DATA CENTERS: EL GRAN SISTEMA NERVIOSO MODERNO

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Los data centers son los espacios de almacenamiento erigidos por grandes empresas y corporaciones para guardar y movilizar su capital digital. Este fenómeno se reproduce día a día a lo largo y ancho del mundo. Por eso visitamos dos edificios en Estados Unidos y uno en Brasil para conocer de primera mano su funcionamiento. Expertos guían los recorridos por las colosales construcciones donde circulan los ríos de información que mueven el mundo actual.

Texto: Joaquín Cruzalegui / Fotos: Finley Eavis / Ornette Goodnough / Alex Tuner / Allison Garner / Saby Hogan

“Protegemos, conectamos y empoderamos la economía digital. Además, crecemos un poco más todos los días”, afirma Jim. El joven guía camina enérgico por las instalaciones de Equinix, en Silicon Valley, el gigante de la big data que posee su edificio principal en el centro del paraíso tecnológico. Silicon Valley, como fue bautizado por el periodista Don Hoefler en 1971 debido a su gran concentración de este metal en semiconductores y computadoras, hoy es la meca indiscutida del desarrollo informático.

Google. El archipiélago de edificios de almacenamiento crece su tamaño día a día: esta edificación ha sido fundada en 2003.

Google. El archipiélago de edificios de almacenamiento crece su tamaño día a día: esta edificación ha sido fundada en 2003.

El sol comienza a calentar en la bahía de San Francisco, y el cielo azul se abre paso entre algunas nubes. Jóvenes de distintas etnias y edades surcan las calles en bicicletas y autos eléctricos último modelo. El tránsito no es desenfrenado como en las grandes urbes y muchos pasean curiosos. Una mujer practica tai-chi en el parque. Dos hombres conversan de lo bonito que es el edificio de Apple. Hay construcciones de todos los estilos y ninguna deja de recibir los flashes de pequeños grupos visitantes que posan sus miradas sobre ellas. No es un destino turístico por excelencia en Estados Unidos. Y aunque la oferta patrimonial tal vez no sea su fuerte, aún así llama la atención como el poderoso Gran Cañón o los Everglades. Aquí, al norte de California, la densidad de edificios asombra. También es notable el vértigo de su crecimiento. Los que mejor conocen Silicon Valley pueden asegurar que año tras año, más y más compañías se asientan aquí.

“Equinix ayuda a las empresas con su desarrollo en el mercado vinculándolas con sus clientes y socios dentro de los data centers de mayor conexión del mundo. Funcionamos como centro de negocios para más de 550 entidades”, continúa Jim mientras avanza sobre un prado verde que enmarca la inmensidad de un pabellón rectangular y macizo. Algunos hombres de la empresa llegan para dar inicio a su jornada. Los enormes vidrios espejados reflejan el despertar de un día laboral en el valle del silicio. “El lugar donde los milisegundos valen oro”, comenta Jim al pasar y con cierto orgullo.

Atravesando un gran portal de vidrio, el universo Equinix se presenta como un potente sistema nervioso conformado de fibra óptica y circuitos. El ingreso a la primera planta es permitido sólo cuando el guía digita un código especial e identifica sus huellas dactilares. La autenticación es correcta. Una luz roja se transforma en verde y las puertas se abren inmediatamente.

“En la primera planta se hallan nuestras instalaciones. Luego, en la segunda y en la tercera operan los centros de datos”, destaca Jim. Acaba de cumplir 28 años y es oriundo de Chicago. No es su primer trabajo vinculado al mundo de la big data. Su trayectoria comenzó en “la ciudad del viento” y actualmente reside en San Mateo, California. Habla de las similitudes arquitectónicas de esta central y su primer trabajo. “El diseño de los edificios de Equinix es igual en todas las ciudades”, acredita el joven y abre paso hacia las plantas superiores, donde se levanta el principal tejido de este gran sistema nervioso. “Es lo que nos convierte en una gran familia”, concluye.

“El lugar donde los milisegundos valen oro”, comenta Jim al pasar y con cierto orgullo.

Son casi las dos de la tarde y no es fácil notarlo. No ingresa luz solar. Están funcionando varios sistemas de ventilación y enfriamiento para controlar la temperatura de las miles de máquinas que conviven en este nivel. Aquí dentro, el clima es intenso: la iluminación azulada y el funcionamiento de grandes bloques de computadoras se sincronizan para nutrir el tinte futurista de este data center. Las filas interminables de computadoras que funcionan al unísono son atendidas constantemente por operarios especializados. Diversas luces y sonidos intensifican sus frecuencias, al tiempo que algunos técnicos, con grandes cajas de herramientas y mochilas equipadas de repuestos y materiales, trabajan concentrados en los circuitos de las máquinas.

Equinix, el gigante de la big data, tiene su edificio principal en el corazón del paraíso tecnológico, Silicon Valley.

Equinix, el gigante de la big data, tiene su edificio principal en el corazón del paraíso tecnológico, Silicon Valley.

El simple hecho de levantar la vista ayuda a cuantificar la cantidad de información que se procesa y analiza en este sitio: descomunales autopistas de fibra óptica atraviesan las alturas. “150 terabytes por minuto circulan por estas vías”, exclama Jim buscando hacerse oír sobre el ruido. “Eso es casi el doble del tráfico anual en 1993”, admite. En el centro, como en pequeñas celdas, se pueden ver los espacios destinados a los clientes de Equinix. La seguridad es uno de los pilares básicos de esta empresa: un video corto pero conciso revela que desde creadores de videojuegos hasta desarrolladores web dependen de la estructura de este tipo de data center para almacenar su contenido de forma independiente e infalible.

Afuera, la robusta infraestructura de sus generadores remite al compartimento de máquinas de un antiguo barco a vapor, o una vieja locomotora. El estruendo aquí es notablemente mayor. El calor también. La visita a esta sección del predio es corta y el guía se ocupa de describir la cantidad de normativas sustentables que Equinix ha promovido en el mundo de la big data.

Sobre el final del recorrido, Steve Smith se une al grupo. Steve es un ejecutivo de la compañía y se encarga de comercializar los servicios de Equinix a nivel mundial. Rápidamente remarca la importancia del mercado emergente dentro del mismo valle. Dice que las star-tups, o compañías incipientes, de Silicon Valley precisan estos servicios en un radio cercano a su locación para que los ingenieros se dirijan a instalar nuevos servidores o realizar mantenimiento a los ya existentes.

“Desde aquí podemos proveer una amplia oferta a las demandas emergentes: telecomunicaciones, sitios web, aplicaciones móviles y negocios de virtualización”, advierte Smith, mientras se lleva a cabo un almuerzo de cortesía dentro de las instalaciones. Sirven refrescos frutales y una amplia variedad de alimentos. Según él, existen tres principios que no pueden dejarse de lado cuando se habla del éxito de Equinix. Jim asiente a su lado: “Nuestra compañía siempre se propuso la eficiencia máxima: en diseño, equipamiento y programación”. En esta ala del edificio sólo se escuchan conversaciones animadas y distintos acentos a la hora de hablar. La estridencia de pesados sistemas de computadoras ha quedado en las plantas superiores, donde la big data nunca descansa. Allí, donde los milisegundos valen oro.

Brasil: big data latina y sustentable

Silicon Valley es uno de los pocos lugares del mundo con tan elevada concentración de centros de datos por metro cuadrado.

Silicon Valley es uno de los pocos lugares del mundo con tan elevada concentración de centros de datos por metro cuadrado.

Bruno Lopes tiene 29 años. Nació en Porto Alegre y vive en São Leopoldo hace tres. Esta ciudad industrial se localiza a 32 kilómetros de la capital del estado. Es fanático de Gremio, uno de los dos equipos más grandes de Porto Alegre. Aclara que a los seguidores de los equipos en Brasil los llaman torcedores, por su fuerza y carisma. Ayer, tuvo la oportunidad de asistir al estadio, y a pesar del empate, concluyó su jornada alegre. Tiene un tatuaje tricolor que exhibe con disimulo. Tras un vistazo, el escudo azul, negro y blanco en su pierna derecha vuelve a esconderse debajo de un pantalón oscuro. Todos los compañeros en la oficina de comunicaciones de SAP Labs visten de forma similar.

Brasil es un país sorprendente: su carácter tropical y colorido hoy es suplementado por la creciente llegada de las principales empresas de innovación tecnológica y big data a su vasta extensión. Tal es el caso de SAP, empresa de software con base en Alemania que maneja grandiosos volúmenes de datos en centros de todo el mundo.

Muy pronto, Bruno nos pone al tanto del trabajo de un grupo de científicos inmerso en una maratónica carrera para identificar todas las especies que habitan el planeta Tierra. “Hablamos de entre 10 y 100 millones”, dice. Luego nos ilustra que en esta era de ciencia colaborativa y múltiples recursos, este equipo liderado por un especialista en bioinformática y compuesto por un consorcio de universidades, museos de ciencias naturales e institutos de investigación, están incentivando a las personas para que tomen muestras y envíen el resultado a sus laboratorios. Allí, gracias a un rápido reconocimiento, pueden identificar a las especies por secuencias de su ADN.

“Con cientos de millones de animales para analizar, y muchísima información ingresando, la International Barcode of Life (N. del E.: nombre del equipo que se mencionó antes) ha decidido albergar su base de datos en HANA, la plataforma de SAP que habilita la big data disponible en sus computadoras personales”, manifiesta el joven. Esta plataforma, subraya Bruno, permite a los investigadores analizar rápidamente desmesuradas cantidades de datos desde sus propias nubes.

“Alineando estos parámetros con otros componentes dispuestos dentro de la big data –tales como el clima y el estado de la superficie terrestre–, los científicos pueden llevar adelante análisis que expongan características de las especies y su ubicación. Estos resultados pueden explicar cómo fuerzas externas, el cambio climático o depredadores, por ejemplo, están afectando los ecosistemas. Finalmente, la plataforma sugiere cómo promover y fomentar las prácticas sustentables en relación a la tierra y su explotación”, sintetiza el joven que integra una planta de 650 funcionarios estables.

La infraestructura del edificio es acorde con los estándares internacionales de SAP. Una jungla de cables pueblan el espacio alumbrado con focos blanquecinos y azulados; desde estos puertos, más de 73 mil empresas utilizan sus recursos informáticos para conectar sus redes. No hay que pasar por alto lo establecido recientemente por la consultora Frost & Sullivan: el mercado de la big data moverá 1,1 billones de dólares en Brasil para 2017. El calor del exterior no se sufre aquí dentro, la inversión que lleva adelante SAP en materia de refrigeración y aclimatamiento sustentable es considerable. Los millones de dólares invertidos en tecnología amigable con el medioambiente evidencian su postura ecológica. Además, el complejo ubicado en el estado de Rio Grande do Sul ha sido asentado con materiales eco-friendly con el objetivo de crear un espacio verde para mejorar el entorno laboral.

Una red física como pocas hace de este nombre un sinónimo de comunicación integral.

“Este es el trabajo soñado para cualquier joven amante de la tecnología”, aduce vivazmente Bruno y saluda a un técnico con un apretón de manos. Ambos asistieron a la misma universidad en este estado. “Lo único malo es que él es torcedor de Internacional”, bromea. Dentro del pintoresco jardín interno de SAP Labs, el joven finaliza su recorrido por uno de los primeros edificios que funciona como centros de datos en América Latina. “Brasil es el primer país que ha recibido la big data en su máxima expresión”, arguye Bruno y luego prosigue con el fútbol. La histórica rivalidad entre Gremio e Inter en Porto Alegre. La selección nacional y más. El futuro avanza a pasos agigantados y nadie quiere perder el camino.

Cuatro colores pintan la aldea global

El trayecto por la América de la big data se cierra donde comenzó: Estados Unidos. En el corazón de Douglas County, Georgia, más específicamente. En sus tierras reside una compañía de tecnología especializada en el desarrollo de software y motores de búsqueda. Sus cuatro colores convierten a la marca en un ícono inconfundible para casi todos. Con 15 data centers en Estados Unidos y Europa, Google posee aquí uno de “los cerebros de internet” más grandes del mundo, como define Joseph Kava, vicepresidente del Centros de Datos de la compañía. El es el responsable de la construcción y mantenimiento de estos edificios. Temprano en la mañana, su cara vislumbra la energía indicada para comenzar un paseo por las siete plantas de ésta colosal obra arquitectónica. Es su primera actividad del día y accede con gusto a todas las preguntas.

Google se asienta en este hábitat de altas tecnologías como parte de su fauna. En el caso de Mountain View, una de las mayores ciudades de Silicon Valley y su epicentro de actividades, la empresa anunció que desde 2006 los vecinos estarían cubiertos de servicio de internet inalámbrico gratuito. Hasta el sociólogo canadiense Marshall McLuhan, padre del término “aldea global”, se sorprendería con los alcances sociales y culturales de esta corporación, que hoy funciona como uno de los principales comunicadores universales.

Los millones de dólares invertidos en tecnología amigable con el medioambiente evidencian su postura ecológica.

Actualmente, Google abre sus puertas por vez primera para que todos conozcan su funcionamiento. La política de cerrojo ha quedado atrás y las visitas a sus instalaciones son evidencia de este cambio. Que todos conozcamos desde adentro un data center de la compañía, esa es la misión que persigue Kava y todo Google. El ejecutivo, que hoy se encuentra acompañado por su colega Vitaly Gudanets, detenta facciones pétreas pero su forma de hablar es pausada y tranquila. Al internarnos en la planta, un inmenso recinto con paredes saturadas de computadoras, se prohíbe a los visitantes entrar sin protección auditiva. Entregan tapones color salmón, y también cascos protectores de oídos en animal print.

Ultimamente, SAP ha invertido 25 millones de dólares para ampliar sus instalaciones en São Leopoldo, Rio Grande do Sul, Brasil.

Ultimamente, SAP ha invertido 25 millones de dólares para ampliar sus instalaciones en São Leopoldo, Rio Grande do Sul, Brasil.

Se abre una puerta reforzada sin emitir un sonido. Un arcoíris de tubos de colores se despliega por la sala como si fuera un nivel de la histórica saga de Super Mario Bros. Por los llamativos conductos circulan galones de agua en constante movimiento. La presencia del agua en los data centers es vital para el crecimiento y supervivencia. Como en todos los ecosistemas. “Direcciones, enviar un e-mail o descubrir qué actor interpretaba al rufián en la película de época que disfrutaron ayer a la noche”, comenta jocoso Kava en relación al ruido que envuelve el ambiente. “Hay demasiadas posibilidades que usted haya utilizado Google”, se jacta risueño. Una red física como pocas hace de este nombre un sinónimo de comunicación integral: puede manejar 3 billones de búsquedas diarias, ofrece casillas de correo gratuitas para casi 425 billones de usuarios de Gmail, comprime millones de videos en YouTube… Un universo infinito de posibilidades. Sí, Joseph Kava está en lo correcto.

El agua de los tubos multicolores funciona para refrigerar y disminuir las altas temperaturas que amenazan constantemente con detener todos los engranajes de la big data. Kava invita a conocer el paradero de tanta agua. “Si hay algo hermoso de Google, es su poder de innovar y repensar el presente con vistas al futuro. El agua es 100% reutilizada y reciclable”, alega. Sobre el atardecer de Douglas County, ciudad de arroyos y bonitos parques, una hilera de lenguas de vapor decora el firmamento anaranjado. Google no cesa sus tareas ya que nunca deja de ser utilizado.

“El mundo entero lo precisa a toda hora, y nosotros trabajamos día y noche para eso”, Kava se despide con apretones de mano y sonrisas. La gran aldea global encuentra su ritmo en los data centers y estas personas son las encargadas de mostrarle al mundo cómo funcionan.


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