DANIEL LACALLE: LA POLITICA DE LOS ESTADOS Y LOS MERCADOS

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Gestor de uno de los principales hedge funds de la City londinense y activo analista económico, el especialista español Daniel Lacalle consigue explicar la economía de una forma directa, sin ataduras y sin miedos en su flamante libro Nosotros los mercados, una obra en la que desmonta punto por punto todas las teorías conspirativas fabricadas por los políticos sobre la actuación de los inversores en esta crisis económica.

Texto: J. Luis Martín (trumanfactor.com) / Fotos: Gentileza Editorial Deusto

Afincado en el Reino Unido desde hace nueve años, el español Daniel Lacalle (Madrid, 1967) es gestor de fondos de inversión en un hedge fund de la City y está especializado en mercados energéticos. Ha sido elegido durante cuatro años consecutivos como uno de los principales gestores del Extel Survey de Reuters. Invitado frecuente en medios de comunicación internacionales para comentar la actualidad económica y financiera, Lacalle también destaca como uno de los analistas financieros españoles más influyentes a través de sus artículos en el periódico digital El Confidencial, el sitio web The Commentator y en su blog, Energy, Markets and Money. Semanas atrás llegó a las librerías su libro Nosotros los mercados: qué son, cómo funcionan y por qué resultan imprescindibles (Editorial Deusto), una mirada a los mercados desde dentro que busca esclarecer el complejo y frecuentemente mitificado mundo de las finanzas
ALMA MAGAZINE: ¿Qué motiva a un insider de las finanzas a escribir sobre los mercados?
DANIEL LACALLE: Lo que me motivó fue el hecho de que, luego de estar escribiendo sobre economía durante mucho tiempo en la prensa, una de las cosas que me daba cuenta era que hacía falta un manual, un libro de divulgación sobre cómo funcionan los mercados desde el punto de vista interno. Y habiendo tenido una experiencia que va desde el entorno corporativo en España a la banca de inversión y los hedge funds y comprar y vender activos, creía que podía aportar mi granito de arena para desmitificar algunos de los elementos más evidentes que se comentan constantemente dentro de la prensa y los medios de comunicación.
AM: ¿A quién va dirigido?
D.L.: Creo que es un libro orientado al gran público. Es un libro muy autobiográfico que está dividido en tres partes. Cuenta mi experiencia en los mercados y cómo fue la evolución del entorno bursátil, del ámbito de deuda y de los mercados desde que yo dejé España en 2004 y, utilizando un poco ese hilo conductor autobiográfico y la experiencia de otros compañeros dentro del mercado, tratar tanto la crisis, el entorno de deuda, la percepción macroeconómica de los problemas que nos llevan a estas disfunciones dentro de los mercados. Luego está la tercera parte en la que hablo directamente de inversión, que espero que sea de interés particular para los pequeños ahorristas.
AM: Pero esa falta de formación (¿acaso interés?) sobre el funcionamiento de los mercados no es nueva.
D.L.: No, no es nueva y además parte de una premisa que es muy típica de los países de nuestro entorno que es: yo de estas cosas prefiero no enterarme porque de esto se ocupa el Estado. Y claro, ponemos en manos de bancos, del Estado y del gobierno nuestro futuro, y por lo tanto nos volvemos confiados. Es un entorno en el que estamos acostumbrados a una economía muy subvencionada y muy intervenida, en la que se nos cuenta constantemente que los bancos centrales, que los gobiernos, que las grandes entidades tienen la capacidad de sostenerlo todo. Obviamente, cuando vienen los shocks de una manera o de otra caemos en las teorías de la conspiración: esto ha sido culpa de un ente extranjero –muy importante que se trate de un ente extranjero–, de un ente difuso, que no se pueda defender y que no pueda decir: “Oiga, de qué está usted hablando”. Sin nombre y apellido y extranjero siempre, porque así la culpa nunca es nuestra. Creo que ese es un mecanismo de defensa muy típico de los países donde ha existido una intervención muy grande, y dejar por parte de la ciudadanía las decisiones económicas de familias y empresas a entes interventores.
AM: Lo que muchos ciudadanos no comprenden es que se les exija responder a sus obligaciones con el mercado al tiempo que se les obliga a rescatar a agentes fallidos del mismo, como los bancos.
D.L.: El rescate de los bancos, efectivamente, es una anomalía y es una auténtica aberración del sistema económico estatista, por supuesto. Es un enorme error y en eso tiene razón la ciudadanía, pero no exime de su responsabilidad en otras cosas, como aplaudir un sistema de cajas –todas públicas– político, despilfarrador e ineficiente. Y no nos exime a nadie de nuestra responsabilidad de informarnos a la hora de invertir sea en un auto, en una casa o en una acción. Hay gente que se compra un auto porque tiene un color bonito y hay gente que se compra una casa, sin saber, sin buscar de antemano, cuál es la demanda y cuál es la oferta y cuál es el precio de equilibrio en la zona donde va a comprar. Y parte de eso es culpa del sistema en el que vivimos y que hemos aceptado. Un sistema en el que se presupone que el precio es un factor decisivo a la hora de tomar una decisión y que el precio lo justifica todo. Ese concepto de que algo vale lo que yo digo que vale aunque nadie me lo quiera comprar es muy de nuestros países. De los errores hay que aprender. Por lo menos lo que no hacemos desde el mercado es cuestionar el hecho de que la demanda y la oferta dictan el precio. Y ese elemento es muy importante porque cuando rompemos la relación entre demanda y oferta, y cuando rompemos otro elemento muy importante del sistema económico que es la responsabilidad crediticia, se desvirtúa todo. Porque si no hay responsabilidad crediticia, no hay responsabilidad inversora. Y si no hay responsabilidad inversora el precio no tiene ningún tipo de lógica comparado con la dinámica de la oferta y la demanda. En vez de aceptar esas burbujas y esas ineficiencias como inevitables, y que si no funcionan nos rescate el Estado (sea a los ciudadanos, a los bancos, a las empresas o a lo que sea), lo que tenemos que hacer es simplemente acostumbrarnos a evitar al máximo esas ineficiencias y entender por qué se generan y al menos comprender dónde nos estamos metiendo para no tener que depender del Estado. Porque la dependencia del Estado después viene con recortes y con impuestos.
AM: Sin embargo, la hoja de ruta que se ha seguido hasta ahora para dar respuesta a la crisis en Europa se basa precisamente en aplicar ajustes en el sector privado y mayor endeudamiento público para impulsar el crecimiento.
D.L.: Claro, es que el error que se ha introducido también, desde hace décadas, y es un problema grave porque está metido en el DNA de la población, es asumir que sin deuda no hay crecimiento. Se asume desde el punto de vista de la población y de los gobiernos que más endeudamiento nos va a sacar del problema, cuando lo único que hace es agrandar el agujero. En el mercado, cuando uno maneja un portafolio relativamente grande, lo primero que sabe es el concepto de stop-loss. El problema de no hacer stop-loss, como cualquiera que maneja una inversión, es que al agrandar el agujero es más difícil salir de él. El aumento de déficit y de las necesidades de déficit a lo único que va a llevar en el futuro es a que los recortes y los impuestos vuelvan a ser mayores. Eso se paga, siempre se paga y se paga de dos maneras: empobreciendo a la población a través de un default, un impago y una devaluación masiva (lo hemos visto en todos los países que han sido rescatados), o a través de represión financiera, menos renta disponible, más impuestos y más recortes. El problema de un Estado no es el mismo problema que el de una empresa. Un Estado no puede hacer lo que hace una empresa que es ampliar capital. Y monetizar deuda es tirar de una ampliación de capital falsa a través de la renta de los ciudadanos que se empobrecen. Es un trade-off muy negativo para la población.

“Hacer política económica basada en lo que puedan pensar los mercados es un error.”

AM: Seguir esa ruta es un diagnóstico que preocupa a muchos analistas, pero los mercados la aplauden, cuando no la reclaman.
D.L.: Creo que hacer política económica basada en lo que puedan pensar los mercados es un error. Por ejemplo, la bolsa alemana se disparó durante la República de Weimar. Los activos de riesgo durante la época de la represión jacobina en la Francia de 1750 se dispararon también mientras la gente se moría de hambre. Hay que tener mucho cuidado porque los activos de riesgo funcionan según distintas variables y entre esas variables se incluye una inflación desbocada. Si se aumenta la inflación un 27%, pues efectivamente la bolsa subirá alrededor de un 27%. Otra cosa es que en términos reales la bolsa no esté subiendo. Hay que tener mucho cuidado con eso de “la percepción de los mercados”. Las cosas se tienen que hacer bien lo acepte o no lo acepte el mercado y, particularmente, el tema de la deuda. Es decir: precisamente lo que hay que hacer es actuar contra el ciclo. Si los mercados están aplaudiendo un entorno de endeudamiento de los Estados y están comprando esa deuda a un precio relativamente bajo, es precisamente el momento para reducir gasto y reducir deuda, no para endeudarse más. La política de los Estados debe ser contracíclica a lo que hacen los mercados. No debe comprar cuando sube la bolsa, debe reducir cuando sube la bolsa. Ese concepto de que el Estado tiene que suplantar al sector privado cuando éste se está desapalancando es muy peligroso porque parte de tres asunciones radicalmente falsas desde mi punto de vista: la primera es que a largo plazo todo crece. La segunda que el Estado parte de una información mejor y más cualificada para tomar decisiones de inversión que el inversor privado. Y tercera, que el uso de los fondos del Estado se hará desde una perspectiva mejor y más eficiente que el privado. Como no tengo ninguna evidencia empírica de que eso se haya producido, no he visto ninguna inversión hecha por el Estado en crisis que haya sido económicamente –o socialmente– más rentable que se si se hubiese hecho desde el punto de vista del sector privado, pues por lo menos me preocupa. Y sin olvidar que el Estado ha de tener un papel, por supuesto. Nadie está hablando aquí del desmantelamiento del Estado, pero ese papel es de coordinador y de facilitador, no de suplantador.
AM: Teniendo en cuenta que todo apunta a que el crédito no volverá a fluir a corto plazo y que el gasto del Estado continúa fuera de control, ¿qué perspectivas de recuperación tienen?
D.L.: Nuestra perspectiva es muy sencilla: la recuperación de la economía no puede venir –no ha venido nunca, en ningún período económico– de la mano de los sectores que han creado la crisis. Si la crisis ha venido por un gasto público excesivo y de un sector bancario hipertrofiado, no se va a solucionar a través de un gasto público excesivo y de un sector bancario hipertrofiado. Esas dos áreas me parece que son muy peligrosas. La recuperación sólo puede venir de dos áreas: de la inversión privada y del consumo. El consumo, en particular, no se pude recuperar en un entorno de devaluación interna y de represión financiera. Cuando la renta disponible de las familias, y de las empresas, está cayendo, porque sube la inflación, suben los impuestos y se reducen los salarios, el consumo no tira. Ya podemos producir los mejores equipos, devaluar todo lo que queramos, que el consumo simplemente no tira. Por eso, desde mi punto de vista, soy defensor de tomar una decisión agresiva que impulse el consumo. No va a poder ser a través de deuda, porque después de un shock como el que ha sufrido la población en los últimos siete años, la población no va a entrar en una espiral consumista con deuda porque tiene muy tatuado dentro de su alma el efecto de esos años. Sólo puede venir de una mejora de la renta disponible. Y la mejora de la renta disponible en una economía que tiene poco crecimiento y en la que los salarios probablemente no van a crecer, sólo puede venir a través de reducir impuestos.

“La recuperación de la economía no puede venir de la mano de los sectores que han creado la crisis.”

AM: ¿Cómo llega usted a formar parte de ese “nosotros los mercados”?
D.L.: Por una serie de coincidencias. Pero sobre todo por haber tenido siempre un espíritu extremadamente crítico. Yo me vine al Reino Unido con un puesto seguro en España y muy bien situado. Creo que fundamentalmente tengo metido en el cuerpo el concepto de que el riesgo está en la complacencia y que la oportunidad siempre hay que buscarla, aunque te equivoques. En el libro lo cuento.


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