CENTRO GEORGE POMPIDOU DE PARIS: ARTE A LA VISTA

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En el corazón parisiense se alza un gigante de vidrio y acero, tubos y colores. El Centro George Pompidou rescata a los grandes referentes del siglo XX para combinarlos con los artistas contemporáneos. Ese cruce de épocas y estilos, la mezcla de disciplinas –el cine y la literatura, la escultura y el ballet–, en un espacio dinámico, cambiante y moderno, resulta un placentero asalto a los sentidos.

Texto: Fernando Amdan / Fotos: AFP / Gentileza Centro Pompidou

Interiores del Pompidou

Uno de los interiores del Pompidou, donde se cruzan instalaciones y pinturas en un mismo espacio.

Quizá nada haya sido enterrado tantas veces como el arte. Pero su muerte, presagio de casi todas las vanguardias, nunca termina de suceder. Sigue siendo, como escribió Jean Galard, “tema artístico de obras bellamente suicidas”. Una de las últimas ceremonias funerarias –cuentan las bitácoras– se organizó el 15 de febrero de 1979, en el Centro Nacional de Arte y Cultura George Pompidou de París. En ese entonces, tras la apertura de las Jornadas de Arte Corporal y Performance, el artista y filósofo galo Hervé Fischer anunció el fin de la historia del arte. El “cadáver” fue simbólicamente depositado en una caja metálica, en uno de los estantes de la Oficina de Objetos Perdidos del Pompidou. Unos cuatro años después, el propio Fischer, junto al crítico Pierre Restany y el fotógrafo Denis Tremblay, resucitaron esas cenizas para una fructífera y rentable gira hacia otra galería de arte. El obituario era nada menos que una nueva expresión artística.

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Pompidou.

Hoy, el Pompidou atesora una de las mejores colecciones de arte contemporáneo con obras de consagrados como Dubuffet, Oldenburg, Tinguely y Picasso. Pero apuesta a su vez al dinamismo de los más destacados creadores de las últimas décadas, sólidos exponentes de un arte porfiado en su vitalidad. Fiel a su vocación multidisciplinaria y renovadora, el Pompidou ofrece a sus más de seis millones de visitantes anuales una treintena de exposiciones, en las que se combinan ciclos de cine, muestras de artes plásticas y esculturas, pintura, espacios literarios, coloquios y conferencias, conciertos y espectáculos de baile, que luego recorren Francia y otros museos del mundo. El Centro está dotado además de un instituto de investigación musical, el IRCAM, y una biblioteca con más de 2.000 puestos de consulta abierta al público (a diferencia de la Biblioteca Nacional de Francia, más conocida como Biblioteca Mitterrand, reservada exclusivamente a los investigadores).

Colores y tubos

El Baigneuse

El Baigneuse que Joan Miró pintó hacia 1924. La obra mide 72,5 por 92 centímetros.

Casi un homenaje al estilo industrialista, la construcción del edificio del Centro Pompidou sorprendió por su fuerza expresiva y la controversia que levantó entre los vecinos. El diseño de su esqueleto metálico y paredes de vidrio –de 166 metros de largo, 60 de ancho y 42 de alto–, con su provocativa fachada multicolor, fue muy resistido. Plantado cerca del río Sena, en uno de los distritos más antiguos de París, era un reto para los parisienses acostumbrados a la sobria arquitectura de la zona. En el Pompidou, como un museo viviente, están expuestos todos los elementos funcionales, como escaleras, conductos, ascensores, todos adaptados a la fachada oriental y utilizados como revestimientos de la estructura. Lo que a primera vista transmite casi un caos arquitectónico, es en verdad un concepto bien definido, y cada color responde a una funcionalidad: azul para los conductos del aire acondicionado, verde para los circuitos de agua, amarillo para las instalaciones eléctricas, y rojo para los ascensores y los sistemas de seguridad. La estructura principal, los pasajes y “la oruga” (las escaleras principales que atraviesan todo el frente del museo) avanzan sobre el exterior para ampliar las áreas de exposición y mejorar la circulación, dos de las metas pautadas cuando comenzó su construcción en 1970. El entonces presidente de Francia, Georges Pompidou, impulsó la creación de un museo que, en complemento del Louvre, albergara obras de artistas contemporáneos. Ese mismo año se lanzó un concurso internacional de arquitectura del que participaron 681 proyectos de 49 países.

Elementos funcionales del Centro George Pompidou

Todos los elementos funcionales del edificio están a la vista. Tubos, escaleras, ascensores pueden verse desde dentro y fuera.

El jurado, presidido por el prestigioso Jean Louvé, se inclinó por la propuesta del italiano Renzo Piano y el británico Richard Rogers, plagada de reminiscencias del espíritu libertario de los años sesenta. El proyecto debía contemplar las multidisciplinas que albergaría el museo, una libre circulación y una marcada apertura de los espacios dedicados a la exposición. Las obras comenzaron en 1972, con la construcción del armazón metálico, para terminar cinco años después. Pompidou no vivió para la apertura oficial, y el museo fue inaugurado por su sucesor, Valéry Giscard d’Estaing, en enero de 1977. El museo quedó dividido en dos partes: una infraestructura de tres niveles donde se reagrupan los espacios técnicos y de servicio, y una amplia infraestructura de vidrio y acero de siete niveles, incluyendo la terraza y el subsuelo, donde se concentra la mayor parte de la actividad. La transparencia de la fachada principal permite observar la actividad dentro del Pompidou desde la piazza, una amplia explanada imaginada por los arquitectos como un espacio de continuidad entre el museo y París.

Aquí y allá

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Una vista del interior del “gusano”, las escaleras de paredes transparentes que atraviesan todo el frente del museo.

En verdad, el Museo Nacional de Arte Moderno de París ya existía antes de ser albergado por la nueva estructura del Centro Pompidou. El MNAM, abierto en 1947, tras la Segunda Guerra Mundial, para relevar al antiguo Museo de Luxemburgo, se instaló en un primer momento en el Palacio de Tokio. Su director original, Jean Cassou, se dedicó a dotarlo de obras que hasta entonces habían sido despreciadas por los museos tradicionales, gracias al aporte de artistas como Picasso, Miró, Braque, Matisse, Chagall, Brancusi. Pero pronto ese espacio fue inadecuado para exponer las producciones de nuevos artistas (como Dubuffet y Masson, entre otros), así como los nuevos géneros y soportes que empezaban a hacerse un lugar entre las creaciones clásicas: el cine, el diseño, por mencionar algunos, exigían otros espacios para sus exhibiciones. Eso llevó a la construcción del Centro Pompidou. Pero el dinamismo artístico y cultural que planteó a fines de los ’70 hizo que en poco tiempo las autoridades del museo se plantearan el prematuro “envejecimiento” de la estructura. Fue así que, con la misión de reacondicionar los espacios, a partir de octubre de 1997 se lo mantuvo cerrado por 27 meses, en los que se renovaron 77.000 metros cuadrados y se desplegaron otros 8.000 adicionales destinados a las exposiciones. La reapertura tuvo una fecha simbólica: el 1º de enero de 2000, con el comienzo del nuevo milenio.

Azul, azul, azul

las instalaciones del Centro George Pompidou

Las instalaciones desafían las tres dimensiones y la gravedad. Cualquier espacio es bueno para exponer arte, incluso el suelo.

La mezcla de estilos, épocas y soportes hacen del Pompidou uno de los museos más completos de Francia, con alrededor de 55.000 obras entre exhibiciones permanentes y temporarias. Desde el rescate del dramaturgo irlandés Samuel Beckett, en una exposición que comenzará en marzo próximo, hasta una visita a los dibujos pop de Herré, pasando por los trabajos de Pierre Klossowski y la muestra de arquitectura, artes plásticas y diseño Airs de Paris (ambas a partir de abril), hasta las esculturas del catalán Julio González (julio) y la retrospectiva sobre las instalaciones de Annette Messager, con fecha de inicio en junio. Un paisaje tan diverso como extraño del arte contemporáneo y sus raíces más recientes, para el programa de 2007. Cuerpo, color, inmaterial, la exposición de Yves Klein, fue una de las más celebradas en los últimos meses. El artista continúa con su evocación al ya célebre azul IKB (Internacional Klein Blue) y sus monocromos en realizaciones como proyectos arquitectónicos, obras musicales, coreografías de ballet, decorados de cine… Siempre en azul.

homme qui court

Otra de las obras importantes en exhibición es el L’homme qui court (1933ˆ1934), del pintor ruso Kasimir Malevitch.

Klein propone una reflexión sobre el trabajo del artista, como desmarcado del “producir por producir” para vincularse con todos los campos de la expresión. La exposición se organiza en tres partes: impregnación, iluminación de la materia y encarnación, tres vertientes de su trabajo a los que suma –junto al azul– el dorado y el rosa como nuevos tonos. El Pompidou también presentó Le Mouvement des imágenes, una exhibición que propone una relectura del arte del siglo XX a partir del cine. Se trata de una redefinición de la experiencia cinematográfica ampliada al conjunto de las artes plásticas, aprovechando las innovaciones digitales que permiten diseccionar los componentes fundamentales del cine: número de imágenes por segundo, la proyección, el relato y el montaje.


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