CANTO SIN FRONTERAS: OJOS DE BRUJO

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Nacidos en la multiétnica Barcelona, herederos de la riqueza artística de Andalucía, su música mezcla sonidos flamencos españoles con hip-hop, funk y sones populares aportados por inmigrantes. Nómadas por naturaleza, callejeros por adopción, descollaron en numerosos festivales de Estados Unidos y recorrieron Europa, México y Sudamérica. “Allí descubrimos cuántas barreras se rompen con el idioma español”, confesaron a ALMA MAGAZINE, mientras preparan su cuarto disco y un nuevo viaje por el mercado estadounidense.

Texto: Felipe Real / Fotos: Oriana Elicabe / ODB

Marina, la unica mujer, canta, rapea y escribe las letras

Marina, la única mujer, canta, rapea y escribe las letras. Sus compañeros admiran la energía que derrocha sobre el escenario.

No hay dudas: los trovadores flamencos conquistaron el mundo. Cualquier ciudad que se precie de ser cosmopolita y de gozar de una vida cultural glamorosa, debe tener su show de flamenco. En general, los encarnan bailaores de rojas camisas y sombreros negros junto a gitanas de piel aceitunada y sensuales movimientos. Pero ese estereotipo comienza a entrar en desuso. El colectivo de artistas Ojos de Brujo está empecinado en demolerlo. Su nombre parece remitir a la mirada sabia de los hechiceros con la cual obtenían las mejores cualidades de cada sustancia para luego confeccionar una nueva e inquietante pócima. Con esa misma actitud se plantan frente a la creación musical. Estos nietos de inmigrantes de la Andalucía de sangre calé (gitanos españoles) y residentes de la festiva Barcelona –la nueva “Babel mediterránea”–, se destacan por fusionar ritmos aparentemente irreconciliables. Durante sus presentaciones, los nueve integrantes arremeten contra el público con sus trompetas, tambores y laúdes hasta arrastrarlos, guiados por la sensualidad del piano y sus acordes de guitarras embriagantes. Sus quejíos y melodías tradicionales son intercalados con el scratching de sus consolas y matizados con tangos y sones cubanos, además de rap, funk, hip-hop y cualquier música que se les antoje desbordante, apasionada, contagiosa y con sabor caliente. Con sus primeros discos, Vengue (1999), Barí (2002) y Techarí (2006) recorrieron Estados Unidos, Canadá, Colombia, Cuba, México, Argentina y toda Europa. Mientras preparan su próximo trabajo, Ramón Giménez –uno de los líderes y guitarrista del conjunto que entró al mercado norteamericano por esa categoría tan heterogénea, conocida como la world music– esboza las promesas de una incipiente pero prometedora carrera. Recibieron el premio como mejor banda otorgado por la TVE, la emisora pública de España, y el BBC Music Awards 2007, de la cadena británica. Ameno y conversador, dueño de risas fáciles y miradas resueltas, artífice de las cuerdas y corazón de la banda, Ramón se toma su tiempo, como buen gurú, para transmitir su filosofía andariega e inquieta como el alma de los gitanos.

DE CUBA A CATALUÑA

Carlos Sarduy Ojos de Brujo

Carlos Sarduy aprendió los secretos de la trompeta en su Cuba natal.

El trompetista de Ojos de Brujo es un habanero, criado en la Guanacona, a orillas del Caribe. De la mano de su padre aprendió los secretos del broncíneo instrumento y del piano. Ama el danzón, la guaracha y el son, aunque confiesa que las congas son su pasión. Desde joven se nutrió de experiencias en el barrio marinero del Alamar, reducto cubano en el que la música y la vida son una misma cosa. Allí compartió espectáculos con maestros como Jovanotti, quien lo vio tocando en la calle y no dudó en invitarle a subir al escenario. Siendo un niño todavía, el músico Ismael Gento lo preparó para ingresar en la Escuela de Amadeo Roldán, donde descubre el mundo profesional. A los 15 años llegan los primeros laureles: ganó el concurso Jojazz, que se celebra cada año en La Habana. Gente del talento y reputación como Chucho Valdés, Roberto Carcasés o David Murria lo festejan. A partir de ese momento pone su trompeta al servicio de proyectos tan importantes como la agrupación Rumbatere, donde comparte dirección musical con el mítico Rubalcaba. Participa en proyectos cinematográficos como el filme Música Cubana: Los Hijos de Buena Vista. En 2005 editó su primera grabación en solitario, Charly en la Habana, en la que colaboran músicos de nueva generación como Regis Molina, Emir, Abel Calderón, Rodney Barreto, Edgar Martínez Ochoa, Aniel Tamayo, Juan Jose Pestaña, y otros consagrados como Chucho Valdés, Roberto Carcasés, Amadito Valdés, Teresa García Catarla o Germán Velasco. Fue en 2005, casi de casualidad, que colaboró con Ojos de Brujo en un concierto efectuado en La Habana. Pocos meses más tarde decide mudarse a España, y Ramón Giménez lo invitó a sumarse a la banda. Con talento y humildad, “Carlitos” se integró a este premiado conjunto ibérico.

ALMA MAGAZINE: ¿Cómo definirías a Ojos de Brujo?

RAMON GIMENEZ: Es un proyecto de investigación musical sobre la riqueza rítmica del planeta. Es un sinfín de puntos en común con los demás músicos que están con nosotros. Al flamenco lo definiría como un prisma de identidad, que filtra tendencias y otras músicas para hacer una música nuestra. El reggae, funk, punk, son cubano, tangos y hip-hop son filtrados por el flamenco hasta componer una música y código nuevos. Aclaramos que no hacemos el flamenco del siglo veintiuno.

Show Ojos de Brujos

De niño tocaba flamenco. De adolescente, pasó por el hip-hop y el breakdance. Ahora fusiona ambos ritmos.

AM: El flamenco es un género que tiene toda su tradición. ¿Cómo reaccionaron los más tradicionalistas ante tanta mezcla?

R.G.: Hubo críticas de personas que se creen que el flamenco es propiedad de alguien. De todos modos, determinadas personas para las cuales no hacemos flamenco, nos trataron con mucho respeto. A otros artistas, nuestra música les gustó y nos apoyaron con su onda expansiva, como lo hizo Paco de Lucía (célebre guitarrista y compositor español).

AM: ¿Y cómo lidian con esas resistencias?

R.G.: Es cada vez más obvio que ya pasaron los tiempos atados al estereotipo de la peineta y los toros que componían la España Olé. Y que el flamenco es una música libre, que sigue en permanente evolución desde hace muchos años. Intentar mantenerlo puro es ridículo, porque atenta contra su propia naturaleza. Esta música se nutrió de las músicas de otros pueblos visitados por los gitanos, y bebió de los ritmos castellanos, árabes, de Europa del Este.

AM: ¿Cómo piensan el estilo de las canciones al generar sus propias fusiones?

R.G.: Cuando se fusiona incluimos músicas que ya existen en el interior de nuestro grupo. Esto no es fusión a la carta, ni decimos en este momento está pegando tal música y buscamos la fórmula para agregarla.

AM: ¿Qué perspectivas tienen frente al mercado de Estados Unidos?

R.G.: Poco a poco hacemos ruido. Realizamos cuatro giras en el país, invitados a diferentes eventos y publicamos nuestro segundo álbum, Barí (joya en lengua gitana). Observamos que la acogida es paulatina, ya que nuestras puertas son los diferentes festivales de música latina, hip-hop, étnica. Por ejemplo, estuvimos en el Flamenco USA, también Chicago, Austin, Miami, y tocamos en el Central Park. En Canadá participamos del Festival de Jazz de Montreal, con muy buena repercusión.

AM: ¿Cómo es el público estadounidense?

R.G.: Siempre encontramos un público variopinto. Muchos se acercan desde el sector de World Music. Algunos van desde lo social: nos vienen a ver por nuestra filosofía y el mestizaje de músicas. A otros entramos por nuestro perfil “raro”. Es más, nos venían a ver por un documental sobre el flamenco que habían dado en National Geographic (risas).

AM: ¿Ayudó el “ingrediente hip-hop” para entrar en ese mercado?

R.G.: Precisamente en mi caso, desde niño hice flamenco. Mi abuela dice que aprendí a tocar temas de Camarón de la Isla (principal referente del género) antes que las canciones escolares. Pero ya en la adolescencia comencé a hacer breakdance, luego me compré una guitarra eléctrica y luego seguí evolucionando hacia el funk, el hip-hop. Por lo cual no encuentro forzada su fusión a la hora de componer. AM: Barcelona, de donde Ojos de Brujo es oriundo, suele ser citada como un paradigma del multiculturalismo. ¿Cómo sienten reflejada esa fuerza cultural?

R.G.: Cuando fusionamos música, fusionamos culturas. La irrupción de Ojos de Brujo coincidió con cierta conciencia en el público de esta situación de mestizaje. Por nuestra música, es más fácil que te asocien con determinados aspectos de la ciudad. Pero esa Barcelona multiétnica es una imagen mediática en la cual no se enfoca su periferia. No todo es como se pinta el Barrio Gótico y la Rambla.

Shows en Estados Unidos

Durante el mes de junio, Ojos de Brujo recorrerá América del Norte para llegar a participar de una nueva edición de un festival en el cual cosecharon aplausos en el público y buenos ecos en la prensa: 22 de junio – Los Angeles, California (California Plaza; 23 de junio – San Francisco, California (Nob Hill Masonic Centre); 24 de junio – Bonville, California (Mendocindo Country Fairgrounds); 28 de junio – Nueva York (Irving Plaza); y 29 de junio – Montreal, Canadá (Montreal Jazz Festival, en el Metropolis Theater).

SIN BARRERAS

Los integrantes de Ojos de Brujo

Los integrantes de Ojos de Brujo se niegan a mantener al flamenco en estado puro.

AM: En sus letras se percibe un culto a la calle y el barrio. ¿Qué encuentran en ellos para inspirarse?

R.G.: La calle es el latido de donde vives y el barrio es el caldo de cultivo. Aunque los barrios cada vez se parecen más entre sí y a su vez, con barrios de otros países, cada uno tiene una cultura urbana distinta. Intentamos encontrar la dignidad de lo localista y en lo global. Vernos los parecidos y los matices.

AM: Tanto en España como en Estados Unidos hay sectores que plantean el endurecimiento de las leyes inmigratorias. ¿Qué perciben desde Ojos de Brujo?

R.G.: No es un problema particular de España y Estados Unidos. Pero hay una doble moral. Por un lado, sus sociedades se muestran cosmopolitas y abiertas para acoger gente. Pero por otro, hay reticencias frente a la inmigración. Es algo que está y no hay que cerrar los ojos. Justamente, Ojos de Brujo está con su música para generar sensibilidad frente a ese tema. Por ejemplo, el mejor amigo de mi hijo se llama Jasid, y habla árabe. Eso antes no ocurría.

AM: Según las experiencias del grupo, ¿peligra la identidad de los grupos étnicos minoritarios frente a la globalización?

R.G.: Debe confesarse que hay mayor interconexión cultural. En general, la globalización estandariza los modelos culturales y el conocimiento de la cultura del otro por medio de estereotipos, muchas veces, vacíos. Por eso es necesario capturar lo mejor de tu pueblo pero darle un código más actualizado. Nosotros decimos hacer “retrofuturismo” y buscamos los aportes culturales del pasado. No hay que olvidar esa inmensa experiencia personal y colectiva.

AM: Existe un estereotipo del flamenco español que lo señala como un hombre vago, holgazán, pero sensual. Semanas atrás, el New York Times decía que el sexappeal del “macho ibérico” caía en picada por la modernización de la vida española…

R.G.: Es ridículo. El sex-appeal es algo que tenemos todos. Yo tacharía esa pregunta del cuestionario (risas).

AM: Recorrieron América latina con sus discos. ¿Cómo fue el recibimiento?

R.G.: El público es increíble. Entendieron nuestro trabajo en forma y a fondo. Nos sorprendimos cuando coreaban las letras tan rápido. Allí descubrimos cuántas barreras se rompen con el idioma español. Siempre nos quedará este gran atajo para saltar cualquier protocolo extra y llegar más rápido al corazón de las personas.


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