ARTURO SANDOVAL: CUANDO DIOS TE DA EL DON DE CREAR MUSICA, NADA DEBE DETENERTE. NI CASTRO

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Los días transcurrían austeros para Arturo Sandoval hasta que su máximo ídolo se cruzó en su camino. Dizzy Gillespie reconoció enseguida el talento del trompetista cubano, que ya brillaba con luz propia en la isla. Lo llevó de gira por el mundo hasta que durante una presentación en Roma pidió asilo político. No fueron pocos los escollos de Sandoval para reunirse con su familia. Hoy, a los 57 años, uno de los máximos referentes del jazz disfruta de los suyos, de un presente lleno de elogios y premios, y de su club en Miami, donde recibió a ALMA MAGAZINE.

Texto: Maricel Del Sol / Fernando Amdan Fotos: Iván Cañas

Arturo Sandoval musico

El trompetista cubano pidió asilo durante una gira en Europa. Fue clave el apoyo de Gillespie, su ídolo y “padre espiritual”.

A los nueve años, en Artemisa, un pequeño pueblo a escasos kilómetros de La Habana, dejó la escuela para trabajar y ayudar a su familia. A los diez lució su primer par de zapatos, y a los doce recibió de las manos de su tía Angelina el mejor regalo que pudiera pedir: una trompeta. Desde entonces, Arturo Sandoval ha forjado un auténtico y duradero vínculo amoroso con su música, pasión merecedora de elogios y los más codiciados premios musicales. Con un Emmy, cuatro Grammy y seis Billboard en su haber, Sandoval es uno de los máximos referentes del jazz actual, a pesar de que el destino le tenía otros planes, como dice Andy García en For love or country, la película en clave biográfica que narra la vida del trompetista. Además de ser el productor ejecutivo del film, García interpreta al propio Sandoval. Y cuando el productor Jellybean Benítez se propuso con HBO llevar a la pantalla grande la vida del trompetista cubano, sabía muy bien que había tela para cortar, una historia más allá de las fórmulas habituales de Hollywood. For Love or Country –estrenada en 2000– relata los escollos que debió sortear Sandoval para reunirse con su esposa Marianela y su hijo. A mediados de los ’80, ya forjada su amistad con Dizzy Gillespie, su ídolo, mentor y “padre espiritual” –como lo recuerda Sandoval–, comenzó a planificar su escape de Cuba. Las autoridades de la isla le permitían viajar por el mundo como exponente de la música cubana, pero no fue hasta que consiguió que su familia lo acompañara en una gira por Europa que se decidió a pedir asilo político. Había arribado a Roma, en 1990, y con la ayuda del propio Gillespie y el entonces vicepresidente Dan Quale pudo radicarse en Miami. Nueve años tardaría en obtener la ciudadanía, luego de que le rechazaran la solicitud acusándolo de estar inscripto en el Partido Comunista cubano.

ALMA MAGAZINE: ¿Su asilo fue casi una novela de influencias políticas como lo muestra la película?

ARTURO SANDOVAL: La realidad es que rechacé el libreto tres veces. Ya los productores de HBO estaban desconcertados y un tanto molestos. Les decía que no quería que se presentara una biografía sobre mi vida con inexactitudes o mentiras. Hasta que no quedé conforme con lo que se presentaba no aprobé su filmación. Eso ocurrió después de meses, cuando el director viajó a Cuba. Pasó horas hablando con mi familia, se empapó mucho de mi vida y todo lo que envolvió mi salida del país. Sólo entonces quedé contento con el resultado.

AM: ¿Quedó algo sin contar?

A.S.: Bueno, todo lo que hicieron sufrir a mis padres para dejarlos salir de Cuba. Casi mueren en el intento. Cuando intentaron dejar la isla, fueron ante las autoridades, que les preguntaron si tenían visas. Tenían, y al mostrarlas les rompieron los papeles en la cara. Como todos los cubanos que intentan salir, debieron viajar como ilegales. Hubieran hecho falta muchas horas de filmación para contar tantas travesías y penurias.

AM: ¿Quedaron muchos familiares en la isla?

A.S.: Tengo muchísima familia allá. Unos 32 primos hermanos y ocho tíos. Muchos recuerdos y añoranzas.

AM: Debe ser extraño ver la vida de uno desde la butaca de cine.

A.S.: Estoy bendecido. ¿Puedes imaginarte vivir de lo que amas? Vengo de una familia muy pobre y nunca hubiese imaginado hacer las cosas que hice a lo largo de mi vida. Dios ha sido bueno conmigo.

AM: ¿En qué situación se encontraba apenas llegó a Estados Unidos?

A.S.: Era un momento sumamente incómodo. No tenía ningún pasaporte, ni nacionalidad. Llegamos con mi familia con la idea de integrarnos a la sociedad, y así lo hemos hecho, pagando impuestos y con mucho, mucho, trabajo.

EN LA PIEL

Cuando estaba en su mejor momento, el legendario grupo Irakere, en el que Sandoval compartía escenario con el saxofonista Paquito D’Rivera y el pianista Chucho Valdez, decidió separarse ante la sorpresa de la crítica y los seguidores. Para Sandoval había terminado el ciclo de Irakere, tras presentarse por primera vez ante el público estadounidense en el Newport Jazz Festival de 1978 y lograr un contrato con Columbia Records. El trompetista decidió formar su propia banda, que siguió cosechando elogios por todo el mundo, mientras era votado como el mejor instrumentista de Cuba.

AM: ¿Tuvo que ver la idea de dejar la isla con la disolución de Irakere?

Arturo Sandoval Cubano

Arturo Sandoval trompetista.

A.S.: El grupo fue una mera excusa para tocar la música que nos prohibían, como el jazz, que se consideraba imperialista en Cuba. Irakere cumplió su objetivo, pues en el afán de introducir el jazz en la música que hacíamos, creamos una fusión de ritmos interesante, que gustó mucho internacionalmente. Nos dio la oportunidad de salir de la burbuja que es la isla, ver todo lo que se estaba haciendo musicalmente afuera. Fue como abrir los ojos a un mundo lleno de posibilidades que se nos habían negado antes por meras razones políticas. AM: Dizzy Gillespie fue un padre para usted, tanto en lo personal como musicalmente. ¿Qué diferencia usted marca entre el famoso bebop de Gillpespie y el jazz afrocubano que luego adoptó?

A.S.: Dizzy Gillespie fue un verdadero genio y el originador del bebop, un complicado y difícil estilo en el jazz. Su interés en la música afrocubana surgió mucho después. Con su viaje a Cuba y el encuentro con músicos de la isla, se sintió impulsado a experimentar nuevos senderos dentro del jazz.

AM: ¿Fue ahí que lo conoció por primera vez?

A.S.: Así es, en 1977. Vino por un festival de jazz y paró en La Habana. Tuve la oportunidad de enseñarle la ciudad. Fue en esa ocasión en que por coincidencia o milagro, no lo sé, el crucero con el que había viajado Gillespie se detuvo 48 horas en Cuba. Lo pude conocer, tocamos para él y nos invitó a hacer una gira internacional. Dizzy me llamaba “my son”, y yo sólo tuve que prestar atención a lo que él decía y tocaba. Fue, es y será mi ídolo, mi mayor influencia musical.

“Gillespie fue a Cuba por un festival de jazz y paró en La Habana. Tuve la oportunidad de enseñarle la ciudad. Fue en esa ocasión en que por coincidencia o milagro, no lo sé, el crucero con el que había viajado se detuvo 48 horas en Cuba. Lo pude conocer, tocamos para él y nos invitó a hacer una gira internacional. Dizzy me llamaba ‘my son’, y yo sólo tuve que prestar atención a lo que él decía y tocaba”.

AM.: ¿Qué han significado musicalmente algunos movimientos cubanos como La Nueva Trova, que tuvieron tanto impacto en su momento?

A.S.: En realidad esos movimientos han perdido el propósito original. La nueva trova era una canción romántica que rescataba las tradiciones. Pero fue convirtiéndose en una canción de protesta, cargada de mensajes políticos, que en mi opinión abarataron el concepto original.

AM: ¿Y cómo observa el rescate de viejos sones en los últimos tiempos, como el caso de Buena Vista Social Club?

A.S.: Buena Vista Social Club no fue otra cosa que un buen invento del marketing. Un tipo muy astuto se fue a Cuba y en su búsqueda encontró a estos ancianos para lograr sus fines comerciales. Personalmente conozco a todos los músicos. Algunos ya han muerto, pero puedo decir que no eran los mejores representantes de la música cubana. Los que quedan vivos están en Cuba, muriéndose de hambre.

AM: Como trompetista pudo tocar con La Filarmónica de la BBC, y se dice que puede ejecutar Mozart, tocar jazz tradicional o latino. ¿Con qué genero se siente más identificado?

A.S.: Yo soy músico sobre todas las cosas. Toco todo lo que me piden. Es parte de mi trabajo y es lo que disfruto hacer. Acepto los retos y me lanzo a experimentar con todo tipo de género musical. Cuando empecé en Cuba no había otra opción que la música tradicional, pero mi inquietud me llevó a aprender desde lo clásico hasta lo tradicional. Es esa versatilidad la que me ofrece nuevas posibilidades constantemente, como por ejemplo la oportunidad de grabar un disco de piano. Siempre me gustó el piano, pero en Cuba nunca tuve uno. Cuando Dios te da el don de crear algún tipo de música, nada debe detenerte, ni Castro.

Escrito en el metal

Ha compartido escenario con los trompetistas más famosos del mundo, entre ellos Maurice André y Adolph Herseth. Hoy, sus giras nacionales e internacionales lo mantienen constantemente viajando a diferentes partes del planeta. Pero Arturo Sandoval pretende dejar un legado musical que va más allá de las presentaciones en vivo. Ha publicado numerosos libros con su propio método de enseñanza musical, además de impartir clases en la Universidad Internacional de la Florida. Y ha brindado cátedra en los Conservatorios de París y de Tchaikovsky, en la ex Unión Soviética. Existen tres becas escolares que llevan su nombre, y todavía conserva energías para apoyar programas educativos dentro de la industria musical de Estados Unidos. Por mucho, la impronta de Arturo Sandoval ya está inscripta en la lista de los grandes de la historia del jazz. Incluso un modelo de trompeta de la compañía Le Blanc lleva su nombre grabado sobre el metal.

ArturoS

Crítico de La Nueva Trova y Buena Vista Social Club, Sandoval incursionó con el piano en nuevos estilos del jazz.

AM: ¿Un latino o un negro están más cerca de esa música que un anglosajón?

A.S.: La música no tiene distinción de razas, ni nacionalidades. Hay que sentirla dentro de uno mismo porque está en la atmósfera. Tú la puedes respirar. El jazz se siente en todo el ser, en la piel, en el alma misma, para poder tocarlo.

AM: Debe haber presentado shows en lugares impensados…

A.S.: Cuando toqué con la Leningrad Symphony, en Rusia, pensaba que no habría mucha gente en el concierto. Creía que no era el tipo de música que gustaba o bien que el público de allí no era muy conocedor de lo que yo hacía. Pero cuando salí a tocar me llevé una sorpresa. Encontré un auditorio repleto de gente que me recibió increíblemente, con un entusiasmo y una euforia tremenda. No me lo esperaba y fue muy emocionante.

ESTADIO PROPIO

Arturo Sandoval puede presumir de haber tocado en todos los clubes de jazz que existen en el planeta, pero, según dice, ninguno es tan bonito como el Arturo Sandoval’s Jazz Club, que abrió sus puertas en Miami Beach a principios de año en el vestíbulo del legendario Deauville Beach Resort. En diferentes épocas, fue el escenario de artistas como The Beatles, Frank Sinatra, Sammy Davis Jr., Diana Ross y Barbra Streisand. Sandoval recorre el lugar con orgullo, mientras le pide un trago al encargado de la barra. A ambos lados de la tarima, donde se presentan los músicos cada noche, se levantan sendos posters de Dizzy Gillesppie: es el modo como Sandoval quiso homenajearlo. Cada mes el Arturo Sandoval’s Jazz Club presenta nuevos talentos en el mundo del jazz. Se ha convertido él mismo en el mentor de muchos músicos, que buscan un espacio donde tocar. Son pocos los días del mes que Sandoval toca en su propio club, pero cuando lo hace es a sala llena.

“Cuando mis padres intentaron dejar la isla, fueron ante las autoridades, que les preguntaron si tenían visas. Tenían, y al mostrarlas les rompieron los papeles en la cara. Como todos los cubanos que intentan salir, debieron viajar como ilegales”.

AM: ¿Cuál fue la idea que lo llevó a abrir el club?

A.S.: En este club cada pared cuenta una historia relacionada con la música. Mi sueño era abrir un club bien hecho, y en Miami no había club de jazz propiamente dicho. Es como un jugador de béisbol que vive en una ciudad donde no existe un estadio.

AM: También debe tener sus réditos económicos…

A.S.: Yo no considero el club un negocio. Es la oportunidad que tengo de ofrecerle a Miami algo que nunca tuvo, así puedo poner mi granito de arena.

AM: ¿Qué músicos planea presentar como director artístico del club?

A.S.: Tratamos de traer a los mejores músicos de jazz. Hemos contactado a nombres importantes como Roberta Flack, Roy Haynes, Kevin Mahogany, James Moody, Joshua Redman, Terence Blanchard, Dee Dee Bridgewater. También hemos hecho performances de Latinos Meet Jazz.

AM: Artistas como Celia Cruz fallecieron con el deseo de alguna vez volver a Cuba. ¿Comparte ese anhelo?

A.S.: ¡En lo absoluto! Como me dijo Dizzy Gillespie hace muchos años, la música que toco le pertenece al mundo, no a un país.


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