CULTIVO DE CANNABIS EN EE.UU.: EL JARDIN DE LA ALEGRIA

0

De popularidad creciente en la sociedad, el cultivo de marihuana pasó de los campos mexicanos a las mansiones californianas. Así como Estados Unidos, que supo ser el principal consumidor, se ha convertido en el primer productor mundial. Si antes se solía importar de México y Jamaica, su producción es en la actualidad diez veces mayor que en 1981, y genera 35.800 millones de dólares, cuando las de maíz y trigo, combinadas, 30.800. Mientras su prohibición hace estragos en los usuarios terapéuticos, el cannabis sigue sumando adeptos entre los veteranos de guerra.

Texto: María Laura Carpineta / Fotos: AP

Jane tiene treinta y tantos, y fumó marihuana la mitad de su vida. Heredera de la contracultura de los años 60, esta joven californiana no se quedó sentada cuando George Bush padre lanzó por primera vez el grito de guerra contra “las drogas”. Recorrió calles, guaridas y amigos en busca de la poca yerba que lograba pasar los estrictos controles de la frontera sur. Hasta se animó, en tiempos de escasez, a cruzar el Río Bravo y viajar periódicamente a México, de donde provenía la mayoría de la marihuana. Pero en una de esas aventuras, la historia terminó mal. Miembros de un cartel la secuestraron y no la dejaron ir hasta que los convenció de que no les quería arruinar el negocio, sino apenas conseguir algunas flores para hacer más amables los próximos meses. Afortunadamente, Jane no tuvo que volver a Tijuana. Al poco tiempo, California se convertía en el primer estado en legalizar el cultivo, la venta y el consumo para uso medicinal. “Hace diez años que no tengo ningún problema para abastecerme”, cuenta desde atrás del mostrador de uno de los 400 dispensarios de marihuana que funcionan actualmente en el antiguo bastión hippie. Los asiduos de la cultura cannábica coinciden en que el referéndum de 1996 en California marcó un antes y un después en el negocio de la marihuana (medicinal o no). Con los años otros nueve estados se sumaron, con más o menos restricciones, a esta iniciativa: Washington, Colorado, Hawai, Alaska, Maine, Montana, Nevada, Oregón y Vermont. Los cambios sorprenden. La sociedad norteamericana pasó de ser el principal consumidor de marihuana del mundo a ser el mayor productor. En California, el estado consumidor por excelencia, se estima que el 90% de lo que se fuma es Made in USA. Según un estudio de Joe Gettman, un reconocido investigador de la Coalición para la Reclasificación del Cannabis, el año pasado la marihuana ya se había convertido en el cultivo más grande y redituable del país. Hay más de 68 millones de plantas, 56 al aire libre y 12 bajo techo. Esta cosecha, según los precios más o menos moderados de los dispensarios (entre 250 y 350 dólares la onza), puede alcanzar un valor de casi 36 mil millones de dólares anuales.

TESORO VERDE

Julian Ward

Julian Ward, quien sufre ataques de pánico crónicos, se manifiesta a favor del uso medicinal del cannabis frente al Capitolio de Austin.

Este inédito crecimiento satisface con creces a los pacientes de sida, cáncer u otras enfermedades terminales que consumen legalmente marihuana en el país y deja un importante resto para los que fuman por placer. Dependiendo del estado y el condado, cada cultivador puede tener sólo un número limitado de plantas por paciente. La ciudad de Oakland, por ejemplo, es la que más ha avanzado en este tema, aceptando hasta 25 plantas por paciente. Otros condados son más moderados y limitan la producción a 6 o 7 plantas, e incluso los más conservadores como San Diego, también en California, directamente las prohíben. Además, gran parte de estos cultivos se encuentran en estados en donde aún no es legal cosechar y consumir. Según el informe de Gettman, sólo cuatro de los diez estados que más producen –por encima de mil millones anuales– tienen algún tipo de ley que los ampara. E inclusive en ellos, las plantaciones ilegales son una gran parte del negocio. Uno de los lugares elegidos en California para esconder esta llamativa cosecha son las reservas naturales. Resultan perfectas para los cultivadores que quieren evitar el conteo de sus plantitas. Sus miles y miles de hectáreas y su abundante vegetación las convierten en un lugar difícil de requisar para la policía o la DEA –por lo menos de forma constante– y de difícil acceso para la gente común. Es lo que llaman “cultivo de guerrilla”. Generalmente, los cultivadores instalan pequeños campamentos, disimulados entre los matorrales, para seguir el crecimiento de su cosecha. En 2006, el gobierno federal destruyó, sólo en el estado de California, más de un millón de plantas sembradas en este tipo de terrenos abiertos. Este año, las redadas continuaron. En mayo, agentes de la DEA descubrieron uno de los cultivos más grandes de los últimos tiempos en Ohio. Más de 10 mil plantas fueron destruidas en la reserva natural de Mackey Ford. La fuerza antidrogas estimó que la producción tenía un precio de 10,5 millones de dólares. Unos meses después, cuando ya era imposible seguir ignorando esta nueva forma de cosechar, el Zar de la drogas del gobierno federal, John Walters, reconoció que estaban intentando combatir estas plantaciones y responsabilizó a los carteles mexicanos de haber introducido esta nueva metodología.

Uno de los lugares elegidos en California para esconder esta llamativa cosecha son las reservas naturales. Resultan perfectas para los cultivadores que quieren evitar el conteo de sus plantitas. Sus miles y miles de hectáreas y su abundante vegetación las convierte en un lugar difícil de requisar para la policía o la DEA –por lo menos de forma constante– y de difícil acceso para la gente común. Es lo que llaman “cultivo de guerrilla”.

CANTIDAD Y CALIDAD

COUCH

Cultivo de Cannabis.

Como la innovación lo es todo para este tipo de negocios, los cultivadores siguen buscando un plan B. Uno de estos cultivos se descubrió hace sólo unos meses en un barrio acomodado de California. Los vecinos de los suburbios de Elk Grove, una pequeña ciudad del condado de Sacramento, se sorprendieron una tarde cuando varios autos negros frenaron de repente en el medio de la calle. Si la escena sólo había despertado la curiosidad de algunos, pronto acaparó la atención de toda la distinguida cuadra cuando de los autos bajaron agentes federales con las camperas de la DEA. Antes de que pudieran preguntar qué sucedía, los federales ya estaban allanando una mansión de medio millón de dólares, que había sido vendida recientemente. Adentro se encontraron con miles de plantas de marihuana, luces especiales de mercurio y sodio (HPS) y varias máquinas para cultivos hidropónicos (para cosechar sin tierra, sólo agregando nutrientes al agua). En los últimos dos meses, se han realizado más de 40 redadas similares en casas cuyo valor oscila entre los 400 mil y los 600 mil dólares, en el área de Sacramento y de Stockton. En algunos casos, fueron los mismos vecinos quienes, sospechosos porque nunca llegaron a conocer a los nuevos dueños o porque nadie cortaba el pasto, llamaron a la policía. Según la prensa local, los cultivadores estarían conectados con el crimen organizado asiático que controla gran parte de las operaciones ilícitas en esta región. Pero como suele decirse, la cantidad no es todo. Además de impulsar un aumento de los cultivos, la legalización también abrió la puerta para una mayor variedad y calidad. Para cualquier persona que hace más de 15 años fuma marihuana la calidad ha cambiado y mucho. Con el referéndum en California y el efecto dominó sobre otros estados, cientos de personas comenzaron a traer al país sin muchos problemas semillas de bancos extranjeros y crearon híbridos, mejorando tanto la productividad de las plantas como la potencia de sus fl ores. Así, la utilización de genes de cultivos de todas las zonas ecuatorianas del mundo –Africa, Sudeste Asiático, América Central y el Caribe– han permitido que algunas plantas aumenten en un 150% su altura y que sus cogollos sean tan grandes que, cuando llegan a la madurez, tuercen por completo las ramas. Otras flores pueden tener un tallo central grueso como un brazo.

EL GURU

Estas nuevas súper especies están en el catálogo de uno de los cultivadores más conocidos del país, Ed Rosenthal. A los 52 años es uno de los símbolos indiscutidos de la cultura cannábica y también de la represión federal. En marzo pasado “el gurú de la ganja” ( palabra hindú para referirse al cananabis), como lo conocen sus amigos y seguidores, hizo la última de una larga serie de visitas a los tribunales de Oakland. Lejos de la imagen que a los medios les gusta crear, este cultivador es, ni más ni menos, un padre de clase media. Como en todos sus juicios anteriores, Rosenthal llegó a los tribunales con sus dos hijos adolescentes y su esposa. La diferencia la hacían las decenas de personas que detrás de él levantaban letreros a favor del uso medicinal de la marihuana. Su historia es la historia de la resistencia a la criminalización de la marihuana para uso terapéutico. En la segunda mitad de los 90, todo parecía perfi lar bien para la medicina cannábica. Los dispensarios se habían multiplicado en los últimos años en los estados que lo permitían y el sistema de recomendaciones médicas (no son prescripciones) en general funcionaba sin problemas. Pero, en 2001 pacientes y cultivadores recibieron una muy mala noticia. Los jueces de la Corte Suprema fallaban en contra de una cooperativa cannábica de Oakland e ilegalizaban el uso medicinal de la marihuana en todo el territorio nacional. No había nada en el Acta de Sustancias Controladas –la ley federal que prohíbe las drogas– que exceptuara los casos de los pacientes terminales. “Según el Acta, la marihuana no tiene benefi cios médicos lo suficientemente importantes como para ser exceptuada”, sostenía el tribunal en el fallo. Con esta nueva luz verde, el gobierno relanzó la “guerra contra las drogas” tramada en su momento por Bush padre, pero esta vez puertas adentro. En febrero de 2002, medio año después del fallo de la Corte, Rosenthal fue arrestado por primera vez. Su caso se volvió paradigmático. Se enfrentaba a una posible condena máxima de 100 años y a una multa de cerca de 4,5 millones de dólares. Eventualmente el jurado se negó a dar un veredicto y le envió una carta al juez pidiéndole que sea “comprensivo” con el padre de 52 años. Rompiendo toda jurisprudencia, el juez distrital le dio sólo un día de cárcel y una multa de mil dólares. Pero la batalla no estaba ganada. La fiscalía volvió a acusar al gurú de la ganja a finales de 2006 y, aunque varios de los cargos fueron rechazados, todavía tiene abierto el proceso.

En medio de esta lucha por desacreditar el uso terapéutico, el gobierno se ha encontrado con un obstáculo incómodo: los veteranos de Irak. La mayoría de los soldados que vuelven no tardan mucho en sufrir los efectos del stress post traumático (PTSD). Muchos médicos, en especial en los estados donde es legal, les recomiendan fumar marihuana. Les permite dormir sin pesadillas ni ansiedad.

SIN MEDICINA

APN Plentiful Pot

Cosecha ilegal. Policías de Chester, Pensilvania, posan en un bosque donde se descubrieron 38 mil plantas de marihuana.

El gobierno federal, utilizando a la DEA como punta de lanza, ha decidido detener como sea el crecimiento de los cultivos en el país. Además de los casi diarios operativos de erradicación en parques y casas clandestinas, también han comenzado a atacar a la industria medicinal. En los últimos meses, la televisión ha mostrado decenas de redadas en los principales dispensarios de California. Allanan los negocios y los acusan de delitos como narcotráfico o lavado de dinero, aunque pagan impuestos y llevan la contabilidad como cualquier otra tienda. Muchos negocios han tenido que cerrar por las presiones de los agentes federales, dejando plantados (o con ganas de plantar) a miles de pacientes. Para combatir esta nueva ofensiva de Washington, el movimiento cannábico californiano puso en funcionamiento un sistema de alarma, en el que cultivadores, dueños de los dispensarios e incluso pacientes se advierten mutuamente sobre los operativos federales. La persecución se está volviendo tan agresiva e invasiva, que la DEA le está pidiendo a la Justicia que obligue a los cultivadores a entregarle las historias médicas de todos sus pacientes. En medio de esta lucha por desacreditar el uso terapéutico, el gobierno se ha encontrado con un obstáculo incómodo: los veteranos de Irak. La mayoría de los soldados que vuelven no tardan mucho en sufrir los efectos del stress post traumático (PTSD). Muchos médicos, en especial en los estados donde es legal, les recomiendan fumar marihuana. Les permite dormir sin pesadillas ni ansiedad. También les deja relajarse, algo nada desdeñable para personas que pueden pasar 24 horas en estado de alerta, como quien espera un ataque. Por ahora la DEA no pidió sus historias clínicas ni cuestionó sus tratamientos. El gobierno federal trata de silenciar el asunto pero cada vez son más y podrían convertirse en un aliado poderoso en la lucha por la legalización de la marihuana medicinal. Por otro lado, un estudio llevado a cabo por el profesor Jeffrey Miron, en la Universidad de Harvard, estima que si Estados Unidos legalizara la marihuana, se ahorraría 7.700 millones de dólares en costos policiales y carcelarios y podría generar hasta 6.200 millones de dólares en impuestos. Pocos norteamericanos lo saben, pero no es la primera vez que Estados Unidos es un productor masivo de cáñamo, planta madre del cannabis. A principio del 1900, el cáñamo se cultivaba libremente en todo el país y era utilizado como materia prima para comida, combustible, ropa y papel. Incluso los Padres Fundadores tenían su pequeña huerta, como se acostumbraba en los primeros años de la República. En la década del 30, el lobby de las grandes papeleras consiguió que el gobierno aprobara el Acta de Impuestos a la Marihuana. Esta norma no prohibía la plantación de cáñamo pero la volvía tan cara que casi ningún granjero podía costearla. Las leyes y el discurso antidrogas se fueron endureciendo hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial. Todo quedó relegado al esfuerzo bélico y a la glorifi cación nacional. Sólo utilizando esta justifi cación, el gobierno dio un giro de 180º e impulsó los cultivos masivos de cáñamo, una materia prima crucial para los barcos de la Marina. Durante la guerra, granjeros patriotas cosecharon más de un millón de hectáreas. Por supuesto, una vez liquidados los nazis y los japoneses, Washington volvió a cambiar de opinión. Así comenzó la prohibición más larga y lucrativa de la historia.


Compartir.

Dejar un Comentario