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Sección desalmados

Samira Ahmed Jassim

La madre de los creyentes

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En la sección Desalmado del mes, por primera vez y acorde con nuestra férrea política de no discriminación e igualdad, elegimos a una representante del género femenino. Nos gusta reconocer la inteligencia, fortaleza y capacidad de conducción de las mujeres, aunque desde siempre se las vinculó con la fertilidad, la dulzura y la sensibilidad. Sin poseer tales características, “la madre de los creyentes”, Samira Ahmed Jassim, reputada dama de los barrios de Bagdad, es una integrante clave de Ansar al Sunna, grupo extremista de origen suní ligado a los tentáculos invisibles de Al Qaeda. La agraciada mujer tenía la dura tarea de reclutar a muchachas para convertirlas en “mujeres bomba”.

Para lograr ese letal destino, había sistematizado un método eficiente: realizaba ciertas tareas de inteligencia, encontraba a adolescentes dolidas por la guerra y ordenaba su violación aumentando la vulnerabilidad emocional de las víctimas. Tras el shock, comenzaba una lenta maniobra de manipulación, con rigurosas técnicas de persuasión. Las convencía de que había una sola forma de lavar sus culpas y vergüenzas: inmolarse en un ataque suicida. Según la policía iraquí, reclutó a 80 mujeres y al menos 28 lo llevaron a cabo en las calles de Bagdad y Diyala, provincia convertida en un bastión de la insurgencia antiamericana.

No hay que ser experto en leyes coránicas para encontrar una aparente contradicción: se supone que el uso del chador se debe –según la lógica de sus creyentes– a la necesidad de conservar la pureza de la mujer, no de esconder cargas de explosivos. Dicen los expertos que el acto terrorista implica la emisión de un mensaje cuyo soporte es el cuerpo de los muertos. No hay que ser un semiólogo para comprender qué implica que las “portadoras de vida” lleven a la muerte bajo sus ropas. La madre de los creyentes es también madre de viudas y huérfanos, de funerales y dolores supremos.

La historia de Samira, sin pretender exculparla, nos interpela: ¿Qué sería de su vida sin la invasión? ¿Se dedicaría a vender miel y aceite de oliva en un bazar de Diyala o, de todas formas, tendría un horrendo historial criminal? Imposible saberlo. No se pueden olvidar los efectos del atroz escenario de una incursión bélica y, al mismo tiempo, hay que recordar que la mayoría de los iraquíes lo atraviesan sin caer en tales niveles de sadismo. Mientras, interroga a todos los que participan de la causa feminista. “Al final, cuando tienen poder realizan las mismas o peores barbaridades que los hombres”, pueden llegar a argumentar los que cercenan el avance de las mujeres. De todos los crímenes que ha cometido Samira Ahmed Jassim, el peor –el más dañino para la mayor cantidad de personas– es el de desanimar a todos los que pelean por la igualdad de género tanto en Oriente Medio como en Estados Unidos y el mundo.

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