AGUA: ORO LIQUIDO

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Aunque tiene el 20% del agua potable de todo el mundo y el mayor volumen de agua dulce per cápita, América Latina exhibe los peores índices de acceso a este recurso vital. Una situación que requiere medidas urgentes a la vista de otras cifras que indican que 6.300 millones de habitantes del Planeta ya requieren un 20% más de agua para vivir sanamente que la que ofrecen la infraestructura estatal y el mercado. Mientras, crece el comercio mundial de agua envasada con el objetivo de cubrir las necesidades de los sectores más vulnerables. El agua potable se perfila como el petróleo del siglo XXI y ya genera numerosos litigios. Tomar conciencia y ponerse manos a la obra parece el desafío de Latinoamérica en un futuro próximo.

Texto: Felipe Real / Fotos: AFP

En América Latina todo luce gigantesco y lleno de contrastes. Además de ostentar uno de los ríos más largos del mundo –el Amazonas–, posee el más ancho, el Río de la Plata que, a su vez, alberga uno de los riachuelos más contaminados. Sus grandes pantanales, glaciares eternos y lagos cristalinos, conviven en el continente con el desierto más seco de la Tierra, Atacama. Mientras que en ciertos parajes llueve eternamente, en otros pasan meses sin que caiga una gota. Debido a la complejidad y variedad de escenarios geográficos, resulta improbable obtener un diagnóstico general sobre la situación del uso y administración del agua potable. Sin embargo, hay características que se repiten a lo largo y ancho de la región. Entre ellas, se destacan el descuido del potencial hídrico y las necesidades insatisfechas de millones de personas, afectando especialmente a la población infantil y femenina. América Latina, una vez más, no puede convertir su potencial en bienestar para todos debido a la falta de políticas estratégicas. Una situación observada por el Tribunal Latinoamericano del Agua (TLA) que alertó sobre la pérdida acelerada de la sustentabilidad hídrica regional. “Sólo basta salir de las ciudades para comprobar que los ríos se están convirtiendo en estercoleros”, explicó el director del TLA, Javier Bogantes Díaz, que meses atrás hizo un llamado a todos los sectores sociales para que se priorice el asunto y se incluya en la agenda de debates públicos. “Salvar las diversas fuentes del líquido no es sólo una decisión política, sino de toda la gente”, postuló. Entre los países peor posicionados por el mal manejo hídrico y su vulnerabilidad figuran México, Perú y El Salvador.

Los integrantes del Mercosur tienen la sensación de estar sentados sobre un verdadero océano subterráneo de agua dulce, pues desde el Mato Grosso hasta las pampas rioplatenses se extiende el Acuífero Guaraní, reserva de agua de más de 1.200.000 km² de superficie, comparable al territorio de Portugal, España y Francia juntos. Su potencial y su capacidad de retroalimentación auguran que la región no sufrirá la anunciada escasez mundial de agua.

IGUAZU FALLS

Cerca de las cataratas del Iguazú, en la zona de la Triple Frontera, se encuentra el principal punto de recarga del Acuífero Guaraní, un océano subterráneo de agua dulce.

Desde el TLA alegan que atraviesan “estrés hídrico” y que si no quieren pasar de la luz amarilla al alerta roja, sus gobiernos deberán dictar nuevas regulaciones y presionar para que sean cumplidas por alcaldías e industrias. Perú perdió el 30% de sus glaciares debido al cambio climático, según explicó el congresista Isaac Mekler ante la Comisión sobre Cambio Climático del parlamento local, donde además aseguró que la escasez del agua podría enfrentar a su país con Chile. “El aumento del caudal del río Santa en Ancash, por ejemplo, es una mala señal porque signifi ca mayor deshielo en las cumbres”, graficó antes de señalar que el agua en su país podría aumentar exponencialmente su precio. Mar dulce. Comparados con los de la Costa Oeste, los países de la Costa Atlántica sudamericana poseen un clima diferente, y no sólo en lo meramente atmosférico, sino también en lo político. Como sus costas, la percepción pública sobre el tema del agua está a kilómetros de distancia. Los integrantes del Mercosur (bloque económico fundado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) tienen la sensación de estar sentados sobre un verdadero océano subterráneo de agua dulce, pues desde el Mato Grosso hasta las pampas rioplatenses se extiende el Acuífero Guaraní, reserva de agua de más de 1.200.000 km² de superficie, comparable al territorio de Portugal, España y Francia juntos. Su potencial y su capacidad de retroalimentación auguran que la región no sufrirá la anunciada escasez mundial de agua. Aunque durante años se descuidó este recurso vital, ciertos signos políticos comenzaron a generar mayor conciencia sobre el tema. La preocupación de estas naciones, entonces, pasa por otro lado. Se estima que los 6.300 millones de habitantes del Planeta ya requieren un 20% más de agua para vivir sanamente que la que les ofrecen la infraestructura estatal y el mercado. Se cree que hacia 2025 la demanda será un 56% superior a la que el suministro pueda brindar. Son muchos los que consideran que “el petróleo del siglo XXI será el agua” y “las guerras del futuro serán por el agua”.

Estados Unidos: Agua que no has de beber… Un 5% del agua potable es subterránea. El acuífero más grande, el Ogallala, se extiende desde Texas hasta Dakota del Sur e irriga un quinto de las tierras no desérticas del país. Su estado es alarmante: se achica cada año a una tasa de 12 mil millones de metros cúbicos (m3) y su reducción total sería de 325 mil millones de m3, un volumen que iguala el flujo anual de 18 ríos del estado de Colorado. Según la cadena británica BBC, el problema proviene de la acción de los granjeros tejanos de las praderas altas, que bombean el líquido más rápido de lo que la lluvia tarda en llenarlo. Dilemas del agua como recurso inagotable que llama a actualizar el dicho “Agua que no has de beber, déjala correr” a la nueva situación global.

Lejos de ser un postulado exclusivo de los grupos latinoamericanistas, en las academias militares estadounidenses ya analizan hipótesis de conflicto basadas en grandes migraciones desde las zonas secas de un país hacia los lugares con agua, produciendo enfrentamientos por el manejo de las fuentes. Sin embargo, la teoría que más irrita a los latinoamericanos es aquélla en la cual los países con grandes recursos hídricos son pretendidos y saqueados por las naciones más poderosas. En este sentido, la profesora Elsa Bruzzone, especialista en Geopolítica, asegura que el interés de la Administración Bush en la Triple Frontera (límite entre Argentina, Brasil y Paraguay) no se debe tanto al terrorismo como al control del principal punto de recarga del mencionado acuífero. Poco contribuyó a calmar las suspicacias el hecho de que a fines de 2001 la Organización Mundial de Comercio (OMC) comenzara las rondas de negociaciones para liberalizar los servicios públicos y la explotación de los recursos naturales, y que la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Banco Mundial (BM) impulsaran estudios sobre la situación del Acuífero Guaraní, las formas de conservarlo intacto y su factibilidad comercial. El influyente asesor especial de Política Externa del presidente brasileño, Luiz Inácio “Lula” da Silva manifestó su oposición y encargó estudios propios, mientras la opinión pública en esos países se irritaba con tales análisis en sintonía con el creciente malestar contra los organismos multilaterales de crédito y el sentimiento de antiamericanismo, reverdecido por las crisis financieras y políticas del modelo neoliberal que azotaban a la región por entonces. Aguas impuras. Si bien en el mundo todavía no se libran guerras por el agua, ya comenzaron las batallas filosóficas y legales. La disputa se dirime entre los lobbystas que pretenden que el agua sea considerada un commodity, es decir, una materia prima comercializable en el mercado mundial como el trigo o el café, y quienes plantean que el agua potable es un bien social relacionado con el derecho a la vida. Agrupaciones de ecologistas de todo el mundo y asociaciones de consumidores se han puesto en alerta tras las consecuencias ambientales y sociales de la privatización en todo el continente de las redes de suministro potable y cloacal. Incluso los que creían que era positivo que compañías transnacionales se hicieran cargo de estos servicios deben reconocer que las redes no se ampliaron durante los ´90 y el imperio de la lógica empresarial generó desbarajustes notorios: sólo un 10% de la población total de América Latina tiene acceso a la red de agua potable. Esto lo convierte en el continente más injusto frente al uso y acceso al vital líquido, pese a tener un 20% del total mundial y el mayor volumen de agua dulce per cápita. En sintonía con esta tendencia filosófica, y marcado por este escenario de contrastes, en Europa y Estados Unidos surgió un nuevo planteo que comenzó a replicarse en el sur y que tiene por objetivo enfrentar al mercado de agua mineral envasada. Este movimiento de consumidores responsables plantea que, aprovechando que pueblos enteros no tienen acceso al agua potable y la salubridad, las grandes corporaciones se lanzaron a vender agua embotellada que puede costar entre quinientas y mil veces más que beber la misma cantidad del grifo. “El Estado deserta de su obligación de brindar un elemento indispensable para la vida y la necesidad de la gente es cubierta por las compañías”, sintetiza una militante ecologista. Mientras en 1970 se vendían en el mundo mil millones de litros, en 2000 se negociaron 84 mil millones, registrando un crecimiento 80 veces superior y las ganancias fueron de 2.2 mil millones de dólares. “Las publicidades aseguran que el agua mineral es más saludable. Pero eso es una estrategia comercial. Si el agua es potable, tiene todo lo necesario para el cuerpo”, explicó un médico especializado en nutrición. En ciertos países de América Latina el consumo de agua envasada pasó de 5 litros por año por persona a 25, mientras bajo sus suelos se encuentran canales de agua pura o sus redes de distribución son tan confiables como las del Primer Mundo. Esa tendencia se reproduce en Estados Unidos, donde en 1976 cada persona consumía 7,5 litros anuales y ahora bebe más de 133. A finales de 2007, se realizó la campaña Think Outside the Bottle que señalaba que, además de la responsabilidad económica de producir agua envasada, este producto es antiecológico, pues deja como residuos decenas de miles de toneladas anuales de plástico, insumo que se produce con petróleo, bien tan escaso como el agua potable.


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