BRUJAS: LA CIUDAD MEDIEVAL DE BELGICA

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Erase una vez una ciudad suspendida en el tiempo, en la que en sus canales y callejuelas se respira el esplendor de la Edad Media. Erase una vez una ciudad fortificada, casi salida de un cuento de hadas, en el que sus míticas puertas abren paso a asombrosas leyendas. Erase una vez una ciudad, en Bélgica, con rincones y recorridos inolvidables, que no es cuento para los amantes del arte románico, gótico o flamenco. Erase una vez Brujas, que bordada entre chocolates y tejidos añejos, es un destino con final feliz.

Texto: Maricel Del Sol / Fotos: Gentileza Oficina Turismo de Brujas

Trajes tipicos, Belgica

Mujeres con trajes tradicionales: el 70 % de los habitantes de Brujas vive del turismo.

Puede que su nombre evoque terror y maleficios, pero esta ciudad se ha ganado un mote superlativo: “La Venecia del Norte”. Sin embargo, no son sólo sus innumerables canales los que convierten a Brujas en una de las ciudades más románticas y atractivas de Europa, sino también sus magníficas residencias patricias, sus iglesias imponentes de arquitectura medieval y sus obras de arte, herencia de un rico pasado. Es la identidad conservada por sus habitantes tan intacta hasta nuestros días, tan ilusoria y mágica, lo que la convirtió en la Capital Europea de la Cultura. Entrar a Brujas por alguna de las puertas medievales que custodian la ciudad es caminar despierto en una especie de ensueño, hasta introducirnos sin apenas notarlo en la Edad Media. Se abre un telón imaginario, y aparece ante los ojos casi el decorado de una obra de Shakespeare. El escenario se llama Brugge, o como se le conoce internacionalmente: Brujas. Es esta pequeña ciudad de 120.000 habitantes, fundada en el siglo IX por los vikingos, y situada al noroeste de Bélgica, entre Gante y Ostende, capital de Flandes Occidental, que cuenta con la peculiaridad de recrear, como ninguna otra ciudad de los países bajos, un escenario que nos transporta varios siglos atrás. En mérito a esa virtud que la transforma en un “museo viviente”, en el 2000 la UNESCO la declaró Patrimonio Histórico de la Humanidad. Con su vocación de buen vivir ha sabido preservar muy bien la identidad que la hiciera famosa en la Edad Media. Fue en ese período que consiguió su mayor relevancia internacional como centro del comercio europeo. Monedas antiguas que datan del siglo IX relatan en su inscripción el logro normando de haber convertido Brujas en un recinto fortificado. Es por esa misma época en que la actividad de la región comienza a girar en torno del castillo de Balduino I, conde de Flandes, conocido como “Brazo de Hierro”. Cuenta la historia que Balduino I raptó y se casó con Judit, hija primogénita del rey de Carlos I de Francia. Tras varias mediaciones que los reconciliaron, el monarca le encomendó a su yerno defender la provincia de Flandes de las incursiones normandas. Es que bravos y osados, los normandos habían instalado ya al fondo del estuario del río Zwin un desembarcadero o Bryggia para sus naves. Ese antiguo término escandinavo dio origen al nombre de la ciudad. La comunicación con el mar ha sido siempre para esta región una cuestión vital, y cuando el puerto no pudo sobrevivir a la retirada de las aguas, Brujas se sumió en una grave crisis económica.

Brujas, Belgica

Ciudad de Brujas, Belgica.

De allí que la gran marea de 1134 fuera tan importante para el lugar, pues volvió a unir la ciudad con el Mar del Norte y le devolvió su estatura comercial. Auge que aprovecharon los comerciantes de lana inglesa para edificar un monopolio económico. Así, Brujas fue adquiriendo trascendencia por los productos que en ella se comerciaban, como los famosos paños flamencos. El siglo XIII perpetuó la prosperidad comercial y muchos extranjeros y artistas se radicaron en Brujas. La verdadera Edad de Oro de la ciudad llegaría un siglo después, cuando la industria de los paños floreció hasta su máximo apogeo, colocando a Brujas como el centro comercial y mercado monetario más importante de Europa. Pero el ciclo de buena fortuna llegaría a su fin y la ciudad se sumiría en una triste decadencia, cuyo recuerdo ha pasado de generación en generación, y cada residente sabe que la popularidad actual tuvo su precio. Existieron varios factores que contribuyeron a esa suerte. Uno de ellos fue la sequía que provocó que bajaran los niveles del río Zwin, anulándolo para el transporte fluvial y comercial, y la batalla de precios que impuso la férrea competencia desde el exterior para arrebatarle a la ciudad la hegemonía en el mercado de la lana. Los competidores lograron su cometido y Brujas perdió su posición, lo que provocó que industrias y comerciantes dejaran la ciudad. Como golpe de gracia, la revolución industrial puso punto final a la elaboración manual de los tejidos, sacando del mercado los telares y a los finos artesanos flamencos. Lo que había sido una de las ciudades con mejor nivel de vida en el Viejo Mundo, entró en una de las peores crisis económicas de su historia. El siglo XVIII fue de paulatina decadencia y la ciudad vio convivir la indigencia y la miseria. Tal como la describió el novelista George Rodenbach en Bruges la Morte, la ciudad se sumió en el olvido por varias décadas. Pero su gente supo aferrarse a sus costumbres, resistir y aprovechar todas las oportunidades para levantarse comercialmente. El turismo y su rica tradición artesanal le devolvieron la gloria en el último siglo. Y lo que hoy van a visitar viajeros de todas partes del mundo, si bien parece un “parque temático” preparado para deslumbrar al visitante, es en realidad una ciudad fortificada medieval, mantenida intacta en su gloria pasada.

CAMINO A LA ATALAYA

Paseo en lancha, Belgica

En invierno se suspenden los paseos en bote, pero la nieve recompensa redecorando los canales.

En la quietud, a la sombra del ala izquierda de la iglesia de Nuestra Señora, descansa plácidamente La Virgen con el Niño, la escultura de Miguel Angel. Y es en esta ciudad, cuna de la pintura flamenca, por cuyas escuelas desfilaron artistas de la talla de Van Eyck, Van Der Goes y Memling, donde se pueden admirar sus obras, en las tantas iglesias de la ciudad y en el museo de Groeninge. Hoy el setenta por ciento de la población de Brujas vive del turismo. Difícil olvidar el mar, al cual Brujas debe su origen y su antigua prosperidad. Desde 1950, bajo el auspicio de Leopoldo II se construyó el gran puerto de Zeebrugge en el Mar del Norte, que se convirtió en uno de los factores más importantes de su recobrada economía y popularidad como destino. Aunque se promueve la idea de que a Brujas hay que visitarla a través de sus tantos canales, como a Venecia, en la ciudad belga son sólo una de las curiosidades. Es en sus callejuelas adoquinadas donde se percibe el ritmo de su gente, la historia grabada en los muros. No importa qué calle se tome en Brujas, el entramado es una especie de encrucijada bien tejida, que al final lo conducirán al mismo lugar: la Plaza Markt o Plaza del Mercado. Una vez allí, la parada de rigor será frente a unos de los edificios, símbolo de la ciudad, el campanario o La Atalaya, que con sus más de ochenta metros de altura, fue reconstruido en 1482 en forma octogonal. Rodeada por otros edificios, que con su Mercado Cubierto forma un conjunto muy atractivo de tiendas y restaurantes, que tanto de día como de noche le devuelve a Brujas su antiguo señorío. En tiempos pasados, muchos estatutos se proclamaban desde el balcón de La Atalaya. Desde esa torre todavía se convoca a los habitantes a reunirse en asamblea en la Plaza del Mercado.

Molino, Brujas, Belgica

Un molino de viento, en los suburbios de Brujas, símbolo del legado medieval de la ciudad.

Para los más intrépidos, La Atalaya representa todo un reto de resistencia: hasta su cima hay que subir 366 peldaños: la recompensa es una estupenda vista panorámica, majestuosa, de toda la ciudad. Durante el ascenso se puede observar el mecanismo del campanario, compuesto por 47 carillones de bronce, culpables de las campanadas que en cada atardecer envuelven a la ciudad en una especie de halo encantado. En la Plaza Mayor también se alza el monumento a la Batalla de las Espuelas de Oro. Cada año miles de turistas retratan allí la figura inmortalizada en bronce de este virtual monumento a la libertad de Bélgica, con sus dos héroes nacionales, Jan Breydel y Pieter de Cornick, cabecillas de los enfrentamientos ocurridos el 11 de julio de 1302, que liberaron a Brujas de la ocupación francesa. Sin embargo, todavía la influencia del vecino país se hace sentir con fuerza: uno de los tres idiomas oficiales continúa siendo el francés, junto al flamenco y el alemán. Pero es también la cercanía con esos vecinos lo que le confiere a la ciudad esa mezcla interesante, que se hace notar en su gastronomía, la moda y las tendencias artísticas. Contigua a la Plaza Mayor se encuentra la Plaza de Buró, un verdadero oasis para los aficionados a la arquitectura medieval. Allí se pueden apreciar varios estilos, que van desde el romanticismo en la cripta de la Basílica de la Santa Sangre, con sus dos capillas superpuestas, la inferior románica, y la superior neogótica, hasta el Ayuntamiento, de final del siglo XIV, en estilo gótico florido que se realza mediante tres torrecillas. Es notable su sala gótica, donde guarda una magnífica bóveda. El Ayuntamiento es un ejemplo de las primeras expresiones del estilo comúnmente llamado brujeénse. En la plaza se destacan también la escribanía de estilo renacentista, del siglo XVI, con un museo provincial, y el antiguo palacio Bruges Vrije, de estilo barroco de la misma época, actualmente centro administrativo municipal.

Los museos

Plaza Markt Belgica

Todos los caminos de Brujas conducen a la Plaza Markt.

Si de museos hablamos, Brujas se destaca por sus recintos que dan testimonio de la época de gloria de la ciudad, íntimamente vinculada con la obra de los pintores flamencos, como Memling, Petrus Christus, Gérard David, Isenbrandt Ambrosius Benson o Jan Provost. El Groeninge ofrece una nutrida colección. Por su parte el Antiguo Hospital de San Juan-Museo Memling cuenta con seis magníficas obras del pintor, el relicario de Santa Ursula, además de una curiosa farmacia del siglo XVII. El museo Gruuthuse se encuentra en un viejo palacio y exhibe una magnífica colección de arte decorativo. La Catedral de San Salvador, ahora restaurada, es la iglesia más antigua de Brujas, corresponde a los siglos XI a XV. En su interior se puede visitar un museo con una generosa colección de cuadros flamencos de nombres como Dirk Bouts y Hugo van der Goes. Se destaca, además, su robusta torre de cien metros de altura, con torrecillas angulares que no son suficientes para hacer airosa la mole. El templo tiene una interesante sillería, y tumbas medievales. También se pueden recorrer los museos del Diamante, del Campanario, el Arqueológico, el del Encaje, y el Guido Gezelle.

DE LEYENDAS Y PUERTAS

Vista de la ciudad Brujas, Belgica

La torre de La Atalaya.

Un espectáculo aparte son los habitantes originales de los canales: los cisnes. Sobre estas elegantes criaturas se han montado algunas curiosas leyendas. Una de ellas cuenta que en el siglo XV hubo una revuelta local contra Maximilano de Austria, a causa de un incremento en los impuestos. En lo más feroz de la insurrección, los alzados decapitaron a un alto dignatario, cuyo escudo de armas llevaba un cisne. Cuando por fin se apaciguaron las aguas, Maximiliano ordenó a los hombres de la urbe que a partir de entonces, y como castigo por el crimen cometido, alimentaran a los cisnes de los canales de por vida. Fábula o verdad, los cisnes siguen nadando a sus anchas por los canales de Brujas, ajenos a las leyendas y sobre todo agradecidos de todo aquel que se detiene a alimentarlos. El Rozenhoedkaai o Muelle del Rosario es otra de las atracciones, desde donde se puede tomar una excursión en bote dirigido por un guía que hará muy interesante el trayecto por el río Dijver. Y por supuesto El lago del amor, uno de los rincones de la ciudad que merecen atención y que los enamorados no dejan de visitar. Las puertas de la ciudad no pasan inadvertidas, pues cada una representa una porción de esa historia viva y latente. Puertas que un día protegieron de las invasiones normandas y en cuyos muros permanece el eco de gritos de batalla de valerosos guerreros. Se recomienda comenzar desde la Kruispoort o Puerta de la Santa Cruz, se llega a ésta desde la Plaza Mayor siguiendo a pie por las calles Breidel, Hoog y Langestraat, hay un servicio frecuente de autobuses en caso de que los pies se resistan a la caminata. Existen tres puertas más que guardan sus peculiaridades y cuentan su historia de una manera especial: la Puerta de Gante, la Puerta de Ostende y la Puerta Mariscala. De hecho, en una de las paredes de esta última hay una calavera de bronce, que le recuerda al visitante la traición de un habitante que en 1691 intentó abrir las puertas de la ciudad a los invasores. Como en cualquier ciudad turística, en Brujas está lo que algunos consideran secundario y para otros es la máxima atracción del lugar: las compras. Se pueden recorrer la Steenstraat o Calle de las Piedras, y su paralela, la llamada Noordzandstraat, donde se encuentra una variedad increíble de tiendas, desde finas boutiques hasta económicos supermercados. El arte del encaje, que sigue presente en la ciudad, cautiva a los visitantes, que pueden observar en la calle y frente a las tiendas el minucioso y delicado trabajo de las tejedoras. Y si de sabores hablamos, las chocolaterías de Brujas son famosas y más locales en esta ciudad que las tiendas de souvenirs. Son verdaderas boutiques de confección del chocolate, una fiesta y una tentación difícil de resistir.


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