PRISIONEROS DE CALIFORNIA: GANAN BATALLA CONTRA LA RECLUSION EN AISLAMIENTO

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En una gran victoria de los derechos de los presos, las autoridades de California acordaron reducir en gran medida el uso del régimen de aislamiento, como parte de un acuerdo legal que puede tener grandes implicancias en las cárceles de todo Estados Unidos. El fallo se produce tras años de litigio por parte de un grupo de presos que estuvieron en aislamiento durante una década o más en la cárcel estatal de Pelican Bay, así como también tras huelgas de hambre de los prisioneros.

Texto: Amy Goodman & Denis Moynihan / Fotos: Adam Lyman / Neil Clark

Miles de prisioneros dejarán de estar recluidos en aislamiento en California gracias a un histórico acuerdo jurídico anunciado a principios de septiembre. Organizarse puede ser difícil, pero cuando lo hacen prisioneros recluidos en aislamiento, algunos de ellos durante décadas, resulta sorprendente. El acuerdo surgió de una demanda federal colectiva que alega que la reclusión en aislamiento por tiempo indefinido viola la prohibición establecida por la Constitución contra el castigo cruel e inusual.

Amparo de los más cercanos. El apoyo del grupo California Families to Abolish Solitary Confinemen fue fundamental.

Amparo de los más cercanos. El apoyo del grupo California Families to Abolish Solitary Confinemen fue fundamental.

Este grupo de reclusos se llaman a sí mismos Pelican Bay SHU Short Corridor Collective (Colectivo del Corredor Corto de la Unidad de Alojamiento Especial de Pelican Bay). Estos hombres han estado sometidos al régimen de aislamiento durante largos períodos de tiempo, algunos de ellos durante más de 20 años, en la prisión estatal de Pelican Bay en California, ubicada en el extremo norte de ese estado. Desde sus pequeñas celdas sin ventanas, comenzaron a hablar, a organizarse.

En julio de 2011, iniciaron una huelga de hambre en protesta contra las condiciones registradas en la Unidad de Alojamiento Especial (o SHU), el pabellón de reclusión en aislamiento de Pelican Bay. Participaron más de mil reclusos de ese pabellón. Tenían cinco puntos de demanda y, después de tres semanas, las autoridades presentaron una propuesta que los huelguistas consideraron una promesa de buena fe de efectuar una revisión de las políticas de la SHU. Meses después, luego de que no se tomara ninguna medida, iniciaron una huelga de hambre nuevamente. En esa oportunidad participaron más de 12 mil reclusos de toda California e incluso de otros estados.

El Center for Constitutional Rights (Centro para los Derechos Constitucionales), un estudio jurídico de interés público que se centra en derechos humanos, entabló una demanda en representación de todos los reclusos de las cárceles del sistema penitenciario de California acusados de integrar pandillas y, por lo tanto, enviados a la Unidad de Alojamiento Especial. Mientras la demanda se abría camino por el sistema judicial, se inició una tercera huelga de hambre, en julio de 2013. Participaron más de 60 mil prisioneros. El movimiento iba creciendo.

La lucha de las familias

Afuera, los familiares de los reclusos dieron una gran muestra de apoyo con la conformación del grupo California Families to Abolish Solitary Confinemen (Familias de California contra la Reclusión en Aislamiento). El hijo de Dolores Canales, John Martínez, permanece en aislamiento desde hace catorce años. Participó en todas las huelgas de hambre. Las siguientes son palabras expresadas por su madre en el noticiero Democracy Now!: “Hubo veces en que me escribió diciendo que no le caben dudas de que la Unidad de Alojamiento Especial de Pelican Bay fue diseñada únicamente para hacer que los hombres enloquezcan o se suiciden, porque esa es su existencia”.

Canales habló con nosotros recientemente, luego de que el acuerdo fuera anunciado: “Ni siquiera podía imaginarme en qué consistía la reclusión en aislamiento, la profundidad del aislamiento. En realidad no pensaba mucho en eso. Imagino que es algo de lo los familiares que nos abstraemos. Pero después de todo aquello, simplemente no pude parar de pensar en eso”.

Al preguntarle acerca de la organización de los familiares, Canales reflexionó: “No estaría aquí en este momento si no fuera por los cientos de familiares que salieron a hablar de la situación. Cada huelga de hambre que hicieron fue durante el verano: julio, agosto, septiembre, los meses más calurosos. Aún así, los familiares estuvieron afuera todos los días, vestidos con overoles naranja, con cadenas, esposas o megáfonos para llamar la atención de la sociedad, participando en numerosas mesas de discusión en universidades e iglesias, simplemente organizándose y movilizándose a lo largo y ancho de California, generando conciencia en torno a las condiciones que estaban padeciendo nuestros seres queridos”.

El prisionero Todd Ashker es uno de los referentes del Colectivo del Corredor Corto de la Unidad de Alojamiento Especial de Pelican Bay. Dado que no puede recibir llamadas telefónicas, es difícil acceder a sus palabras. En una grabación del período de las huelgas de hambre obtenida por Democracy Now!, Ashker, que es el demandante nombrado en el caso que derivó en el acuerdo, expresó: “La mayoría de nosotros nunca fue declarado culpable de haber cometido un delito relacionado con una pandilla. Pero estamos en la Unidad de Alojamiento Especial por una etiqueta. Y todas nuestras apelaciones y numerosas acciones legales no nos han llevado a ninguna parte. Por lo tanto, estamos entre la espada y la pared”. En uno de sus testimonios en ausencia, Ashker relató que, en represalia por organizarse, los agentes de la prisión habían colocado Plexiglass en la pared delantera de las celdas de la Unidad de Alojamiento Especial a fin de inhibir la capacidad del colectivo de hablar unos con otros.

La reclusión en aislamiento prolongada es tortura. El Relator Especial de Naciones Unidas sobre la Tortura, Juan Méndez, denunció en 2011: “Segregación, aislamiento, separación, reclusión celular, encierro, máxima seguridad, hoyo, Unidad de Alojamiento Especial, cualquiera sea el nombre que reciba, los estados de todo el país deberían prohibir la reclusión en aislamiento como forma de castigo”.

Jules Lobel, presidente del Centro para los Derechos Constitucionales y abogado que encabeza el caso, expresó: “Hasta el momento, California ha ubicado a miles de reclusos en aislamiento. Obviamente ello hace que se sientan muy enojados, frustrados, desesperanzados. Todos nuestros muchachos han experimentado esas sensaciones. Además, el confinamiento solitario genera lo que las ciencias sociales llaman ‘muerte social’. La gente pierde la capacidad de vincularse con otras personas y tiene muchas dificultades para relacionarse con gente en el mundo normal. Y muchas de estas personas van a salir de prisión. Estamos generando una situación en la que liberamos personas que estaban en régimen de aislamiento y que no pueden tener la capacidad de relacionarse en el mundo exterior”.

No sólo los reclusos y sus familiares se oponen al aislamiento. Al día siguiente de que se alcanzara el acuerdo, la Association of State Correctional Administrators (Asociación de Administradores de Correccionales Estatales) emitió un comunicado en el que, entre otras cosas, señaló: “El aislamiento prolongado de los individuos en las cárceles y prisiones constituye un grave problema en Estados Unidos. La insistencia en que haya cambios no proviene solamente de legisladores de todo el espectro político, jueces y muchas voces del sector privado, sino también de los directores de los sistemas correccionales tanto a nivel estatal como federal”. A continuación, esos mismos directores redactaron: “Hacer ese cambio es lo correcto”.

Nuevo régimen

Práctica inhumana. Según varias voces calificadas, cerca de 80 mil personas en Estados Unidos son puestas en aislamiento. El régimen de aislamiento implica tener a la gente en lugares sin ventanas, sin poder recibir llamadas telefónicas, incomunicada.

Práctica inhumana. Según varias voces calificadas, cerca de 80 mil personas en Estados Unidos son puestas en aislamiento. El régimen de aislamiento implica tener a la gente en lugares sin ventanas, sin poder recibir llamadas telefónicas, incomunicada.

En lugar del régimen de aislamiento solitario, el estado de California acordó la creación de pequeñas unidades de alta seguridad donde mantendrán a sus presos más peligrosos en grupos y en las cuales tendrán derecho a los mismos privilegios que el resto de la población carcelaria: visitas, llamadas telefónicas y concurrencia a los programas educativos y de rehabilitación.

Si bien California era líder en el país en la utilización del régimen de aislamiento, ahora esa posición queda en manos de Texas. De acuerdo con el Departamento de Correccionales y Rehabilitación (CDCD), California tiene actualmente unos 6400 reclusos en unidades de aislamiento, una cifra que se redujo de manera progresiva durante estos dos últimos años que el estado cambió sus criterios de comportamiento. Por eso espera que unos 1800 de estos prisioneros sean mudados de ese lugar.

Los representantes de las prisiones del estado han dicho que el aislamiento era fundamental para controlar la violencia en las cárceles y para limitar la influencia de pandillas en las calles, donde las ganancias de la venta de drogas son canalizadas de nuevo en las cuentas de los presos. Así, la Asociación de Oficiales de Paz de las Correccionales de California manifestó, en un comunicado, su desacuerdo con el arreglo asegurando que llevará a “regresar al ambiente de las prisiones de los años 70 y 80 cuando los homicidios de un recluso a otro presentaban los índices más altos y el personal de prisiones era asesinado”.

Frente a esto, psiquiatras forenses declararon a favor de los internos y sostuvieron que estas condiciones causan daño psicológico. Durante el anuncio del acuerdo, el portavoz de CDCR, Jeffrey Callison, informó que el sistema estatal utilizará espacio disponible en algunas prisiones para reubicar los presos que actualmente se encuentran en confinamiento solitario.


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