JEAN-PAUL GAULTIER: EXCÉNTRICO COMO ÉL SOLO

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No posee ninguna formación como diseñador de moda, pero siempre supo lo que quería hacer. Con confianza en sí mismo y una porción de descaro, envió algunos diseños a los famosos creadores de moda de su ciudad, París. Comenzó a trabajar para Pierre Cardin en 1970 como asistente, el punto de partida de una carrera llena de éxitos. Seis años después presentó su primera colección. Es un talento provocador que ha transformado el mundo de la moda. Han pasado casi cuatro décadas desde que Jean-Paul Gaultier deslumbrara con su primer desfile. Encuentro singular.

Texto: Isabelle Kumar (Euronews) / Fotos: Céline Porte / Clement Valette / Alex Rouvre / Julien Gottar / François Demoulin

ALMA MIAMI: ¿Está usted orgulloso de lo que ha conseguido durante su carrera?

Camisetas marineras, su marca personal. Cada gran modisto tiene su emblema y, en el caso de Jean-Paul Gaultier, son las rayas.

Camisetas marineras, su marca personal. Cada gran modisto tiene su emblema y, en el caso de Jean-Paul Gaultier, son las rayas.

JEAN-PAUL GAULTIER: Bueno, le diré que en conjunto, de lo que me siento más orgulloso es del hecho de ser yo mismo; es decir, desde pequeño quise dedicarme a este trabajo; había visto una película (Falbalas) que me mostró el camino. Yo quería hacer moda, desfiles, pero para mí los desfiles eran como los de la película: modelos andando como si fueran heroínas. Antes, cuando era niño, mentía porque no me sentía muy bien aceptado, jugaba mal al fútbol, y luego de golpe, haciendo este trabajo me dije: “Ya no tengo el derecho de mentir más porque he cumplido mi sueño de niño”.

AM: ¿Cuál es la cosa más importante que usted ha aprendido durante su trayectoria? Porque es muy diversa.

J-P.G.: Hasta he grabado un disco, que no ha sido ni mucho menos un éxito. He hecho un montón de cosas diferentes que jamás habría imaginado. Todas estas aventuras me han permitido vencer mi timidez, porque soy alguien muy tímido aunque no lo parezca.

AM: Las musas son muy importantes para usted. En su caso, un osito llamado Nana. ¿Cómo es eso?

J-P.G.: Cuando era pequeño, quería ponerme vestidos, quería tener una muñeca. Pero mis padres consideraban que para un niño quizá no era lo más adecuado. Y entonces, de buenas a primeras, le puse implantes a mi osito; es decir, senos cónicos hechos de cartón.

“Gracias a mi abuela descubrí el corsé, fue magnífico. Descubrí un mundo que no conocía y que me hizo soñar.”

AM: Los primeros senos cónicos.

J-P.G.: Cuando dicen que los hice por Madonna, no es verdad; en un principio fue para vestir a mi mascota. Posteriormente, en una colección en 1981, empecé a hacer los corsés. Una prenda que debo a mi abuela, porque ella tenía un corsé que parece ser que utilizaba para estrechar su cintura. Cuando era más joven para ceñirse su corsé, bebía vinagre; había que ajustar bien los cordones por detrás para contraer el estómago y tener menos cintura.

AM: Un instrumento de tortura convertido en una herramienta…

Extravagante único. Gauliter se nutre de la influencia artística, musical y la cultura cotidiana, lo que traduce en diseños creativos.

Extravagante único. Gauliter se nutre de la influencia artística, musical y la cultura cotidiana, lo que traduce en diseños creativos.

J-P.G.: De seducción. Aunque fíjese qué paradoja, llegué en la época del posfeminismo, es decir, cuando las mujeres se habían quitado sus sujetadores, los habían quemado como signo de libertad. Pero había otras mujeres –quizá sus hijas– que querían justamente lo contrario, seducir, pero seduciendo no como un objeto. Para mí, el objeto ha sido el hombre, el hombre objeto. Por eso mi primera colección masculina fue “Hombre objeto”.

AM: Su abuela fue una persona muy importante para usted. Gracias a ella descubrió el corsé, pero también la costura, el maquillaje, el mundo de las mujeres. ¿Qué es lo que más le fascinaba?

J-P.G.: Me sentía a gusto. En la escuela enseguida encontré mucho más interesantes a las chicas que a los chicos. Con la misma edad, ellas tenían otros intereses más cercanos a los míos, que me hacían descubrir muchas más cosas que los chicos que sólo en jugar al fútbol; por cierto, no paro de decir cosas contra el fútbol, pero esto era un poco lo que sucedía. Estaba muy contento y muy bien con las chicas, y mi abuela me dejaba una libertad total. Como era hijo único, los jueves me quedaba en su casa, era el día que no había colegio; podía ver toda la televisión que quería, incluso los programas que estaban prohibidos a los menores. Con ella descubrí el corsé, las plumas de los pájaros del paraíso, fue magnífico. Descubrí un mundo que no conocía y que me hizo soñar.

AM: Usted viene de un mundo más normal, sus padres eran de clase media. Y creció en un apartamento de protección oficial.

J-P.G.: Exacto, en una ciudad comunista, en Arcueil, en el cinturón sur de París. Yo podía soñar, pensar en otras cosas y así fue como mi universo de sueños empezó a enriquecerse.

“Cuando uno cree, cuando está convencido, pasa por múltiples vicisitudes pero al final lo consigue.”

AM: ¿Qué pensaban sus padres? Porque su madre era cajera y, si no me equivoco, su padre era contable. Usted era un niño bastante excéntrico.

“La moda es mi forma de vida, pero también es un estilo que se reinventa con la evolución de la sociedad”, dice el modisto.

“La moda es mi forma de vida, pero también es un estilo que se reinventa con la evolución de la sociedad”, dice el modisto.

J-P.G.: No, no tenían ningún temor. Porque, imagínese, me dejaban dibujar. No fui a ninguna escuela de moda. Leía las revistas, las miraba, aprendía con los periódicos; en realidad, fui descubriendo la moda poco a poco. Al principio para mí eran como la Biblia, algunas veces cuestionaba las cosas que me decían. Luego cada vez más, siempre más. Y es así como he aprendido, mientras practicaba. Por ejemplo, leyendo que Pierre Cardin había presentado su colección de alta costura con 300 modelos. Entonces me decía a mí mismo: “¡Voy a hacer 301 o 302!” Entré a trabajar en Cardin a los 18 años. Mis padres le enseñaron mis bocetos a un vecino cuya ex mujer era ilustradora de la revista Le Petit Echo de la Mode. Cuando vio los dibujos dijo: “Sí, tiene que hacer algo con estos bocetos”.

AM: Los envió a Pierre Cardin.

J-P.G.: ¡A todos los modistos! Pierre Cardin me respondió, y me contrató el mismo día en el que cumplí 18 años. Fui con mi madre porque fue ella quien descolgó el teléfono, tenía miedo de ir solo. Al final me esperó en la puerta. Fui a la plaza Beauvau, le vi y le dije: “Todavía voy al instituto”. El me respondió: “¿Cuándo puedes venir?” Le contesté, pues tal día por la tarde, este otro por la tarde, hasta que me dijo: “De acuerdo, estás contratado”.

AM: ¿Todavía se dan estas historias, estas coincidencias en el mundo de la moda?

J-P.G.: Creo que si uno quiere, puede. Sí, pienso que sí aunque de forma diferente. Las cosas se adaptan a los tiempos. Está internet, algo que antes no existía; los medios para comunicarse son diferentes aunque siempre hay sueños posibles. Cuando uno cree, cuando está convencido, pasa por múltiples vicisitudes pero al final lo consigue. Creo, realmente, que decir imposible no es muy francés.

AM: Usted es un apasionado del trabajo. Cada día tiene una nueva obsesión. ¿Cuál es su obsesión actual?

J-P.G.: ¡Ah! pues que he decidido terminar con mi prêt-à-porter porque llevo cuarenta años y ya está bien. El mundo ha cambiado, tenemos menos libertad que antes pero, desde el punto de vista de la creatividad, he tenido la oportunidad de conocer la verdadera libertad. Y si bien en cierta medida continúo, me he jubilado del prêt-à-porter aunque voy a seguir haciendo alta costura, y también me embarcaré en otros proyectos.

“Admiro a las personas que construyen su propio universo y que a veces no son exactamente como la imagen que uno tiene de ellas.”

AM: ¿Cuáles son?

J-P.G.: Hacer vestidos para un espectáculo, además de una revista. Quizás un día haga una revista. Por otro lado, colecciones cápsula a un precio asequible para Japón y para Australia. La democratización continúa pero de otra forma.

AM: ¿Cuándo se retirará?

J-P.G.: Le diré una cosa. Empecé a trabajar incluso antes de tener realmente un trabajo. Si un buen día no me puedo mover y no puedo hacer nada más, siempre podría seguir con mis pequeños bocetos; o imaginar y luego pedir a alguien que los dibujara, por placer.

AM: Volvamos sobre el hecho de que deja el prêt-à-porter. Usted ha sido bastante crítico de la moda.

J-P.G.: ¿Sí? ¿En qué sentido?

AM: Que todo va demasiado rápido, que uno jamás tiene el tiempo de innovar.

J-P.G.: Ah, pero esto no es una crítica de la moda, de los vestidos, es una crítica del sistema. Sí, porque estamos en un período de crisis y no creo que haciendo más modelos, más vestidos, podamos arreglar las cosas. No creo tampoco que ofreciendo los trajes para que hagan publicidad personas que pueden comprarlos, esto solucione las cosas. Trabajar gratis no es bueno para la gente, algo que puede interpretarse como un menosprecio para quienes confeccionan los vestidos.

AM: Usted acaba de introducir mi pregunta sobre la responsabilidad social. Le guste o no, pienso que usted tiene cierta responsabilidad social como modisto y como personaje público. Existen multitud de escándalos como los de las fábricas de Bangladés, la forma en la que las personas son tratadas como esclavos. ¿Esto le afecta? ¿Va a hacer alguna cosa?

J-P.G.: Evidentemente que me afecta, aunque no sé cuál es la solución. No soy político, tampoco un economista, me resulta difícil decir cuál es la solución.

AM: Cuando nos dice que va a hacer colecciones cápsula, prêt-a-porter más asequible, ¿sabe dónde se fabrican los tejidos, los vestidos?

J-P.G.: Por supuesto, sé que hay muchas cosas que se fabrican en China, eso es evidente. Observo… Lo siento pero no tengo una solución. No es a mí a quién debe preguntar. Es a los señores políticos, ¡son ellos quienes deben mover el culo!

AM: Hablemos de su carrera y de Madonna, otra musa verdaderamente muy importante para usted. Han tejido su amistad a través de sus pechos cónicos, pero ¿qué le atrajo de ella?

J-P.G.: En principio, éramos verdaderos gemelos. En el sentido en el que ella era la mujer que mostraba aquello que yo representaba también en mis vestidos. Es decir, yo hacía trajes bastante masculinos pero con los corsés. Era como la imagen del poder y de la seducción al mismo tiempo. Y esto es exactamente lo que ella encarnaba.

AM: Sí, pero ¿es cierto que usted le pidió matrimonio?

J-P.G.: Tres veces aunque me dijo que no las tres veces. Creo que es mejor así.

AM: ¿Por qué le pidió matrimonio? Aunque no quiero inmiscuirme…

J-P.G.: Fue algo más bien simbólico, como una especie de acercamiento sobre la forma de ver las cosas respecto a la sexualidad, a la relación entre hombres y mujeres. A fin de cuentas, yo veía esta sensación de ser almas gemelas como la culminación de algo. Y lo más bello que le podía ofrecer era el matrimonio, algo que ella no compartía. Y a los hechos me remito, ella después se divorció dos veces.

AM: Respecto al tema de la sexualidad. ¿Fue más como un amor platónico?

J-P.G.: No sé. Porque al fin y al cabo ella era muy macho, y eso me gustaba. Se convirtió en mi musa, adoro como baila, canta y lo que transmite con sus canciones. Su forma de moverse, de hablar logró que la admirara. Fue fabuloso trabajar con ella.

AM: ¿Quién ha sido su preferida entre las actrices que han llevado sus vestidos?

J-P.G.: Si hablamos de una actriz preferida, evidentemente diría Micheline Presle, porque fue quien me hizo involucrarme en este trabajo después de la película Falbalas. Y por supuesto hay musas como Catherine Deneuve que siempre representan a la mujer parisina. Admiro a las personas que construyen su propio universo y que a veces no son exactamente como la imagen que uno tiene de ellas. Es el caso de Catherine, que bajo ese aspecto frío y calculador, sabemos que es una persona abierta y curiosa.

AM: A usted también le atrae la imperfección.

J-P.G.: Sí, pero ¿qué es la imperfección? Es una forma diferente de ver las cosas. Rossy de Palma, por ejemplo, se autodefine como una especie de Picasso viviente. Un cuadro de Picasso, un personaje de Picasso. Para mí no hay una única forma de belleza, la belleza se manifiesta de maneras muy diferentes. Y la inteligencia y la belleza del espíritu siempre destacan. Hay personas que a medida que envejecen son todavía más bellas que cuando eran jóvenes.

AM: ¿Por qué utiliza modelos de cierta edad?

J-P.G.: De cierta edad y también de cierto peso. No solamente mujeres con más formas, también en ocasiones mujeres muy delgadas. No tengo ninguna idea preconcebida, ninguna ley que diga: “Una modelo tiene que ser como ésta”. Por el contrario, hay que cultivar la diferencia.

AM: Por esta razón le vemos un poco como a alguien que ha democratizado la moda, aunque el hecho de que usted vaya hacia la alta costura genera cierto recelo. ¿No es esto una contradicción con esa democratización?

J-P.G.: No, no lo creo, en el sentido que los vestidos de alta costura son, en efecto, los más caros, pero la alta costura permite también crear. La creatividad está muy limitada aunque nos permite vender muchas otras cosas, como los accesorios, los perfumes y después mostrar imágenes para que las personas puedan llevar un Gaultier inspirándose en mis creaciones.

“Hay personas que a medida que envejecen son todavía más bellas que cuando eran jóvenes.”

AM: Desafortunadamente muchas personas, como es mi caso, no tenemos la posibilidad de entrar en una tienda de Jean-Paul Gaultier. ¿Podría darnos dos o tres consejos para ayudarnos a ser elegantes?

From the Sidewalk to the Catwalk. Desde hace cuatro años la exposición sobre Gaultier se ha mostrado en grandes ciudades.

From the Sidewalk to the Catwalk. Desde hace cuatro años la exposición sobre Gaultier se ha mostrado en grandes ciudades.

J-P.G.: La primera cosa es trabajar sobre uno mismo. Es decir, creo que uno, al fin y al cabo, tiene que aceptarse tal y como es, mirarse y sacar provecho de cosas que a veces los demás no perciben. Se trata de aprender a no resignarse. Lo más importante es ser uno mismo. Sentirse bien, bien con lo que uno hace, con lo que uno mismo quiere hacer. Esto es lo principal y así todo irá bien. Cualquier prenda que elija le sentará bien.

AM: ¿Cómo ve su legado, su herencia?

J-P.G.: No pienso para nada en mi herencia. ¡No quiero ir a ver al notario!

AM: Entonces, ¿qué dejará al mundo de la moda? Pero conste que no quiero enterrarle ahora mismo ¡eh!

J-P.G.: Ya está el museo itinerante –The Fashion World of Jean Paul Gaultier: From the Sidewalk to the Catwalk–, para empezar algo es algo. Pero no lo sé, intento que la gente tenga una mayor amplitud de miras para darse cuenta de que no hay una única forma de belleza sino muchas formas de belleza.

AM: ¿Qué es la felicidad para usted?

J-P.G.: Sabiendo que no paro de trabajar como un loco –aunque para mí no es trabajo sino felicidad–, le diré eso; pero además también es estar a veces inmerso en un estado de contemplación. Es decir, que puedo encontrarme en mi cama viendo televisión y comiendo espaguetis. Eso puede ser la felicidad. O estar en Grecia, observando el volcán en Santorini: ¡es hermoso! Momentos como esos. La felicidad también son las sorpresas. Creo que es igual para todo el mundo, no hay nada más maravilloso que las sorpresas. Cuando todo va bien, cuando todo funciona, de repente ¡clac! Sucede algo inesperado y es formidable.

AM: Envejecer, ¿le disgusta?

J-P.G.: He sido afortunado teniendo una abuela excepcional que yo quería muchísimo. Para mí, la vejez representa la bondad, la grandeza de vivir, la belleza, y luego el amor de mi abuela. Así que envejecer no me da miedo.


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