CLUB BILDERBERG: MULTIMILLONARIOS Y ADICTOS AL TRABAJO

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Para los simples mortales, la posesión de mucho pero mucho dinero implica una sola idea: no trabajar nunca más en la vida. Sin embargo, es hora de repensar este argumento. Entre el 9 y el 14 de junio se celebra en el Interalpen-Hotel Tyrol, un lujoso complejo hotelero en Austria, la reunión del Club Bilderberg. Se trata de la cumbre transatlántica anual a la que asisten altos cargos políticos y militares, directivos de bancos y las altas esferas de las empresas más grandes del mundo. Ni más ni menos que el encuentro de las fortunas más grandes del mundo.

A muchos de estos magnates les gusta definirse como adictos al trabajo, porque es una manera de justificar que su riqueza se debe únicamente al esfuerzo. Hay que admitirlo, pese a lo sorprendente que nos parezca a los simples mortales: aquellos que ya cuentan con abultadas fortunas, en lo último que piensan es en renunciar a trabajar. Incluso, su principal particularidad es el disfrutar la actividad que los convirtió en multimillonarios y no la abandonan así hayan realizado procesos de sucesión. ¿Fanatismo o clave del éxito?

Con el sudor de tu frente

Los multimillonarios no llevan una vida de vacaciones permanentes y, por el contrario, realmente se dedican a su trabajo. Por eso muchos se preguntan: ¿por qué lo hacen si cuentan con suficiente dinero para quedarse gozando plácidamente en sus yates o islas privadas? La primera respuesta es que su consagración al trabajo fue la que los transformó en magnates. Tiempo atrás la revista Forbes les preguntó a varios multimillonarios la razón que los llevaba a seguir en la oficina y las repuestas fueron “para seguir prosperando” y que no veían razón para frenar, pues hacen lo que les gusta.

Un caso paradigmático es el del estadounidense Bob Shullman, quien se convirtió en millonario al presidir la encuestadora Ipsos Mendelsohn. Se retiró en enero de 2012, pero al año lanzó una nueva empresa de investigaciones llamada Shullman Research Center. Su argumento para no dejar de trabajar fue que “le gusta vivir con un reto constante”. Otro caso ejemplar es el de Warren Buffett, con un patrimonio de 68 mil millones de dólares: el tercer hombre más rico del mundo continúa trabajando y dando consejos de inversión, pues las apuestas de su empresa Berkshire Hathaway son seguidas por Wall Street. Con 84 años y un cáncer, ni siquiera ha nombrado a su sucesor.

Un estudio llevado a cabo por el Spectrem Group, una firma de investigación de riqueza en Estados Unidos, encontró que el grupo de personas de bajo ingreso quizá desea retirarse antes, aunque esto no es igual para los multimillonarios quienes siguen trabajando hasta pasados los 70 años. El presidente de Spectrem, George H. Walper, destacó dos razones únicas por las que los multimillonarios no tienen una vida de retirados: “La mayoría de estas personas tienen sus propios negocios y no pueden dejarlos con la misma facilidad hasta poder encontrar un sucesor competente. Otra razón es quizá tienen una imagen de ellos mismos, que han adquirido por medio del arduo trabajo, por muchos años, y no pueden perderla”.

 


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