ARGENTINA: DE LOS “CRÍMENES PASIONALES” A LOS FEMICIDIOS

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En Argentina, miles de mujeres abandonaron sus puestos de trabajo en el marco de una huelga de mujeres en protesta contra la violencia de género y la brutal violación y asesinato de una joven de dieciséis años. Las manifestantes portaron carteles que decían: “Si tocan a una, reaccionamos todas”. En México, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos se llevaron a cabo también manifestaciones de protesta en solidaridad. La estadística de un femicidio cada 30 horas en Argentina se sostiene en los últimos años.

Texto: Fabiana Frayssinet / Fotos: María Julia Iglesias / Luciano De Lucca

Repudiar la violencia. Hablar de femicidios es nombrar las desigualdades estructurales que existen entre varones y mujeres.

Repudiar la violencia. Hablar de femicidios es nombrar las desigualdades estructurales que existen entre varones y mujeres.

Todavía hay diferencias en la tipificación de los femicidios, aunque el concepto comienza a afianzarse en Argentina. Ya no se habla de “crímenes pasionales” sino de asesinatos de género. El cambio de lenguaje es el primero de los muchos pasos que faltan para erradicar la cultura de violencia. Estas transformaciones conceptuales son el resultado de las movilizaciones feministas como la del 3 de junio de 2015 y las de este 2016, que se tradujeron en multitudinarias marchas bajo la consigna de “Ni Una Menos”. Entre ellas se destaca la última del 19 de octubre, tras el brutal asesinato de la adolescente Lucía Pérez. La joven de dieciséis años, de la ciudad bonaerense de Mar del Plata, fue drogada, violada y empalada hasta morir, un caso que unió a miles de mujeres y hombres, bajo una misma consigna: “Basta de femicidios”.

“Fue una movilización profundamente radical, de hermandad entre mujeres de identidades diversas que hacen de la diferencia una fuente de su poder”, dijo la coordinadora del Programa Sur-Sur del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Karina Bidaseca, que también integra la Red de Derechos Humanos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). “Si tocan a una, saltamos todas”, “Vivas nos queremos”, fueron otras consignas sentidas que trascendieron las fronteras nacionales, de América Latina hasta algunos países europeos como España y Francia, “lo que marca la posibilidad de imaginar y tejer un nuevo proyecto societal que cuestiona la cultura patriarcal en todas sus dimensiones”, agregó Bidaseca, autora del libro Escritos en los cuerpos racializados. Lenguas, memoria y genealogías (pos)coloniales del feminicidio.

La última movilización fue precedida por un “paro” de mujeres de una hora, bajo el lema “Si mi cuerpo no importa produzcan sin mí”. “Fue un paro de mujeres, inédito en la historia de las movilizaciones de mujeres, que muestra a través de esa consigna un cuerpo que se rebela al capital, que advierte el daño que está causando la crueldad en la malla simbólica y en la reproducción del capitalismo en el reparto de las riquezas que producimos las mujeres en las casas y fuera de nuestras casas”, destacó Bidaseca.

Desde el 25 de noviembre de 2014, está vigente el primer “Registro Nacional de Femicidios” de la Justicia Argentina, que comprende todas las causas por homicidios de mujeres (niñas, adolescentes y adultas) y perpetrados por varones por razones asociadas a su género. Conforme a ese informe, durante 2015, 235 mujeres fueron asesinadas por esa condición. En un 20% de los casos había denuncias previas por violencia de género y en un 70% las mató un conocido en el que alguna vez habían confiado. Sin embargo, apenas siete casos tuvieron condena.

Pero ese y otros registros considerados indispensables para diseñar políticas públicas contra la violencia de género, presentan diferencias con los de organizaciones no gubernamentales. Según el documento elaborado por La Casa del Encuentro a partir de informes de prensa, hubo 286 femicidios, además de otros 42 “vinculados” de hombres y niños en 2015. Bajo este concepto se incluyen las personas asesinadas al intentar impedir el femicidio o “atrapadas en la línea de fuego”.

También involucra a quienes tienen vínculo afectivo o familiar con la víctima, o que fueron asesinados por el femicida para castigar y destruir psicológicamente a quien consideran su propiedad. Además, el informe considera a “las víctimas colaterales”. Entre 2008 y 2015, 2518 hijas e hijos quedaron huérfanos, 1617 de los cuales eran menores de edad.

“Consideramos que tiene que haber ajustes porque hay diferencias de conceptos”, explicó la presidenta de La Casa del Encuentro, Ada Rico. Por ejemplo, los expedientes enviados a la Corte Suprema de Justicia no monitorean los casos de “agresores suicidas” (que se matan después del femicidio). Tampoco de robo con asesinato tras un abuso sexual. “Si un hombre roba pero abusa y asesina a la víctima mujer es femicidio a todas luces”, enfatizó Rico. Conforme a la organización, el 50% de los femicidios incluyen abuso sexual seguido de muerte, y el restante 50% se da en el marco de relaciones de pareja, antes conocidos como “crímenes pasionales”.

“En la actualidad hay mucha más visibilidad en los medios de los casos de femicidio y otro tratamiento. Cuando comenzamos en 2008, se hablaba de crímenes pasionales, una forma de justificar la conducta del agresor. Hoy se habla de violencia de género y de femicidios”, subrayó Rico. Para ella, el movimiento “Ni Una Menos”, que contribuyó al cambio conceptual, es un reflejo de “la sociedad (que) se manifiesta abiertamente contra la temática de la violencia de género” e impulsa a muchas familias y víctimas a denunciar.

Después de cada marcha, en La Casa del Encuentro “se triplican los pedidos de información, no solo de víctimas sino de familiares preguntando cuáles son las herramientas para ayudar a la víctima”, indicó. Sin embargo, la movilización no incide en la disminución de casos. En lo que va de 2016, según el observatorio de la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), 226 mujeres ya fueron asesinadas por su condición de género. “Los femicidios no han aumentado pero no han disminuido. Una mujer cada 30 horas es asesinada en nuestro país aunque hoy en día hay una mayor visibilización de los casos en los medios y una sociedad más atenta”, observó Rico.

Se computaron 230 asesinatos entre el primer día de 2016 y el 31 de octubre último. Se mantiene la cifra de un femicidio cada 30 horas.

Se computaron 230 asesinatos entre el primer día de 2016 y el 31 de octubre último. Se mantiene la cifra de un femicidio cada 30 horas.

Para Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (Feim), el lema “Ni Una Menos” ayudó a que “la sociedad argentina, sin diferencias de ningún tipo, esté pidiendo no solo políticas sino un cambio cultural en toda la sociedad. Creo que los femicidios no van a desaparecer de un día para el otro por una marcha o una ley o un plan gubernamental. Esto requiere mucho más tiempo y un trabajo en distintos planos”. Pero para ello, analizó, “es clave por ejemplo que los medios cambien sus mensajes sexistas que continúan manteniendo la discriminación de las mujeres o su menor valoración en relación a los hombres” o con “programas televisivos que continúan mostrando a las mujeres como meros cuerpos y sino trabajadoras del hogar”.

El Consejo Nacional de las Mujeres (CNM) presentó el “Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres (2017-2019)”, que incluye demandas de “Ni Una Menos”, como hogares integrales para las que están en situación de violencia con equipos interdisciplinarios, y programas de capacitación de género para la policía. Mientras tanto, “se están haciendo algunas cosas como la prueba en algunas provincias (estados) de la tobillera, el refuerzo y la actualización de la línea 144 de denuncias, la terminación de los refugios iniciados hace dos años por el anterior gobierno, pero eso implica que también las provincias avancen y que amplíen sus presupuestos”, señaló Bianco.

Sin embargo, cuestionó el debilitamiento de programas como el de la Educación Sexual Integral en las escuelas que “incluye la revisión y cambio de roles estereotipados de género que mantienen la desigualdad de las mujeres”. Mientras que en el plano internacional, a Bidaseca le preocupa “el giro a la derecha” que define el movimiento de mujeres y disidencia sexual como una “ideología de género”. “Es un guión fundamentalista de grupos reaccionarios que pretenden clausurar las conquistas logradas por el movimiento de mujeres a lo largo de su propia historia”, sostuvo

La sociedad paga el precio por el asesinato de mujeres

Texto: Phumzile Mlambo-Ngcuka, secretaria general adjunta de las Naciones Unidas y directora ejecutiva de ONU Mujeres

IMG_1380Globalmente, unas 60 mil mujeres y niñas son asesinadas cada año, con frecuencia como una escalada de violencia doméstica. Estudios nacionales en Sudáfrica y Brasil estiman que cada seis horas una mujer es asesinada por su compañero íntimo. El hogar no es un refugio y es arriesgado para las mujeres denunciar a sus agresores. Salir al exterior también comporta peligros. Estudios recientes en Brasil indican que el 85% de las mujeres tienen miedo a salir a la calle. En Port Moresby, Papúa Nueva Guinea, en torno al 90% de mujeres y niñas han experimentado alguna forma de violencia sexual cuando acceden al transporte público.

Como comunidad internacional hemos articulado fuertemente su espacio propio para una población pujante de mujeres y niñas, y las múltiples formas en que esto es mejor para todos. Desde la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible adoptada en septiembre de 2015 hasta la Nueva Agenda Urbana adoptada en octubre último, está claro que debemos acabar con la violencia y prevenir su repetición. Ello requiere de leyes y políticas públicas, ciudades seguras, transporte público, mejores servicios y el compromiso de hombres y niños en la construcción de una cultura que acabe con todas las formas de discriminación contra las mujeres y niñas y que lleve al fin del femicidio.

Existen algunos progresos alentadores: en América Latina, 16 países –casi la mitad de los países en la región– han adoptado legislación para asegurar que el femicidio es adecuadamente investigado y castigado. Esto debe ser una tendencia global. No es la responsabilidad de un solo sector, pero sí un esfuerzo colectivo y coordinado. Llamamos a que los gobiernos reconozcan la magnitud y las implicaciones de la violencia contra las mujeres y las niñas, y se comprometan a recoger datos con los cuales cuantificarla y no solo a proveer servicios para las sobrevivientes y víctimas, sino a incrementar sustantivamente una fuerte acción judicial para lograr el cierre de casos y las respectivas condenas; además de esfuerzos constructivos y creativos para prevenir y castigar todos los crímenes violentos contra las mujeres y las niñas.


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