ARGENTINA: VINOS SUSTENTABLES

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La región de Cuyo, en el centro occidental de Argentina, es célebre por sus viñedos y también por ser una de las principales víctimas de los efectos del cambio climático, como la desertificación y el deshielo. Ahora sus viticultores promueven una respuesta propia al fenómeno. Bodegas mendocinas fomentan el cuidado de recursos naturales y el ahorro de energía sin dejar de posicionar sus vinos entre los mejores del mundo. Expertos desmitifican el costo adicional de las prácticas eco-friendly con la imponente Cordillera de los Andes como telón de fondo.

Texto: Fabiana Frayssinet / Fotos: Gentileza Dominio del Plata

En la copa, el color púrpura y el sabor de la más tradicional variedad de uva argentina, la malbec, tienen la misma intensidad.

En la copa, el color púrpura y el sabor de la más tradicional variedad de uva argentina, la malbec, tienen la misma intensidad.

Pasado el mediodía, la actividad productiva no descansa: hombres experimentados en los viñedos y máquinas de última generación trabajan a la par una tarde templada de fines de octubre en Luján de Cuyo, Mendoza. “Nosotros hemos encarado dos aspectos fundamentales en la producción: ahorro de energía eléctrica y de agua”, asegura Carina Daguerre, responsable ambiental y encargada de la calidad de los vinos que se producen dentro de la coqueta bodega que lleva el nombre de Dominio del Plata. “En ambos aspectos estamos viendo también un importante ahorro económico”, garantiza mientras atraviesa el imponente campo que parece estar despertando de una siesta. En esta caminata, Carina explica cómo esta bodega familiar, ubicada en un territorio privilegiado, comenzó a implementar lo que actualmente se conoce como reconversión sustentable.

Esta región es una de las víctimas de los efectos del cambio climático en el mundo.

La región de Cuyo, en el centro occidental de Argentina, es reconocida internacionalmente por sus viñedos. Pequeños y hermosos destinos componen una escenografía perfecta. Con la Cordillera de los Andes como telón de fondo para frondosos álamos, que son el espectáculo del otoño, y una extensión enorme de manzanos, perales y cerezos regados por arroyos de deshielo que caen de las copas rocosas de la cadena montañosa como finos hilos plateados. Expresión e intensidad de un lugar esplendoroso.

Sin embargo, por otro lado, esta región es una de las víctimas de los efectos del cambio climático en el mundo: la desertificación y el deshielo azotan las tierras de esta zona mediterránea y mayoritariamente desértica, donde sus viñedos florecen en medio de oasis creados por y para la actividad humana. La provincia de Mendoza posee apenas el 4,8% de su territorio en esos oasis irrigados, que consume el 90% del recurso hídrico que abastece estas tierras.

Aquí, en el valle, la vida transcurre a un ritmo tranquilo, como si fuera una zamba eterna.

En las bodegas, la energía se utiliza en procesos de calentamiento, enfriamiento, bombeo para trasvase de líquidos e iluminación. Hoy, los especialistas promueven una respuesta propia al fenómeno que castiga la extensión de su territorio de trabajo. “Muchos piensan que invertir en prácticas ecológicas tiene un costo adicional y que no trae ganancias significativas para la empresa. Nuestra experiencia demuestra que no es así”, comentan desde Dominio del Plata a modo de bienvenida. El sector vitivinícola, que representa un porcentaje significativo del Producto Interno Bruto de Argentina y es uno de los principales rasgos identitarios del país, también busca reducir su consumo energético.

Reconversión sustentable

Práctica sustentable. Su producción sintetiza una práctica de reconversión ambiental en Mendoza, que comenzó hace cuatro años.

Práctica sustentable. Su producción sintetiza una práctica de reconversión ambiental en Mendoza, que comenzó hace cuatro años.

Fruto de la comunión entre ésta Borgoña sudamericana y la constante innovación nació una amplia gama de cepas de altísimo nivel. Desde malbec, cabernet sauvignon, merlot, syrha y tempranillo hasta torrontés, chardonnay y sauvignon blanc. En sus distintas vertientes, la producción vitivinícola se multiplica en cantidad y gana en diversidad estética y temática. Bajo la majestuosidad de la Cordillera, donde el sol calienta 300 días al año y las noches obligan a acurrucarse junto a un fogón, nace una gran parte de los vinos argentinos que conquistan premios y menciones en todo el mundo. El caso de la bodega Dominio del Plata no es la excepción, que además de proponer una elaboración sustentable con parámetros estrictos de producción, recibe galardones por sus creaciones para todos los gustos.

Aquí, en el valle, la vida transcurre a un ritmo tranquilo, como si fuera una zamba eterna. Esta música tradicional argentina se reproduce en las guitarras de los campesinos cada vez que se asan carnes a la leña y, mientras esperan el asado, comparten un mate amargo. Las filas de viñedos se pueblan de uvas, sin apuro y con seguridad. Cada componente del paisaje acompaña la armonía que se respira. Dominio del Plata, una creación boutique de la exitosa emprendedora vitivinícola Susana Balbo, no escapa a estas consideraciones. La primera mujer licenciada en Enología es una de las especialistas más importantes de este país y es, gracias a su enorme trayectoria, una constante fuente de ideas revolucionarias en el mundo del vino. El estilo del edificio principal de la bodega es lo suficientemente impactante para atraer curiosos de todo el mundo y tiene la dosis justa de humildad para no opacar el esplendor del horizonte que lo enmarca: colores cálidos y simpleza familiar, a imagen y semejanza de una puesta de sol a más de mil metros sobre el nivel del mar.

El tamaño de las barricas varía según sus características. Las hay de diversos materiales también. El gran recinto donde se posicionan los receptáculos se encuentra poblado de hombres y mujeres en plena labor: “Con esta máquina en cinco minutos se realiza el lavado. Reducimos el consumo en unos 60 mil litros de agua por mes”, precisa Carina Daguerre mientras muestra el funcionamiento de las hidrolavadoras industriales que sustituyen el arduo trabajo manual de lavado de las grandes barricas que transportan las uvas cosechadas. Antes, con unas cinco personas cumpliendo esta tarea, el lavado demoraba unos 20 minutos por unidad: “En tres meses de cosecha, son 180 mil litros de agua menos”, concluye mientras las máquinas limpian rápidamente los restos de uvas.

Durante la producción se logró el ahorro de agua de una manera significativa. Cambian equipos y se optimizan los resultados. Debido a que la principal fuente de recursos hídricos proviene del deshielo cordillerano, y como es sabido, el recurso no es infinito, se exige un cuidado extremo del agua. Esta reconversión sustentable se aplica fundamentalmente en enjuagues, lavados, calefacción y enfriamiento, donde se emplea la totalidad de este elemento destinado a la actividad vinícola.

“A su vez, ese agua de lavado cae en una canaleta, va a una planta de tratamiento y se utiliza para el riego de los viñedos”, agrega la responsable de calidad de Dominio del Plata, entretanto exhibe el circuito que termina definiendo el caudal de agua. La acidez de la uva remanente es perjudicial para el aclimatamiento del terroir –el terruño, conjunto de factores que definen y describen la región geográfica donde está emplazado el viñedo– aclaran en un tramo de la visita a la bodega que descansa sobre el imponente Cordón del Plata.

“Aquí llevamos un registro del agua que ingresa y la temperatura que logramos. Con esta medida hemos reducido un 15% en el consumo de energía que se usaba en este sector para calentamiento”, ilustra Carina Daguerre en una sección específica de las barricas fabricadas de metal. Los muebles y puertas confeccionados con antiguos toneles de roble aparecen en toda la bodega a medida que avanza la jornada como símbolos de la reconversión constante que profesa esta empresa.

Durante la producción se logró el ahorro de agua de una manera significativa. Cambian equipos y se optimizan los resultados.

“Estamos trabajando con cajas que ya hemos reciclado muchísimas veces”, asegura al mostrar una caja con la marca distintiva de la firma. Esta se parece a cualquier otra caja que puede encontrarse en el mercado. La empresa mendocina también aprovecha insumos ecológicos como botellas de menor peso, etiquetas recicladas y, por supuesto, cajas más livianas por el menor uso de cartón. Todos los plásticos y otros residuos como botellas rotas son clasificados y reutilizados. El beneficio ambiental, como expresó apenas comenzó su recorrido por las instalaciones, trae consigo un ahorro considerable de costos.

Un certificado enmarcado en el edificio de la compañía Susana Balbo Wines explica que fue nombrada en 2015 como una bodega avanzada en el Pacto Mundial de las Naciones Unidas. Este reconocimiento premia el esfuerzo que a lo largo de los años la empresa demostró en su ética y en sus políticas en los procesos, que están alineados a los 10 principios del Pacto Global, un liderazgo y gestión de sustentabilidad corporativa y otros objetivos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Agentes de un cambio necesario

Dominio del Plata, una bodega familiar ubicada al pie de la Cordillera de los Andes, implementa algunas de esas prácticas.

Dominio del Plata, una bodega familiar ubicada al pie de la Cordillera de los Andes, implementa algunas de esas prácticas.

Los propios sistemas de riego se están mejorando en Mendoza. Un 90% de este recurso se utiliza para actividades agrícolas y su déficit crece como problema estructural para las secas tierras de la provincia. “Podemos vernos seriamente afectados en un recurso que es vital para la provincia. El elemento que controla el desarrollo regional es el agua”, destaca el experto en geociencias Ricardo Villalba, ex director del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, con sede en Mendoza. “Nuestra provincia vive fundamentalmente del agua que se acumula a través de nieve en la cordillera, y todos los pronósticos y modelos globales indican que esa nieve a lo largo del tiempo disminuirá”, advirtie Villalba, quien integra el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático.

Dentro un escenario de calentamiento global que exige muchos replanteos, el vino busca ser un agente de cambio sostenible. Por eso las bodegas argentinas están desarrollando un trabajo en conjunto para generar un sistema productivo amigable con el medioambiente; más de la mitad de las casas productoras se encuentran ligadas al “Programa Federal de Producción Más Limpia”, una iniciativa del Estado argentino, que mediante su Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, tiene el objetivo de beneficiar a las empresas que propongan acciones de producción más limpia. Actualmente, este programa beneficia a unas 1.250 pequeñas y medianas empresas del país sudamericano.

“Buscamos la misma cantidad de producción gastando menos agua, menos energía, minimizando y reutilizando desechos, y generando menos contaminación”, resume el coordinador mendocino del programa, Germán Micic. En el mismo, que se ejecuta con apoyo técnico y administrativo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y con fondos del Banco Interamericano de Desarrollo, participan solamente en Mendoza 50 bodegas que reciben asesoramiento y recursos por hasta un tope de 28 mil dólares.

“En cada una de estas necesidades podemos incorporar modificaciones de equipo o de proceso, que permiten ahorrar fuertemente energía. Desde ‘enchaquetamiento’ (cobertura) de tanques para la conservación eficiente de temperatura, hasta cambio de bombas de nueva generación para mayor caudal y menor consumo energético, pasando por el cambio de compresores y de luminarias”, precisa Micic.

El sabor de la tierra

“El terroir, terruño o como más les guste, existe”, afirma, sin titubeos, Edgardo del Popolo, gerente general de Dominio del Plata y enólogo rockstar de Argentina. “En los últimos 20 años no vi un inicio de brotación como éste. Los sitios en donde la vid brota a fines de septiembre pasaron a mediados de octubre, en los que ocurre la primera semana de este mes, a fines. Algunos aún duermen, ni se enteraron de que en dos días es noviembre y en una semana debieran estar en flor”, señala cuando observa las filas de los nuevos brotes de vides que ostentan un color verde claro. Los suelos responden a innumerables variables y ningún ciclo es igual al anterior.

Dentro un escenario de calentamiento global que exige muchos replanteos, el vino busca ser un agente de cambio sostenible.

Para los amantes de la vida al aire libre y el contacto con la naturaleza, el valle cuenta con numerosas actividades que van desde ciclismo de montaña, vuelos en parapente, cabalgatas hasta el límite con Chile, pasando por la práctica de polo, golf y trekking. Y según comenta Lara, una joven lugareña dedicada al turismo en el circuito de viñas, el paisaje mendocino tiene que ser vivido. Además de la amplitud de sus campos inundados de verde y el incesante trabajo de la bodega, esta firma cuenta con un restaurante que sigue la línea simple y hogareña de las instalaciones ubicadas en Luján de Cuyo. Osadía de Crear se llama el espacio pensado para aquellos que quieren disfrutar de una cocina fusión entre lo regional y elementos de la cocina tradicional mediterránea.

El vino seleccionado para comenzar el recorrido por el colorido universo vitivinícola de Dominio del Plata es un Crios malbec. Y como todo crío, encandila por su frescura y alegría. Los tintes púrpuras y el sabor de la más tradicional variedad de uva argentina tienen la misma intensidad. Ciruelas, cerezas negras y rojas se funden con la aspereza leve de las barricas de roble francés donde reposan las uvas algo más de nueve meses. En el paladar, la madera y los frutos son abundantes. Los enólogos, además de grandes conocedores, son artistas: la licencia poética que se toman es un rasgo fundamental para conservar y exacerbar toda la expresión de la fruta.

“Crios conecta con jóvenes y aventureros consumidores de vino que ansían descubrir la tipicidad de cada varietal y el encanto de cada región”, indica Carina mientras sirve un plato para renovar energías: un exquisito bife de Aberdeen AnGus, acompañado de ratatouille y caviar de setas. Este plato, presentado en una tabla de madera curva como una escultura, simboliza la elegancia agreste característica de la región y es, por lejos, un compañero ideal para el vino. “Sé valiente” reza la etiqueta dorsal de la botella. Como cantaba el reconocido intérprete folklórico argentino, Atahualpa Yupanqui, con una valentía admirable en su canción Zamba del grillo, hay caminos que siempre “trajeron de vuelta sentires que nunca se harán olvido”. Este vino, con su carácter y sabores, parece trazar los caminos que remiten a toda una región y que jamás se perderán en la memoria. El más profundo sabor de la tierra, como recompensa a estas prácticas conscientes.

Asentada en el profundo conocimiento y experiencia de los miembros de la familia, que durante décadas han conducido la elaboración de vinos de alta calidad y en la aplicación de la más moderna tecnología enológica en el procesamiento de la uva y del vino, Dominio del Plata es el ejemplo a seguir. Por detrás, lejos de la vorágine industrial, su producción sintetiza una práctica de reconversión ambiental.

El atardecer estalla en nubes rosáceas y los primeros aromas a fuego empiezan a invadir el aire. No falta mucho para que comience la noche y los lugareños preparan algunos fogones en las inmediaciones de la bodega. Termina otra jornada en Luján de Cuyo, Mendoza, y el suelo argentino, con toda su belleza, parece agradecer a los hombres y mujeres que piensan en su futuro.


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