NUEVA ORLEANS: PARAISO MULTICULTURAL

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La ciudad más importante del estado de Louisiana es célebre por muchas razones. Pero la influencia de la música antillana, afroamericana, francesa y norteamericana en su jazz, hace de esta ciudad un paraíso musical de dimensiones épicas. La vocación permanente por el festejo, su gastronomía, historia y arquitectura la convierten en un destino imperdible. Colonizada por franceses, españoles e ingleses, Nueva Orleans parece haber conformado su propia genética con lo mejor de los mundos. Una hospitalidad natural y espontánea completa la promesa de entretenimiento, cultura y placer que el viajero no olvidará.

Texto: Felipe Real / Fotos: Shutterstock.com

Postal clásica. El barco de vapor Natchez esperando en el muelle a los turistas, con el río Mississippi como telón de fondo.

Postal clásica. El barco de vapor Natchez esperando en el muelle a los turistas, con el río Mississippi como telón de fondo.

Nueva Orleans es, ante todo, una ciudad improbable. Está, en su mayor parte, bajo el nivel del mar. Flanqueada por el río Mississippi y el lago Pontchartrain, se protege del avance de las aguas mediante diques. Y tras sufrir la devastación del huracán Katrina en 2005, esta ciudad multicultural del sur profundo de Estados Unidos está de regreso con todo su esplendor. Nueva Orleans es única, distinta a todo el resto del país, porque aquí cualquier acontecimiento es digno de festejo: el día de San Patricio, el día de San José, el Festival de la Herencia Negra, el Festival del French Quarter, el Festival de Jazz… y la lista continúa. Pero el Mardi Gras se transformó en el evento central y excluyente. Una especie de “Gran Martes” anterior a la Cuaresma, donde todo es alegría, música y color.

Nueva Orleans es la mayor ciudad del estado de Louisiana y exhibe una notable influencia española, francesa y africana. Fundada por tropas galas en 1718, fue entregada décadas después a los colonizadores españoles, quienes, además de expandir sus latifundios con esclavos africanos, se encargaron de darle iluminación pública y construyeron escuelas, enfermerías y diques. Cerca del 1800, volvió a manos francesas y, más tarde, Napoleón Bonaparte decidió vender esas tierras a Estados Unidos. Esa historia multicultural vibra en sus calles, donde los letreros hablan los idiomas de sus primeros pobladores. No sólo en la atmósfera de sus orgullosos barrios se perciben las huellas de estas culturas sino también en su gastronomía, su música y en la inextinguible hospitalidad de sus habitantes.

Dicen que Nueva Orleans puede volver loca a la persona sensata, aunque siempre alimenta al soñador. La literatura también ha estado presente en esta ciudad mágica que invita a creer y a crear: el vampiro Lestat de Anne Rice vive en una tumba del cementerio Lafayette en Prytania Street; F. Scott Fitzgerald escribió This Side of Paradise, su primera novela, en un apartamento con vista al cementerio. Si se instalaran placas memoriales para todos los escritores que han nacido o vivido aquí, cubrirían gran parte de la ciudad. Sin embargo, sólo puede verse una placa en el Callejón del Pirata, en la casa en la que residió William Faulkner.

Por alguna razón, los cementerios en Nueva Orleans cobran un significado especial. Allí, los espíritus de Buddy Bolden –el creador del jazz– o de Louis Armstrong acompañan a los visitantes como ratificando que la música jamás termina. La presencia de la reina del voodoo Marie Laveau, en cuya tumba en el cementerio de St. Louis cada noche se dejan ofrendas singulares; o la del pirata Jean Lafitte, cuyo tesoro sigue enterrado en la chimenea del Old Blacksmith Shop en Bourbon Street se suman a las multitudes de esclavos, marineros, aventureros, escritores, y las hermosas y tristes amantes de los aristócratas franceses y españoles que se rindieron cautivados por la magia de Nueva Orleans.

French Quarter, New Orleans.

French Quarter, New Orleans.

French Quarter. El área más antigua y pintoresca de la ciudad es también el epicentro de la actividad turística. Caminar por sus coloridas y estrechas calles es un regalo para los sentidos: la música conquista cada rincón, mientras un sinfín de restaurantes y bares abren sus puertas dejando fluir los aromas que anticipan una experiencia gastronómica inolvidable. Los oídos atentos apreciarán que en cada local se toca una variante distinta de jazz. Para que la experiencia sea plena, los paseantes deben caminar sin prisa, observando los detalles de los edificios, sus curiosas formas y la belleza de sus balcones poblados de plantas. Galerías de arte y tiendas de anticuarios completan una oferta irresistible. Sin desviarse demasiado, se llega a Jackson Square, la antigua plaza de armas que atesora el estilo galo y una pizca de su herencia hispánica. De un lado, se eleva la adorable catedral de St. Louis con sus puntiagudas torres, y del otro yace el clásico cabildo ibérico, que hoy funciona como museo. A pocos pasos, se localiza el Cafe du Monde, una auténtica y tradicional institución que funciona las 24 horas, donde podrá degustar un beignets, un panecillo francés espolvoreado con azúcar, acompañado del exquisito café au lait.

Música en las calles de New Orleans.

Música en las calles de New Orleans.

Bourbon Street. Su nombre sintetiza la cultura francesa, española y norteamericana. Esta calle fundamental en el paisaje de Nueva Orleans parece el decorado de una película de época. Con sugestivo espíritu bohemio, la mítica calle supo convocar a los artistas de toda índole y a diferentes integrantes de la movida cultural y de la comunidad gay. Sus variopintos letreros y sus balcones enmarcados por llamativas barandas de hierro y madera le dan un aspecto único. Durante el día, los turistas la recorren de punta a punta sin perder detalle de su arquitectura. Por la noche, los bares, las tabernas y los shows de bailarinas atraen a aquellos que desean vivir experiencias fuertes. El visitante atento encontrará una estatua dedicada a Ignatius J. Reilly, el inefable personaje creado por John Kennedy Toole en A Confederacy of Dunces, un libro de indispensable lectura que lo enamorará para siempre de este fascinante lugar.

La magia de Nueva Orleans se respira en sus calles, suena en una trompeta y se desplaza también en su célebre tranvía.

La magia de Nueva Orleans se respira en sus calles, suena en una trompeta y se desplaza también en su célebre tranvía.

Tranvía. Si recuerda a Marlon Brando en A Streetcar Named Desire o leyó la obra que le valió un premio Pulitzer a Tennessee Williams, probablemente no resistirá la tentación de subirse al inspirador tranvía, el más antiguo del mundo en continuo funcionamiento. El tradicional vehículo tiene su parada en Canal Street y permite callejear por el barrio a la sombra de una forestación centenaria donde el tiempo parece no transcurrir. Durante el recorrido, magnánimas mansiones dan testimonio del poderío de las familias locales en los tiempos que las grandes plantaciones eran trabajadas por esclavos. Las fachadas de altas columnas y lujosos ornamentos son tan impresionantes como las tupidas magnolias, un tesoro natural que se conserva desde esa pretérita época.

Jazz. Ninguna ciudad se asocia con un ritmo musical como Nueva Orleans lo hace con este género nacido a finales del siglo XIX. Con su origen anclado en ancestrales ritmos africanos, combinados con los instrumentos aportados por europeos y estadounidenses, el jazz surgió en las viviendas de la periferia. Si bien es ejecutado en infinidad de sitios, en el Preservation Hall se mantiene su espíritu original. Los visitantes se asombrarán al ingresar a un local rústico –y venido a menos–, matizado por una iluminación débil y opaca. Lo ideal es llegar con mucho tiempo de anticipación, porque sólo unos pocos podrán tomar asiento (mientras el resto permanece de pie) en un pequeño salón, tan caluroso en verano como en invierno. Sin embargo, al comenzar la función toda incomodidad desaparece: los músicos que lo frecuentan hipnotizan al público con su talento, como si fueran fantasmas de los próceres del jazz. Más allá de los reductos clásicos, en Nueva Orleans la música lo encuentra a uno: grupos de músicos invaden las calles, restaurantes, librerías, paseos y todo rincón de la ciudad. Nueva Orleans transpira música desde sus raíces donde quiera que uno se encuentre.

Mardi Gras, New Orleans.

Mardi Gras, New Orleans.

Mardi Gras. El desfile de carnaval es el suceso de mayor impacto económico y cultural que tiene la ciudad durante el año, el atractivo por excelencia que cautiva a los turistas en busca de diversión. Habiéndose iniciado la tradición en 1699, su celebración es hoy una de las fiestas carnavalescas más celebérrimas e importantes del mundo. Su nombre hace referencia a los tiempos en que los pobladores se daban su último atracón, antes del miércoles de ceniza, para arrancar así el período de abstinencia previo a la Semana Santa. Si bien el epicentro de la festividad es el célebre martes, en las semanas anteriores ya se viven los preparativos: se testean las carrozas y se cocinan las riquísimas king cakes. Dos semanas antes de la fecha indicada, comienzan los desfiles que van aumentando en fervor y entusiasmo jornada tras jornada. Sin embargo, el clímax llega el mismo martes. Entonces, los diferentes grupos llamados krewes desfilan con sus carrozas y trajes al compás de contagiosa música, lanzando collares multicolores, medallones, juguetes y prendas íntimas. En general, la estridente procesión se inicia temprano, con el debut de la organización Zulu en el Uptown, y es prolongada por la peña Rex para terminar ambos en Canal Street. Otras sociedades menores los escoltan con sus carrozas y articulan pequeños eventos como los Pair-o-Dice Tumblers para luego irse de caravana por los bares. El Mardi Gras finaliza formalmente cuando se reúnen el rey y la reina de la añeja peña de Mistick Krewe of Comus con sus súbditos en el baile central del auditorio metropolitano. El Mardi Gras es desenfreno y ritmo, y contagia hasta al más tímido.

Cementerio de New Orleans.

Cementerio de New Orleans.

Museos. Después de recorrer el Mississippi en un típico barco de vapor, de visitar el aquarium, el zoológico y realizar otros paseos al aire libre, vale la pena dedicarse a los museos. Tal vez quiera introducirse en los reveladores testimonios de los veteranos de guerra que junto a aviones y tanques descansan en The National WWII Museum, dedicado a homenajear a aquellos hombres que participaron de la contienda y desembarcaron en Normandía. El arte reclama una visita a la Edgar Degas House, una mansión consagrada al maestro francés del impresionismo. Pero, seguramente, se quedará encantado con el pintoresco frente que ostenta The Historic New Orleans Collection. Por dentro, se exhiben fotografías y pinturas de la ciudad, además de documentos y escritos personales del dramaturgo Tennessee Williams.

Comida tipica de New Orleans.

Comida tipica de New Orleans.

Sabores. La comida en Nueva Orleans es un capítulo aparte. Las cocinas cajún y creole son la base de la exquisita gastronomía de la ciudad. La cajún es autóctona de inmigrantes canadienses-franceses que en 1755 se establecieron en el estado de Louisiana. Ellos desarrollaron una cocina basada en productos locales y métodos simples, utilizando lo que estaba disponible en el área, como el arroz, los langostinos y peces de río, el maíz, el trigo y la caña de azúcar. Hoy sigue siendo la base de muchos platos cajún, tales como el étouffée (un guiso de langostinos de río, cangrejo o camarones), el jambalaya (un arroz tipo paella con pollo o mariscos y chorizos andouille) y el gumbo (una sopa de pollo o mariscos y especias, espesada con el okra o ñajú). Otros conocidos platos de origen cajún son el crawfish boil (langostinos de río hervidos), el cochon au lait (el cochinillo entero), el gumbo z’herbes (gumbo vegetariano) y los pralines, que son dulces a base de pecanas, azúcar morena y crema. La cocina creole, por su parte, mezcla influencias francesas, franco-caribeñas, africanas, mediterráneas, italianas y americanas. Aunque los dos estilos comparten algunos ingredientes, hay acuerdo en que la cocina creole es más sofisticada que la cajún, ya que la primera se origina en el campo mientras que la segunda tiene raíces aristócratas. En el Fench Quarter es donde sobrevive con todo su esplendor la cocina clásica creole: célebres restaurantes como Antoine’s, fundado en 1840 y en manos de la misma familia desde entonces; Galatoire’s, Arnaud’s, Brennan’s, y el Court of Two Sisters son lugares que no puede dejar de visitar. Ostentan platos como el shrimp creole, camarones al estilo criollo, en una salsa a base de cebolla, apio y pimentón; el muffuletta, emparedado de origen siciliano, con quesos y embutidos untados de una pasta a base de aceitunas negras; los ostiones Rockefeller, gratinados con queso, perejil, mantequilla y migas de pan, datan de 1899 y fueron creados en honor a John Rockefeller en el restaurante Antoine’s; y el bananas foster, un postre clásico de bananas flambeadas con azúcar y ron, servido con helado de vainilla. Un poco más alejado, el Emeril’s Delmónico del famoso chef Emeril Lagasse le brindará un tour de sabores que jamás olvidará.


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