y beneficios. Por su parte, el candidato republicano John McCain, claramente a favor de un endurecimiento de la política migratoria, ha considerado que debe acelerarse la construcción de la muralla, aunque para ello deban pasarse por alto ciertas leyes establecidas, en pos de garantizar la seguridad nacional.

PROMOTORES Y OPOSITORES

AP A MEX ASAP NEWS BORDER CROSSING TOURISTS

Inmigrantes cruzando la frontera.

Frente a esta situación existen sectores que apoyan el endurecimiento de las medidas contra la inmigración ilegal y otros que se oponen a ellas. Zack Taylor, miembro de la Asociación Nacional de Oficiales de Frontera Retirados (NARBPO, por sus siglas en inglés), podría ser incluido dentro de la primera categoría al considerar que “el problema de la inmigración ilegal radica en el no cumplimiento de las leyes sancionadas para prevenir dicho problema”, y que el propósito de la valla “es prevenir y disuadir a los extranjeros ilegales que son una amenaza para la seguridad pública y nacional de Estados Unidos al entrar desde México”. Asimismo, al ser consultado sobre cuáles deberían ser las medidas a adoptar para frenar los cruces ilegales fronterizos argumentó que “la forma de detener la inmigración ilegal hacia nuestro país depende de una pena cada vez más dura para los empleadores de inmigrantes ilegales. Comenzando por diez días en la cárcel y hasta un año de penalización a la tercera vez, para desincentivar los deseos de los inmigrantes ilegales de ingresar a Estados Unidos”. En el marco del segundo grupo, se adscribe el gobierno mexicano. El Congreso de ese país aprobó una reforma que despenaliza la inmigración ilegal, como muestra de rechazo a las barreras, aún sabiendo que aproximadamente 300 mil centroamericanos ingresan a México, muchos de ellos ilegalmente. Además, el presidente Felipe Calderón aseguró que “el muro no va a resolver ningún problema. La humanidad cometió un tremendo error al construir el muro de Berlín, y creo que hoy en día Estados Unidos está cometiendo un grave error al construir esta barrera en nuestra frontera común”. También el gobernador de Texas, Rick Perry, se mostró en contra del muro comunicando que “la respuesta al problema de la migración no es cerrar las fronteras, sino al contrario, abrirlas”. Por último, el alcalde de Eagle Pass –una ciudad fronteriza que se enorgullece de sus estrechos vínculos con su vecino de México, Piedras Negras–, Chad Foster, afi rmó que no está en contra de la seguridad y que los oficiales de patrulla son necesarios. Sin embargo, sostuvo que “la valla es demasiado fácil de violar, demasiado perturbadora de la vida y el comercio lícitos, y, por lo tanto, monumentalmente estúpida”. Lo cierto es que, más allá de las distintas posiciones frente a la política migratoria de Estados Unidos y a las diferentes formas de comprender la idea de “seguridad nacional”, los intentos por cruzar la frontera a toda costa probablemente se mantendrán hasta que no se establezcan medidas profundas que intenten revertir esta situación. En la actualidad, uno de cada cuatro niños estadounidenses menor de cinco años tiene raíces latinas. Mientras tanto la reforma migratoria duerme en el Congreso. ¿Deberán ser ellos quienes adopten a sus padres? Tal vez la solución a todo esto sea una integración real, complementaria y no asimétrica que abra las fronteras a las personas de la forma en que lo hace a los capitales; que no divida, que incluya y evite generar mano de obra barata, ilegal y exenta de impuestos; que permita a los países del subcontinente accionar conjuntamente frente a las amenazas que los atañen –llámese narcotráfico, trata de personas, tráfico de armas o crimen organizado–; que evite que grupos radicales sigan abusando de inmigrantes ilegales; y, por sobre todas las cosas, que impida la destrucción de cientos de familias que lloran a seres queridos que dejaron sus vidas en la frontera tan sólo por el sueño de buscar un destino mejor.


Compartir.

Dejar un Comentario