INDIA: ARTISTAS AMORDAZADOS

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Todo el mundo tiene una imagen de la India. Pero pocos, en realidad, saben exactamente cómo es ese país que, en la actualidad, es una de las economías más pujantes del planeta. En los últimos meses la nación con mil doscientos millones de habitantes vivió situaciones delicadas que han alterado su vida política, cultural e institucional. La censura de una película por motivos religiosos generó un escándalo sin precedentes, mientras que un sociólogo casi fue linchado en un festival literario por haber hablado de corrupción en una porción de la sociedad india. Distintas religiones y castas ponen a flor de piel cualquier cuestión, que puede ser malinterpretada sin demasiado análisis. Viaje en primera persona a una realidad compleja y muy sensible.

Texto: Sujoy Dhar / Fotos: Lajpat Vhatta / Hakim Kumar / Deshbandhu Ray / Lopa Roy / Bilvá Pandit

INDIA

El sociólogo Ashis Nandy abrió la boca un poco de más –acusó de corruptos a ciertos políticos– y casi termina en prisión.

“No tengo Dios, soy un artista. Voy a buscar otro país que sea laico y me adopte. Estoy luchando por la justicia, para mantener la calma”, dijo emocionado uno de los actores más célebres y aclamados de la India, Kamal Haasan. Más que un actor, Haasan es una estrella a quien siguen muchos fanáticos, aunque ahora se granjeó la ira de grupos musulmanes radicales. Haasan debió dar muchas vueltas para lograr que su filme trilingüe Vishwaroopam (Universo), de 17 millones de dólares, fuera finalmente difundido en su estado natal de Tamil Nadu, en el sur de India.
Dirigida y protagonizada por el mismo Haasan, Vishwaroopam cuenta la historia de Nirupama, un oncólogo nuclear indio que se casa con una profesora de danza en Estados Unidos, pero luego de tres años de relación la mujer decide terminar y contratar un detective para ventilar los sucios negocios de su marido. El filme aborda tangencialmente el tema religioso, porque Nirupama es musulmán, lo que habría molestado a la autoridad calificadora cinematográfica de Tamil Nadu, por considerar que está demasiado manoseado el arquetipo del terrorista musulmán.
La decisión desató manifestaciones callejeras en varias ciudades: tanto de musulmanes, que se sentían mal representados en la película, como de fanáticos de Haasan, que no podían creer que no tendrían acceso a su último filme. La jefa del gobierno de Tamil Nadu, la ex actriz Jayalalithaa Jayaram, manifestó que tuvo que prohibir el filme durante 15 días por el “temor” de manifestaciones violentas en los cines. “Cuando usted sabe que va a haber violencia en una situación precisa, en un determinado lugar, el deber del gobierno es hacer todo lo que esté a su alcance para impedir que suceda”, explicó Jayaram. La policía del estado no cuenta con efectivos suficientes para proteger los 500 cines que debían proyectar el filme.

“Haasan es una estrella a quien siguen muchos fanáticos, aunque ahora se granjeó la ira de grupos musulmanes radicales.”

En ese momento, mientras el actor dramático de 58 años hacía sus gestiones para encausar la situación, el sociólogo Ashis Nandy aguardaba en Nueva Delhi ser interrogado por la policía por subrayar que la corrupción es el gran igualador en la sociedad de castas de la India. A Nandy se le ocurrió decir que la corrupción daba juego a capas subalternas que de otro modo no tendrían acceso al poder y al dinero, de modo que, visto así, la corrupción era un factor igualador. El intelectual hizo esos comentarios en el festival de literatura de Jaipur, capital del noroccidental estado de Rajastán. Además, el escritor británico de origen indio Salman Rushdie tiene prohibido, desde el año pasado, participar en ese festival por razones de seguridad personal.
En cuestión de minutos, más que de horas, ya se había formado en la entrada del festival una manifestación de supuestos defensores de las castas bajas. El intelectual tuvo que abandonar el festival –y Rajastán– por la puerta de atrás, mientras empezaban a lloverle denuncias en las comisarías por incitación al odio social; es más, estuvo a punto de ser condenado a 10 años de cárcel. Sin embargo, él argumentó que nunca llamó a las castas más bajas corruptas, sino que defendió sus derechos diciendo que la corrupción de los ricos encontraba su contrapartida en grupos de las castas más bajas que se permitían prácticas similares (el ascenso al poder de estas últimos, sobre todo a nivel estatal, no federal, es cosa de las últimas dos o tres décadas). Pese a que en un primer momento anunció que, en caso de ser detenido, no pensaba pagar fianza y que estaba dispuesto a ir a la cárcel (Nandy tiene 75 años), el sociólogo al final declaró que había sido malinterpretado, y que pedía perdón por el daño causado.

Control
Texto: Ranjit Kanth
Todo indica que el escenario de la novela 1984 de George Orwell estaría a punto de pasar de la ficción a la realidad. Según informó el periódico The Times of India, el gobierno indio dio comienzo a una operación de monitoreo que brindará información sobre casi todo lo que está sucediendo a través de la red de telecomunicaciones interpersonales dentro del país. El propósito de esta medida es vigilar las llamadas telefónicas, los mensajes de texto y los movimientos de los ciudadanos en internet para poder “resguardar la seguridad del país” y ser una herramienta útil para los recaudadores de impuestos, la policía y otros organismos del gobierno.
“En ausencia de una fuerte ley de privacidad que promueva la transparencia sobre la vigilancia y que, de este modo, nos permita juzgar la utilidad de la vigilancia, este tipo de desarrollo es muy preocupante. Esto se no se ha hecho ni con el diálogo público ni parlamentario, haciendo que el gobierno no rinda cuentas a sus ciudadanos”, advirtió Pranesh Prakash, del Centro de Internet y la Sociedad de la India.
La medida resulta ser bastante preocupante pues, aunque el gobierno se comprometió a permanecer dentro de la ley, el sitio web The Verge aseguró que al parecer todavía no se han establecido detalles sobre qué tipo de conversaciones serán monitoreadas y en qué circunstancias se haría el seguimiento. El gobierno de la India está invirtiendo cerca de 74 millones de dólares para construir el servicio que se está desarrollando desde 2009 y actualmente se encuentra en fase de prueba. El Times aseguró que debería estar funcionando de forma plena durante la segunda mitad de 2014.
De esta manera, la aparición del sistema –que presuntamente será usado para combatir al terrorismo– y la constante amenaza de vigilancia no presagian nada bueno para la continuidad de internet y de la libertad de las telecomunicaciones en el país asiático. El gobierno indio, por su parte, no se caracteriza por ser tímido en lo referente a la censura en internet e incluso en el pasado ha pedido remover contenido a compañías grandes como Google, por lo que la preocupación no sólo es a nivel local.

Los defensores de la libre expresión en la India se sintieron consternados de que unos comentarios en un festival literario pudiesen haberlo llevado a Nandy a la cárcel. “En la India tiene lugar una olimpíada de la intolerancia. Hay una competencia de intolerancia en la que cada grupo persigue la medalla de oro. En cuanto expresas tu opinión te tildan de antipatriota, pro-Pakistán, ‘kafir’ (infiel) y no sé qué más”, se lamentó Javed Akhtar, uno de los principales guionistas de Bollywood y quien escribió la letra en hindi de las canciones del filme de Haasan. Justamente, la India festejó este 3 de mayo último los cien años del cine de Bollywood, el nombre popularmente usado para designar a la mayor industria cinematográfica del mundo, que produce un millar de películas por año y emplea a 6 millones de personas.

Terrorismo cultural
“Todo el asunto de Vishwaroopam es ridículo pues el filme fue aprobado por la Junta de Censura. Ahora está bien visto promover la intolerancia y mucha gente también la propaga desde el anonimato de las redes sociales”, alegó Akhtar. Haasan, quien logró que la película fuera difundida en Tamil Nadu tras efectuarle varias ediciones, subrayó que es víctima de terrorismo cultural. “Creo que junto a mis amigos musulmanes hemos sido el instrumento de un juego político. No sé quiénes juegan y ni siquiera voy a arriesgar”, apuntó.
Organizaciones defensoras de las libertades civiles sustentan que en la India hay una tendencia creciente a criminalizar el disenso. “Pido a las autoridades que no criminalicen el desacuerdo. Es terrible la forma en que la política sigue cada uno de estos incidentes”, especificó Kavita Srivastava, de la Unión Popular para las Libertades Civiles (PUCL, por sus siglas en inglés).
La presidenta de la Junta de Censura, la bailarina Leela Samson, manifestó que son de temer las nuevas y duras medidas contra la libertad de expresión: “Me siento muy mal por esto, como artista y como presidenta de la Junta Central de Certificación de Filmes. Las protestas y las farsas legales socavan la autoridad de un organismo como la Junta de Censura. Las controversias distraen de la cuestión principal, que es la creatividad de los artistas y la libertad que se requiere para ser creativo”.

“El sociólogo Ashis Nandy tuvo que abandonar el festival literario –y la ciudad de Rajastán– por la puerta de atrás.”

Sanal Edamaruku, el presidente de la Asociación Racionalista India y exiliado en Finlandia desde junio de 2012, polemizó al respecto: “Estoy muy preocupado por el futuro de la India. Hay una alarmante erosión de la libertad intelectual y artística. El destino de Kamal Haasan es otro caso que seguir. Cuando escuché su emotiva declaración, en la que estaba considerando el exilio como su último recurso para poder seguir desarrollando su talento artístico, sentí mucho dolor. Al igual que él hay muchos otros artistas, escritores y líderes intelectuales… Incluso lo que sucede en mi caso, pues enfrento la persecución y la censura en la India tan sólo porque un grupo de fanáticos radicales tienen el deseo de silenciarme. Ellos alegan que encarcelarme sería en beneficio de la fe católica”.
Pero a medida que los intelectuales indios se expresaban, los acontecimientos se sucedieron. Salman Rushdie debió cancelar su visita a la oriental ciudad de Kolkata para la promoción de la película Midnight’s Children, adaptación de su novela homónima, y participar en un encuentro literario en la feria del libro que se celebra anualmente en la emblemática ciudad. Algunos grupos islámicos de Kolkata decidieron detener a Rushdie, quien hace décadas molestó a algunos musulmanes con su controvertida novela The Satanic Verses.
El escritor acusó al gobierno de sacrificar la libertad de expresión en el país al impedir su participación en el festival por la presión de los islamistas y por electoralismo. En una entrevista a la cadena local NDTV, Rushdie se mostró “muy triste” por no haber participado en el evento debido a amenazas. “Si no dispones de libertad de expresión no tienes libertad, algo por lo que he luchado durante años”, remarcó el escritor. Además, denunció que el gobierno filtró “información falsa” para evitar que su presencia en el festival afectase en el voto de los musulmanes en las elecciones de la región norteña de Uttar Pradesh, la más poblada del gigante asiático. A la vez, Rushdie se preguntó si “la India desea convertirse en un país totalitario como China o en un país con libertad de ideas”. Y sentenció: “Volveré a la India muchas más veces y estos gánsteres religiosos no me lo impedirán”.
Un líder musulmán dijo estar contento de que el gobierno estadual no hubiera ofrecido seguridad a Rushdie y de que su deseo hubiera prosperado. “Encabezamos una protesta en el aeropuerto y luego descubrimos que no venía. No vamos a permitir aquí la presencia de una persona que ha escrito palabras blasfemas”, indicó Idris Ali, quien encabeza el Foro de Minorías de India. Por su parte, V. Kumaresan, secretario general del Foro de Racionalistas en Tamil Nadu, manifestó que en estos casos el Estado debía mantenerse neutral. “Pero la posición prevaleciente no es esa. El Estado queda sumergido por el aumento de la intolerancia”, opinó.

¿Qué hecho yo para merecer esto?
Texto: Ranjit Kanth
El 30 de octubre pasado, Ravi Srinivasan, de 46 años, se convirtió en la primera persona en la India en ser encarcelada por tuitear. Ahora bien, ¿qué escribió Srinivasan para acabar en prisión? El tuit decía: “got reports that karti chidambaram has amassed more wealth than vadra” (tengo reportes de que karti chidambaram ha amasado más riqueza que vadra). Karti Chidambaram es un joven político que pertenece a la fuerza gubernamental –Partido del Congreso– y es hijo del ministro de Finanzas, mientras que Robert Vadra es el yerno de Sonia Gandhi y ha estado involucrado en problemas legales. Como Chidambaram se agenció en una comisaría cercana denunciando el mencionado tuit, a la mañana siguiente Srinivasan fue arrestado. Al hacerlo se invocó la Sección 64 (a) de la Ley de Tecnología de la Información, donde se prevé que alguien puede ir hasta por 3 años a la cárcel por enviar correos o mensajes electrónicos que causen “molestias o inconvenientes”. Ya en abril de 2012 el profesor de química de la Universidad de Jadavpur, Ambikesh Mahapatra, fue arrestado por circular un correo electrónico con una caricatura de Mamata Banerjee, actual ministra de Bengala Occidental. Paradójicamente, la intención de la Sección 64 (a) es proteger a los usuarios de internet, sin embargo cuando es usada por políticos y gobernantes se convierte en una poderosa arma de censura (probablemente ningún político será detenido bajo esta norma) que deja al descubierto la asimetría de poder y uso de la ley.
Todo no termina aquí. En noviembre de 2012, dos jóvenes de 21 años fueron arrestadas por “dañar sentimientos religiosos” según la Sección 295 (a) del Código Penal Indio y la ya mencionada Sección 64 (a). ¿La razón? Una publicación que llevaron a cabo en Facebook. Una de ellas comentó sobre el cierre de los comercios y la suspensión del transporte público en Bombay como consecuencia del funeral del líder político Bal Thackeray. La otra fue penada por haber puesto un “Me gusta” en el post de su amiga. Ambas jóvenes fueron liberadas bajo fianza a los días, pero el incidente suscitó preocupación sobre la ley de tecnología de la información.

En consonancia, Edamaruku alegó: “El paralelo de la situación con el derrumbe de la democracia de la India en 1975 parece notable: hoy, de nuevo, es el mantenimiento de la ley y el orden que sirven de justificación para restringir el derecho humano y civil de la libertad de expresión. Pero, ¿hay alguna base sólida para dicha declaración? Nos han hecho creer que las paredes del cine de Tamil Nadu arderían en fuego si las películas de Hassan no estuvieran vetadas. Y que todos los esfuerzos de la policía para prevenir el desastre estaban destinados a fallar. Sin embargo, ¿acaso no suena como un pretexto frágil y barato?”.


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