ANDY GARCIA: LEJOS DE CASA

0

A los 50 años y en el flamante rol de director, Andy García acaba de estrenar The Lost City, un filme que habla del exilio de los cubanos en tiempos de revolución y, necesariamente, sobre su propia historia. Luego de la llegada de Fidel Castro al gobierno, cuando el pequeño Andy tenía sólo cinco años, su familia decidió abandonar La Habana. Una ciudad perdida para el actor, a la que nunca ha vuelto hasta hoy. En Hollywood encontró su vocación, amigos y, tras una larga trayectoria interpretando historias ajenas, la posibilidad de hacer catarsis.

Texto: Megan Medrano Fotos: Archivo ALMA Magazine

ANDY GARCIA Y SU FAMILIA

García asiste con su esposa e hijas al estreno de The Lost City.

A mediados del año pasado, Andy García encaró un desafío formidable: debutar como director. Y quiso hacerlo con el sueño de siempre, que es recrear sus cinco años de vida en Cuba, su país inolvidable, del que está enamorado en todos los aspectos culturales: su música –el mambo, la rumba, el wawancó–, las costumbres que se han convertido ya en reminiscencias de tiempos remotos, pero que él conserva vívidos en su mente. Bajo el título The Lost City (La Ciudad Perdida) y nombres como la española Inés Sastre, Bill Murray y Dustin Hoffman, el filme fue estrenado a fines de abril en los Estados Unidos y abre expectativas por el impacto que pueda tener su llegada a las salas de América latina. “Esto es un sueño que lleva muchos años. Se basa en cosas que le han pasado a mi cultura, a mi patria, a mi familia. Es salgo muy personal”. Esa es tal vez la mejor definición que Andy García hizo sobre la idea, su idea, que cuenta una historia de amor en la isla, en tiempos de revolución, pero la trama roza su historia personal. El protagonista, Fico (interpretado por él mismo), es el dueño de un cabaret en La Habana que al igual que Andy es un hombre apasionado por la cultura y la gente cubanas. Con la llegada de los castristas al poder como marco, la trama es una historia de amor en la que la protagonista mujer aparece como una metáfora del afecto por la tierra natal. Con un presupuesto de 20 millones de dólares, gran parte de la producción se realizó en República Dominicana, cuyas locaciones le permitieron reconstruir con exactitud los ambientes cubanos de 1959, año en que la revolución castrista tomó el poder. Durante el estreno de The Lost City, Andy posó ante las cámaras con aires de satisfacción.

ANDY GARCIA como director en locaciones de Costa Rica

Estrenó su rol como director en locaciones de Costa Rica.

ANDY GARCIA: Tuve la idea en la cabeza durante muchos años. Con el esquema ya maduro en la mente, no encontraba un estudio para hacerla. Incluso ya tenía algunos actores. El guión está basado en parte en la novela Tres Tristes Tigres, de Guillermo Cabrera Infante.

ALMA MAGAZINE: ¿Y qué ha sido filmar esa película para ti?

A.G.: Una forma de catarsis. Es intentar curar las heridas de no haber podido crecer en el país donde nací. Por eso trato de recrearlo, para revivir la fantasía y lo que fue la realidad.

AM: Y ya que hablamos de soñar… ¿Sueñas con volver a Cuba?

A.G.: Siempre. Todo el tiempo. Pero sé muy bien que mientras Castro esté allí, no regresaré. Han pasado tantos años, pero el régimen no cambió nada. Sigue siendo totalitario, marxista-leninista, sin resquicios para la libertad. Sólo cuando Fidel desaparezca podrá amanecer una nueva Cuba.

AM: ¿Y como será esa nueva Cuba?

A.G.: Democrática. No lo dudes. Y de una pujanza fenomenal.

Decir no

Para los cronistas de Hollywood no fue difícil imaginarse la escena: el director Brian De Palma apoyado en su escritorio con un gesto de sorpresa, diciéndole a aquel joven que estaba de pie frente a él, casi impertérrito: “¿Así que no quieres ser Frank Nitti en mi película? Muchos desearían ese papel…”. El muchacho parecía resuelto. “Sí, lo sé. Pero prefiero ser Stone. No me gusta volver a ser villano”. El legendario director estaba perplejo. Ya muchos conocían que tenía en sus manos una película que daría la vuelta al mundo –Los Intocables–, y que Nitti iba a ser el “malo” estelar de la trama, lo que lo obligaba a no fallar en la elección del actor. Había visto a ese joven en 8 Million Ways to Die (Ocho millones de formas de morir) y era la imagen perfecta. Pero el muy cabeza dura le estaba pidiendo un cambio de planes. El joven –Andy García, uno de los más grandes actores hispanos de Estados Unidos– es la misma persona que está sentada ahora, 18 años después, frente al cronista, contando esa anécdota.

A.G.: Sabía que en ese momento estaba arriesgando mucho. Pero estaba decidido. No quería etiquetarme como otros actores hispanos del pasado en el rol del malo de la película. Quería que la gente me llegara a querer un día, y no que me identificara como el enemigo de la ley.

Andy Garcia actuando en The Lost City.

En The Lost City, interpreta al dueño de un cabaret en La Habana de 1959.

AM: Pero eran apenas los personajes. El hombre es otra cosa…

A.G.: ¿Sabes? Yo pienso que no es tan así. Llega un momento en que los personajes y los actores se funden en su personalidad. Y el público recibe esas cosas. En Los intocables hubo entonces un Stone ayudante de Elliot Ness con rostro hispano y poderosa atracción para el espectador. Andy García había soñado con ese momento desde los tiempos en que estudiaba en la Universidad Internacional de Miami, a pesar de que ya hacía cuatro años que había debutado en el cine. No sería un estereotipo. Sería un hombre auténtico y un actor con personalidad propia.

AM: ¿Hubo otras decisiones anteriores que fueron importantes para plasmar tu personalidad de hoy?

A.G.: Creo que sí. Por ejemplo, cuando rodaba la película The Mean Season –en 1985, dos años antes de Los Intocables–, alguien se acercó para ofrecerme un trabajo fijo para la serie de TV Cagney & Lacey. Era una oferta tentadora. Yo la agradecí sinceramente, pero no lo tomé. Mi idea era hacer cine, y sabía que, ocupando mi tiempo con esa serie, no podría seguir con lo mío.

Volver a empezar

En realidad, estas apuestas y elecciones parecieron signar muchas veces la vida de Andy. Su propio nacimiento –el 12 de abril de 1956, en La Habana– tuvo características excepcionales: los médicos le habían encontrado algo inusual en el hombro, que era nada menos que un hermano mellizo sin desarrollar. “Me lo cortaron”, dice el actor, tratando de no hablar demasiado del tema.

AM: ¿Cómo vivías con tu familia en La Habana?

A.G.: Mi padre era un abogado de buena posición económica, que siempre se destacó por su capacidad para la oratoria. Hablaba tan bien que lo llamaban “el alcalde”, aunque nunca había ocupado ese cargo. Cuando llegó Fidel Castro yo tenía solamente cinco años, aunque siempre digo que tengo recuerdos, reminiscencias, de aquella tierra que tanto amo y que nunca pude volver a ver.

AM: ¿Tu familia tuvo problemas con Fidel desde el primer momento?

A.G.: Todos sabían en casa que con Castro en el poder, la libertad sería un recuerdo en poco tiempo más. Así que el exilio fue algo inevitable. Pero para eso mi padre y mi madre debían dejar atrás un campo de 1.000 acres, con plantaciones de papas, porotos y abocados, sus carreras profesionales (mi madre era profesora de inglés) y bueno, la tierra propia, que era lo que más les dolía. Así aparecieron al poco tiempo todos en Miami, incluyendo al pequeño Andrés Arturo García Menéndez, de cinco años, para comenzar una vida nueva. La llegada fue tan precaria –la finca y el dinero habían quedado en Cuba– que el padre debió pedir una moneda de diez céntimos de dólar para hacer una llamada telefónica a su primo, que vivía en Tampa, Florida, para avisarle que habían llegado.

AM: Siempre has dicho que fueron años muy duros los primeros que vivieron en Estados Unidos…

A.G.: Por cierto. Mi padre tuvo que empezar desde cero. Pero finalmente pudo armar un negocio de importación de perfumes que le devolvió su bienestar económico. Y mi madre consiguió un puesto de secretaria. Yo, en cambio, tuve que integrarme a los tumbos, en más de un sentido. Al principio entendía muy poco el inglés, y entonces me defendía cada vez que intuía que estaban atacándome. Lo pienso ahora y me río, pero en ese momento era una cosa seria. Me tenía que hacer respetar, si era necesario a los golpes. Y mientras tanto, empecé a jugar al basketball, y la verdad es que lo hacía bastante bien.

AM: Allí hubo otra mano del destino, ¿no es así?

A.G.: Creo que sí. Cuando estaba más entusiasmado con el deporte, una hepatitis me dejó en cama el tiempo suficiente como para perderme un campeonato que tal vez hubiera cambiado mi futuro. En ese tiempo yo, mientras reposaba en cama, esperando que la enfermedad se retirara del todo, empecé a pensar en la actuación. “Sería hermoso… me gustaría ser actor”, me repetía cada vez más convencido de la idea. Por eso en poco tiempo me anoté en la Universidad Internacional de Miami para estudiar teatro, y, una vez graduado, me lancé a Hollywood con un pasaje de ida, a tentar suerte.

Siete años

El mundo latino había dejado ya su impronta en el cine norteamericano. Actores como Ricardo Montalbán, Ramón Navarro, Ricky Ricardo, José Ferrer y César Romero son nombres demasiado conocidos como para intentar siquiera una presentación. Andy García quería ser uno de ellos, pero conservando su identidad. “Cuando veían mi apellido, García, y mi rostro, enseguida me asociaban con los hispanos. Pero lo que yo nunca quise es que eso me determinara un rol, sin posibilidades de crecer con otra personalidad”, relata.

AM: ¿Te rechazaban cuando intentabas trabajar de actor?

A.G.: Me rechazaban apenas me veían. Algunos, inclusive, bruscamente. Con el apellido García y mi forma de hablar, no podían dudar de mi origen. Yo veía que pasaban los meses, y después los años, y que Hollywood me daba la espalda. Un día, un agente me llegó a decir que para trabajar tenía que cambiar todo: mi apellido, mi dentadura, mi peinado y el acento con que hablaba inglés…

Andy Garcia wawanco

Andy es un enamorado de los ritmos cubanos como el wawancó.

“Cuba libre, pero sin guerra”

Para Andrés Arturo García Menéndez –el nombre real de Andy García– no existen esperanzas de cambio en su país mientras Fidel Castro siga vivo. “No habrá Cuba libre mientras él esté allí. Y no va a dejar el país… Pero tarde o temprano, a todo perro le llega el día”. Vive su exilio como una tragedia. Según su óptica, “no ha habido ningún cambio en Cuba en todo el tiempo que lleva el régimen en el poder. Por ejemplo: hubo hace un tiempo un proyecto de reunir 10.000 firmas para pedir una elección y postular un candidato. Era una cláusula que el sistema permitía, tal vez pensando que era algo inalcanzable. Lo notable es que se consiguieron esas 10.000 firmas, pero pronto la gente que había firmado empezó a ir a la cárcel”. Tiene una definición contundente sobre Fidel: “Para conservarse en el poder durante 40 años, uno sólo puede ser extraordinariamente humanitario o extremadamente cruel. Esto es Castro”. Pero aclara: “Inevitablemente habrá una Cuba democrática. Pero no estoy de acuerdo con una intervención de Estados Unidos en mi país, al estilo de lo que ocurrió en Irak o Afganistán. Nadie quiere la guerra. Sueño con una Cuba libre, pero sin guerra”.

AM: Fueron siete años en Hollywood antes de que surgiera la primera oportunidad, ¿no es así?

A.G.: Siete años, sí. En ese tiempo ocurrió de todo: desde los rechazos que te dije hasta las huelgas de actores, que me obligaron a trabajar de cualquier cosa que se cruzara con tal de sobrevivir. Fui peón de mudanzas, mesero en un hotel de Beverly Hills y también obrero en el puerto. Allí mismo, en el puerto, un día, ocurrió algo especial. Estaba trabajando en unos camiones de la construcción, en Los Angeles. En un momento determinado, tenía que levantar una viga muy pesada, y necesitaba ayuda. Entonces vino otro de los obreros a ayudarme, y cuando terminamos con la viga, se quedó conversando conmigo. Yo le dije que estaba buscando trabajo como actor. Entonces el otro me miró y me dijo: “¿Sabes que yo soy productor?”. Increíble, si el productor no tenía trabajo, ¿qué podía esperar yo? Algunos trabajos artísticos, no obstante, se fueron cruzando en esos años de sequía. Hizo teatro para que lo vieran los productores. Se relacionó con la gente de MTM, que producía algunos shows para la TV, y hasta tuvo una anécdota curiosa en esos pequeños papeles: “En una serie me mataron un día, pero al otro día volví a aparecer. Yo estaba asombrado, pero llegó otro capítulo y me mataron otra vez. Cuando ya daba el trabajo por perdido, volvieron a llamarme. En total, me mataron tres veces. En ese momento, me parecía todo un elogio que volviera a aparecer después de que el personaje había muerto…”.

Muchos océanos En los últimos años, antes del estreno de The Lost City, Andy García mantuvo su vínculo público con Hollywood a través de Ocean’s Eleven y Ocean’s Twelve, donde trabaja junto a sus amigos de la industria, George Clooney, Julia Roberts, Matt Damon y Brad Pitt. En la tercera parte de la saga, Ocean´s Thirteen, a estrenarse en 2007, continuará personificando a Terry Benedict, el millonario dueño de hoteles y casinos en Las vegas. Ocean’s Thirteen (2007, en pre-producción) The Air I Breathe (2006, en pos-producción) Smokin’ Aces (2006, en post-producción) Ocean’s Twelve (2004) Just Like Mona (2003) Ocean’s Eleven (2001) The Man from Elysian Fields (2001) Dangerous Minds (1995) When a Man Loves a Woman (1994) Hero (1992) The Godfather: Part III (1990) Black Rain (1989) The Untouchables (1987) 8 Million Ways to Die (1986)

El precio de ser actor

AM: Además de negarte a ser villano, también fuiste consecuente con otra negativa: las escenas de sexo. ¿Sigues pensando lo mismo?

A.G.: Ni lo dudes. Siempre evité los productos excesivamente comerciales, y especialmente los que utilizan al sexo como arma para atraer a los espectadores. Yo soy un hombre de familia y vivo para mi mujer, mis tres hijas y el pequeño varón que nació último. Ese es mi estilo de vida, mi actitud. No me importa que en Hollywood haya miles de divorcios. Yo siento deseos de estar con mi familia todo el tiempo. Una vez me retiré de un programa porque me pidieron que me quitara la camisa. Les dije después: “¿Acaso no me conocen todavía?”.

Andy Garica en 2007, estreno Ocean s Thirteen

En 2007, estrenará Ocean´s Thirteen junto a sus amigos Clooney, Damon y Pitt.

AM: Vuelvo a tu familia. ¿Puedes decir que tras 20 años de casado sigues enamorado de tu esposa Marivi?

A.G.: Por supuesto. Todos seguimos muy unidos. Aunque a veces el trabajo se interpone, como le pasa a mucha gente. Por ejemplo, yo ahora me lamento de no haber podido ver, por esas razones, cómo mi pequeño Andrés Antonio se puso de pie por primera vez en la cuna. Me perdí ese momento. Ese es el precio que uno paga. Pero ojo, lo pago hasta cierto límite. Más allá, no. En su filmografía hay títulos muy importantes. El Padrino III, de 1990, mostró su único regreso al rol de villano: encarnó al protegido de Michael Corleone. Pero la ocasión era demasiado grande como para dejarla de lado. Enseguida volvió a su papel de “bueno de la película” cuando se convirtió de la noche a la mañana en el carismático protagonista de Hero, un verdadero héroe (junto a Dustin Hoffman y Geena Davis) y en el esposo amoroso de Meg Ryan en When a Man Loves a Woman (Cuando un hombre ama a una mujer). Esas cualidades son las que él elige en la vida real con su esposa María Victoria Lorida y sus hijas Dominick (20), Daniella (16), Allesandra (13) y el pequeño Andrés Antonio (3).

AM: Uno de los films que resultaron bisagra en tu carrera fue The Man From The Elysian Fields (El hombre de los Campos Elíseos). A muchos les pareció una novedad verte en ese papel…

A.G.: Mira, cuando me enviaron el guión me pareció inteligente pero un poco sobrecargado de sexo… ¿Cómo te diría?.. Demasiado gráfico, que, sabes, no es mi estilo. El personaje central era un escritor que no conseguía publicar su nuevo libro en una editorial y que, para sobrevivir, debió aceptar un puesto como gigoló. Cuando leí todo el guión propuse algunos cambios. Resulta que el escritor tenía relaciones sexuales explícitas con una mujer y en un momento dado ambos son descubiertos por el esposo de ella. Yo pedí, entonces, que en lugar de mostrar la escena, el marido se enterara de eso caminando por un pasillo, con sólo escuchar las voces de los amantes. Fue mucho más artístico y delicado.

AM: ¿Cumpliste el sueño americano cuando se estabilizó tu carrera?

A.G.: Creo que el sueño americano es poder tener la oportunidad de perseguir un sueño. Poder tener la habilidad y que nadie te diga que no lo puedes hacer. Ese es el sueño americano, tener la oportunidad de hacerlo. Y ser actor es parte de este sueño, pero también es un sueño cubano.

AM: ¿Qué opinas de otros actores hispanos como Antonio Banderas o Salma Hayek?

A.G.: Magníficos todos, y con mucho mérito. Yo estoy muy orgulloso de toda esa gente, también por compartir una cultura común. Pero nunca me entrenaron para ser actor hispano. Soy actor, y da la casualidad de que soy cubano. No me considero un actor latino.


Compartir.

Dejar un Comentario