CREDULIDAD: BRUCE CONNER: IT’S ALL TRUE

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Bruce Conner: It’s All True es la primera exposición monográfica del artista estadounidense en el MoMA. Se trata de una retrospectiva completa de toda una trayectoria de cincuenta años. En ella se reúnen más de 250 objetos, desde el cine y el video o la pintura, sin olvidar los grabados, la fotografía, los fotogramas y el dibujo. Su temática principal fue la posguerra, pasando por obras que hacen referencia a la cultura de consumo o el temor al apocalipsis nuclear.

Texto: Ulises Parigi / Fotos: Gentileza The Museum of Modern Art (MoMA)

A partir del 3 de julio, el MoMA de Nueva York expone la obra del artista estadounidense Bruce Conner.  Es el ocurrente título que los comisarios han elegido para representar un amplio recorrido por las artes plásticas y los medios de comunicación de masas utilizados en 250 obras realizadas a lo largo de cincuenta años de trayectoria. Ensamblajes, dibujos, pinturas, collages, fotografía, fotogramas, videos y, evidentemente, películas, conforman una exposición cuyo punto de partida es la credulidad respecto a los documentos fotográficos y filmográficos acontecidos en la segunda mitad del siglo XX.

Bruce Conner (1933-2008) es considerado el padre del cine de found footage (material encontrado) gracias a películas como A Movie (1958), un título que establece una narrativa inusual mediante el reciclaje de fragmentos fílmicos de naturaleza dispar. La muestra profundiza en los objetos escultóricos, unos assemblages de carácter siniestro, ligados al junk art y al funk art de la escena artística de finales de los años 50 en California. Las obras derivadas de su trabajo fílmico con el concepto de apropiación es otro de los ejes principales desarrollados por Stuart Comer y los demás comisarios artífices en una más que recomendable propuesta expositiva.

El padre del videoclip

Después de pasar por las universidades de Wichita y de Nebraska, Conner realizó su primera exposición en la galería Rienzi de Nueva York a finales de los años 50. Una muestra que no incluyó las obras que le transformaron en una de las figuras más trascendentes del arte que se generó en la bahía de San Francisco, en una época en la que estaba en plena efervescencia la generación beat.

Antes de entrar de lleno en la creación cinematográfica, Conner se destacó por una serie de obras formadas por el ensamblaje de medias de nylon, trozos de muebles, muñecas rotas, fotografías, pinturas y otros elementos que remiten a una crítica hacia una sociedad consumista y volcada en lo efímero. Esa noción creativa –a base de sumar elementos de procedencias muy diversas– va a estar en el origen de sus creaciones en formato cinematográfico. Además, Conner fue el primero en introducir temas de música pop del momento como banda sonora de sus obras, lo que hace que sean muchos los que le vean como el padre del videoclip.

Forzar los límites

Producto de un espíritu impredecible e inclasificable, la extraordinaria obra cinematográfica de Conner continúa hechizando, provocando y atrayendo. Conocedor de los cánones del cine clásico y la vanguardia, sentía inclinación por las formas híbridas. Sus películas, que unen fragmentos de metraje dispares y, aun así, parecen tener continuidad visual –gracias, en parte, a un potente acompañamiento musical–, rinden tributo a los avances de los estrenos cinematográficos, donde los efectos visuales y sonoros superan con frecuencia la lógica narrativa.

Conner poseía la habilidad casi alquímica para crear obras de gran presencia visual y poder a partir de metraje encontrado. Tras el aparente anonimato del material de archivo y las colas de proyección, la mano del artista no solo manifestaba su impresionante maestría sobre las posibilidades formales del cine, sino también un interés particular por desenmascarar los mensajes sociales y políticos ocultos en las películas de serie B, las noticias, las películas pornográficas y los cortometrajes educativos de los que se surtía.

En los años 60, Conner se dedicó a forzar los límites de visibilidad del cine con sus estrategias hipercinéticas de filmación y montaje, desarrollando una crítica cada vez más cáustica de los medios de comunicación. En Report (1967), película sobre la vida y la muerte del presidente John F. Kennedy, involucraba en el asesinato tanto a los medios como al mercado.

El rechazo del cineasta hacia toda forma que pudiera amenazar con convertirse en estilo distintivo le llevó, a finales de los años 70, a desacelerar radicalmente el flujo de imágenes en obras más reflexivas. En Crossroads (1976), montó a baja velocidad, con la música repetitiva de Terry Riley, las imágenes gubernamentales de la infame prueba nuclear de 1946 en el atolón Bikini; en Take the 5:10 to Dreamland (1976), utilizó lentos fundidos en negro y la onírica banda sonora de Patrick Gleeson; y ya en los años 90 reelaboró películas anteriores, como la delirante Looking for Mushrooms (1959-1967), ralentizando a un quinto de su velocidad y acompasándola a una partitura de Riley. Muchas de sus últimas obras condujeron a Conner a filmes anteriores y proyectos inacabados, lo que creó una especie de mandala de su obra cinematográfica.

Mirada corrosiva

Bruce Conner: It’s all True está organizado por el MoMA y el San Francisco Museum of Modern Art y es la primera antología completa y la mayor muestra dedicada a este artista estadounidense desde hace dieciséis años. Se presentará en la Gran Manzana hasta el el 2 de octubre y en San Francisco del 29 de octubre al 22 de enero de 2017.

Ordenada cronológica y temáticamente, la exhibición hace hincapié en el carácter eminentemente variado de la obra de Conner. Además de sus principales series, cuenta con trabajos rara vez expuestos, como pinturas de los años 50, grabados, collages e incluso tapices. Y también hay instalaciones digitales a gran escala. La muestra es una buena oportunidad, asimismo, de contemplar por vez primera la instalación multicanal Three Screen Ray (2006) junto a las obras antiguas más significativas de Conner, que falleció hace ocho años. Sin embargo, su mirada corrosiva de la sociedad sigue vigente.

Bruce Conner: It’s all True se exhibe hasta el 2 de octubre. MoMA, 11 W. 53 St., Nueva York.

www.moma.org/

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