A 35 AÑOS DEL MARIEL: DE LA LIBERTAD AL ESTIGMA

0

Entre abril y septiembre de 1980 se produjo uno de los movimientos migratorios más significativos del siglo XX. Conocido como el “Exodo del Mariel”, permitió la llegada de 125 mil cubanos a Estados Unidos. Si bien la mayoría de los exiliados eran personas de bien, el régimen de Fidel Castro filtró en la ola migratoria una importante cantidad de delincuentes y enfermos mentales. Tratados como “escoria” en los días previos a su salida de Cuba, los “marielitos” –como fueron conocidos después– soportaron la carga del estigma, generado por los malos hábitos de unos pocos, durante décadas. Se cumplen 35 años de un calvario que les permitió escapar de la isla, pero que los marcaría para siempre.

Texto: Alex Gasquet / Fotos: Gentileza Coast Guard / Florida Memory

La diáspora. Miami se vio superada por la masiva y repentina llegada de ciudadanos que huían del régimen de Fidel Castro.

La diáspora. Miami se vio superada por la masiva y repentina llegada de ciudadanos que huían del régimen de Fidel Castro.

El 1 de abril de 1980 un grupo de disidentes cubanos estrelló un autobús contra la verja de la embajada de Perú, en La Habana, en cuyo interior viajaban varias personas con intenciones de pedir asilo político. El régimen de Fidel Castro, contrariado por la negativa del gobierno del Perú a entregar a los asilados, retiró la guardia oficial de los exteriores de la delegación diplomática. El resultado fue la incursión de 10.800 ciudadanos cubanos, en su mayoría jóvenes, en la embajada, provocando un caos logístico de proporciones.

Forzado por la situación, por la exposición internacional y por su propia tozudez, Fidel anunciaría pocos días después la apertura del puerto del Mariel para darle salida a todos aquellos que quisieran emigrar de Cuba. Una decisión que acabó por funcionar como un multiplicador de la crisis, poniendo en evidencia el desencanto y la desesperación de miles de personas por recuperar su libertad. Desbordado por una realidad difícil de contener, Fidel comenzó una campaña de estigmatización y de violencia psicológica que ha afectado a los migrantes del Mariel durante décadas.

El gobierno de Cuba instaba a la población a identificar y hostigar a “los traidores”, “la escoria”.

El gobierno de Cuba instaba a la población a identificar y hostigar a “los traidores”, “la escoria”. El escritor cubano Indagel Betancourt relató que a sus siete años, en una noche de 1980, se vio junto a unos primos tirando huevos a la casa de un vecino. “La situación era extraña, supongo que me habrá divertido la complicidad de ser un pequeño bandido haciendo travesuras. Pero no se me olvida nunca cuando llegó un auto del gobierno y el dueño de la casa salió con su equipaje a subirse en aquel auto azul. Era alto, de unos 50 años tal vez, de rostro largo y calvicie prominente. Un huevo impactó contra su frente. El hombre sacó un pañuelo, se limpió lentamente y dijo: ‘Guarden los huevos, los van a necesitar’”.

Este fue el comienzo de uno de los fenómenos migratorios más impactantes del siglo XX que terminó con la salida de 125 mil cubanos en un período de cinco meses. Era el comienzo del “Exodo del Mariel”, una historia que transformó la vida de cientos de miles de personas a ambos lados del estrecho de Florida y que cambió para siempre la fisonomía de la ciudad de Miami. La diáspora terminó oficialmente el 26 de septiembre de 1980, cuando soldados cubanos ordenaron a los últimos 150 barcos en el puerto del Mariel que lo abandonaran sin pasajeros. Finalizaba la historia del Mariel en Cuba. Pero de este lado del estrecho de Florida, la repercusión del Mariel apenas estaba comenzando.

Dos testimonios

“Yo tenía 11 años. Era lo suficientemente grande como para recordar y lo suficientemente pequeña como para estar aterrorizada. Fue una larga odisea. Nosotros, mi familia, mis padres, mi hermano y yo, estuvimos en casa durante muchos días antes de que el gobierno viniera a buscarnos para llevarnos al puerto. Así que fue un largo tiempo para esperar en casa, dos o tres semanas, tal vez más. Cuando nos recogieron con un auto del gobierno no nos llevaron al puerto sino a un campo de explotación, donde pasamos un poco más de una semana hasta que nos trasladaron a un segundo campamento, llamado El Mosquito; un lugar infame. Y allí pasamos unos días más antes de que nos llevaran al puerto del Mariel. Abordamos un barco camaronero lleno de gente, mucho, mucho más de su capacidad y luego un viaje de 24 horas. Muy mal tiempo, el océano más oscuro que he visto en mi vida, las olas que venían constantemente sobre el barco. Parecían edificios a ambos lados de la embarcación. Sí, fue una terrible experiencia en un lugar aterrador. Finalmente llegamos a Key West en la madrugada del 4 de junio; todavía estaba oscuro, y al final del muelle había una magnífica y enorme máquina de Coca-Cola. Allí supe que estaba en Estados Unidos.” Maydel Santana Bravo, directora de relaciones con los medios de la Universidad Internacional de la Florida, en entrevista con NPR.

“Yo tenía 15 años y fui uno de exiliados en la embajada de Perú. Me asilé allí por once días junto a mi mamá. Entonces Fidel abrió las puertas y dijo que todos los que se querían ir se podían ir. Y yo aproveché esa oportunidad porque sabía que existía algo mejor. Quería conocer la libertad y quería tener otro tipo de derechos y de porvenir. Le dije a mi mamá que me iba y mi mamá fue prácticamente la que me siguió a mí. Nos iban a mandar a Perú, pero abrieron el Mariel y así fue como llegué a Miami. Nos metieron en un barco. El barco se llamaba Isabel; nunca se me olvidará. Era de dos señores cubanos que habían ido a buscar a su familia y desafortunadamente no le dieron la familia a ellos. Nos pusieron en el barco y nos dijeron que éramos escoria. Pasamos dos días en un campamento que se llamaba El Mosquito: fue algo horrible. Sinceramente cuando llegué bloqueé por casi siete años todo eso como un trauma psicológico y no me acordé nunca más de nada. Después, cuando me hice adulta y tuve hijos, fue cuando empecé a recordar otra vez. Estuve muchos años sin decir que era ‘marielita’. Yo decía que había venido porque mi abuelo llevaba aquí muchos años, y que había llegado en avión aunque nunca había viajado en avión. Lo dije durante muchos, muchos años porque la verdad me daba vergüenza. La opinión pública de los marielitos era horrible. Fidel quiso cambiar la idea política y la imagen de las personas y decir que todo el mundo que había venido eran ladrones y gente de la cárcel. Lo que hizo fue abrir las cárceles de Cuba y le empezó a dar salida a toda esa gente. Lo sé porque lo viví. Pero no toda la gente que vino era así. Eso no fue verdad. La gente que se asiló en la embajada de Perú era gente profesional, y de cierto nivel alto.” Diana Contreras, gerente de ventas de una de las mayores cadenas hoteleras del país, a la BBC. Diana está casada y tiene una hija.

Fidel Castro tenía un plan

Consecuencias fatales para Miami. Castro aprovechó la crisis para vaciar las cárceles de presos comunes y enviarlos a EEUU.

Consecuencias fatales para Miami. Castro aprovechó la crisis para vaciar las cárceles de presos comunes y enviarlos a EEUU.

Según el Departamento de Estado arribaron a Estados Unidos desde el puerto del Mariel 125 mil personas. Todas ellas sin visa y algunas sin documentación. En el proceso de entrevistas llevado a cabo por el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS, por su sigla en inglés) durante 1980 más de 23 mil personas declararon tener antecedentes penales en Cuba. Muchas de ellas comenzaron a delinquir rápidamente en Estados Unidos. Fidel Castro, después de todo, tenía un plan.

Veinte años luego de la primera ola migratoria desde Cuba, en los albores de la revolución, las noticias que llegaban a La Habana de los cubanos asilados en Miami eran, en su mayoría, historias de éxito. Fidel Castro quería demostrar que los que querían salir de Cuba, los que renegaban del régimen, eran vagos, delincuentes, y homosexuales.

Fidel había “limpiado” sus cárceles y sus hospitales mentales, mezclando su población carcelaria con familias enteras que pugnaban por salir.

Cuando los cubanos ya afincados en Miami se enteraron de la posibilidad de traer a Estados Unidos a sus familiares, construyeron rápidamente un puente marítimo que iba de Key West al puerto del Mariel, en Cuba. Embarcaciones de todos los tamaños zarpaban al rescate de sus familias. Pero al llegar a Cuba, el gobierno obligaba a subir a los barcos a aquellos que estaban en el puerto con autorización de salida. Fidel había “limpiado” sus cárceles y sus hospitales mentales, mezclando su población carcelaria con familias enteras que pugnaban por salir.

El actual alcalde de Miami, Tomás Regalado, que en 1980 cubrió el éxodo como reportero, afirmó en una entrevista reciente que “las estimaciones más conservadoras aseguran que el 15% de los que llegaron eran delincuentes”. Sebastián Arcos, director asociado del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de Florida, ratificó sus dichos: “Los guardianes de las cárceles en Cuba leían listas de presos para soltarlos, los montaban en un vehículo y los llevaban hasta los barcos. A la gente que venía de Miami le decían que por cada familiar se tenían que llevar personas adicionales. Y en ese grupo había delincuentes y también espías”.

En pocos meses, el contingente del Mariel impactó en las estadísticas: creció el desempleo y también el número de pobres.

De los 125 mil cubanos que llegaron en ese momento, unos 100 mil se quedaron en Miami, después de una intervención del gobierno federal, que logró que 25 mil de los recién llegados fueran acogidos por otros estados. La envergadura del éxodo fue algo que sorprendió a todos por igual. Tanto en Cuba como en Estados Unidos. Para el mes de mayo de 1980 ya había 75 mil asilados en el sur de la Florida. Preparar alojamiento, comida, sanitarios y salud para esa cantidad de personas es un desafío difícil de imaginar. Escolarizar a más de 15 mil niños que no hablaban inglés o pensar en darles empleo a ese número de individuos parecía una meta inalcanzable.

En pocos meses, el contingente del Mariel impactó en las estadísticas: creció el desempleo y también el número de pobres. Más allá de la cantidad de frentes abiertos en esa época, el alcalde Regalado citó el incremento de la criminalidad como la consecuencia más nefasta de esta etapa: “La mayoría de los que llegaron eran buenas personas, pero los delincuentes que envió Castro siguieron delinquiendo aquí”, aseguró el alcalde.

Un artículo publicado el 11 de mayo de 1980 por el periódico The New York Times titulaba: “Enfermos mentales y criminales están incluidos en el éxodo cubano”. El periodista se encontraba en el puerto del Mariel y dio cuenta de un pequeño barco que alojaba personas muy por encima de su capacidad permitida. “El nombre del barco era Happy Valley. Yo estaba en ese barco”, aseguró. En el artículo, el periodista Edward Schumacher describió el Happy Valley como un barco de pesca de 70 pies con más de 200 cubanos a bordo que, o bien habían sido liberados de la cárcel, o de un instituto para enfermos mentales. También dio cuenta en esas mismas páginas que 200 delincuentes comunes fueron subidos a otro barco que contenía 420 refugiados, con destino a Key West. Schumacher lo describió así: “Los dos barcos, amarrados uno muy cerca del otro, están siendo utilizados para librar al país de delincuentes y personas mentalmente enfermas. Los soldados cubanos mezclan familias con estos criminales en un esfuerzo deliberado que es discutido aquí, abiertamente, por funcionarios cubanos”.

La ciudad del vicio

El arribo de miles de cubanos transformó la historia de Miami, que experimentó un cambio que tardó años en asimilar.

El arribo de miles de cubanos transformó la historia de Miami, que experimentó un cambio que tardó años en asimilar.

Los siguientes años fueron los que quedaron inmortalizados en la película Scarface y en la muy taquillera serie Miami Vice. Drogas, asesinatos, corrupción. A fines de 1980 Miami había duplicado su tasa de homicidios respecto del año anterior. Y a finales de 1981, la ciudad ostentaba un triste récord con la tasa de homicidios más alta del mundo, según un artículo de 1987 publicado en el New York Times.

Aunque hay mucho de verdad en la historia de Tony Montana, interpretada por Al Pacino, la crónica de la gran debacle de la ciudad de Miami ha sido mucho más compleja que eso. Es cierto que Fidel abrió las cárceles durante el éxodo de 1980, inundando las calles de Miami con delincuentes de toda calaña. Pero no es menos cierto que para esa época la ciudad ya estaba tomada por los cowboys de la cocaína. Un grupo ultra violento de narcotraficantes colombianos había convertido a Miami en un campo de tiro un año antes del Exodo del Mariel.

Tampoco puede dejarse de lado uno de los disturbios raciales más sangrientos de la historia de Estados Unidos –contemporáneo a la crisis del Mariel– que estalló en una de las comunidades negras de Miami y que se cobró 18 vidas después de que un jurado blanco absolvió de todo cargo a cuatro policías blancos que habían asesinado a golpes a un ex marine afroestadounidense llamado Arthur McDuffie. Es a esa ciudad de Miami a la que llegaron los migrantes del Mariel.

Con demasiados frentes de violencia fuera de control, una ciudad sitiada por 3 mil efectivos de la guardia nacional y una tensión racial creciente –cuyos vestigios se arrastran hasta el presente–, el departamento de policía se vio completamente desbordado. En aquellos tiempos, el personal policial lo componía casi en su totalidad oficiales angloparlantes. Pero la ciudad había cambiado.

El frente ya no era sólo la desconfianza y angustia de la comunidad afroestadounidense a raíz de los disturbios del caso McDuffie, el cuerpo de policías también fue repentinamente confrontado con una infranqueable barrera idiomática con los recién llegados del Mariel. La respuesta del departamento de policía fue una descontrolada contratación de nuevos agentes duplicando en poco tiempo el número de oficiales.

Un proceso que no tuvo filtros en el reclutamiento ni buscó un entrenamiento efectivo. Muchos de los nuevos policías eran criminales, corruptos o simplemente ineptos. En un período muy corto, los allanamientos ilegales, las estafas y la participación de la fuerza en el tráfico de drogas transformaron al departamento de policía de la ciudad en una de las agencias más corruptas del país. En 1985, más de 100 oficiales fueron arrestados, despedidos o disciplinados por su implicación en el caso conocido como “Miami River Cops Case”; un incidente en que los agentes asaltaron un barco cargado de drogas en el Miami River para robar 400 kilos de cocaína, arrojando a los distribuidores al río, donde la mayoría de ellos finalmente se ahogaron.

Los marielitos fueron discriminados hasta por la misma comunidad cubana en Miami.

Entre el crimen y el progreso

El origen del éxodo. La ocupación de la embajada peruana empujó a Fidel Castro a anunciar la apertura del puerto del Mariel.

El origen del éxodo. La ocupación de la embajada peruana empujó a Fidel Castro a anunciar la apertura del puerto del Mariel.

Treinta y cinco años después, el término “marielito” sigue teniendo un componente peyorativo. En Miami y, aunque en menor medida, en todo Estados Unidos, todos ellos quedaron manchados por delincuentes liberados por Fidel Castro, pero también por estar asociados a un momento crítico de una ciudad que se debatía entre el crimen y el progreso. Los marielitos fueron discriminados hasta por la misma comunidad cubana en Miami. Los que habían llegado en la década de 1960 miraban con recelo y desconfianza a este grupo de exiliados que traía 20 años de comunismo sobre sus espaldas.

Muchos de los exiliados cubanos se sintieron afectados después de haber trabajado tan duro para lograr la aceptación en su nuevo país y construir una reputación, para que esta nueva oleada de migrantes con su imagen de delincuentes y enfermos mentales estableciera un nuevo paradigma. Miles de angloparlantes huían de Miami buscando refugio en ciudades del noreste de Florida. Pancartas caseras de la época rezaban: “El último estadounidense en salir de Miami por favor traiga la bandera”. De acuerdo con informes del Censo de Estados Unidos, los blancos no hispanos eran el 48% de la población del condado Miami-Dade en 1980. Para 1990, esa tasa bajó al 32%.

El Exodo del Mariel tomó desprevenidos a todos. Al gobierno cubano, a las autoridades locales, a la Casa Blanca y cada uno de los habitantes de Miami. El gobierno federal quedó atrapado entre su retórica contra el régimen de Fidel Castro, la ley y la obligación moral de aceptar a los refugiados, entre los cuales recibía a diario una significativa cantidad de delincuentes que no podría deportar, ya que Cuba se negó sistemáticamente durante décadas a recibirlos de regreso.

Hoy, la población de origen cubano en Miami controla una parte importante de la economía y también de la política doméstica. Y la realidad demuestra que con el paso de los años la mayoría de los delincuentes fueron encarcelados o muertos y a pesar del caos, el resentimiento, la violencia y la discriminación, la gran mayoría de los marielitos se integraron honrada y silenciosamente a la fisonomía de la ciudad. Hoy son parte de un paisaje urbano que ayudaron a construir. Dueños de negocios, empresarios, médicos, abogados, ingenieros. Dedicados padres de familia que aportaron con su esfuerzo y dedicación a hacer de Miami lo que esta ciudad es en la actualidad.


Compartir.

Dejar un Comentario