ATENAS: SIGLOS Y SIGLOS DE GARANTIA

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Cuna de civilizaciones, la capital de Grecia continúa desafiando la eternidad. Bajo su sol cálido, las artes, la ciencia y la filosofía florecieron generosamente. Como no hay mejor lección de historia que visitar ese escenario magnético y trascendental, ALMA MAGAZINE presenta un recorrido por Atenas.

Texto: Felipe Real / Fotos: AFP / AP

Todavía siguen en pie las ruinas de la civilización cuya influencia llega hasta nuestros días. Ni el paso del tiempo, ni los saqueos, pudieron destruir su magnificencia y encanto. Allí se gestó la primera democracia del mundo. Sobre ese mismo suelo, Sócrates bebió la cicuta y Platón fundó la Academia, donde estudió Aristóteles, quien luego sería maestro de Alejandro, un joven que poco después se apodaría “el Magno”. “En Grecia se tiene la convicción de que el genio, y no la mediocridad, es la norma. En un solo siglo, esta minúscula nación le ha dado al mundo cerca de quinientos hombres geniales”, escribió el escritor Henry Miller, fascinado por la belleza del arte y los paisajes de la antigua capital griega.

GREECE-STRIKE-DEMONSTRATION

El parlamento griego.

Era de oro. Entre el año 500 a.C. y 323 a.C., la ciudad-estado de la península balcánica vivió su esplendor de la mano del Rey Pericles, convirtiéndose en la civilización más avanzada del mundo entonces conocido. En este período las artes, el pensamiento y la política alcanzaron su máxima expresión. Muchas de las manifestaciones artísticas y de las instituciones políticas que hoy en día se conocen son deudoras, directas o indirectas, de la antigua Grecia.

Urbe. Con cinco millones de habitantes, Atenas acapara a casi la mitad del país. Con un diseño urbanístico caótico y dislocado, es considerada un auténtico museo a cielo abierto debido a la gran cantidad de yacimientos arqueológicos. Es recomendable recorrerla a pie o usando el transporte público, ya que el tránsito es muy complejo y desorganizado. A su trazado irregular, se le suma la existencia de diversas colinas que le dan un perfil abrupto e inarmónico, pero no menos hechizante. Su morfología provoca, incluso, un fenómeno de inversión climática en el cual la temperatura aumenta junto con la altitud. Entre las colinas más famosas se destacan Licabeto, Filopappos y Acrópolis. Desde allí se aprecian inmejorables vistas de la metrópoli.

Ermoú. Frente a la Plaza Sintagma florece una de las calles más importantes de Atenas, en donde se alternan grandes centros comerciales, joyerías, mercados de artesanías, restaurantes y locales de música. Tampoco tiene nada que envidiar Notos Galleries Lampropoulos a los grandes almacenes de compras de Estados Unidos y el resto de Europa. “Sobre la calle Ermoú todo es posible; menos aburrirse”, aseguran los guías de turismo.

Athens and Its Urban Sprawl

Vista aérea de Atenas.

Acrópolis. Así se denominaba a la parte alta de las ciudades griegas, donde solían ubicarse los mayores templos y plazas, siendo el sitio de reunión de los hombres fuertes de la comunidad. Atenas no fue la excepción: en su acrópolis se encuentra el Partenón, templo dedicado a la diosa Atenas Partenos, protectora de la capital, que era honrada con una estatua elaborada con 1.200 kilos de oro. Con casi 11 metros de alto, un largo de 69 metros y 31 de ancho, es considerado el máximo exponente de la arquitectura dórica. A lo largo de los siglos, el edificio mantuvo su uso religioso: sirvió como santuario bizantino, latino y musulmán. En 1687, los invasores turcos decidieron usarlo como polvorín ante el inminente ataque de los venecianos. Pero un proyectil acertó en el edificio –hasta entonces en buen estado– provocando una gran explosión y los daños que ahora se aprecian. A eso se suma que en el siglo XIX, un embajador británico quitó el friso y otros elementos escultóricos para trasladarlos a los museos ingleses. Los atenienses todavía esperan por ellos.

Agora. Allí se reunían a discutir sobre las leyes y el futuro político. Era el epicentro comercial, político y social de una ciudad que realizaba la primera experiencia democrática, donde prosperarían los principios fundacionales y también sus peligrosas desviaciones. A pocos metros se sitúan la Casa de la Moneda y edificios que cumplían un rol legislativo como el Hefestión, templo que mantiene sus ornamentos esculpidos y su techo en buenas condiciones. Dedicado al dios del fuego y los metales, Hefesto, y a Atenea, diosa de la sabiduría, la estrategia y la guerra justa, servía para congregar a los integrantes de las cortes en los juicios. El más infausto: el desarrollado contra Sócrates.

Arte. Sus museos son un camino inmejorable para vincularse con el arte clásico. Nada mejor que comenzar con las colecciones de estatuillas y cerámicas del Museo de Arte Cicládico. Rodeado de bellos jardines, el Museo Bizantino expone objetos y expresiones artísticas de la Iglesia Ortodoxa de Grecia; mientras que el Museo Histórico Nacional, instalado en el primer Parlamento de Grecia, exhibe muestrarios de los distintos períodos históricos, incluida la ocupación Otomana. Para los habitantes, el Museo Arqueológico de Atenas es un auténtico motivo: además de poseer las grandes esculturas sobre las principales figuras mitológicas y los frescos de Santorini, exquisita muestra de la sutileza de la pintura de la antigua Grecia.

Barrio de Exarcheia

Una calle típica del barrio de Exarcheia, ideal para pasear sin apuro.

Sócrates. La pitonisa de Delfos había dicho que era el más sabio de Atenas, aunque él repetía que sólo sabía que no sabía nada. En vez de escribir, se dedicaba a dialogar en las plazas con los transeúntes para lograr –a través de sus preguntas e ironías– que revirtieran sus propias ideas y conceptos. Pero las autoridades lo juzgaron por despreciar a los dioses. Los detalles del juicio figuran enl La apología, escrita por Platón. Condenado a optar entre el exilio y la cicuta, Sócrates eligió el veneno que lo consagró fiel a las leyes y sus ideas.

Tabernas. Las laberínticas calles del barrio de Plaka, ubicado al pie de la Acrópolis, parecen evocar el mito del Minotauro. Sin embargo, son recorridas por los turistas que quieren conocer los secretos de las mejores tabernas. Pequeñas, alegres y amigables, son lugar de encuentro y placer. Lo más habitual es sentarse al atardecer a disfrutar de los mezze, bocados que se sirven en pequeños platos antes de tomar retsina, un vino blanco cuya fórmula se ideó hace dos milenios; o un vaso de Ouzo, licor de uvas y anís. En general, suelen acompañarse con aceitunas negras, berenjenas, queso, mejillones, garbanzos tostados o pastırma, jamón de sabor fuerte y salado. Strofi , dueña de una inmejorable vista a la Acrópolis, y Bakaliarakia tou Damigou –ubicada en un centenario escondite subterráneo– permiten disfrutar no sólo de sus deliciosas propuestas sino de un escenario muy sugestivo. En la cena, los pulpos, pescados y mariscos del mar Egeo son los protagonistas.

Platón. Su influencia en la filosofía es incalculable. Preocupado por los indicios de decadencia, denunció que la democracia estaba quedando en manos de los sofi stas, aquellos que usaban la retórica para manipular a los ciudadanos. Para evitar ese destino, fundó en 384 a.C. la célebre Academia que funcionó por casi 800 años. Los restos de la institución forman un conjunto arqueológico en el barrio de Kolonos. Su alumno más brillante fue Aristóteles, quien fundó el Liceo y dio clases a Alejandro Magno.

GREECE OLYMPICS ANCIENT FOOD

Los sabores del Mediterráneo matizan cada cena.

Kolonaki. En la base de la colina Lycabettus, este elegante barrio está lleno de boutiques, joyerías y locales de indumentaria que pueden recorrerse apaciblemente mientras se los intercala con los museos y galerías de arte. Por la noche abren sus puertas numerosos restaurantes y bares que brindan sofi sticación y diversión. Al norte de Kolonaki, se encuentra Exarcheia, un barrio con un alma muy bohemia e innumerables edificios de gran valor arquitectónico. Concurrido por estudiantes universitarios, son famosos sus sugestivos cafés e interesantes librerías, muchas de ellas dedicadas al arte.

Fin de la era. Atenas tenía los días contados. Esparta, el poderoso estado militarita, la derrotó. El auge de Macedonia y Roma socavaron su poder. Aunque la eternidad es una condición que sólo pueden aspirar los dioses del Olimpo, hoy Atenas sigue imponiendo su luz. Tras milenios de polvo y olvido, los testimonios de existencia siguen asombrando a los viajeros e iluminando al mundo entero.


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