ARGENTINA INAUGURA VUELCO A LA DERECHA EN AMÉRICA DEL SUR

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En un futuro próximo se sabrá si el triunfo de Mauricio Macri, quien asumirá la presidencia de Argentina este 10 de diciembre, eleva el globo de un cambio de época en América del Sur, con la irrupción de gobiernos conservadores en un escenario que en lo que va de siglo dominaron gobernantes llamados de izquierda. Luego de doce años de kirchnerismo y a catorce de la crisis de 2001, el país sudamericano rompe con la alternancia en el poder entre peronistas y radicales; pese a que estos últimos forman parte de la coalición vencedora del balotaje.

Texto: Mario Osava / Fotos: Máximo Alvear / Florencia Sanz

La economía deteriorada, aunque en distintos grados, es común a los países sudamericanos donde gobiernos llamados de izquierda tienden a caer sucesivamente, en un vuelco iniciado en Argentina y que parecería seguir en sus vecinos al norte. “No es posible aún definir si se trata del fin de un ciclo, pero sí hay una crisis de gran complejidad, con los gobiernos que yo llamo ‘distributivistas’ en dificultades, sobre todo en Brasil, Argentina y Venezuela”, evaluó el profesor Tullo Vigevani, de la Universidad Estadual Paulista.

“No es fin de un ciclo en América Latina, sino la mengua de un grupo de gobiernos con propensión al populismo asociado al nacionalismo”, definió por su parte el diplomático retirado Marcos Azambuja, ex embajador brasileño en Argentina y Francia. Izquierda es un concepto que perdió validez, agregó, prefiriendo hablar de gobiernos populistas, destacando los de países atlánticos. “Los de la costa del Pacífico son más modernos”, opinó.

Argentina sí vive el “fin de un ciclo con normalidad democrática que se debe celebrar”, tras 12 años de presidencia del binomio Kirchner, dijo Azambuja en referencia a las consecutivas presidencias de Néstor Kirchner (2003-2007) y de su esposa y sucesora Cristina Fernández, que entregará el poder este 10 de diciembre. Cercana al anterior y fallecido mandatario de Venezuela, Hugo Chávez (1999-2013), y a su sucesor Nicolás Maduro, Fernández se enfrentó en ocasiones con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, como cuando calificó de “ridícula” la declaración de Washington del gobierno de Caracas como una “amenaza para la seguridad nacional”. En contraposición, fortaleció los vínculos con los miembros del grupo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), en especial, aparte de Brasilia, con Beijing y Moscú, con los que firmó acuerdos relevantes en temas espaciales, de infraestructura, transporte y energía. China robusteció las reservas argentinas con créditos swaps (intercambios monetarios de bancos centrales).

Gobernabilidad

Cambio. La agencia de riesgo crediticio Moody's elevó la perspectiva de calificación de la Argentina de “estable” a “positiva”.

Mauricio Macri. Cambio. La agencia de riesgo crediticio Moody’s elevó la perspectiva de calificación de la Argentina de “estable” a “positiva”.

Uno de los grandes temas de la campaña proselitista argentina fue la dificultad que supondría que un gobierno no peronista arribe a la Casa Rosada: “Es que cualquier gobierno no peronista enfrenta duras dificultades en ese país”, advirtió Azambuja. Los dos últimos mandatarios no peronistas, Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando de la Rúa (1999-2001) no lograron concluir sus mandatos, renunciaron antes. Ese será un desafío para Mauricio Macri, jefe del gobierno de Buenos Aires desde 2007, quien ganó la segunda vuelta electoral el domingo 22 de noviembre, postulado por la opositora coalición Cambiemos, aglutinada por su partido, el conservador Propuesta Republicana (PRO), y la tradicional y cambiante Unión Cívica Radical. Pero si en el campo político él contará con la división del Partido Justicialista (peronista), que lo ayudó a ganar las elecciones, en lo económico tendrá que lidiar con una crisis que se prolonga hace años y que también fue decisiva en su victoria.

Estancamiento y consecuente desempleo elevado, inflación cercana al 30%, según analistas, pero reducida a la mitad en los índices oficiales, bajas reservas internacionales y un mercado negro donde los dólares se cotizan cerca del 50% por encima del cambio oficial, son algunos problemas que deja la administración Fernández. Además, hay distorsiones como fuerte protección a algunos sectores, gravámenes sobre exportaciones agrícolas y subsidios que afectan la producción nacional y el comercio con Brasil, que en un momento tuvo a Argentina como su principal mercado para exportaciones industriales.

Los cambios económicos que promete Macri, como poner fin al cambio controlado y a muchas restricciones al comercio exterior, tendrá efectos en las relaciones con los vecinos. Pero es su política externa la que podrá alterar dramáticamente el cuadro regional. Quiere, por ejemplo, excluir a Venezuela del Mercado Común del Sur (Mercosur), mientras persista el régimen actual de ese país, aplicándole la cláusula democrática del bloque, que ya llevó a la suspensión de Paraguay por más de un año, debido a la destitución del ex presidente Fernando Lugo en 2012.

Reacercamiento a Estados Unidos, acuerdos de comercio con la Unión Europea y bloques del Pacífico y mayor apertura comercial en general hacen parte de los planes de Macri, en contraposición a las tendencias proteccionistas de los gobiernos calificados de izquierda, populistas, “distributivistas” o bolivarianos, según los distintos vocabularios ideológicos. Sin embargo, espacios como el Mercosur, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanas y Caribeños (Celac) no entrarán en crisis por los cambios políticos en la región, según Vigévani. Son organismos de acción lenta, que “han servido adecuadamente a algunos objetivos limitados”, explicó.

Argentina sí vive el “fin de un ciclo con normalidad democrática que se debe celebrar”, tras 12 años de presidencia del binomio Kirchner.

Pero el sociólogo Gabriel Puricelli, vicepresidente del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP), considera que lo que Macri cuestiona “no es la existencia del Mercosur sino su funcionamiento. Seguramente Macri se inclinará más por un perfeccionamiento de los aspectos comerciales del Mercosur, que de verlo como un mecanismo político”. Para Puricelli, el Mercosur seguirá siendo una prioridad, entre otras cosas “porque resolver algunos de los problemas del comercio bilateral con Brasil es clave para resolver también parte de los problemas de estancamiento económico argentino”.

Por su parte, el columnista del periódico argentino La Nación indicó: “Estas declaraciones de política exterior no son inocentes. Enmarcan una nueva orientación para las relaciones internacionales que es indispensable para el regreso de Argentina a los mercados de crédito. Sin ese regreso, que supone liquidar el default que deja como herencia la señora de Kirchner, es imposible pensar en la unificación del mercado cambiario”.

Ola de cambios

El cambio en Argentina y las crisis de Brasil y Venezuela, con vertientes políticas y económicas, apuntan a una probable oleada en América Latina de gobiernos escorados a la derecha, liberales o neoliberales, con prioridad a la economía más que a las políticas sociales de sus antecesores. Sin embargo, son situaciones distintas. En Venezuela, con su economía en virtual colapso, “mi temor es que el chavismo moribundo tenga un desenlace no democrático, ante la fragilidad del presidente Nicolás Maduro, mientras en Brasil el cambio será seguramente democrático”, vaticinó Azambuja.

En esos tres países del lado Atlántico “no administraron adecuadamente la política económica, con bajas inversiones, baja tasa de ahorro y capacitación tecnológica y no supieron desarrollar políticas para ampliar, en lugar de disminuir, el consenso. Así se redujo decisivamente la capacidad de evitar avances liberales”, admitió Vigevani.

Brasil sufre una recesión económica desde fines de 2014, agravada por una inflación que se acerca al 10% al año y un déficit fiscal que asusta inversionistas. A todo eso se sumó un escándalo de corrupción que golpeó a la petrolera estatal Petrobrás e involucró a todas las grandes constructoras brasileñas y medio centenar de políticos. Asimismo, la campaña electoral que culminó con la reelección de la presidenta Dilma Rousseff en octubre de 2014 se hizo con un grado de violencia sin precedentes en confrontaciones y acusaciones que destruyeron posibilidades de diálogo y negociación.

En consecuencia, las contradicciones entre el discurso electoral y la práctica de gobierno quedaron tan enfáticas que le restaron legitimidad y popularidad a la mandataria, aprobada por menos del 10% de los entrevistados en las últimas encuestas y amenazada de inhabilitación. La pugna en que se convirtió la actividad política hizo inviable mayorías estables y por ende el ajuste fiscal, que exige la aprobación de recortes de gastos públicos y aumento de impuestos en un parlamento amotinado. Así se prolonga la crisis económica que el oficialismo atribuye al cuadro internacional adverso y la oposición a errores del gobierno en los últimos años.

“Los resultados económicos son factores importantes de ese vuelco que favorece a candidatos conservadores. Pero además de las crisis y la recesión, hay problemas teóricos de fondo a ser enfrentados, para los cuales tampoco los liberales tienen respuestas, resultando un equilibrio, incluso en el caso argentino. El distributivismo sin capacidad de inversión, de innovación y adecuación del sistema productivo no es suficiente, aunque necesario”, remarcó Vigevani.

Subestimar o conducir mal las cuestiones económicas parece ser un “talón de Aquiles” de gobiernos dichos de izquierda o populistas en América Latina. Esa maldición no alcanza a gobernantes que, aún siendo “distributivistas” y “bolivarianos”, adoptaron políticas económicas ortodoxas, como Evo Morales, en el poder en Bolivia desde 2006, y Rafael Correa, quien gobierna Ecuador desde 2007.

Por otra parte, no parece posible a los nuevos y futuros gobernantes, incluso los liberales, eliminar o siquiera reducir los programas sociales con que los gobiernos “populistas” sacaron millones de familias de la pobreza. Macri ya anunció que los mantendrá. Todo indica que es una dimensión que se incorporó a la política regional, mientras persista la pobreza y la desigualdad social en niveles considerados inaceptables, como ocurre en la mayoría de los países latinoamericanos en la que pese a las políticas de inclusión sigue siendo la región más desigual del mundo.


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