BALTHUS: INCLASIFICABLE Y PROVOCADOR

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Doce años atrás fallecía Balthus, el gran pintor francés que desafió a todas las vertientes artísticas de su siglo, el XX, para reinstaurar en el interior de sus cuadros la representación ilusionista. Autodidacta fuera de serie, empezó a pintar siendo adolescente y su trabajo fue admirado por escritores como André Breton y Albert Camus, y por colegas como Pablo Picasso. A fines de septiembre se inaugura la muestra Cats and Girls – Paintings and Provocations –la primera gran exhibición en Estados Unidos en los últimos 30 años del inclasificable artista–, que explora el espíritu provocador de Balthus.

Texto: Ulises Parigi / Fotos: Gentileza The Metropolitan Museum of Art

provocador

Sus eróticas y poéticas pinturas continúan siendo algunos de los mejores ejemplos de pintura figurativa de la era moderna.

El pintor franco-polaco Balthasar Klossowski de Rola (1908-2001), conocido como Balthus, conmocionó el mundo del arte parisino en 1934 con sus etéreos y sensuales retratos neoclásicos de ninfas en un momento en el que el surrealismo y la abstracción eran de rigor. La muestra Cats and Girls – Paintings and Provocations focaliza en sus obras más delicadas de aquella época: 35 pinturas que datan desde mediados de la década de 1930 a los años 50.
Entre 1936 y 1939, Balthus pintó la célebre serie de retratos de Thérèse Blanchard, su infante vecina parisina. Thérèse posaba sola, con su gato, o con sus dos hermanos. Era la encarnación de esas adolescentes pensativas que sueñan o leen en habitaciones que están cerradas al mundo exterior. Cuando Balthus se mudó a Suiza durante la Segunda Guerra Mundial, reemplazó la austeridad de su estudio parisino por interiores coloridos en los cuales diferentes ninfas seguían soñando, leyendo o durmiendo la siesta. La muestra incluye imágenes que pintó de Frédérique Tison, su modelo favorito, en el Château de Chassy en Morvan (Francia) durante la década de 1950.
Los que nunca han sido exhibidos en público son los 40 pequeños dibujos de Mitsou, histoire d’un chat, el libro que un pequeño Balthus de once años publicó con la ayuda y supervisión del poeta alemán Rainer Maria Rilke en 1921. En esos 40 dibujos relata la historia de un niño (su propia historia) que encuentra a un gato, lo adopta, pasea, juega y duerme con él, y finalmente… lo pierde y llora desconsoladamente. El poeta fue para Balthus no sólo un segundo padre sino también su principal mentor. Rilke se emocionó tanto con los dibujos del jovencísimo pintor que escribió un prefacio para el libro.

El pintor aristócrata
Hijo del historiador del arte y pintor Erich Klossowski, Balthus creció en un París intelectual y artístico. Durante la Primera Guerra Mundial se refugió con su familia en Berlín y, tras la separación de sus padres, se trasladó a Suiza, donde el lugar de su progenitor fue ocupado por Rilke, amigo de su madre hasta su muerte, en 1926. Animado por el escritor André Gide, Balthus volvió a París en 1924 para dedicarse a pintar. Aunque rechazó cualquier enseñanza artística de ningún otro pintor, Pierre Bonnard, amigo de la familia, le orientó en sus comienzos y de ahí que se iniciara dentro de un estilo posimpresionista. Sin embargo, lo que le interesaba de verdad era el estudio de los grandes maestros de la pintura, como Nicolas Poussin, Masaccio y Piero della Francesca, que copiaba en el museo Louvre, tal vez su verdadera escuela.
Su prestigio artístico estaba ya plenamente consolidado en el final de la década de 1940. En los años 50-60 trasladó su residencia al Château de Chassy en Morvan y empezó una etapa dedicada principalmente al paisaje. En 1961, Balthus fue nombrado por el escritor André Malraux director de la Académie de France, en Villa Médicis, Roma. En Italia su pintura recuperó la figura humana, con una técnica que recuerda los frescos renacentistas. Tras abandonar su puesto en la Académie en 1978, residió entre Italia y Suiza.

“Conmocionó el mundo del arte parisino en 1934 con sus etéreos y sensuales retratos neoclásicos de ninfas.”

Balthus desarrolló un estilo figurativo totalmente alejado de cualquier etiqueta. Su personal lenguaje pictórico, de formas contundentes y contornos muy delimitados, combinaba los procedimientos de los viejos maestros con determinados aspectos del surrealismo. Su carrera transcurrió en paralelo a los movimientos que han marcado su tiempo aunque se puede señalar cierta permeabilidad a los mismos, como la austeridad geométrica en el mobiliario que conforma los escenarios de sus pinturas y su preferencia por un espacio ilusionista de resabios renacentistas e incluso cubistas.
Esos escenarios metafóricos y simbólicos de su pintura procedían de los reales de su vida: sus antiguas y aristocráticas casas de campo, Italia y Japón como fuente de modelos (su segunda esposa Setsuko, las hijas de sus vecinos), muebles y ornamentos. Trasladados al lienzo, Balthus confirió a todos estos motivos y personajes una pátina en la que condensó su particular lectura simbólica sobre la infancia, la vida, la voluptuosidad del sueño y la detención del tiempo.

Inclasificable

Si bien pintó entre el surrealismo y la abstracción, Balthus declaró: “No soy un pintor moderno, ni siquiera contemporáneo”.

El legado estadounidense
Balthus escribió en sus memorias: “Pintar es salir de ti mismo, olvidarte, preferir el anonimato y correr el riesgo, a veces, de no estar de acuerdo con tu siglo y con los tuyos”. Animado por ese espíritu, produjo unos 300 lienzos e innumerables dibujos, obra definida por el poeta René Char como “el verbo en el tesoro del silencio”.
En Balthus, afirmaba su amigo Federico Fellini, el tiempo es inalterable. Quizá por ello al pintor le gustaba jugar con su edad: nació en año bisiesto, justo el 29 de febrero, por lo cual afirmaba, poco antes de morir, ser veinteañero, pues sólo cada cuatrienio sumaba un año a su cuerpo y mil a su espíritu: “Nací en el siglo XX, pero pertenezco mucho más al XIX”, decía.

“Rilke se emocionó tanto con los dibujos del jovencísimo pintor que escribió un prefacio para el libro.”

A menudo fue despreciado por ser un provocador. Al respecto, Balthus tildaba a Estados Unidos de hipócrita, al igual que a los críticos por opinar erróneamente acerca de sus pinturas de niñas: “Realmente no entiendo la incapacidad de la gente para captar las diferencias esenciales entre erotismo o sexualidad y pornografía. Por ejemplo, la industria publicitaria es pornográfica, especialmente la de Estados Unidos, donde se ve a una jovencita poniéndose un producto de belleza en la piel como si tuviera un orgasmo”, explicaba.
“Inmoral”, “escandaloso” y “perverso” fueron algunos de los adjetivos de quienes intentaron, sin éxito, descifrar lo peculiar de la obra de Balthus. El periódico The New York Times recordó, con motivo de la muerte del pintor el 18 de febrero de 2001 a los 92 años de edad, que artistas de la talla de Bruce Nauman y Roy Lichtenstein “valoraron la delicada elegancia de la obra de Balthus, más enigmática que explícita”. El “legado estadounidense” de Balthus, añadía el crítico de arte Michael Kimmelman, “es una ilustración de nuestro propio puritanismo e hipocresía cultural en los que estamos envueltos. Como muchos europeos, Balthus encontró ridícula la creencia estadounidense de que el arte es una ocupación moral”.

Cats and Girls – Paintings and Provocations se exhibe desde el 25 de septiembre hasta el 12 de enero de 2014. The Metropolitan Museum of Art, 1000 Fifth Ave., Nueva York.
www.metmuseum.org


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