ABU DHABI: EL EMIRATO DE LA CULTURA

0

¿Cómo puede hacer un país para pasar sin transición de la Edad Media al siglo XXI? La respuesta, tal vez, haya que ir a buscarla a orillas del Golfo Arabe-Pérsico, en el milagro económico protagonizado por Abu Dhabi: en menos de 40 años, ese diminuto emirato de beduinos –acorralado entre el Océano Indico y el desierto de Rub al Khali– se convirtió en el país más rico de la región y hoy se postula como “la París del mundo árabe”. Ya instaló una filial de la Universidad de la Sorbona, y en 2013 abrirá una sucursal del Museo del Louvre.

Texto: Agustín Atir / Fotos: AFP / AP

UAE-PRESIDENT

Los ciudadanos festejaban en las calles cada cumpleaños del jeque Zayid bin Sultan Al Nahyan, que falleció en 2004.

Abu Dhabi –que también se puede escribir Abou Dabi, Abu Dabi o Abou Dhabi– es, al mismo tiempo, una ciudad y una de las siete entidades políticas que forman la Unión de Emiratos Arabes (UEA). Sobre un territorio de apenas 67.340 kilómetros cuadrados viven 1,4 millones de habitantes que gozan –en promedio– de un ingreso per cápita de 49.700 dólares anuales, similar al de Estados Unidos. Esa distribución de la riqueza, sin embargo, es otro espejismo del desierto: la mayoría de los habitantes de Abu Dhabi son trabajadores inmigrantes –en su mayor parte palestinos y del subcontinente indio– que sólo ganan un modesto salario. La mayor parte de la riqueza que brota de los pozos petroleros se distribuye, en realidad, entre unas 280.000 personas, pues sólo el 20% de la población es de origen emiratí. El verdadero despegue de Abu Dhabi comenzó después de obtener la independencia de Gran Bretaña, en 1971. Convertida en capital de la UEA, la ciudad supo capitalizar su posición geográfica ideal –en la frontera entre dos mundos–, sus riquezas y las oportunidades que le ofreció la historia. El verdadero artífice de ese milagro fue el jeque Zayid bin Sultan Al Nahyan, que gobernó el país hasta su muerte en 2004. Más visionario y ambicioso que los otros monarcas de la región, el emir comprendió la fragilidad sobre la cual reposaba la economía del país: sus recursos petroleros, que en los años ’70 representaban la única fuente de divisas del país. Aunque el emirato concentra el 9,2% de las reservas petroleras del mundo y el 4% del gas, sabe que esa riqueza se agotará en menos de un siglo. Consciente de ese riesgo, decidió priorizar el desarrollo y diversificar la economía hasta convertirlo en el integrante más rico y más poblado de la UEA (70% de la riqueza y 40% de la población).

Gulf Cup - UAE v Kuwait

Gran expectativa en las tribunas del estadio Mohd Bin Zayed durante el partido de fútbol entre el seleccionado local y su par de Kuwait.

Para llegar a esa situación de privilegio en la región, el emir Zayid bin Sultan Al Nahyan aprovechó –en forma visionaria– el enorme flujo de capitales que recibió el país después del primer shock petrolero de 1973. En lugar de construir palacios versallescos en medio de las dunas, comprar yates y mansiones en la Costa Azul o abrir cuentas numeradas en Suiza, el monarca decidió invertir esos petrodólares en construir rutas, escuelas, hospitales, sentar las bases de una industria pesada, instalar centrales y redes eléctricas, lanzar proyectos de urbanismo y modernizar las instalaciones portuarias, sin olvidar la agricultura. De esa forma logró prevenir los traumas de una transición demasiado rápida de la Edad Media al siglo XX, como ocurrió en Kuwait y en Arabia Saudita. Esa medida le evitó dilapidar fortunas de petrodólares en importar alimentos, un fenómeno que continúa desangrando a los países de la región, como Qatar, Bahrein o el propio Kuwait. Las exportaciones de petróleo, de todos modos, aún representan dos tercios de la economía del emirato. (En ese sentido, su vecino Dubai logró mejores resultados: en 2005, según cifras oficiales, sólo 6% de su PIB provenía de los hidrocarburos, mientras que el resto de los ingresos corresponden a actividades de exportación e importación, producción industrial, comercio de sus zonas francas, turismo, finanzas y, desde 2002, al pujante sector de la construcción). Con una producción global de 2,6 millones de barriles diarios, los siete emiratos consumen apenas 100.000 barriles por día y exportan los 2,5 millones restantes. Esas exportaciones le dejaron a la UEA un excedente de 48.000 millones de dólares anuales, que son globalmente reinyectados en los programas de desarrollo. A fin de prepararse para cuando comiencen a agotarse los recursos petroleros, dentro de algunos decenios, Abu Dhabi lanzó a fines de los años ’90 un doble programa de apertura, destinado a captar capitales e inversiones extranjeras. Ese estímulo a la economía, sumado a la nueva estampida de los precios del petróleo, provocó un nuevo boom que se tradujo en índices de crecimiento del 5 al 10 por ciento anual. La muerte del jeque Zayid bin Sultan Al Nahyan, en 2004, no introdujo ningún cambio sustancial en la orientación estratégica del emirato. Su hijo, el jeque Khalifa bin Zayid al Nahyan –que también preside la UEA–, demostró que está dispuesto a seguir la misma política de dinamismo económico y prudencia diplomática.

Aunque el emirato concentra el 9,2% de las reservas petroleras del mundo y el 4% del gas, sabe que esa riqueza se agotará en menos de un siglo. Consciente de ese riesgo, el emir decidió priorizar el desarrollo y diversificar la economía hasta convertirlo en el integrante más rico y más poblado de la UEA (70% de la riqueza y 40% de la población).

HIGH TECH HOTEL

Un hombre camina sobre la explanada de la entrada VIP, en el Emirates Palace Hotel. Su construcción costó 3.000 millones dólares.

A los 59 años, el heredero demostró rápidamente que tenía dimensión de verdadero estadista. Como mano derecha de su padre, el delfín se preparó desde 1980 para dirigir el país, ocupando puestos cada vez más importantes en el gobierno. Pero desde el momento en que asumió el poder, decidió introducir su propio criterio. A diferencia de su padre, el nuevo monarca cree que para alcanzar la grandeza un país debe tener una fuerte dimensión cultural. A diferencia de su vecino Dubai, que ambiciona convertirse en la capital financiera de la región, el jeque al Nahyan pretende que su pequeño país sea la Atenas del mundo árabe, es decir, el foco donde se concentren el saber y la cultura de la región. Su proyecto cuenta con la coyuntura favorable que le propone la historia: desde que el Líbano volvió a ser atormentado por los demonios de la guerra, los potentados árabes dejaron de enviar a sus hijos a estudiar a Beirut, única capital de la región que actuaba como puente entre las culturas de Oriente y Occidente. Abu Dhabi tiene ahora esa posibilidad. “Quiero construir el París del mundo árabe”, confesó en un momento el jeque al Nahyan. El primer paso que dio en esa dirección fue crear una réplica autorizada de la Sorbona. A 5.245 kilómetros del Barrio Latino, los estudiantes pueden estudiar –con profesores franceses– exactamente las mismas disciplinas y con el mismo programa que se enseña en la venerable sede de la Rue des Ecoles, en París. La creación de una “Sorbona del desierto”, inaugurada en noviembre de 2006, constituye un auténtico acontecimiento en más de un sentido. En primer lugar, esta aventura representa una expresión de modernidad en una de las zonas del mundo árabe más amenazadas por el fantasma del integrismo religioso: conforme a los principios enunciados en el siglo XIII por su fundador, Robert de Sorbon, esa réplica construida al borde de las dunas es también mixta y laica. “Nuestros profesores les enseñarán el espíritu crítico y ustedes ejercerán la libertad de pensar”, les dijo el rector de la Sorbona, Jean-Robert Pitte, en el acto de inauguración en presencia del jeque. “Contrariamente a lo que cree el presidente norteamericano George W. Bush, vamos a probar que no hay buenas y malas civilizaciones, y que el Islam no es una máquina de guerra”, agregó. En segundo término, la Sorbona descubrió a través de esa experiencia inédita que existen posibilidades de exportar el símbolo más depurado de la cultura francesa: la enseñanza de las ciencias humanas y el espíritu del Siglo de las Luces. Por último, los diplomas de Abu Dhabi tienen exactamente el mismo valor que los certificados que entrega la Sorbona en su sede central en París. Por lo tanto, serán reconocidos en cualquier universidad del llamado “espacio europeo de enseñanza superior”.

La isla, unida a la ciudad por dos puentes y un túnel, tendrá también un Museo Marítimo –destinado a mostrar la fragilidad del equilibrio ecológico acuático–, un Centro de Artes Vivas que comprenderá cinco teatros, una ópera y una sala de espectáculos.

EMIRATES CAMEL STATUES

Contrastes. Una mujer árabe con su vestimenta típica en los coloridos pasillos de un prestigioso centro cultural en Abu Dhabi.

Esa universidad modelo comenzó el primer año con 162 inscriptos y en una sede provisoria. Pero el emir, que destina 35% del presupuesto nacional a la educación, tiene ambiciones más grandes. Para comenzar las actividades, puso a disposición de los estudiantes una biblioteca con 8.000 libros y prometió agregar 15.000 nuevos volúmenes cada año. En forma paralela destinó una partida de 33 millones de dólares para construir una réplica arquitectónica de la Sorbona, que será inaugurada en 2008. La única diferencia, en ese país musulmán, será el aspecto exterior de la célebre cúpula de la capilla, que se ejecutará en base a una interpretación local. A partir de ese momento, la universidad podrá concretar su objetivo de llegar a 1.500 estudiantes, cifra nada desdeñable comparada con los 6.500 inscriptos que tiene la Sorbona en París. Nada de eso es suficiente para el emir, decidido a convertir Abu Dhabi en un oasis cultural que –además de modernizar las mentalidades de ese país– llegará a ser un excelente negocio turístico como París. Como un milagro surgido de la lámpara de Aladino, la isla Saadiyat se transformará a partir de 2012 en el mayor centro cultural de Oriente Medio y uno de los más importantes del mundo. Esa franja de 2.700 hectáreas –ubicada a 500 metros de las costas de Abu Dhabi– tendrá cuatro museos y un gran centro de espectáculos que harán honor a su denominación. En árabe, el nombre de ese predio significa “isla de la felicidad”. El 1º de enero, el jeque presentó las maquetas de ese complejo que hará ingresar definitivamente al emirato en el siglo XXI.

CHENEY ZAYED

Gran expectativa en las tribunas del estadio Mohd Bin Zayed durante el partido de fútbol entre el seleccionado local y su par de Kuwait.

Una de las joyas de la isla será el Museo Guggenheim Abu Dhabi, un edificio futurista diseñado por el arquitecto norteamericano Frank Gehry, el mismo que diseñó el de Bilbao. Con una superficie de 30.000 metros cuadrados, será el más grande de los Guggenheim (Nueva York, Berlín, Bilbao, Las Vegas y Venecia). La isla, unida a la ciudad por dos puentes y un túnel, tendrá también un Museo Marítimo –destinado a mostrar la fragilidad del equilibrio ecológico acuático–, un Centro de Artes Vivas que comprenderá cinco teatros, una ópera y una gigantesca sala de espectáculos. Pero la cumbre de ese proyecto será una “sucursal” del Museo del Louvre, que funcionará en un edificio de 6.000 metros cuadrados diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel. Para concretar ese proyecto, que oficialmente se llamará Louvre Abu Dhabi, fueron necesarios 18 meses de negociaciones. Finalmente, el acuerdo definitivo se firmó el 6 de marzo pasado y, si se cumplen los plazos, abrirá sus puertas en 2013. El sistema acordado entre Francia y Abu Dhabi es bastante original. Además de las 300 obras que prestará el Louvre –hasta que el museo de Abu Dhabi tenga su propia colección–, también recibirá en préstamo piezas procedentes de otros museos franceses (Orsay, Versalles y Quai Branly).

El sistema acordado con Francia es bastante original. Además de las 300 obras que prestará el Louvre –hasta que el museo de Abu Dhabi tenga su propia colección–, también recibirá en préstamo piezas de otros museos franceses (Orsay, Versalles y Quai Branly).

HIGH TECH HOTEL

El Emirates Palace Hotel es uno de los más lujosos del mundo.

El contrato aclara que algunas joyas del Louvre –como la Gioconda o la Venus de Milo– no podrán salir del país por razones de fragilidad. El préstamo de cada obra debe ser objeto de una negociación específica para que “no exista obligación ni censura implícita”. Para Francia, que también padece graves problemas para financiar el presupuesto de sus museos, ese convenio le aporta un oxígeno inesperado: 1.300 millones de dólares en 30 años, de los cuales 500 son para poder utilizar el nombre Louvre. La novedad reside en que la legitimidad científica, la experiencia y las colecciones que aportará el Louvre tendrán una duración limitada: el emir pretende que en un plazo de 30 años el “Louvre de las dunas” posea sus propias colecciones y pueda comenzar a funcionar en forma autónoma. Al mismo tiempo, el Louvre organizará cuatro exposiciones temporarias por año, que serán –probablemente– cuatro acontecimientos culturales en la región. La creación de ese mecanismo no fue inocente. En la Isla de la Felicidad, que a término albergará una población de 150.000 personas, funcionará un colosal complejo hotelero para recibir a los contingentes de turistas que llegarán de toda la región para gozar de una vida cultural que allí no existía hasta ahora. Los promotores de ese proyecto confían en seducir el mercado de 3 millones de turistas que existe en la región más el interés que suscitará en Europa, Estados Unidos y Asia. Como no sólo de cultura vive el hombre, la isla tendrá además discretas actividades nocturnas –casinos y discotecas– e instalaciones al borde del mar con playas y actividades náuticas. El turismo tiene que convertirse, en pocos años, en una importante industria, capaz de reemplazar el ingreso de divisas que produce el petróleo. La única diferencia con otras experiencias temáticas rentables es que, en lugar de hacer un desangelado Las Vegas, Abu Dhabi optó por ensayar un modelo novedoso que concentrará lo mejor del tesoro cultural de París. No es poco mérito para un país en el que, hace apenas medio siglo, los beduinos se desplazaban en camello y comían dátiles y corderos. Hoy, después de haber construido el país más moderno de la región –sin necesidad de circular en Rolls Royce ni renegar de su religión–, empiezan a ser mirados con admiración por sus vecinos árabes.


Compartir.

Dejar un Comentario