BEYONCE: TUVE QUE APRENDER A DECIR NO

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Es una de las cantantes solistas más famosas y vendedoras del mundo. Sobre su delicada espalda de diva recayó el peso de la renovación de un género tan tradicional como el rhythm & blues. Todo lo que toca se transforma en oro: su marca de indumentaria, House of Dereón, vende miles de jeans por año; las grandes firmas internacionales se pelean por ella y dejan millones en su cuenta de banco para tenerla sonriente y sexy en sus carteles. Sus discos –desde que formaba parte del demoledor trío ya disuelto Destiny’s Child– venden millones de copias en todo el mundo y arrasan con los premios en cada nominación. Está en pareja con un rapero de pasado oscuro y presente sereno. Su familia colabora activamente en su carrera. Es hermosa, joven, y ambiciosa. ¿Podría desear algo más? Sí. Una naciente y prometedora carrera en el cine.

Texto: Luciana De Luca / Megan Medrano / Fotos: AP y AFP

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A los 25 años, Beyoncé ha hecho de sí una verdadera mujer-empresa.

Dicen que es una princesa de hielo y que en su vida todo está ordenado, dominado por un estricto control. Su enorme ambición le ha trazado un camino extenso y luminoso, desde que su grupo cuasi adolescente de pop y rhythm & blues, Destiny’s Child, rompiera todos los charts del mundo, en 1998. En 2003 lanzó su álbum debut, Dangerously in love, que no fue sino consecuencia del crecimiento titánico de su popularidad, cimentado en una voz prodigiosa –atestada de staccatos e hipos sensuales–, un carisma avasallante y una figura de Barbie de carne y hueso. Y si el talento y el éxito como cantante ya eran suficientes, Beyoncé Giselle Knowles decidió –otra vez la ambición trepándole por sus largas piernas de reina– hacer algo más. Ese algo se convirtió en muchas cosas simultáneas: cine; modelaje; producción discográfica; prestarles el rostro a gigantes internacionales como Pepsi y L’Oreal; trabajos de caridad y una carrera como business woman responsable de la marca de jeans House of Dereón, codo a codo con su madre, Tina Knowles. Y es aquí donde el control se manifiesta. Las raíces familiares lo son todo para Beyoncé. Su padre y manager personal, Matthew Knowles, vislumbró los millones detrás de esa pequeña que cantaba en coros gospel y, con una escalofriante fe en el futuro, abandonó su empleo en una compañía de materiales médicos para manejar los hilos de la futura estrella. Para cuando –la hoy caída en desgracia– Whitney Houston descubrió a Beyoncé y sus dos amigas de la infancia y compañeras de Destiny’s Child, LaTavia Robertson y LeToya Luckett, la apuesta de la familia Knowles comenzó a dar sus jugosos frutos. En el camino quedaron turbulencias y las acusaciones de desfalco entre las dos socias de Beyoncé y el padre de la artista; varios reemplazos y protestas por la evidente vocación de estrellato de la entonces incuestionable líder del trío y un éxito sin precedentes en ventas de discos en todo el mundo (se habla de 45 millones de copias vendidas), premios Grammy, MTV, una estrella en el Paseo de la Fama y alfombras rojas. Comparada con Diana Ross y responsable de lo que se conoce como la renovación del género R&B, la cantante de éxitos como Crazy in love y Bootylicious consiguió atravesar las barreras generacionales y se lanzó como actriz en blockbusters de la talla de Austin Powers: goldmember, The fighting temptations, y The Pink Panther. Su soltura y madurez fueron elogiadas por coestrellas y directores. En pareja desde hace varios años con el rapero Jay-Z, aparentemente su primer y único novio –a la sazón, dueño de un pasado turbulento de cárceles y drogas, opuesto al de Beyoncé, estudiante de escuela privada, sumamente religiosa, abstemia y enemiga de los insultos–, la cantante- actriz-empresaria mantiene un sólido silencio e inquebrantable sobre su vida privada. Apenas algunas fotografías son testigos de un romance que, dicen sus allegados, marcha sobre ruedas. A poco de que una extraña polémica sobre su edad apareciera en medios estadounidenses –un periodista recurrió a registros de la ciudad natal de la cantante, Texas, para demostrar que Beyoncé mentiría sobre su verdadera edad–, Beyoncé presentó en sociedad un nuevo abordaje al cine: su protagónico en la versión cinematográfica del musical de Broadway, Dreamgirls. Sencilla y dispuesta, conversó con ALMA MAGAZINE sobre su carrera, sus aspiraciones y sus principios rectores.

ALMA MAGAZINE: Siendo cantante ¿se siente cómoda en un rubro tan diferente como la actuación?

BEYONCE KNOWLES: Me voy sintiendo más y más cómoda, pero no me había acercado a la satisfacción total hasta que tuve el rol de Dreamgirls. No creo que la gente sepa lo que yo puedo rendir como actriz. Y aunque en Dreamgirls interpreto una cantante, este personaje me da la oportunidad de actuar. Tengo escenas muy dramáticas que no tienen nada que ver con la música, muy emocionales. Dreamgirls está basada en el musical homónimo de Broadway, que debutó hace 25 años. En la película, Beyoncé interpreta a la cantante Deena, y su historia personal de logros y desilusiones, junto al trío Dreamettes, por la fama y el fracaso como cantante. La acompañan Jennifer Hudson y Anika Noni Rose, Jamie Foxx, Eddie Murphy y Danny Glover.

EL TOUR DE LA AMBICION

KELLY ROWLAND-BEYONCE KNOWLES-MICHLLE WILLIAMS

Destiny´s Child, el grupo de R & B que la lanzó a la fama.

Beyoncé Knowles nació el 4 de septiembre de 1981 en Houston, Texas. El origen del nombre Beyoncé es el apellido de soltera de su madre, Tina. Matthew Knowles, el padre, pensó que sería una buena idea inscribirla directamente con el nombre Beyoncé Knowles. Dueña de una voz de timbre privilegiado y poderoso, a los siete años ingresó en una escuela de danzas. Durante los fines de semana solía cantar como solista en el coro de la iglesia local. Su profesor de baile, virtual primer descubridor de sus talentos, terminó por convertirse en su improvisado representante, y la llevó a ganar más de 30 competiciones de canto y baile. En la adolescencia, sus padres la inscribieron en la escuela artística High School for the Performing and Visual Arts, de Houston. Y luego de una breve mudanza a Philadelphia, Beyoncé saltó a la fama con Destiny’s Child y el hit No, no, no Part 2. Uno de los temas del trío, Independent woman Part 1 formó parte de la banda de sonido de la película Charlie’s Angel EL TOUR DE LA AMBICION (2000). Por aquel entonces, Beyoncé giraba junto a Christina Aguilera. Su voz groovy y seductora se impuso en las películas Scooby-Doo, Austin Powers: goldmember; White chicks y The Pink Panther. Y en la 77ª entrega de los premios Oscar, incluso cantó tres de las cinco canciones nominadas. Aún siendo líder del grupo Destiny’s Child, en 2003, Beyoncé lanzó su primer disco solista, que debutó en el primer puesto con un disco de platino, apenas dos semanas después. Dangerously in love vendió cuatro millones de copias en Estados Unidos y once millones en el resto del mundo. Coincidiendo con el cumpleaños 25, Beyoncé presentó, en septiembre de 2006, su nuevo trabajo, B’Day, que en menos de una semana vendió medio millón de copias. Acaparadora de premios Grammy, Beyoncé además ganó durante el año pasado su séptimo premio de MTV como Mejor Video R&B, y en noviembre recibió el título de Cantante R&B de mayor venta en el planeta. En el cine, que había comenzado como una aventurada travesura, interpretó a Foxxy Cleopatra en la comedia de Mike Myers Austin Powers: goldmember (2002). Al año siguiente lució sus dotes junto a Cuba Gooding Jr. en The fighting temptations, aunque su mejor papel (hasta ahora) fue junto a Steve Martin en The Pink Panther. Amante de la moda, la cantante fue confrontada por miembros de PETA, una organización que lucha por los derechos de los animales por usar pieles y haber utilizado, con dudoso cuidado, dos cocodrilos pequeños para una sesión de fotos. La diva salió a contrarrestar las críticas, pero el hecho generó mucha controversia a su alrededor. Fabulosa, rica y adorada, Beyoncé tiene un enorme futuro por delante. Ella, y su alter ego –Sasha–, al que reconoce como una parte esencial de sí misma, que le permite representar a esa bomba sexual color canela en los escenarios.

AM: ¿Cómo llegó al papel de Deena?

B.K.: El personaje de Deena empieza a los 16 años sin maquillaje, agregando de a poco pestañas postizas, peluca y florece como una mariposa que se convierte en diva. Es grandioso poder interpretar alguien con cerebro y colores tan diferentes. El director ni siquiera estaba seguro de que yo pudiera interpretarla. Tuve que tomar una audición y comprobarlo. Recién después de que vieron la prueba dijeron que yo era Deena.

AM: ¿Se parece al personaje de Dreamgirls?

B.K.: Ella es diferente en muchos sentidos, pero yo siempre tuve aquel espíritu ambicioso que ella tuvo desde jovencita. Yo jamás hubiera tomado muchas de las decisiones que ella tomó. Y obviamente hay muchos paralelos, como el grupo que ella integra y el que yo también integré (con Destiny’s Child). Pero ella es diferente de mí. No estoy interpretando mi vida.

AM: Finalmente ¿Destiny’s Child está disuelto?

B.K.: Desde los nueve años que estamos juntas. Ahora que crecimos, cada una tiene sueños individuales, otras metas, pero somos las mejores amigas. Crecimos juntas y nos apoyamos entre nosotras.

AM: Muchos jóvenes la admiran. ¿Quiénes son sus propios ídolos?

B.K.: Tendría que señalar a Barbra Streisand y Diana Ross, porque eran cantantes y siendo exitosas fueron actrices, sin necesitarlo. No tenían ninguna necesidad financiera y lo hicieron porque querían. Me encantan y demostraron lo talentosas que son. No me parece nada malo combinar la música y el cine. Me parece genial poder cantar y actuar, pero también me gustaría filmar películas donde no aparezca solamente cantando.

AM: ¿Tuvo que dejar la música para dedicarse al cine?

B.K.: Conozco el musical de Dreamgirls desde que tenía 15 años. Conozco cada uno de los más ínfimos detalles, la estudié a fondo. Y por primera vez le dediqué seis meses enteros a una película, sin tratar de grabar un álbum al mismo tiempo. No me fui de gira por Europa para ser justa con lo que estaba haciendo.

AM: ¿El cine y la actuación reflejarán el estilo de sus futuras canciones?

B.K.: Seguramente, sí. Cuando termine con la película empiezo a grabar un CD. Con el personaje de Deena aprendí muchísimo sobre mí. Para actuar en general se precisa extraer ciertos sentimientos internos y pensar en cosas que antes nunca había pensado. Estoy segura de que me va a inspirar a componer nuevas canciones con un estilo de música diferente.

AM: Madonna o Mariah Carey siempre fueron criticadas en sus películas pero son ovacionadas en la música. ¿No está arriesgando la comodidad de la fama como cantante por las posibles críticas de un nuevo trabajo como actriz?

B.K.: ¿A quién le gusta la comodidad y el aburrimiento? Nadie que yo conozca. No me siento satisfecha así.

AM: ¿Disfruta cuando se ve en una pantalla grande o las autocríticas superan a veces los autoelogios?

B.K.: No me gusta. Aun cuando sé que hice un buen trabajo, la primera vez que entro a un cine me da pánico. Muestran cada detalle, la cámara lee todo. El cine es muy intimidante.

“Cuando tenía 15 años salió un single, No, no, no, que terminó primero en el ranking. Estaba en una tienda de discos y me puse a cantar mientras mi madre me hablaba. La ignoraba. Y ella me pegó una bofetada (se ríe), nunca antes me había pegado en mi vida. Pero me dio una bofetada y me dijo: ‘Mejor que me prestes atención, no creas que vas a ignorarme por tener una canción en el primer puesto del ranking’”.

AM: ¿A quién recurre cuando necesita una buena opinión sobre su trabajo?

B.K.: Mi familia, definitivamente. Yo siempre me rodeo de algún miembro de la familia. No voy a ningún lugar sin alguien que me ame y pueda decirme la verdad. Mi padre ahora es mi manager, mi madre se ocupa de mi peinado, mi primo es mi asistente personal, y tengo otro primo que se encarga de las giras. Todos trabajamos juntos.

AM: ¿Piensa en formar su propia familia y tener hijos?

B.K.: Cuando desacelere y pueda enfocarme en ello. Definitivamente quiero tener una familia porque crecí con mi madre, mi padre, mi hermana, mis primos, todos juntos yendo a la iglesia los domingos. Eramos una familia unida y quiero lo mismo.

DE FAMA Y EQUILIBRIO

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Sensual, provocativa y avasallante, Beyoncé recurre a su alter ego imaginario -Sasha- para conquistar sobre los escenarios.

AM: ¿Siente cierta presión de mantenerse siempre perfecta físicamente para tener una buena imagen?

B.K.: Me gusta vestir bien y disfruto las sesiones de fotos o una filmación de video. Es un lugar donde me permito vivir fantasías. Pero cuando estoy en casa soy completamente lo opuesto. No uso maquillaje ni diamantes cuando no trabajo y aunque puedo llegar a usar algo que me guste, es una versión menos flamante. No salgo a caminar con diamantes rosados todos los días.

AM: ¿Cómo hace para mantenerse tan bella?

B.K.: Para la película traté de bajar de peso, para verme más como Deena. Quería verme diferente. Es la única razón por la que me siento cómoda entre curvas. Pero estuve a dieta y con ejercicios, cuidándome también la piel porque necesitaba interpretar una adolescente de 16 años. Pero normalmente soy la peor. Como mal, ni siquiera me lavo la cara (se ríe). Es terrible, pero es la verdad. Cuando trabajo, me cuido más. Lo bueno es que trabajo muchísimo, así que trato de comer platos saludables, y me alejo de la comida mala.

AM: ¿Conservó el fabuloso vestuario que usó en la película?

B.K.: Me hubiese gustado. Es algo que todavía tengo que agregar en mis contratos. Estaba tan entusiasmada con la película que fue lo último que se me ocurrió pedir. Había un vestido de gala rosa, con el que era difícil bailar, pero era hermoso.

“Con mi familia creamos esta fundación para construir casas para los damnificados del huracán Katrina. También tengo un centro donde los chicos con problemas con drogas pueden ir a buscar un consejo, tomar una ducha o simplemente jugar. Manejamos otras obras de caridad y un porcentaje de mi gira es a beneficio”.

AM: ¿Qué le resulta más difícil de la fama?

B.K.: Lo más difícil es el balance. Tengo una línea de perfumes y con mi madre tenemos una línea de ropa; también represento a L’Oreal; algo con Destiny’s Child, mi carrera de cantante solista, la actuación, mis CD’s. Y por encima de todo, yo soy la que maneja todos los hilos. En la línea de ropa manejo absolutamente todo, selecciono cada foto, cada entrevista. Cuando estoy en un avión, también compongo alguna canción. Y además tengo una vida personal, con mi familia. Es difícil encontrar el balance, pero de alguna forma termino lográndolo.

AM: También encuentra tiempo para dedicarse a las obras de caridad con la Fundación Survivor…

B.K.: Con mi familia creamos esta fundación para construir casas para los damnificados del huracán Katrina. También tengo un centro donde los chicos con problemas con drogas pueden ir a buscar un consejo, tomar una ducha o simplemente jugar. Manejamos otras obras de caridad y un porcentaje de mi gira es a beneficio.

AM: ¿Cuál fue el mejor consejo profesional que haya recibido de otra celebridad?

B.K.: Hay tantos… Oprah (Winfrey) no me lo dijo, pero la escuché hablar sobre el poder de la palabra “no”. Y es algo que me ayudó mucho para encontrar el balance. Tuve que aprender a decir “no” cuando algo no me gusta. Es muy difícil de conseguir, especialmente yo, que me gusta hacer mucho y no quiero defraudar a la gente y trabajo duro. Me ayudó mucho y si no me siento apasionada con algo, digo “no” y significa “no”.

“Yo siempre me rodeo de algún miembro de la familia. No voy a ningún lugar sin alguien que me ame y pueda decirme la verdad. Mi padre ahora es mi manager, mi madre se ocupa de mi peinado, mi primo es mi asistente personal, y tengo otro primo que se encarga de las giras. Todos trabajamos juntos”.

AM: ¿Y el mejor consejo que haya recibido de sus padres?

B.K.: Mi madre siempre dice: “La belleza exterior desaparece pero la belleza interior queda para siempre”. Cuando tenía 15 años, salió un single, No, no, no, que terminó primero en el ranking. Estaba en una tienda de discos y me puse a cantar mientras mi madre me hablaba. La ignoraba. Y ella me pegó una bofetada (se ríe), nunca antes me había pegado en mi vida. Pero me dio una bofetada y me dijo: “Mejor que me prestes atención, no creas que vas a ignorarme por tener una canción en el primer puesto del ranking”. Me dio mucha vergüenza y me asombró, pero es lo mejor que pudo haberme pasado porque en ese momento estaba empezando a agrandarme. Y nunca más lo pude olvidar. Desde aquel momento, nunca más pasé por algo así (se ríe). Mamá me puso en mi lugar antes de empezar.

AM: ¿Recuerda los mejores momentos de su carrera?

B.K.: Cuando gané con Destiny’s Child el premio World Music Award, resaltaron bastante lo que habíamos conseguido. Yo no me pongo a pensar en esas cosas, porque mi vida corre tan rápido. En aquel momento pude apreciar lo que había logrado. Hace poco volví a ver mi interpretación con Prince y hacía dos años que no cantaba en público. Era como si me hubiera olvidado de lo que se sentía arriba de un escenario. No podía creer que había cantado con Prince. Es una locura. Por eso, a medida que pasa el tiempo y me detengo a ver lo que hice, recién entonces puedo apreciarlo y lo veo como si no fuera yo.

AM: ¿Hay una palabra que describa exactamente a Beyoncé Knowles?

B.K.: Supongo que sería la palabra “sobreviviente”, porque he tomado demasiados riesgos y los he sobrevivido todos.


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