Costa Rica: Explora los límites de las energías verdes

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Apoyada en la potencia del sol, del viento, de los ríos y del calor interno de la tierra, Costa Rica se adentra en el siglo XXI con el reto de superarse en materia de energías limpias y llegar a una matriz eléctrica abastecida únicamente con fuentes renovables. En este país centroamericano, el 7% de la generación eléctrica es ya de fuente eólica, gracias a campos como el de las montañas de La Paz y Casamata, a 50 kilómetros de San José. Pero el sector automotor pone piedras al sueño del país de una matriz energética limpia.

Texto: Diego Arguedas Ortiz / Fotos: Gerardo Ramírez Sáenz / Julieta Monge Delgado

High quality production photographs of Franlin Chang-Diaz's Ad Astra VASIMR lab.  Photo Date: June 30, 2010.  Location: Ad Astra - VASIMR Lab.  Photographers: Robert Markowitz and Bill Stafford.

En abril pasado, el estatal Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) anunció que en este 2015 el país producirá el 97% de su energía de fuentes limpias. “El país como tal, junto con sus políticas energéticas y ambientales, ha decidido que quiere hacer un desarrollo energético en fuentes renovables”, explicó el jefe del Proceso de Expansión del Sistema del ICE, Javier Orozco. Aun así, este país centroamericano de 4,5 millones de personas todavía depende parcialmente de los combustibles fósiles y el funcionario matizó que “utilizamos la generación térmica como complemento porque las renovables dependen del clima y no se puede garantizar que siempre habrá viento o agua”.

Con una matriz que se alimenta casi en su totalidad con energías limpias, el ICE anunció en marzo que durante los primeros 75 días del año no requirió quemar un solo litro de petróleo o un kilógramo de carbón en el área eléctrica. “En nuestro país construimos plantas térmicas para tenerlas apagadas. Nuestro objetivo es tener plantas térmicas para que estén apagadas la mayor parte del tiempo”, expresó Orozco. Este objetivo no siempre se cumple, principalmente por la inestabilidad en la generación de las plantas hidroeléctricas, que varía según el clima. En 2014, fue seco y el país tuvo un gasto récord en combustibles fósiles para generar el 10,3% de su electricidad.

Desde mediados del siglo XX, Costa Rica apostó por una matriz energética apoyada en la hidroelectricidad, pero paulatinamente decidió reducir su dependencia de esa fuente, y en 2014 aportó sólo el 63% de la demanda, de 2.800 megavatios. Mientras, la fuente geotérmica suministró el 15% y la eólica 7%. La alta factura petrolera del año pasado la originó el fenómeno meteorológico El Niño/Oscilación del Sur (ENOS), que azotó el área centroamericana y provocó una de las peores sequías en más de medio siglo.

Las proyecciones del impacto futuro del cambio climático juegan un rol doble: mientras el mundo debe buscar energías más limpias para evitar el recalentamiento planetario, Costa Rica debe ampliar su matriz energética por los cambios en los patrones hidrológicos. Por eso el país explora los límites de esas energías renovables y se plantea la posibilidad de generar el 100% de electricidad limpia, en una estrategia que apuesta particularmente por la geotermia.

Ese recurso se oculta bajo los volcanes del noroeste de Costa Rica y los científicos e ingenieros locales están perfeccionando la técnica de utilizar el calor de la tierra para crear electricidad. “Tenemos prevista la construcción de la nueva planta geotérmica, la Pailas II, y estamos con los estudios de factibilidad de un nuevo campo. La geotermia es importante porque no está sujeta a variabilidad climática, sino que es constante”, reveló Orozco.

Esta planta tendría 50 megavatios de capacidad instalada y se sumaría a las ya en operación de Pailas, con 35 megavatios de capacidad, y de Miralles, con 165 megavatios. Eso significa que actualmente se explota, según datos del ICE, sólo el 23% del potencial geotérmico, de 865 megavatios. Sin embargo, su desarrollo tiene el inconveniente de que el resto del recurso se ubica en parques nacionales, donde por ley no pueden hacerse este tipo de exploraciones.

Esto plantea la pregunta de cuál es la definición de energía verde que aceptará el país. Especialistas como el ex ministro de Ambiente y Energía, René Castro (2011-2014), ven viable el desarrollo geotérmico. “Es posible. Se requieren dos cambios: que el ICE amplíe la geotermia y se le autorice la extracción en parques nacionales, pero pagando regalías a esos parques nacionales y reponiendo la tierra que use dos veces. Si utiliza 50 hectáreas (de parques nacionales), repone 100 de valor ecológico equivalente”, manifestó Castro.

La otra medida que Castro propone es “autorizar al sector privado a generar electricidad con biomasa de residuos de piña, banano o aserrín” y luego venderlo al ICE, quien administra el sector y también es el principal explotador eléctrico. Los operadores privados representan el 14,5% de la generación total y una cuarta parte de la capacidad instalada, pero legalmente tiene limitaciones para expandir su participación.

La inversión necesaria sería similar a la proyectada por el ICE, indicó el ex ministro, que es cercana al 1% del producto interno bruto. “Lo que cambiaría es que en vez de un único inversionista, el ICE, este sería el dominante, pero le acompañarían unas 30 empresas y cooperativas”, apuntó Castro. Esta discusión urge al país, que se adentra lentamente en ella por múltiples canales.

En julio de 2014, la Asamblea Legislativa aprobó un préstamo del Banco Europeo de Inversiones y la Cooperación Japonesa para construir el proyecto geotérmico Pailas II. Por su parte, el ICE tiene en marcha proyectos para aumentar en 800 megavatios su capacidad instalada actual a 2.880 megavatios. De manera paralela, el gobierno abrió una Mesa de Diálogo Nacional de Energía Eléctrica, donde discutirá estos temas, y un Diálogo Nacional de Transporte y Combustibles, que abordará el punto más débil del sueño verde costarricense: el gasto energético en transporte.

Transporte, el eslabón más débil

“El sector del transporte es el mayor consumidor energético a nivel nacional y es responsable del 67% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero del país”, sostuvo al inaugurar el diálogo el actual titular de Ambiente y Energía, Edgar Gutiérrez. Por ello, para el gobierno, “atender los desafíos que plantea este sector es una prioridad”, reafirmó.

Por más limpia que logre hacer Costa Rica su matriz eléctrica, el país mantendrá sus emisiones y su modelo de desarrollo “sucio” por el transporte terrestre. Una solución podría venir de manos del científico y ex astronauta de origen costarricense Franklin Chang, quien trabaja en un sistema de transporte con hidrógeno. “El problema no está en la electricidad sino en el transporte. Ahí es donde tenemos que ganar y desligarnos del uso del petróleo, introducir nuestro propio combustible en nuestro propio país con tecnologías basadas en el hidrógeno”, advirtió Chang.

Desde su laboratorio en Guancaste, en la costa occidental, sobre el océano Pacífico, Chang se alió con la estatal Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) para crear un plan piloto con varios vehículos impulsados con hidrógeno y logró llegar a la etapa de prueba, aunque un tecnicismo frenó el proyecto de 2,3 millones de dólares. En octubre, Ad Astra Rocket Company –su empresa–, anunció que estaba “lista para arrancar con la última fase”.

“Era el broche de oro donde íbamos a instalar y crear un pequeño ecosistema de vehículos de hidrógeno”, señaló Chang, pero Recope no logró eliminar su impedimento legal para operar en esta energía. “En marzo anuncié que me cansé totalmente de esto”, dijo el científico. Frente a esto, el Parlamento estudia una solución para permitir a Recope invertir en energías limpias, no obstante hasta entonces estará varado el proyecto.

Recuadro

No hay quién frene a la energía renovable

Texto: Kitty Stapp

La transición mundial de los combustibles fósiles a las energías renovables ya está en marcha, pero los expertos se preguntan si concluirá a tiempo para impedir que el calentamiento del planeta tenga consecuencias catastróficas. El libro The Great Transition (La gran transición) publicado en abril por el Earth Policy Institute, una organización sin fines de lucro con sede en Washington, concluye que el descenso del 75% en el precio de los paneles de energía solar fotovoltaica entre 2009 y 2014, a menos de 70 centavos de dólar por vatio, contribuyó con el crecimiento mundial de la industria, del 50% anual.

La capacidad de la energía eólica se incrementó más del 20% anual durante la última década, y ahora suma 369 mil megavatios en todo el mundo, suficiente para abastecer a más de 90 millones de viviendas. En China, la generación de electricidad obtenida con los parques eólicos ya supera la de las plantas nucleares, mientras que el uso del carbón parecería estar tocando techo.

“Los parques eólicos y los sistemas fotovoltaicos solares probablemente seguirán siendo la base del crecimiento de las energías renovables. Ya están bien establecidos, los costos siguen bajando, y sus ‘combustibles’ están muy extendidas y son abundantes”, vaticinó Matthew Roney, coautor del libro de Earth Policy Institute.

Con iniciativas internacionales como la Energía Sostenible para Todos, del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y nuevos objetivos de desarrollo en el horizonte, los donantes y las autoridades políticas procuran expandir el alcance de estas tecnologías limpias. “Una de las ventajas de la energía solar es que no sólo es cada vez más competitiva con el costo promedio de la electricidad en todo el mundo, sino que tiene sentido económico para muchos de los 1.300 millones de personas que aún no tienen acceso a la electricidad”, sostuvo Roney.

El libro también señala que 70 países cuentan con tarifas de alimentación, un mecanismo destinado a acelerar la inversión en tecnologías de energía renovable que ofrece contratos a largo plazo a los productores. Veinticuatro países tienen normas relativas a la cartera de energías renovables, 37 ofrecen créditos fiscales a la inversión o la producción de estas tecnologías, y 40 más están por implementar la fijación de precios al carbono.


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