BILL RICHARDSON: UN HISPANO AL PODER

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Gobernador de Nuevo México, con un pasado de beisbolista trunco y ex miembro del gabinete de Bill Clinton, Richardson es el precandidato demócrata con más experiencia ejecutiva. Pese a esto, su figura está eclipsada por tres de sus oponentes: Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards. Consciente de las dificultades que afronta para cumplir su sueño, la posibilidad de ser el elegido comenzará a develarse a principios de 2008. La clave: inmigración, salud y recuperar la credibilidad de Estados Unidos en el mundo. Además, elevar el papel de los hispanos en el mapa político de la nación.

Texto: Matías Maciel / Fotos: AP

Una larga y variada trayectoria política ha alentado a William Blain “Bill” Richardson, de 59 años, a postularse a principios de 2007 a la presidencia. Durante 14 años fue congresista, luego embajador ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más tarde miembro del gabinete presidencial y, desde 2002, gobernador del estado de Nuevo México. “Estoy convencido de que mi experiencia me hace el candidato más calificado y mejor preparado para tomar las riendas y conducir a nuestra nación desde el inicio de mi mandato, sin tener que pagar por los desatinos de quien aprende en el trabajo, como sucede con el actual presidente. (…) Otros candidatos hablan acerca de resolver problemas y de hacer frente a las situaciones difíciles. En mi caso, por el contrario, lo he hecho y lo sigo haciendo a diario como gobernador”, expresó Richardson el 21 de mayo, cuando realizó su anunció oficial. Sin embargo, la vasta experiencia no ha sido hasta ahora suficiente para elevar el escaso nivel de conocimiento que la mayoría de los estadounidenses tiene de este político nacido en Pasadena (California), pero que vivió en la Ciudad de México (DF) hasta los 13 años, cuando sus padres (mexicana ella, estadounidense él) lo enviaron de vuelta a Estados Unidos para asistir a la escuela preparatoria. En comparación con el resto de los postulantes, el propio Richardson admite que forma parte de los candidatos menos conocidos (junto con Chris Dodd, Dennis Kucinich, Mike Gravel y Joe Biden).

“La elección demócrata será definida a fines de enero próximo, apenas celebrados los comicios en los cuatro primeros estados: Iowa, Nevada, New Hampshire y Carolina del Sur. He estudiado las encuestas en esos estados y he observado un crecimiento gradual y consistente. Soy el candidato con más experiencia y ese será mi mensaje para atraer a los estadounidenses.”

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La escuadra invencible. Con Barack Obama y Hillary Clinton como grandes mascarones de popa, los demócratas amenazan con desembarcar en la Casa Blanca en 2009. En ese gran abanico, Richardson es el único candidato atento a las problemáticas de los hispanos.

ALMA MAGAZINE: ¿Cómo piensa que puede revertir esta situación?

BILL RICHARDSON: Ganando en los primeros cuatro estados. La elección demócrata será definida a fines de enero próximo, apenas celebrados los comicios en los cuatro primeros estados: Iowa, Nevada, New Hampshire y Carolina del Sur. He estudiado las encuestas en esos estados y he observado un crecimiento gradual y consistente. Soy el candidato con más experiencia y ese será mi mensaje para atraer a los estadounidenses. Los buenos resultados en esos estados –en especial Iowa y New Hampshire– serán determinantes para las primarias de febrero y marzo. Por otra parte, quienes podrían constituir una de sus principales bases de apoyo electoral, los ciudadanos hispanos, apenas saben de las raíces mexicanas del propio Richardson. Es cierto, su apellido paterno no lo ayuda al respecto, pero tampoco han contribuido las reglas dispuestas para el primer debate presidencial de la historia de Estados Unidos dirigido al público hispano, realizado el 10 de septiembre último por Univisión y la Universidad de Miami. En esa oportunidad, los organizadores dispusieron que los candidatos solo se expresaran en inglés, al tiempo que serían traducidos al español en simultáneo por intérpretes profesionales, consigna que incluso debían cumplir aquellos que dominaran el idioma; como era el caso del propio Richardson y del senador por Connecticut, Chris Dodd, quien aprendió español en República Dominicana, mientras formó parte de las fuerzas de paz en los 60. A fi n de participar del foro, Richardson aceptó a regañadientes la regla en cuestión, consciente de que se trataba de una de sus fortalezas y de una gran oportunidad para darse a conocer a la comunidad hispana en su idioma: “Estoy un poco descontento con Univisión porque no me permitieron hablar en español. Se trata de una cadena hispana que está promoviendo ‘English only’ (sólo inglés) y no permite decir unas palabras en español al único candidato hispano. No pretendía dominar ni lucirme hablando en español, pero estoy un poquito decepcionado”, expresó el gobernador nuevo-mexicano al termino del encuentro. Pese a ello, el candidato se mostró satisfecho con su papel en el debate, pues “ahora la comunidad hispana sabe que también soy hispano”, añadió Richardson.

AM: Tras ocho años de George W. Bush como presidente, ¿cuáles considera que son los principales aspectos que debería atender el próximo mandatario?

B.R.: En primer lugar, restaurar la credibilidad de Estados Unidos en el mundo. Si ahora es muy baja, en parte es por la situación en Irak, como por la falta de respeto a las coaliciones internacionales y, tal vez, por tener una política tan negativa hacia Latinoamérica, sin una mejor atención a los temas de inmigración. Además, será muy importante mejorar la situación de millones de estadounidenses que necesitan un plan de salud.

“Sería importante que haya una iniciativa bipartidista para que la presencia hispana aumente en los dos grandes partidos. Pero lo más importante para elegir hispanos y darle voz a esta comunidad es que los propios hispanos participen, que se registren, que voten. Nuestro voto es nuestra voz, pero si no alzamos la voz, no serán tratados los problemas de nuestra comunidad.”

AM: ¿Qué criterios manejará en materia de inmigración?

B.R.: Diseñaría un programa de reforma migratoria que incluya un plan de legalización. Trataría de aprobar un plan justo, que no separe a las familias, que dé oportunidades al inmigrante de acuerdo con las condiciones acordadas en el Congreso. Por ejemplo, aprender inglés y pagar los impuestos, con el propósito de que sean parte del sueño americano. Sería una iniciativa muy fuerte que trabajaría para que fuera aprobada en los primeros días de mi presidencia. El pueblo estadounidense es en esencia bondadoso y comprensivo; por eso si se explica la importancia que tienen los inmigrantes para la economía, se puede encarar un justo plan de legalización e incremento de seguridad en las fronteras. Pienso que un proyecto de reforma migratoria será aprobado, pero no ocurrirá hasta que un nuevo presidente esté en la Casa Blanca; porque la Administración Bush y el Congreso actual ya se dieron por vencidos y no quieren tratar una reforma migratoria comprensiva.

EL PESO DEL EJECUTIVO

Sobre el filo de los veinte minutos de entrevista pautada, el gobernador de Nuevo México insistió sobre uno de sus puntos fuertes. A fi n de acortar distancia con los candidatos que encabezan las encuestas, los senadores Hillary Clinton (Nueva York), Barack Obama (Illinois) y John Edwards (Carolina del Norte), afirmó: “En el último tiempo, el pueblo estadounidense se ha inclinado por candidatos con experiencia ejecutiva, personas que lidian con los problemas cotidianos; al tiempo que ve a los legisladores como a oficiales que dan muchos discursos que no necesariamente afectan sus asuntos de todos los días. Un gobernador sabe enfrentar prioridades y ejecutar presupuestos. Basta recordar que el último congresista elegido presidente fue John Fitzgerald Kennedy, hace más de 40 años”. Es claro que Richardson busca romper un prejuicio arraigado. Para él, los hispanos también son eficaces y prolijos administradores.

ENTRE DOS MUNDOS

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Bill Richardson en el debate democrata.

En su adolescencia, Richardson fue un destacado pelotero de las ligas estudiantiles de béisbol que soñaba con convertirse en jugador profesional. Dueño de un lanzamiento potente y eficaz, a los 18 años fue tentado por los reclutadores de los Piratas de Pittsburgh, equipo de la Liga Nacional, para formar parte de su selección. Sin embargo, los sueños del joven Bill chocaron contra el diagnóstico de su miopía y la firme determinación de su padre, quien quería que continuara con sus estudios en la universidad. “Pasé por momentos de depresión cuando comprendí que no iba a ser beisbolista. Sin embargo, la política vino a llenar el vacío que dejó el béisbol en mi vida”, recordaría Richardson 40 años más tarde, en su libro autobiográfico Between Worlds: The Making of an American Life. Así, tras su paso por la Universidad de Tufts, en Boston, donde obtuvo una maestría en Leyes y Diplomacia, el joven Richardson se trasladó con su flamante esposa, Barbara Flavin, a Washington DC. Allí trabajó como empleado del Congreso hasta 1978, cuando decidió comenzar su carrera política en el estado de Nuevo México. Cuatro años más tarde, Richardson fue elegido representante del tercer distrito estatal en el Congreso de Washington DC, cargo que mantuvo hasta 1997. Epoca en que el presidente Bill Clinton lo nombró embajador de Estados Unidos ante la ONU y, a fines de 1998, pasó a formar parte del gabinete presidencial como secretario de Energía. En 2002 fue elegido gobernador de Nuevo México y, en 2006, resultó reelecto con casi el 70% de los votos. De acuerdo con los datos de la Oficina de Análisis Económico (BEA, por su sigla en inglés), por su producto interno bruto (GDP), Nuevo México ocupa el puesto 41 entre los cincuenta estados norteamericanos. Sin embargo, como gobernador, Richardson consiguió colocar al estado entre los diez de mayor crecimiento y ha bajado el desempleo del 5,8 al 3,8%, según el Departamento Federal de Trabajo. En cuanto a su fisonomía, la comunidad hispana de Nuevo México representa algo más del 40% de la población, lo que lo convierte en el estado más hispano de la nación y en el único donde, por ejemplo, el español es también idioma oficial y se enseña en todas las escuelas.

AM: ¿Qué importancia le daría a Latinoamérica como presidente?

B.R.: Le brindaría la máxima atención, algo que no han hecho ni nuestro mejor mercado ni la Administración Bush. En cambio, buscaría promover una nueva alianza para el progreso, como hiciera Kennedy, entre Estados Unidos y Latinoamérica. Además crearía cooperación en áreas como la energía, ayuda educacional y microcréditos; como así también el hecho de mejorar las relaciones comerciales, para que sean justas y beneficien a los trabajadores de ambas partes. También trataría de resolver el problema de la inmigración, la situación con Cuba y buscaría profundizar las relaciones con los países demócratas de Latinoamérica, en especial con Brasil, Argentina y Chile.

AM: Pese a su crecimiento sostenido, la minoría hispana continúa subrepresentada en los niveles gubernamentales. ¿Cómo se revierte la situación?

B.R.: Tenemos que impulsar al hispano a que se involucre, en especial a las mujeres, para que sean candidatas. Hemos incrementado la presencia en el Congreso y en el Senado, pero no en puestos ejecutivos como en el caso de las gobernaciones. Sería importante que haya una iniciativa bipartidista para que la presencia hispana aumente en los dos grandes partidos. Pero lo más importante para elegir hispanos y darle voz a esta comunidad es que los propios hispanos participen, que se registren, que voten. Nuestro voto es nuestra voz, pero si no alzamos la voz, no serán tratados los problemas de nuestra comunidad.

AM: Usted calificó la guerra contra Irak como un desastre y propone el regreso de las tropas. ¿Debería entenderse la invasión como un fracaso y derrota de Estados Unidos?

B.R.: Sí, ha sido un fracaso. Pero hay que plantear el retorno a partir de un plan diplomático, para que Irak consiga estabilidad y tenga la oportunidad de alcanzar la soberanía firme y respetada. Estados Unidos debe desarrollar un proyecto diplomático para que sea dirigido por las Naciones Unidas. No tiene que ser una salida precipitada, sino en un plazo de seis meses. Sin embargo, lo importante es que las tropas estadounidenses estén de vuelta en casa. Por el contrario, ahora mismo están siendo atacadas y su presencia no permite tener una paz comprensiva en Irak.

 


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