CON LA PLUMA Y LA PALABRA: GEORGE ORWELL

0

Considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX, el padre de Animal Farm y 1984 entendió la independencia como forma de vida y se armó de una voz que lo volvió inmortal. Novelista y crítico del totalitarismo ruso, corresponsal de guerra, miliciano revolucionario en la guerra civil española, defensor incombustible de un socialismo democrático, periodista e inventor quizá del género non fiction algunos años antes que Norman Mailer o Truman Capote. En él las palabras y los actos nunca estuvieron disociados. A 65 años de su muerte, el legado del británico George Orwell vive entre nosotros, como su Big Brother inevitable.

Texto: Silvina Miguel / Fotos: William Howard / Bernard McGough / Marc Casley / Hogan Driver

Vigencia. George Orwell se definió a sí mismo como un “escritor político, dando el mismo peso a cada una de las dos palabras”.

Vigencia. George Orwell se definió a sí mismo como un “escritor político, dando el mismo peso a cada una de las dos palabras”.

Es el comienzo del siglo XX. El imperio británico domina el mundo desde 1815. Se ha expandido territorialmente hacia Canadá, Australia y Sudáfrica. Ha poblado fuertemente la India y Africa. Controla una quinta parte del planeta y posee un cuarto de la población mundial. La revolución industrial, que había comenzado en Gran Bretaña, se ha expandido por toda Europa, Norteamérica y Japón y ha cambiado para siempre la economía mundial. Los avances en medicina han generado un crecimiento indiscutido. El hombre se ha alejado de la tierra. La invención del ferrocarril ha generado mayores urbanizaciones en todo el universo. Londres es la ciudad más importante del globo. Este es el mundo que ve nacer a Eric Arthur Blair.

Hijo de Richard Walmesley Blair, de Ida Mabel Limouzin y del imperio británico, Eric nació el 25 de junio de 1903, en Motihari, India. Al cumplir su primer año de vida, se trasladó con su madre a Inglaterra. A los cinco años comenzó sus estudios en la escuela anglicana Henley-on-Thames. A los siete ingresó en el prestigioso colegio St. Cyprian’s de Sussex, y a los catorce obtuvo una beca para asistir al Eton College, conocido como el más costoso y snob de Inglaterra. En 1922, a los diecinueve años, partió hacia Birmania (hoy Myanmar) como miembro de la Policía Imperial Británica. La experiencia fue una decepción para Eric. Con el tiempo le resultó cada vez más claro que los habitantes de Birmania resentían la presencia británica y eran gobernados contra su voluntad.

Entonces, el orgullo que lo había llevado a convertirse en un oficial de policía del imperio británico fue reemplazado por la vergüenza que le generaba saber de la opresión que el gobierno de su país ejercía en los birmanos para asegurar su poderío y continuar su avance. Así que en 1927, estando de licencia en Inglaterra, decidió no regresar. Un año más tarde, renunció y se fue a vivir en comunidad junto a obreros y vagabundos en el East End londinense. Ese mundo es el que vio nacer a George Orwell.

El escritor y periodista británico-estadounidense Christopher Hitchens, en su ensayo Orwell’s Victory, publicado en 2002, escribió al respecto: “La decisión de Orwell de repudiar el imperialismo irresponsable que había provisto la manutención de su familia puede ser representada como edípica por aquellos críticos que prefieren esas vías de análisis. Pero fue un repudio muy exhaustivo y, para esa época, muy avanzado”.

Se fue a vivir en comunidad junto a obreros y vagabundos en el East End londinense. Ese mundo es el que vio nacer a George Orwell.

Rebelión en la granja

Los seres humanos somos unos cerdos. Priorizamos el confort individual por sobre cualquier otra causa. Representamos una amenaza para todo aquello que nos rodea y somos incapaces de producir otra cosa que no sea daño. Nihilismo puro es lo que encierra el mensaje de Animal Farm, la obra cumbre de George Orwell. Conocida en castellano con el famoso nombre Rebelión en la granja, la novela es una sátira de la revolución rusa y por lo tanto está cargada de simbolismo.

Mr Jones, el dueño de la granja, que es desalojado de su propiedad por la fuerza, víctima de sus propios animales, es el mayor villano de la novela y estaría basado en el zar Nicholas II, el último emperador ruso. Old Major, el cerdo filósofo que antes de morir inspira la rebelión, sería Karl Marx. Snowball, uno de los dos cerdos que toman el control de la granja tras la muerte de Old Major –que luego es traicionado por su enemigo Napoleón– sería León Trotsky. Mientras que Napoleón, el tirano de la novela, representaría a Iósif Stalin. Squealer, el cerdo mano derecha de Napoleón, encargado de reinterpretar el mensaje al resto de los animales de la granja, sería el periódico ruso Pravda. Boxer y Clover, los fieles caballos, serían el proletariado. Los perros de la granja, que protegen a Napoleón, serían la KGB. Mollie, la yegua que abandona la granja por una mejor vida, representaría a la clase media. Moses, el cuervo domado, sería la iglesia. Para Orwell, la iglesia era sólo una herramienta del totalitarismo para mantener a las clases trabajadoras esperanzadas y productivas. “Dios ha muerto”, diría Friedrich Nietzsche. Animal Farm fue escrita durante la Segunda Guerra Mundial y salió a la venta en 1945. Sin embargo, adquirió reconocimiento público recién en 1950.

La amenaza del totalitarismo

Guerra civil. En 1936, viajó como voluntario a España. Llegó como corresponsal, pero se alistó para combatir por la República.

Guerra civil. En 1936, viajó como voluntario a España. Llegó como corresponsal, pero se alistó para combatir por la República.

Aunque Animal Farm es considerado su mejor trabajo literario, cuatro años más tarde, la novela de anticipación protagonizada por el funcionario inglés Winston Smith cubriría de sombra a la rebelión y la reemplazaría en la memoria del mundo entero. 1984, otra evidente denuncia contra la amenaza del totalitarismo, tiene hoy una vigencia que habla tan bien de Orwell como deja mal parado a los seres humanos, que hemos sido incapaces de frenar el avance de los males del siglo XX como el capitalismo, el totalitarismo y el nazismo.

Winston termina cediendo a las técnicas de lavado de cerebro del poder pero, gracias a esa tragedia, Orwell es capaz de ilustrar el horror al que conduce el deseo de dominación que se manifiesta, en este caso, en la constante mirada policial que analiza, interpreta arbitrariamente y juzga cada movimiento de los habitantes del mundo de 1984. Esa denuncia de ciencia ficción que, con el tiempo y el avance de la tecnología, terminaría siendo una realidad, es lo que se imprimió en la memoria colectiva. Sin olvidar el legado lingüístico que vivirá por siempre, y que hoy da escalofríos por su actualidad, como la frase: “Big Brother is watching you”. La novela sería publicada en 1949. Un año más tarde, Orwell moría de tuberculosis en un hospital londinense en enero de 1950.

Nihilismo puro es lo que encierra el mensaje de Animal Farm, la obra cumbre de George Orwell.

Un caballero británico

El pequeño Eric Blair soñaba con ser escritor. De hecho, mientras asistía a St. Cyprian’s había publicado su primer poema Awake! Young Men of England, una denuncia contra el abuso de autoridad que ejercían los directivos de la escuela utilizando la fuerza para disciplinar a sus alumnos. Ya en Eton College, publicaría sus primeros artículos en el periódico escolar y sumaría inspiración de la mano de su maestro Aldous Huxley, autor de la revolucionaria novela Brave New World. Además, Huxley sería su profesor de francés.

Sin embargo, cuando llegó el momento de que el escritor fuera a la universidad, la falta de dinero, la imposibilidad de conseguir una nueva beca y la tradición de servicio familiar inclinaron la balanza hacia la decisión de unirse a la Policía Imperial Británica en Birmania. Su padre, Richard Walmesley Blair, había sido un oficial británico en la administración pública de la India, hasta su retiro en 1912.

El periplo que había comenzado en el East End londinense continuaría en los tugurios de París, lavando copas en restaurantes y hoteles, y llegaría a los campos de lúpulo del condado de Kent. Allí, Orwell trabajaría junto a los vagabundos del East End que se alejaban de la ciudad para ganar algo de dinero en las granjas. De las vivencias de esa época nacería su primer trabajo de ficción. Down and Out in Paris and London fue publicado en 1933 y con él Orwell ganaría cierto reconocimiento literario.

“Blair nació como caballero británico. Pero le faltaba dinero para ser un caballero inglés a carta cabal. Y además, no quería pasarse el tiempo en trabajos de oficina, quería ser escritor. Se sentía culpable por pertenecer a la clase alta. Y entonces hizo a fines de la década del veinte lo que muchos jóvenes norteamericanos acomodados hicieron en la década del sesenta. Dicho brevemente, se convirtió en lo que nosotros habríamos llamado un ‘hippie’. Vivió en los barrios bajos de Londres y París, se vinculó y se identificó con sus habitantes y sus vagabundos, y se las ingenió para tranquilizar su conciencia y juntar, al mismo tiempo, material para sus primeros libros”, explicaba despiadadamente en 1980 Isaac Asimov, en un artículo encargado por el Field Newspaper Syndicate sobre el padre de 1984.

En 1934, Orwell lanzaría Burmese Days, su primera novela, protagonizada por un empleado administrativo británico que ansía escapar el chauvinismo y el prejuicio de sus colegas colonialistas en Birmania. En 1935, saldría a la venta su segunda novela A Clergyman’s Daughter, el racconto de las experiencias de una solterona entre un grupo de agricultores. Keep the Aspidistra Flying, editado en 1936, cuenta la historia de un empleado de una librería que detesta el materialismo de la clase media aunque termina cediendo a sus encantos cuando contrae matrimonio con la mujer que ama.

El primer libro socialista de Orwell sería el tratado The Road to Wigan Pier, un manifiesto sobre la pobreza de los mineros ingleses comisionado en 1936 por la editorial británica de izquierda Left Book Club. Mientras ese texto llegaba a la imprenta, Orwell partía rumbo a España junto a su primera esposa, Eileen O’Shaughnessy, para alistarse junto a los republicanos en la lucha contra el régimen nacionalista de Francisco Franco. Allí, sirvió en los frentes de Aragón y Teruel, y fue en este último que sufrió una herida en la garganta que lo afectaría por el resto de su vida. Al año siguiente, luego de haber participado de la lucha en Barcelona, la pareja fue obligada a abandonar el país, bajo amenaza de muerte. Esta experiencia no sólo acentuó su rechazo por el comunismo, sino que además, y sobre todo, lo convirtió en un profundo antiestalinista. Homage to Catalonia, considerado uno de sus mejores libros, fue lanzado en 1938 y cuenta los hechos en primera persona.

Por qué escribo

En 1946, J. B. Pick y Charles Neil, editores de la revista literaria inglesa Gangrel, crearon una serie de artículos denominada Why I write. Esto escribió George Orwell: “Cuando reviso todo lo que he escrito, me doy cuenta de que cuando no tenía un motivo político para escribir sólo hacía obras muertas, llenas de frases huecas, de adjetivos decorativos y de auténticos disparates”.

Al regresar a Inglaterra, en 1939 publicaría Coming Up for Air, una obra nostálgica en la que un hombre de mediana edad añora la Inglaterra decente del pasado y teme por el futuro de su país que se ve amenazado por el fascismo y la guerra. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Orwell no fue aceptado en el servicio militar, pero fue contratado por la British Broadcasting Corporation (BBC) para trabajar en el despacho de la India. Durante esa época escribiría ensayos políticos y literarios para diferentes periódicos como The New English Weekly y la revista política y cultural New Statesman.

En 1943 dejaría la BBC para asumir el puesto de editor literario de la revista socialista The Tribune en la que además realizaría una serie de artículos bajo el título As I please. En 1945, su mujer Eileen O’Shaughnessy fallecía durante una operación y Orwell se convertía en corresponsal de guerra del periódico The Observer. Mientras tanto a lo largo de todos esos años de trabajo periodístico, Orwell había estado desarrollando la novela que lo convertiría en uno de los ineludibles autores del siglo XX, Animal Farm.

1984, otra evidente denuncia contra la amenaza del totalitarismo, tiene hoy una extraordinaria vigencia.

La importancia de llamarse Orwell

El escritor británico no llegó a ver el triunfo de 1984. Tampoco estuvo allí para defenderla de sus detractores. Isaac Asimov, por ejemplo, en aquel artículo de la Field Newspaper Syndicate escribió que “en 1984, a mi juicio, George Orwell se ocupó en librar una guerra privada con el estalinismo antes que en pronosticar el futuro. No tenía el don del escritor de ciencia ficción que prevé un futuro plausible; y, en los hechos reales, el mundo de 1980 no tiene, en la mayoría de los casos, la menor relación con el de 1984”.

Sin embargo, su desaparición no hizo otra cosa que multiplicar su relevancia, y la realidad lo mantiene vivo. “Aunque popularizó y dramatizó el concepto de la todopoderosa telepantalla, Orwell murió joven y pobre antes de que la era de la austeridad diera paso a la era de las celebridades y los medios de comunicación”, hizo hincapié Christopher Kitchens en su ensayo; y continuó: “Lo primero que sorprende a cualquier estudioso de la obra de Orwell y de su vida es su independencia. (…) Nunca tuvo ingresos estables y tampoco un mercado fiable para sus publicaciones. Sin estar seguro de si era o no un novelista, hizo aportes a la riqueza de la ficción británica pero aprendió a centrarse en la forma ensayística. De esa manera, se enfrentó a la competencia de las ortodoxias y de los despotismos de su época con poco más que una destartalada máquina de escribir y una personalidad tenaz”.

El escritor británico no llegó a ver el triunfo de 1984. Tampoco estuvo allí para defenderla de sus detractores.

El adiós

Años atrás trascendió que fue vigilado por el servicio secreto británico. Sospechaban que era un activista del comunismo.

Años atrás trascendió que fue vigilado por el servicio secreto británico. Sospechaban que era un activista del comunismo.

El 21 de enero de 2013, Reino Unido celebró por primera vez el “Día George Orwell”, un homenaje anual al escritor británico, que coincidía con el aniversario número 63 del escritor y que incluyó la reedición de varias de sus obras. La fecha recordará a “uno de los grandes británicos y uno de los más influyentes escritores del siglo XX”, según la asociación de los premios que lleva su nombre y la editorial Penguin, creadores de la iniciativa.

En octubre de 1949, Orwell se casó con Sonia Brownell. Orwell llevaba luchando bastante tiempo contra una antigua tuberculosis –se la habían diagnosticado en 1947– y no se ilusionaba vanamente con el regalo de una larga vida. No obstante, tenía el convencimiento de que aún no había llegado su momento. La agradable sensación de haber puesto en orden sus cosas animó, aunque fuera fugazmente, al enfermo ilustre en sus últimas horas en el University College Hospital de Londres.

Sus amigos le habían visitado y despedido para la presumiblemente larga separación que supondría su feliz viaje. El 18 de enero de 1950 dictó su testamento. Según éste, su hijo adoptivo, Richard, era beneficiario de una póliza de seguros. Su esposa Sonia recibiría todos sus bienes, con la obligación de legar, a su vez, a favor de Richard. También expresaba su voluntad respecto a sus exequias: sería enterrado y no incinerado, remitiendo al rito anglicano; la losa de su sepultura tendría la escueta inscripción: “Aquí yace Eric Arthur Blair, nacido el 25 de junio de 1903 y muerto…”; el acto no tendría oficio fúnebre ni tampoco se realizaría biografía alguna sobre su persona.

Sin embargo, tres días después, en la noche del 21 de enero, moría de una hemorragia pulmonar solo, antes de que se pudiera avisar a Sonia. A la mañana siguiente la BBC anunciaba la noticia de su fallecimiento.


Compartir.

Dejar un Comentario