CARDIOPATIAS: RIESGOS DEL CORAZON

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Diferentes estudios médicos alertan sobre la relación entre el impacto de la contaminación ambiental y sonora con el aumento de las enfermedades cardíacas. Si solíamos vivir rodeados de ciertos mitos con respecto a las complicaciones cardiovasculares, nuevas investigaciones vienen a desacralizarlos. Un informe para conservar el bienestar en las grandes urbes y lograr que nuestros corazones se resientan lo menos posible.

Texto: Felicitas Beauvallet / Fotos: AP

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Imprescindibles. Los ejercicios ayudan a evitar los problemas circulatorios.

Creo en mi corazón, el que no pide nada porque es capaz del sumo ensueño” recitaba la chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura. El verso funciona dentro del universo poético, pero la frase –desde el punto de vista médico– es falsa. El corazón –principal órgano del sistema circulatorio– pide, especialmente, cuidados ante la deteriorada calidad de vida urbana. Desoírlo tiene sus costos. Las enfermedades cardiovasculares, según la compañía farmacológica AstraZeneca, son la primera causa de muerte en mayores de 40 años, afectando anualmente a más de 17 millones de personas en el mundo. Los expertos coinciden al señalar que en los próximos años, la cifra ascendería a 20 millones de fallecimientos y dentro de ese universo, 13 millones corresponderán a países en desarrollo. ¿Por qué mientras las técnicas preventivas y los tratamientos farmacológicos avanzan, se elevará el número de víctimas? La respuesta dista de ser simple, pues innumerables factores complican el análisis. Pero en la actualidad existe cierta coincidencia al afi rmar que en el sistema cardiovascular repercuten, no sólo las prácticas actuales de comportamiento y consumo (sedentarismo, tabaquismo, alimentación), sino también los problemas medioambientales (ruido, contaminación, tensión urbana). Mucho se ha publicado sobre la relación del sedentarismo y la tensión laboral con los problemas circulatorios. Pero poco sobre las nuevas investigaciones que analizan las enfermedades cardíacas ante el entorno urbanístico y medioambiental, demostrando que las afecciones no sólo dependen de una forma particular de trabajo, o de la elección de ciertas comidas, sino de un complejo entramado social que articula el concepto –siempre difuso– de “estilo de vida”. En ese punto, el hecho de haber concebido una sociedad basada en motores impulsados por combustibles, derivados del petróleo, tiene sus consecuencias (no sólo políticas y comerciales).

AP A MO USA Kansas City Explosion

Pesadilla urbana. Los científicos analizan la influencia de la contaminación ambiental y sonora en el aumento de patologías cardíacas.

SINFONIA DE MOTORES La revista británica New Scientist publicó datos basados en un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el cual se demuestra la relación entre contaminación sonora y altos índices de enfermedades isquémicas, aquellas cuyo origen radica en la incapacidad de las arterias coronarias para suministrar el oxígeno necesario a una determinada área del músculo cardíaco. Según ese relevamiento, la exposición prolongada al ruido – causado, por ejemplo, por el tránsito urbano, autopistas o maquinarias industriales– es responsable de hasta el 3% de los ataques cardíacos que terminan en muerte. Los expertos calculan que globalmente mueren anualmente 7 millones de personas por enfermedades isquémicas y que, siguiendo ese porcentaje, la polución sonora determinaría la vida de más 200 mil pacientes. En tanto que el límite aceptado por la OMS es de 65 decibelios y, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), 130 millones de personas en el mundo sufren niveles sonoros superiores al límite aceptable, mientras otros 300 millones padecen ruidos que imposibilitan una calidad de vida media. Por su parte, investigadores alemanes del Centro Médico Universitario Charité de Berlín estudiaron a un grupo de víctimas de crisis cardíacas y encontraron una relevante presencia de personas expuestas a altos índices de ruido en sus trabajos u hogares. De ese modo, recordaron que el cuerpo, ante situaciones de bullicio y estrés, segrega adrenalina (hormona vasoactiva producida por las glándulas suprarrenales) y noradrenalina (neurotransmisor que propicia la motivación) que terminan provocando alzas en la presión sanguínea y en los niveles de colesterol y grasa. Por lo cual, los “aturdidos oyentes” suelen registrar el aumento de las pulsaciones, de la presión arterial y de la excitabilidad vascular. Datos para tener en cuenta.

MITOS DEL CORAZON

DAVID LETTUna suerte de “cardiología hogareña” se ha ido confeccionando con la sabiduría de los médicos de antaño y de las abuelas. Sin desvalorizar esos conceptos, los científi cos se han propuesto estudiarlos para confi rmar o rebatir esas reglas. Aquí yace una pequeña lista: Una copa de vino por día hace bien al corazón La frase parecía ser el justificativo de los amantes del buen beber o personas que ahogaban sus penas en bares. Pero los cardiólogos afirman que una copa diaria impide la formación de trombos intraarteriales, y contribuye a disminuir el riesgo cardíaco. Incluso, aseveran que el vino tinto es mejor que el blanco en tal sentido. La OMS, por su parte, señaló que tal creencia era una perfecta falacia y recomienda “descartar toda bebida alcohólica”. El aceite de oliva es nocivo Mucha gente se perdió el sabroso sabor del aceite virgen por esta regla. Pero un estudio español publicado en American Journal of Clinical Nutrition explicó que por sus elevadas concentraciones de fenoles, se revierten los niveles de factores trombogénicos en personas hipercolesterolémicas. Es decir, aceite de oliva para siempre. Según historiadores, el mito se produjo en tiempos en los cuales había aumentado de precio frente a otros productos. En realidad, hacía mal al bolsillo. Las carnes vacunas hacen mal al colesterol El Instituto Cardiovascular de Buenos Aires reveló que las carnes vacunas bajan el colesterol. Según sus estadísticas, disminuirían los valores de la glucemia basal, del colesterol total y del colesterol LDL (colesterol malo). Los investigadores argentinos, intentando no cambiar la cultura alimenticia de una sociedad carnívora, aclaran que se deben elegir las carnes más magras disponibles en el mercado. Los pacientes coronarios deben dejar de tener sexo Es falso que desarrollar una sexualidad vigorosa aumente el riesgo de infartos. Las muertes durante el coito son totalmente inusuales. Los pacientes pueden tener una vida sexual normal. Si se siente agitación, será la misma sensación que en cualquier esfuerzo físico moderado. La cocaína produce infartos No es una recomendación de puritanos. En 1982 se demostró su capacidad para producir infarto agudo del miocardio y es considerada la enfermedad cardiovascular más frecuente entre los consumidores de esta droga. En Estados Unidos, en cinco años, creció en un 30% el ingreso de pacientes a las salas de urgencias por este motivo. La mayoría eran jóvenes que, hasta el momento, no habían sufrido problemas coronarios. El amor se siente en el corazón Muchas culturas señalaron al corazón como lugar donde residía el “estado de enamoramiento”. Aunque los psicólogos ubican ese fenómeno dentro de la mente, la World Heart Federation (WHF) afi rmó que el enamoramiento es benefi cioso para el corazón y la salud en general. Consideran que el amor disminuye el estrés, la ansiedad y la depresión, tres factores de riesgo psicológico que desarrollan cardiopatías. La WHF citó un trabajo en el cual se demostraba que los pacientes con pareja tenían mejores resultados que aquéllos viudos o separados.

AIRE IMPURO A estos análisis se suman otros documentos que detallan la vulnerabilidad del sistema circulatorio. La revista Genome Biology publicó un informe realizado por la Universidad de California que indica que la contaminación atmosférica favorece, en buena medida, el endurecimiento arterial (arterioesclerosis). Tal vez, motivados en el arduo tráfico y la feroz polución de Los Angeles, los investigadores descubrieron una interacción entre las partículas finas halladas en el humo –emanado por el caño de escape de los motores diesel– y los ácidos grasos del colesterol LDL, denominado comúnmente “colesterol malo” ya que genera mayores daños a los vasos sanguíneos en comparación con el colesterol HDL, apodado “el bueno”. ¿Por qué se considera al LDL como el chico malo del barrio? Porque activa los genes que pueden causar la inflamación de los vasos sanguíneos. Para simplificar la explicación, el doctor Andre Nel –jefe de nanomedicina de la facultad de Medicina David Geffen de la UCLA (University of California, Los Angeles) – precisó que “las sustancias químicas del humo del diesel afectan el sistema cardiovascular” pues aceleran la acumulación de depósitos grasos (es decir, la ateroesclerosis). ¿Las consecuencias? Con el tiempo conducen a la obstrucción completa de un vaso sanguíneo, lo que puede desembocar en un ataque cardíaco o en un derrame cerebral. El hallazgo es una señal de alarma para quienes tienen problemas cardiovasculares y están expuestos a zonas o trabajos con altos índices de diesel en el aire. Hasta ahora, cuando se hablaba de la problemática de la polución ambiental, se hacía referencia meramente a dolores de cabeza, irritación ocular y afecciones pulmonares. Sin embargo, a medida que los investigadores ahondan en el tema, la hipótesis cambia de foco. En este sentido, la revista de la Asociación Norteamericana de Cardiología, Circulation, advirtió que la polución del aire en las ciudades estadounidenses causa el doble de muertes por infarto que por cáncer de pulmón u otros males respiratorios. Las conclusiones se obtuvieron tras comparar estadísticas de salud con los datos de contaminación ambiental de más de 150 ciudades. Incluso, tras tener en cuenta otros factores de riesgo, como tabaquismo, alimentación, sobrepeso y ocupación, los investigadores concluyeron que los “malos aires” aumentaban las probabilidades de ataques cardíacos. “Más de dos terceras partes de las muertes causadas por contaminación del aire son cardiovasculares, en contraposición con las enfermedades respiratorias”, afi rmó uno de los autores, C. Arden Pope III, epidemiólogo de la Universidad Brigham Young, situada en la montañosa localidad de Provo, Utah. Las situaciones de riesgo descriptas están enmarcadas en el aceleramiento del crecimiento de las grandes urbes y su parque automotor. En 2007, por primera vez en la historia de la humanidad, habitan –a nivel mundial– tantas personas en el campo como en las ciudades. Hace sólo tres décadas, un tercio de los habitantes del planeta vivía en una urbe, pero dentro de 40 años, las ciudades concentrarán dos tercios de la población del mundo. Ante semejante tendencia poblacional y la degradación de la vida urbana, es recomendable adscribir a prácticas personales tendientes a garantizar la salud. El paso es sencillo: reducir los niveles de estrés. El objetivo: prevenir las afecciones cardiovasculares. Parece mentira que en el diccionario de la Real Academia Española, la palabra “urbanidad” quiera decir “atención y buenos modos” y que, hasta hace poco tiempo, la frase “vivir con urbanidad” se utilizaba para designar bienestar y confort.


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