Crowdsourcing: el arte de encontrar la aguja en el pajar

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Por Alex Gasquet

El viernes 7 de marzo un avión de Malaysia Airlines, con 227 pasajeros –incluidos dos bebés– y 12 tripulantes, desapareció de los radares una hora después de haber despegado de Kuala Lumpur con destino a Pekín, sin dejar rastro alguno. El Boeing 777-200, de 11 años de antigüedad, no ha emitido ninguna señal de alarma ni se tiene constancia de malas condiciones meteorológicas en la zona. Dos semanas después de la desaparición, la búsqueda del Boeing no ha producido ningún resultado. La información proveniente de satélites militares de los distintos países de la región ha aparecido con cuentagotas, nadie sabe si existe más información que por razones de seguridad los países involucrados no quieren develar y tanto el destino de la nave como las razones de la desaparición resultan un misterio.

Cada día que pasa surge una nueva versión de los hechos que intenta explicar lo que todavía resulta inexplicable: ¿cómo puede evaporarse un avión sin dejar rastro alguno? Expertos en aviación, ex pilotos y mortales devenidos en especialistas de ocasión, han desarrollado teorías que van de lo más descabellado a lo increíblemente naïf. El marco de suposiciones es tan grande que obliga a definir la zona de búsqueda en un radio de 8 millones de kilómetros cuadrados, una superficie equivalente al 90% del territorio estadounidense. Los esfuerzos de rastreo con infraestructura física son limitados en cantidad y no siempre resultan efectivos en una de las zonas más inhóspitas del planeta: vientos cambiantes de más de 100 kilómetros por hora, olas de hasta 30 metros de altura y visibilidad reducida.

Pero todos sabemos que la órbita de la tierra aloja a cientos de satélites de uso civil, comercial y militar que captan constantemente millones de imágenes de gran calidad y definición. Esas imágenes son utilizadas por los equipos de rastreo como complemento de la búsqueda física. El problema de esta herramienta es la gigantesca masa de imágenes a analizar. Y es allí donde aparece el “crowdsourcing”. Además de los profesionales que analizan esas imágenes, en la actualidad hay una multitud de voluntarios conectados a la red con una tarea organizada en pos de un mismo objetivo: identificar cualquier objeto en la superficie a analizar que pudiera dar una pista sobre el paradero del Boeing de Malaysia Airlines.

El trabajo espontáneo de una enorme comunidad conectada a internet –en inglés crowd– es una muy buena forma de analizar enormes cantidades de datos en tiempo récord, lo que supone un incalculable valor en recursos humanos. La empresa DigitalGlobe captura grandes cantidades de imágenes digitales provenientes de sus satélites y las publica en internet para que la gente pueda inspeccionarlas. Tras la desaparición del avión, la compañía lanzó una campaña de crowdsourcing que permite a las personas buscar en las imágenes de satélite –sección por sección– y resaltar todo lo que parezca “interesante”.

El sitio web conduce al usuario al servicio de crowdsourcing Tomnod –“gran ojo” en mongol– y ofrece ejemplos de cómo ciertas pistas podrían detectarse a la distancia; por ejemplo, una mancha de combustible, aceite o un bote salvavidas. En los primeros días después del accidente, el sitio tuvo tantas visitas que colapsó. En 3 días sus mapas fueron vistos 385 millones de veces. En la primera semana fueron detectadas alrededor de 4,7 millones de “cosas sospechosas” que pueden significar un hallazgo, o bien no ser nada. Pero el sistema está desarrollado para que cada segmento, o área a investigar, sea visualizado por lo menos por 30 personas.

Las imágenes que más hayan sido etiquetadas por los voluntarios son derivadas a los expertos en lectura de imágenes de DigitalGlobe, que determinan si la información merece ser transmitida a las autoridades. Cuanto más se amplía la zona de búsqueda, mayor es la cantidad de imágenes que se ponen a disposición y mayor la cantidad de voluntarios que dedican tiempo a observar. Al cierre de esta edición, fueron identificados dos objetos de gran tamaño en el sur del océano Indico que podrían pertenecer a los restos del avión de Malaysia Airlines. Esos datos fueron proporcionados a las autoridades australianas por DigitalGlobe como consecuencia del crowdsourcing. La tarea de identificar posibles objetos es casi tan importante como identificar la ausencia de ellos. Esto permite descartar miles de kilómetros cuadrados permitiendo concentrar los esfuerzos en superficies más reducidas.

Como siempre, el uso de la herramienta define su alcance moral. Siempre hay personas decididas a desinformar o confundir deliberadamente, como sucedió con un perfil de Facebook falso del copiloto del MH370, Faruq Abdul Hamid, que fue ampliamente compartido en la red. Aunque la realidad demuestra que mientras usted lee esto hay más de 4 millones de personas dedicando su tiempo a una causa noble y justa sin esperar retribución alguna a cambio. Sólo por el mero placer de contribuir.

Bienvenido sea el “crowdsourcing”. Una oportunidad para demostrar sin duda alguna que el mundo tiene más personas de bien de lo que algunas veces nuestra percepción indica.


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