AYAHUASCA: LAS CURAS PSICODÉLICAS EN AMÉRICA

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Es una sustancia elaborada a partir de diversas plantas en la Amazonía por los chamanes e ingerida en infusión para lograr estados alterados de conciencia. Si bien no es celebrada a destajo, la ayahuasca tampoco es repudiada o vista como una amenaza. Viajamos a tres centros de tratamiento donde los especialistas nos explican las propiedades de las distintas plantas sagradas que utilizan. Un recorrido por Washington, el Amazonas peruano y la selva de Costa Rica para adentrarnos en la sabiduría de la liana de la muerte.

Texto: Joaquín Cruzalegui / Fotos: Gentileza Centro Takiwasi / Ayahuasca Healings / Rythmia Life Advancement Center

En contacto con la naturaleza: las propiedades de las plantas medicinales curan desde enfermedades hasta adicciones.

En contacto con la naturaleza: las propiedades de las plantas medicinales curan desde enfermedades hasta adicciones.

“La ayahuasca, cuando se toma en condiciones adecuadas, permite al paciente visualizar su mundo interior y conocerse a sí mismo en forma de visiones, sensaciones, percepciones, una agudización de la inteligencia y capacidad crítica”, comenta con voz profunda Jacques Mabit. Aquí, en Tarapoto, funciona uno de los centros de recuperación con plantas ancestrales con más renombre en el mundo: imbuido en la espesura tropical de la cuenca del caudaloso río Amazonas, Takiwasi tiene como objetivo promover la utilización de la ayahuasca en tratamientos de sanación y hacer visible su poder curativo.

Mabit, un galeno francés que llegó a Perú hace tiempo atrás como parte de la organización Médicos sin Fronteras, ha elegido vivir en Tarapoto y fundó el centro Takiwasi en 1992. Esta ciudad norteña alberga el mayor movimiento turístico del Amazonas peruano y, luego de años de visitas y estudios sobre el tema, Jacques decidió tomar un camino largo y sin descanso: el de sumergirse en la cultura amazónica y sus vertientes. Hoy es uno de los cuatro chamanes que realizan rituales curativos en este centro.

Aquí, en Tarapoto, funciona uno de los centros de recuperación con plantas ancestrales con más renombre en el mundo.

Un terreno propio de dos hectáreas y media, próximo a la ciudad, en medio de un extenso parque a orillas de la quebrada del torrente Shilcayo, oficia como punto de acogida. Aquí llegan los visitantes después de internarse por horas en el río. Con biblioteca, laboratorio, capilla y sauna, este es el lugar donde se alojan todos aquellos que se aprestan a dejar en manos del centro Takiwasi su bienestar. Con una mañana de altas temperaturas, damos inicio el recorrido por la finca.

“Cuando se toma ayahuasca se amplifican todas las percepciones de los sentidos: el oído, la vista, el olfato. Y todas las funciones psíquica internas”, comenta Mabit en un español con un desliz francés inconfundible. Mientras vadea la selva en dirección a la reserva botánica, aclara que los trances de la ayahuasca son similares a los sueños. La reserva se encuentra a una hora y media a pie y es en el bosque donde se efectúan “las dietas de aislamiento con plantas maestras y tomas de ayahuasca”, ilustra Jacques.

La infusión, basada en una receta ancestral con más de tres mil años de antigüedad, se bebe en compañía de un guía o chamán.

La infusión, basada en una receta ancestral con más de tres mil años de antigüedad, se bebe en compañía de un guía o chamán.

La vegetación es intensa: el verde invade la visión y, entre enormes hojas, lianas y ramas, el camino serpentea hasta llegar al complejo en el que se ubican las cabañas de retiros o “tambos” y una amplia casa común o “maloca” en la cual los pacientes, seminaristas y visitantes llevan a cabo los tratamientos. Pueden pasar días en completo aislamiento dentro de estas cabañas similares a chozas o tipis. A la hora de describir la ingesta, el médico –que toma el extracto de la planta desde hace más de veinte años– explica: “Es como si usted se pusiera ante un microscopio, y lo que antiguamente no veía o veía chiquito, ahora se va a amplificar y ya lo puede observar. Entonces, se hacen más evidentes sus conflictos emocionales, sus problemas familiares o de salud. Es que uno puede tomar conciencia de elementos que anteriormente se le escapaban”.

Takiwasi abrió sus puertas hace un par de décadas, pero su vigencia asombra: pueden verse jóvenes y adultos de todas las edades y nacionalidades buscando la sabiduría de esta planta medicinal. Es una asociación civil anclada en medio de la selva sin fines de lucro que cuenta con autorización de funcionamiento expedido por el Ministerio de Salud de Perú. “El modelo terapéutico que aplicamos en el centro es innovador y único en su género”, afirma. El constante rugido del río espeta la calma que propone la selva y Jacques, con el cabello empapado y su pipa de madera en la mano, continúa hablando con su acento tan característico: “Nuestro trabajo es famoso por la combinación de los recursos de las terapias psicológicas y médicas convencionales con los de la medicina tradicional amazónica”.

Mientras vadea la selva en dirección a la reserva botánica, aclara que los trances de la ayahuasca son similares a los sueños.

Actualmente, el centro alberga un grupo de dieciséis jóvenes europeos, estadounidenses y latinoamericanos, que cumplen un programa de nueve meses en los que conviven y desarrollan todo tipo de tareas que sirven a su recuperación: se llevan adelante retiros de distintas duraciones y, con ello, actividades para estimular el descubrimiento personal y el trabajo en equipo. “Las motivaciones de la gente que se encontraba conmigo en el seminario eran muy diversas, como sus países de origen”, rememora Ivo, un joven de Buenos Aires, Argentina, que ha pasado diez jornadas en el centro y hoy emprende el retorno.

“Yo ya había tenido experiencias previas con ayahuasca, pero comparadas con esta creo que antes no llegué tan lejos como esta vez. No se trata de una cuestión de dosis, sino que es cuestión de tener el cuerpo más limpio, físicamente por las purgas, y así mismo la tarea posterior en sesiones de grupo en las que se trabaja el material psicológico emergente. Esto es lo que me parece le ha dado una profundidad a estas sesiones que no conocía con anterioridad”, admite.

Los rituales de ayahuasca exigen paz y tranquilidad: el lugar más concurrido para llevarlos a cabo es la selva amazónica.

Los rituales de ayahuasca exigen paz y tranquilidad: el lugar más concurrido para llevarlos a cabo es la selva amazónica.

Y agrega que en el centro se congregan también talleres y planteamientos educativos: se ofrecen terapias complementarias como baños de plantas perfumadas, sauna de plantas medicinales y conferencias sobre la ayahuasca, sus efectos y su uso en el contexto arcaico amazónico. “Algunos han pasado por situaciones bastante duras, creyendo verle la cara a la muerte y a sus peores terrores. Pero allí siempre estaban Jacques, Rosa y don Luis para evitar y redirigir el peor de los viajes posibles. Cuidando de ayudar en todo momento y con eficacia y de corazón a todo aquel que se atreve a asomarse al otro lado”, advierte el muchacho argentino.

La región noramazónica peruana estuvo por décadas inundada de cultivos de hojas de coca, que hoy van dejando cada vez más espacio a siembras alternativas de cacao y café. Si bien la producción de cocaína y la incidencia del narcotráfico crecían en los años 80 y 90 en el país, Tarapoto comenzó a ser popular por el uso milenario de estas plantas que sirven para contrarrestar los males del consumo de drogas. No por nada, una cantidad importante de pedidos arriban desde todo los rincones del mundo para buscar un sitio en Takiwasi, que antes de aceptar a alguien para un tratamiento, analiza cada caso y su historia.

“A nuestros visitantes les pido que experimenten. Mientras uno no experimente, puede decir muchas cosas. Este tratamiento apela a una referencia que está tan fuera de la vida cotidiana que no hay modelos”, enfatiza Jacques cuando el atardecer, una paleta cálida que pinta el cielo y las pocas nubes que lo decoran, cae sobre la selva amazónica. Sólo resta contemplar el misterio que significa el Amazonas de noche. Takiwasi permanece calmo y sus habitantes temporales, en incesante experimentación.

Una experiencia chamánica en Washington

Desde enero de este año, se han abierto las puertas de la primera iglesia de ayahuasca en Estados Unidos. Un terreno sumergido en la frondosidad de un bosque cerca de Elbe, Washington, funciona como el hogar de Ayahuasca Healings, una organización pionera en la cultura de la ayahuasca en el país. Aquí trabajan para que éste preparado, un té medicinal y alucinógeno, sea de acceso público en todo el territorio estadounidense. Esta planta, habitualmente conocida como “la liana de la muerte”, tiene últimamente mayor recepción en la comunidad y, gracias a la difusión de sus beneficios, semana a semana suma nuevos interesados: “La liana de la muerte se relaciona con que tienes que matar las sombras que acechan tu crecimiento, es un encuentro con distintas partes de uno mismo”, justifica Brittani.

Es un día lluvioso y ella camina por el campo de esta organización que se sitúa a sólo noventa minutos del aeropuerto de Seattle-Tacoma. Brittani es masajista, numeróloga, astróloga y está estudiando para ser viajera astral. Asegura que en sus meditaciones con ayahuasca siempre interactúa de forma agradable con la naturaleza y que las visiones malas, cuando surgen, son signos de que algo dentro de ella misma está cambiando para mejor. “Lanzamos la primer iglesia pública de ayahuasca en Estados Unidos. Y si bien existen otros, nuestro centro es el más accesible dentro de una oferta con poca información disponible. Luego de proveer este servicio por un mes, nuestra casilla de correo se llenó de mensajes y aplicaciones para venir hasta aquí”, indica la joven cuando se refiere al trabajo que despliega este grupo de personas que incluye a una nativa de la India, un muchacho religioso de Boston y un músico y curandero nativo, entre otros.

Desde enero de este año, se han abierto las puertas de la primera iglesia de ayahuasca en Estados Unidos.

Al pie del imponente Monte Rainier, Ayahuasca Healings propone un retiro de cuatro días. Aquí no faltan comodidades: para acceder a la planta y sus beneficios medicinales, hay disponibles tipis para alojarse y un menú con múltiples opciones para degustar comida tradicional en las estadías programadas. Brittani ondula sus rizos color azabache cuando se dispone a bajar una pequeña colina hasta la cabaña principal.

“Ahora estamos pausando temporalmente nuestros tratamientos de cuatro sesiones con ayahuasca hasta que completemos el proceso para recibir exención religiosa en la misión de compartir nuestra fe y la sabiduría de las plantas ancestrales”, esclarece la joven nacida en Minnesota mientras huele el dulce aroma de una jalea de frutas que dos compañeras preparan en un cuenco de cobre. La vida en el bosque de Washington podría presentarse como una experiencia chamánica si el trabajo de Ayahuasca Healings y jóvenes como Brittani fuese difundido de manera consciente y saludable.

La sinergia de los elementos en la selva de Costa Rica

“Despertar a través de la inteligencia de la naturaleza”, propone Brad Recktenwall, guía y soporte del imponente Rythmia Life Advancement Center. En pleno corazón de la selva costarricense, pero con todas las comodidades de la vida moderna, este centro de retiro y spa holístico proporciona un plan integral de relajación y tratamiento para sus huéspedes que implica medicina de plantas como ayahuasca y San Pedro. Lo que hace a Rythmia un sitio exclusivo es que posee una licencia médica otorgada por el gobierno de Costa Rica para administrar a sus clientes estas medicinas psicotrópicas.

Rythmia posee una licencia médica otorgada por el gobierno de Costa Rica para administrar a sus clientes estas medicinas psicotrópicas.

“Cada persona es su propio maestro”, continúa Brad. El, que es conocido aquí por su trabajo personalizado con cada visitante, plantea las terapias como momentos de autoconocimiento: a través del poder ancestral de estas plantas, Rythmia genera experiencias únicas. “Estas terapias guiadas son parte de un programa de cinco instancias naturales que incluyen la ayahuasca y el San Pedro”, añade Brad.

Dentro de la piscina de este sofisticado alojamiento pueden verse varios huéspedes disfrutando un día de sol perfecto en un emplazamiento como pocos. Producto de la vegetación tropical de Costa Rica, sus selvas ofrecen los tesoros más exóticos. Uno, la ayahuasca. Esta planta ancestral se bebe en una infusión que, según expone Brad, hay que tener sumo cuidado a la hora de prepararla. El brebaje se obtiene mezclando dos o más sustancias farmacológicamente activas: la liana de la ayahuasca y la chacruna (psychotria viridis), planta protagonista de la película colombiana El abrazo de la serpiente, ganadora del Premio Art Cinema en la sección Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2015. Estas son machacadas y cocidas en agua hirviendo “el tiempo necesario”, sostiene Brad. Y, a veces, la mezcla puede tardar hasta dieciséis horas.

Esta planta ancestral se bebe en una infusión que, según expone Brad, hay que tener sumo cuidado a la hora de prepararla.

En tanto, el lujo converge con la naturaleza en Rythmia. Su armonía firme de actividades y terapias conecta con la calma de la costa o la selva para brindar a sus invitados una estancia inolvidable. Pese a que los términos de la legalidad en torno a la ayahuasca y sus usos medicinales se encuentran en debate hace años, la existencia lícita de Rythmia tiene una explicación. Según su fundador, el estadounidense Gerard “Gerry” Powell, para conseguir la licencia debieron cumplir con ciertos requisitos del gobierno costarricense: construir rampas para minusválidos, contar con una unidad de cuidados intensivos equipada y mantener a médicos 24 horas al día en el hotel. Durante las ceremonias, diversas enfermeras se hallan siempre cerca de los usuarios para asegurarse de que nada salga mal.

Las lianas salvajes son recolectadas, se machacan y luego se cocinan durante horas.

Las lianas salvajes son recolectadas, se machacan y luego se cocinan durante horas.

Un asistente anuncia que en media hora empezará la integración con las plantas y una lectura en grupo. Los bañistas que nadaban en la piscina salen del agua y se dirigen a sus cabañas. Brad invita con señas al bar de jugos naturales que se localiza en el edificio principal. Allí, degustando un mix de papaya, mango y otras frutas tropicales, el especialista puntualiza sobre los efectos de la ayahuasca y las otras plantas que integran su plan de medicina ancestral: “Con determinadas plantas observamos, en algunos casos, malestar, dolor generalizado o localizado, o vómitos; pero nunca fueron tan importantes como para interrumpir la dieta y son parte de manifestaciones de una depuración general transitoria”.

Una de las polémicas con esta planta son sus efectos dañinos o colaterales que siempre salen a la luz con algún suceso desafortunado, aunque Brad cree que los momentos más complicados siempre traen algo bueno: “Es frecuente el insomnio, pero hay un notable aumento de la actividad onírica y una amplificación sensorial, efectos que persistirán después de reiniciada la ingesta de sal”. Y no sólo eso. Esgrime que otra de las plantas que utilizan es la iboga de Gabón, Africa, para tratar a los pacientes que padecen adicciones y traumas psicológicos. Esta tiene una corteza cuya preparación provoca efectos alucinógenos y estimulantes, y su uso remite a las tribus africanas que la empleaban para disminuir el hambre y la sed durante jornadas de mucho trabajo.

Una de las polémicas con esta planta son sus efectos dañinos o colaterales.

En el último cuarto del siglo XX, hombres y mujeres de Europa y Estados Unidos emprendieron significativos peregrinajes a tierras americanas, motivados por ser parte de las experiencias tempranas de la ayahuasca en Perú y lugares recónditos de Centroamérica. Incluso William Burroughs, escritor estadounidense célebre por sus abundantes textos sobre el consumo de sustancias psicoactivas, viajó a principios de los años 50 a Sudamérica para probar el yagé o ayahuasca. Y narró su travesía con atractivos detalles de la selva y sus componentes a su amigo Allen Ginsberg, que pueden leerse en The Yage Letters. “La sinergia entre ambos elementos activa la DMT en el cerebro”, sintetiza Brad. Segundos más tarde estará cruzando un paisaje tan vasto como vehemente: se dirige a la playa para contemplar el ocaso del día a la orilla del mar.

El viento fresco mueve las ramas de los árboles que abrazan la arena, y el cielo –pulcro y sin nubes– promete un anochecer espléndido. “La DMT no tiene actividad cuando se administra oralmente a menos que esté acompañada de un inhibidor, como sucede en el caso de la ayahuasca. Es un viaje hermoso y sensorial para conocerse a uno mismo”, concluye Brad para luego, despacio y sin apuro alguno, quitarse la camisa e ingresar al agua. Claro, está en Costa Rica y detenta toda la sabiduría de una planta, que sin duda, lleva milenios interactuando con el hombre.


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