CIRQUE DU SOLEIL: MAGIA PARA LOS OJOS

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Cuerpos que hacen proezas en medio de explosivas escenografías; vestuarios de diseño exuberante; luces y música que a su modo se asocian a los malabares; un manojo de músculos tensos, manos exactas y danzas refinadas dan vida a los movimientos. Adentro de la carpa viajera, ese raro caleidoscopio ha hecho enmudecer a los públicos más variados de todo el mundo. De gira por Latinoamérica, el Cirque du Soleil exhibe su show Saltimbanco. Al mismo tiempo otro elenco da vida a un espectáculo sobre The Beatles, recientemente estrenado en Las Vegas. La compañía canadiense mantiene viva la llama circense, con un concepto tomado y renovado de los antiguos artistas callejeros.

Texto: Fernando Amdan Fotos: Gentileza Cirque du Soleil

Mellizos Gutszmit Cirque Du Soleil

La fuerza y la destreza física se unen en el número de los mellizos Gutszmit.

Cuarto acto. El suspenso deriva en asombro. María Markova juega con seis pelotas en el aire. Pero le sobra tiempo para bailar tap, sonreír y guiñar un ojo a la platea. Cuando agrega una séptima, la atención se clava en ella a la espera inevitable, casi masoquista, del error. Pero no, María sigue sonriente. Y así con la octava, y con la novena… asombrosos dibujos y formas en el aire. Bajo la carpa del circo el tiempo y la respiración parecen detenidos, mientras las pelotas bailotean en el aire, al compás de un ritmo cubano. De 22 años, la malabarista es una de las grandes atracciones en Saltimbanco, uno de los espectáculos que la famosa compañía canadiense Cirque du Soleil pasea estos meses por Latinoamérica en una gira que los llevó a Brasil hasta fines de año. Lejos de los circos con enanos y mujeres barbudas, que apelan al trazo grueso y a la deformidad como atractivo visual. Sin la presencia de tristes animales en cautiverio forzados con latigazos a remanidos malabares. Sin apelar tampoco al riesgo físico como tensión adicional, algo que seducía al Circo de Moscú. Los canadienses usan arneses para sus números de riesgo, y uno nunca olvida que son creativos artistas del malabar, y no quasi gimnastas olímpicos en competencia, como proponía la escuela rusa. Cada detalle en Saltimbanco respeta un cuadro artístico total, en el hay que contemplar la exactitud del malabar, la estilización de cada movimiento, el escenario y las luces elegidos, y la inagotable imaginación de los maquillajes y vestuarios. Música en vivo, especialmente compuesta para el show, y los sucesos mínimos que rodean al número principal forman parte de la marca de estilo propio del Cirque. Por todo eso, y pese a los años de permanencia, siguen siendo cirqueros de vanguardia. Los nueve actos del espectáculo –desde mástiles chinos, boleadoras, trapecios– están repartidos entre 55 artistas, de 15 nacionalidades (y varios idiomas) diferentes entre los que se encuentra un solo latino: la bailarina argentina Adriana Pegueroles, que junto a una italiana hacen un estilizado y vertiginoso show de boleadoras que remite al folklore de su país. En sus giras, el Cirque no sólo organiza sus funciones, sino que también aprovecha para coordinar su ya célebres castings mundiales a la caza de los mejores en cada país.

Pueblo sobre ruedas

The Sleeper Cirque Du Soleil

Apenas aparece, The Sleeper –arriba- cae dormido para conjurar a Saltimbanco en sus sueños.

The Child Cirque Du Soleil

En busca de su identidad, The Child va explorando un mundo lleno de colores, música y magia.

Segundo acto. Expectativa. En la doble cuerda deja a todos inmóviles Ren Jun, una equilibrista china que casi no habla inglés pero es capaz de caminar por los mínimos bordes de todo el planeta. Para ese número se prepara con dos horas de precalentamiento antes de cada función. No lo hace sola: quince de sus compañeros, enfundados en trajes rojos como llamas encendidas, sacuden la carpa. Ren Jun, estrella de un momento clave de Saltimbanco, antes de ingresar al Cirque du Soleil, hace dos años, fue estrella del grupo China Acrobatic. Amo Gulinello, un neoyorquino de 38 años, actor de formación, reinventa las artes de clown y mimo en cada interacción con el público. El encargado de animar a la platea trabajó tiempo atrás en algunos episodios de la serie Sex and the City, pero ahora se aboca a la vida nómada circense, a la cara pintada con nostalgia y al gesto sin palabras. En la gira, cada desembarco de Saltimbanco no es broma. Un auténtico “pueblo sobre ruedas” se despliega en cada ciudad que se visita: una taquilla, una cocina e incluso una escuela y varias oficinas que albergan departamentos de administración, producción, servicios artísticos, técnicos, comunicación y dirección. Y por supuesto, el público que agotó funciones pese al costo de los tickets. En total, las cinco carpas del circo –el Grand Chapiteau, dos carpas de entrada, una carpa VIP y otra para los artistas– completan una superficie total de 3.263 metros cuadrados. Pero Saltimbanco –que para los ancestros italianos significaba “artista callejero” – es sólo uno de los siete espectáculos que el Cirque du Soleil tiene de gira por todo el mundo, sin mencionar los cuatro shows fijos en Las Vegas y uno en Orlando. Un total de 12 espectáculos y algo más de 3.500 empleados que forman parte de la compañía diseminada en todo el globo como una empresa multinacional.

De Canadá, con amor

Las hermanas Baziluy Cirque Du Soleil

Los dúos de mellizas sobre el trapecio son un clásico de Saltimbanco desde 1992. Las hermanas Baziluy, de Ucrania, continúan esa tradición.

En los años setenta, un hippie canadiense, tras recorrer el mundo se propuso crear un espectáculo donde se unieran artistas callejeros de Montreal. Malabaristas, mimos y lanzallamas animaban la incipiente compañía del pelilargo Guy Laliberté, quien comenzaba a soñar con espectáculos circenses en grande, donde se fusionaran el malabar, la música, el teatro y la danza, sin la necesidad de utilizar animales. Pero las fantasías se hacían cuesta arriba. Frustraciones de por medio, fue en 1984 que Laliberté tuvo su gran oportunidad. Ese año consiguió ayuda del gobierno de Québec para montar un show con la excusa del 450º Aniversario de Canadá. Sería ése el bautismo del Cirque du Soleil, y de Laliberté como su fundador. Rápidamente llegarían sus carpas fugaces por todo Canadá, aunque todavía con públicos modestos. El gran salto a la vidriera mundial, como no podía ser de otra manera, era conquistar con el circo el gran mercado estadounidense. Así, Laliberté inventó en 1987 el sugestivo título de We reivent the circus¸ y se largo con su carpa a seguir la ruta por San Diego y Santa Mónica. La gran respuesta del sensible público californiano fue la base de lanzamiento, y el Cirque du Soleil comenzó a copar las principales ciudades del país. Desde entonces, la compañía actuó en un centenar de países alrededor del mundo, con su nueva propuesta de lo circense, rodeada de una super puesta en escena, llena de música, actuación, colores y proezas.

Estreno en Las Vegas

El maestro de ceremonias Cirque Du Soleil

El maestro de ceremonias se encarga de las presentaciones, pero también de robar escena.

Malabares de Maria Markova Cirque Du Soleil

Los malabares de María Markova alcanzan un círculo de nueve pelotas.

Las Vegas, uno de los sitios que más réditos le han dado al Cirque du Soleil, fue el lugar elegido. A fines de junio se estrenó en el hotel The Mirage de esa ciudad, Love, un espectáculo que pasa revista a la beatlemanía, en clave circense y musical. Sin haber estrenado, el show había anotado su primer logro: consiguió el visto bueno de Yoko Ono, Paul McCartney, Ringo Starr y Olivia Harrison, la viuda de George, el guitarrista beatle. El segundo logro: la musicalización del show estará supervisada por George Martin, el legendario productor de The Bleatles. Ambientes urbanos, con 60 artistas internacionales en escena, estarán acompañados por material de las grabaciones originales de los Abbey Road Studios. El teatro construido en The Mirage cuenta con plateas en 360 grados, proyecciones panorámicas de video y sonido surround. Nutrido de malabaristas, bailarines y acróbatas, el elenco comenzó a ensayar el espectáculo en septiembre del año pasado, por lo que las prácticas se extendieron por casi nueve meses. Según Gilles Ste-Croix, autor y director de Love, la idea es “crear una evocación eterna y tridimensional de la música de The Beatles, diseñada desde la poesía de sus letras”. Todo con la magia y la pirotécnia visual de Cirque du Soleil.


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