LOS FANTASMAS DE VILLA PAULA: ESPIRITUS DIPLOMATICOS

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Con la reanudación de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, el antiguo consulado de la isla en Miami volvió a tomar vida. Conozca la historia de este palacete y la dama de blanco que hace cosas extrañas en su interior.

Texto: Luciano Basteiro / Fotos: Eliseo Rivero / Reinaldo Lezama / Virginia Kozer

El mito podría servir de boceto para Alejandro Brugués, el cineasta que en 2011 dirigió Juan de los Muertos, la primera película de zombies en la isla caribeña, en ese cruce imposible de géneros de horror y alegato político. Y acontece justo en plena reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, tras medio siglo de guerra fría (¿o paz caliente?). Es que, parafraseando a Karl Marx, un fantasma recorre el interior del antiguo consulado cubano en Miami.

Una propiedad fantasmal

La recepcion de Villa Paula, Miami.

La recepcion de Villa Paula, Miami.

Luego del giro histórico impulsado por las administraciones de Barack Obama y Raúl Castro, se abrirá una nueva etapa de decisiones burocráticas. La ciudad mágica sería, a priori, el lugar más lógico para la apertura de un consulado ya que para hacerlo se tienen en cuenta en tres aspectos: población, comercio y turismo. Sin embargo, pese a la trascendencia cultural que tuvo el estado de Florida para los cubanos, su comunidad no ve con buenos ojos la instalación de una delegación diplomática. Por otra parte, en la actualidad, Miami cuenta con casi cuarenta oficinas de este tipo, es la quinta ciudad de Estados Unidos en término de misiones diplomáticas, con representación de casi todos los países del hemisferio, incluyendo algunas naciones de Europa y hasta de Japón.

Antes del congelamiento bilateral existieron cerca de una veintena de consulados cubanos en territorio norteamericano. En la Florida hubo sedes en las ciudades de Jacksonville, Tampa, Cayo Hueso y, desde luego, Miami. Las oficinas en esta última estaban localizadas en una elegante mansión llamada Villa Paula. Es un monumento propio de una época donde los detalles arquitectónicos mandaban. La fachada del edificio es blanca y la personalidad neoclásica se mantienen imperecederas en el barrio de Little Haiti, más precisamente en el número 5811 de North Miami Avenue. Cuenta con un jardín exuberante de flora y está lleno de esculturas, posee columnas jónicas en su frente, baldosa toscanas pintadas a mano y techos altos concebidos para que reinara la frescura en sus aposentos.

Vale recalcar que incluso antes del arribo del comunismo en Cuba, la casona había perdido su función, por lo que fue vendida en varias ocasiones, sufriendo las inclemencias propias del paso del tiempo. Cuando Cliff Ensor la adquirió en 1974, Villa Paula estaba en un estado de abandono desesperante: grupos de vándalos habían destruido sus ventanales, escrito pintadas en sus paredes y una parte estaba a punto de ser demolida. Ese antiguo propietario fue quien inició el lento proceso de rehabilitación. Y lo hizo desde la base. Barrió, colocó nuevas ventanas, reacondicionó su imponente hall y pasillos. Ensor tenía en claro que quería mantener el espíritu original de la vivienda. Claro que había otro espíritu dando vueltas. Ya hablaremos de él… o de ella.

A mediados de la década de 1980, el municipio le concedió estatus histórico a la construcción. Sus dueños actuales la adquirieron en 2003 por 275 mil dólares. Un hombre dedicado al negocio de bienes raíces no olvidaría de remarcar que en total posee diez habitaciones y dos baños. Uno de ellos fue el inversor Marc Swedroe quien, a contramano de la leyenda urbana, señaló que la casa es muy pacífica. Swedroe posteriormente tuvo problemas legales con sus socios, y Villa Paula terminó en manos de Martin Siskind y Dominick Tubito, quienes encararon una serie de nuevas remodelaciones para volver a su gloria original.

Desde entonces la mantienen como un museo con particular interés en el arte pictórico. En sus paredes hay cuadros de Pablo Picasso, bocetos de Renoir y trabajos de Alexander Calder, pero también de pintores cubanos como Manuel Vega. “No queremos que se pierda su historia, es cultura y tiene un sello singular”, le dijo a la televisión local Tubito.

Villa Paula y el fantasma de Doña Paula

Para la construcción de Villa Paula, en los primeros años de la década de 1920, el gobierno de la isla no escatimó gastos. Bien podría decirse que salvo el suelo, el resto era ciento por ciento cubano: los obreros, el arquitecto C. Freire y todos los materiales necesarios fueron traídos de mar adentro. Una de las directivas era la de emular el estilo arquitectónico que mandaba entre la alta sociedad de La Habana.

En las áreas cercanas a Villa Paula se dedicaban a la agricultura por lo que el paisaje era mucho más agreste. En ese entonces Fulgencio Batista daba sus primeros pasos como militar, el Che Guevara no había nacido y el presidente de Estados Unidos era Calvin Coolidge. “Fue una era de milagros, fue una era de arte, fue una era de excesos, fue una época de la sátira”, escribió F. Scott Fitzgerald en su célebre Tales of the Jazz Age. Y los ecos de esa época llegan hasta el día de hoy… pero de manera fantasmagórica.

Quien sería el diplomático cubano en Miami, Don Domingo Milord, decidió bautizarla Villa Paula en honor a su esposa. Mujer morena y de belleza enigmática en su juventud, Paula había llegado a Estados Unidos recién nacida. Durante la gesta revolucionaria, a fines del siglo XIX, había recaudado fondos para la independencia en el club patriótico cubano de Key West. Su matrimonio duró más de 40 años. La tragedia, de la casa y de la dama, comenzó cuando tuvieron que amputarle una pierna por una enfermedad. La esposa del cónsul no logró vivir mucho más. Tras fallecer, a los 61 años, sus restos fueron sepultados en el jardín trasero de la mansión. Ese sería el comienzo de la leyenda.

La fantasma ¿amigable?

Sala de estar de Villa Paula, Miami.

El gobierno cubano erigió Villa Paula en 1925 con mano de obra cubana y materiales ciento por ciento traídos de la isla.

En realidad, hay quienes afirman que la finada no pereció en la casa sino en un hospital local. Que fue enterrada en el cementerio de Woodlawn Park y no donde las crecidas raíces de un árbol tapan unas figuras religiosas. Un diseñador de moda cubano, Fernando García, que rentó la casa por un breve período de seis meses, fue taxativo: “No creo en fantasmas, pero en esa casa suceden cosas extrañas”.

El primero en darle entidad al mito fue su dueño de mediados de los años 70. Cliff Ensor confesó a propios y extraños que una mujer de cabello negro flotaba en el living arropada en un vestido largo, con una sola pierna a la vista. Ensor olía el preparado de un buen café pero no había nadie en la cocina y le llegaba el aroma de las rosas cuando estaban fuera de temporada. Las bombillas de luz explotaban. Que escuchaba un piano a lo lejos, y los pasos de tacones altos. Los platos y cubiertos se caían frecuentemente al piso, lo mismo sucedió con una lámpara de araña que cayó desde el techo destruyéndose. Pero lo que más lo alarmó fue la aparición de gatos muertos. Un amplio portal se cerraba de golpe en días sin viento para mala suerte de los felinos que pasaban por allí.

Ensor no se corrió espantado. Invitó a místicos y mantuvo sesiones de espiritismo en la casa. Emma Tandarich fue una de las psíquicas que investigó el lugar. Según su sondeo, eran cuatro las almas en pena que la habitaban. “Durante una noche se contactaron con un desgarbado hombre mayor con un sombrero de copa; luego con una señora gorda de vestido rojo; había otra mujer que lloraba y gritaba por haber perdido una medalla en el jardín; y una joven cubana desesperadamente triste por haber tenido un hijo ilegítimo en la casa hace décadas. El bebé había muerto al nacer y había sido enterrado cerca de Villa Paula. Ella estaba buscando su tumba”, escribieron Michael Norman y Beth Scott en el libro Historic Haunted America.

En una de esas sesiones, Tandarich logró canalizar un espíritu que fue concluyente: “¡No me gustan los gatos!”. Según pudo indagar Ensor, Muriel Reardon, una de sus antiguas habitantes, odiaba a los animales domésticos. “Cuando éramos chicas había un cuarto en particular al que nunca nos dejaban entrar”, le escribieron otras residentes.

Los cuentos inquietantes y la publicidad sobre Villa Paula aumentaron durante los años 80 (el tema llegó a la portada de la revista Tropic del Miami Herald) y asustaron a los haitianos locales. Los que pasaban frente a la casa se persignaban, aunque la mayoría directamente evitaba transitar por ahí. Como podrán imaginarse, Ensor tuvo problemas para poder vender la propiedad.

Un nuevo comienzo

Villa Paula

Semanas atrás unos cazafantasmas estuvieron haciendo un minucioso estudio sobre la existencia de espectros en la casa.

Con la reanudación de la diplomacia entre Cuba y Estados Unidos, la casa reclama su magnificencia. No obstante, también se resignifica su leyenda fantasmagórica. Hoy por hoy, los cazadores de fantasmas van hasta allí munidos de sus equipos e intentan registrar ectoplasma o sonidos del más allá. El pasado julio, David, Eric y Ana, pertenecientes al PRISM (Paranormal Research & Investigative Studies in Miami), visitaron Villa Paula acompañados por la hija del ama de llaves según un video que colgaron en YouTube. Dura poco más de ocho minutos y en repetidas ocasiones la captura psicofónica se detiene en un nombre: Paula.

Por otro lado, están los que aseguran que estos espectros son más bien hospitalarios. Uno de los artistas residente en Villa Paula, Joe Chirichigno, se fracturó hace algunos meses una de sus piernas. Mientras estaba en el jardín trasero, un antiguo bastón cayó de un árbol, justo enfrente de él. ¿Cómo llegó el bastón al árbol? ¿Por qué cayó justo en ese momento? Chirichigno cree que Paula quería ayudarlo.

Un mito más. Nadie sabe cómo pero, dos veces al año, aparecen flores donde, algunos creen y otros niegan, se encuentran los restos de Doña Paula Milord. Y los gatos siguen paseando por el lugar.


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