BRUCE SPRINGSTEEN: LAS CINCO CANCIONES QUE CAMBIARON MI VIDA

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No son los años, es el kilometraje. Y es a la vera de esa carretera que Bruce Springsteen (Nueva Jersey, 1949) lleva transitando ya cuatro décadas, donde se ha obstinado en sembrar personajes con nombre propio, que viajan por el mismo camino y cargan con idéntica mochila que su autor. Sus canciones aspiran, con razón y mérito, a ser novelas en las cuales los protagonistas pierden o encuentran la esperanza en el sueño (tantas veces pesadilla) americano.
High Hopes, su último trabajo discográfico, no es una excepción. A esta altura, y después de tanto tiempo, a Springsteen ni se le ocurre traicionarse. Asistido por el guitarrista Tom Morello (Rage Against the Machine), a los 64 años pareciera que el cantautor se interesa por imprimir una constancia: dar fe de lo que ve, piensa y siente en tanto recorre el camino. Quienes pudieron presenciar sus conciertos durante el Wrecking Ball World Tour, fueron testigos de cómo el Jefe no sólo reinventa sus canciones, sino también de cómo hace propias las de quienes admira. En Santiago de Chile, interpretó en un conmovedor español la bellísima Manifiesto de Víctor Jara, y para sus seguidores argentinos hizo lo propio subiendo en su página web una sentida versión de Sólo le pido a Dios de León Gieco. Claro que no es noticia para sus más frecuentes admiradores: en sus maratónicos recitales es habitual que sobresalgan canciones de Bob Dylan, Woody Guthrie o The Clash, indistintamente.
En High Hopes, grabó en estudio algunos de los temas inéditos que desde hace más de una década interpreta en vivo, y en donde versiona otras como la que da título al álbum, del cantante Tim Scott McConnell. También registró Just Like Fire Would de The Saints, banda alternativa australiana, y otros más familiares para sus fans como American Skin (41 Shots) o The Ghost Of Tom Joad, que el propio Springsteen considera entre algunas de sus mejores obras, y entendió merecían nuevas grabaciones de estudio.
Aquí las cinco canciones que le cambiaron la vida.

Elvis Presley – Hound Dog
Cada músico tiene su momento de génesis: el mío fue con Elvis en el programa de Ed Sullivan. Recuerdo que quise rodear con mis dedos de chico de seis años el diapasón de la guitarra y no pude conseguirlo, entonces empecé a bailar y a sacudirme siguiendo el ritmo de la música frente a un espejo. Aún lo hago de vez en cuando.

Bob Dylan – Like A Rolling Stone
La primera vez que escuché a Dylan estaba en el auto con mi madre. Oíamos la radio y me atrapó ése sonido como si pateara y abriera la puerta de mi mente, era Like A Rolling Stone. Mi madre, que no era alguien que le disgustara el rock and roll, me dijo: “Ese tipo no puede cantar”. Pero supe que estaba equivocada. El tenía la voz más poderosa que he escuchado jamás.

The Clash – London Calling
Lo único que puedo decir sobre The Clash es que fueron la mejor banda de rock and roll, y que los extraño. Por eso durante la gala de los premios Grammy de 2003, en recuerdo a su líder Joe Strummer, hicimos junto a Dave Grohl de Foo Fighters, Elvis Costello y Steve Van Zandt, una versión de London Calling con un fondo de imágenes de The Clash.

Roy Orbison – Oh, Pretty Woman
La primera vez que vi a Roy fue en 1969, en Nashville. Fuimos a tocar en un festival. Roy Orbison era la estrella y salió a tocar por la noche. Recuerdo que apareció vestido completamente de negro y con gafas oscuras, y empezó con Oh, Pretty Woman. Como no le había visto nunca, lo que más me impresionó fue lo tranquilo que era, y esa voz, esa gran voz como de ópera.

Woody Guthrie – This Land Is Your Land
Fue escrita como respuesta a God Bless America de Irving Berlin.Es una de las mejores canciones escritas sobre Estados Unidos, y creo que lo extraordinario de ella es que habla directamente sobre la promesa que mi país debería ser y no es. Fue un honor cantarla con Pete Seeger en la inauguración de Barack Obama en 2009.


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